El mito de la Argentina blanca y sus contradicciones urgentes

Movilización de mujeres indígenas frente al Congreso en Buenos Aires, mayo de 2021

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Recientemente se reabrió el debate sobre el origen étnico racial de la nación frente a los dichos del presidente Alberto Fernández. De forma pública repitió la idea de una Argentina que “desciende de los barcos”, producto de la oleada migratoria europea iniciada a fines del siglo XIX; palabras por las que luego se retractó y que incluso contradicen las propias políticas de gobierno. Estas declaraciones son un síntoma de la vigencia de la idea de una Argentina blanca, legado de un eurocentrismo que asume que estos migrantes arribaron a una tierra vacía. Es un mito que sitúa a la Argentina como una sociedad de colonos, y lo equipara con Norteamérica y Australia, remarcando sus fallas, una Argentina que es blanca también para la mayor parte de Latinoamérica. ¿Pero qué dicen quienes protagonizan formas de resistencia cultural y política contra el racismo estructural en Argentina? En esta nota, en la que damos voz a siete artistas, activistas y profesionales que trabajan en este campo, integrantes del equipo de investigación colaborativa sobre Culturas Antirracistas en Argentina que conformamos desde el 2020, ponemos foco en sus experiencias, prácticas y perspectivas. 

“Todes crecimos con estos mismos mitos y puestas en escena. Cuestionarlos, complejizarlos, y transformarlos es un trabajo consciente y constante que también sucede cada vez que más voces racializadas pueden estar presentes, y cuestionan los espacios y discursos institucionales”, nos dice la artista visual Abril Carisimo sobre el reciente debate. “Es que erradicar estos mitos sedimentados durante décadas no es una tarea fácil. Por ello, la militancia de los colectivos antirracistas y las prácticas que instalan perspectivas indígenas, Afro y marronas en la discusión pública se torna fundamental para incidir en la agenda política y generar transformaciones sociales”. 

“Cuando hablamos de visibilización del racismo y su estado de situación, necesitamos tener presente el tabú de hablar de racismo en Argentina y en Latinoamérica. En nuestros contextos una impronta es la vinculación (avalada desde un derecho inspirado en lógicas anglosajonas y del norte global), que enlaza al racismo con la afrodescendencia. El problema del racismo hacia las personas indígenas, de ascendencia indígena, personas marrones, campesinos y migrantes, es un tema súper complicado. No solamente es complejo desde una arista estructural-jurídica, sino también desde una percepción social, que no puede entender el racismo desde ese lugar”, señala el abogado Alejandro Joma Mamani. “El racismo no es solamente hacia la población afrodescendiente, también abarca a todas las personas marcadas por ser insuficientemente blancas”, donde ser no blanco en Argentina y América Latina es una compleja formación de rasgos fenotípicos, formas culturales y situación de clase, apunta. Esto último es muy distinto al contexto binario de Estados Unidos que incide en las discusiones y políticas locales. 

Alejandra Egido, directora de Teatro en Sepia, compañía de mujeres Afrodescendientes, agrega que aún cuando el racismo hacia lo Afro sea más reconocido, eso no evita su reproducción estructural. “A estas alturas no puede creerse que nadie pueda referirse correctamente sobre una persona fenotípicamente racializada, como negra, o Afro-latinoamericana o afroargentina. El racismo residual que aparece en estos debates es el legado que nos dejó el racismo doctrinario, la ideología con la que se justificó el sistema colonial y con el que, gracias al comercio esclavista, metrópolis y elites nacionales llenaron sus arcas. Ambos idearios le han impedido a nuestro grupo étnico la incorporación en condiciones de equidad plena. A nadie le interesa reconocer la ascendencia afro como parte de la población latinoamericana”. Estas formas de racismo borran el rol de Afrodescendientes en la sociedad actual. 

Abril identifica que para les racializades el mito de la Argentina blanca tiene dos consecuencias: “Cómo somos percibidos y cómo internalizamos esta historia oficial”. En este mismo sentido, Miriam Álvarez, directora de El Katango, compañía de teatro Mapuche y docente, comenta cómo ser no blanca da pie para lógicas de discriminación racial que condicionan el acceso a instituciones. “En mi vida cotidiana la sociedad no me relaciona como una docente universitaria, en las visitas al médico la pregunta afirmativa era: ¿vos sos cajera de supermercado? Sin desmerecer, por supuesto, ningún trabajo. Por otro, cuando digo que soy mapuche, me desconfían y debo explicar, traer a mis abuelos, mis bisabuelos y explicar que mi mamá se crió en una comunidad mapuche, igual no alcanza porque soy profesional, no tengo apellido mapuche y no vivo en el campo”. El racismo actúa de manera cotidiana como expectativa que asigna accesos y asimetrías, pero también mide autenticidad.  

Lorena Cañuqueo, docente e integrante del lof Mariano Epulef y del colectivo Identidad Marrón, resalta que este racismo sedimenta formas actuales e históricas de acceso a recursos, y especialmente tierra. “Las condiciones que posibilitan desde los desalojos judiciales hasta los amedrentamientos que cotidianamente sufren comunidades mapuche y mapuche-tehuelche no han cesado. Las administraciones provinciales ceden derechos sobre las tierras a favor de compañías, empresarios o miembros de los sectores privilegiados de las sociedades locales. Las dirigencias políticas y sociales aún no toman la real dimensión del efecto racista de esto. Los proyectos mega-extractivos avanzan y ningún sector gobernante se detiene a pensar si es necesario consultar a las poblaciones que habitan esos territorios. Resulta que ahí vivimos las poblaciones subalternizadas, entre otras cosas, por dispositivos racistas. Tampoco se problematiza el racismo en las organizaciones, ni la condescendencia con la que se naturalizan relaciones desiguales hacia grupos racializados, como nosotrxs, lxs indígenas”. 

Florencia Alvarado, que es educadora y artista, y Lorena empujan la discusión y plantean los problemas de una inclusión desde el estereotipo y los límites de la representatividad como un gesto político vacío. “La inclusión muchas veces se plantea en fechas particulares que afectan a grupos específicos, el día contra el racismo, el 12 de octubre. No se plantea una inclusión real, en puestos de trabajo, en distintas instituciones, en los sistemas de gobierno. Muchas veces les racializades no llegan o si llegan es muy complicado mantenerse". Lorena agrega que en contextos de decisión política “a lxs indixs no se les consulta, se lxs avasalla hasta que logran construir una fuerza opositora que se imponga. Pero también el hecho de que los medios sigan reproduciendo imágenes y discursos estigmatizantes sobre lxs indígenas sin que lectores u organismos públicos se indignen o intervengan es una señal de ese racismo instituido”. 

Las prácticas antirracistas profundas, plantea Joma, necesitan “visibilizar a les racializades, entender que elles existen, y crear políticas públicas para desmantelar el orden racial silencioso que existe”. Una práctica antirracista fundamental, agrega Flora, es “repensar los estereotipos, y generar imágenes distintas, que muestran que podemos encontrarnos en prácticas culturales ancestrales, en la ciudad, en la academia, en cargos políticos''. Alejandra agrega que “esta controversia ha extenuado las mil y una estrategias creativas que he ideado para traer a la palestra pública este tema a través de mis creaciones teatrales.” Las estrategias incluyen la investigación histórica,  a partir de leer el archivo “a contrapelo” y recuperar memorias orales y corporales para recuperar de las vidas Afroargentinas; mostrar la experiencia de mujeres Afro migrantes y de los desplazamientos forzados en la Ciudad de Buenos Aires de familias Afroargentinas. Alejandra resalta que en su última obra utilizó el humor como última estrategia, para narrar experiencias de racismo de las actrices de la compañía, reírse para desafiar el racismo institucional, los estereotipos de las Afro como extranjeras o sujetas del pasado colonial.  

América Canela, docente, identifica como prioritario pensar “el acceso equitativo a derechos con perspectiva antirracista: educación, cupo laboral travestis-trans, feminismo interseccional con clave antirracista, habilita que todos esos derechos planteados para todos y todes apunten también a la equidad, sobre personas que el racismo estructural se ha encargado de alguna u otra manera seguir corriendo hacia las periferias". Otro ejemplo es que el trabajo precarizado de las empleadas domésticas (donde el 90% son migrantes internas o limítrofes) ha quedado afuera de las agendas de derechos laborales. 

Hace unos días. el INADI emitió un dictamen que afirma que las declaraciones del presidente no fueron discriminatorias. El documento simultáneamente reconoce los problemas de pensar la Argentina como blanca y compara esto con las acciones políticas implementadas por este gobierno para avanzar contra estos mitos. Es esta contradicción en el documento lo que señala el poder del sentido común que permea aún a los sectores más involucrados con generar una nación plural. Esto es síntoma de los esfuerzos pendientes que nos demanda una deconstrucción antirracista profunda. Para Lorena, la reemergencia del debate es una posibilidad de “interrogar las premisas del sentido común argentino”. Joma agrega que "los futuros marrones, indígenas, afros, son inevitables y es inevitable el cambio social. Nosotrxs somos una muestra de esta sintomatología”.

AV/PC

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