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Cine y sociedad

Personajes marcados por la pérdida, el deseo y la obsesión: retratos de una intensidad extrema

Escena de "La dolce vita"

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La literatura y el cine llevan siglos explorando cómo la pérdida transforma a las personas. Un duelo puede ser la chispa que provoca una travesía profunda hacia el dolor, como sucede con Heathcliff en Cumbres borrascosas que tras la muerte de Catherine, su amor se convierte en un rencor tan intenso que perfora generaciones. La amputación de la pierna de Ahab en Moby-Dick lo impulsa a perseguir al gran cetáceo que considera responsable de su desdicha, sin importar las vidas que sacrifica en su persecución con un impulso que lo define, lo consume y expone una obsesión nacida de un trauma que nunca se procesa.

También en historias más recientes, como Manchester by the Sea, un padre que pierde a sus hijos se convierte en un fantasma en vida y en varios otros relatos, se retrata la pérdida como una fuerza que puede empujar a sus protagonistas hacia el aislamiento, la imaginación o la venganza, pero siempre como un catalizador de cambios radicales.

El deseo: motor de búsqueda y de destrucción

Si la pérdida deja un vacío, el deseo es el impulso que intenta llenarlo. La fuerza del anhelo ha dado vida a personajes inolvidables, movidos por una pasión que los trasciende. Jay Gatsby, protagonista de El gran Gatsby, reinventa su identidad y construye un imperio para recuperar a Daisy; su deseo no es solo amoroso, es una búsqueda de pertenencia y legitimidad. De manera similar, la Anna Karenina de Tolstói arriesga su posición social y su estabilidad familiar por un amor que siente auténtico. Ambos personajes se encuentran atrapados entre los códigos sociales y una pasión que los arrastra hacia el abismo.

En el cine contemporáneo, películas como Call Me by Your Name o In the Mood for Love se han convertido en retratos poéticos del deseo contenido. En la primera, Elio descubre una atracción que lo enfrenta a la pérdida de la inocencia; en la segunda, la imposibilidad de consumar el sentimiento de los protagonistas hace que cada gesto y mirada sean más elocuentes.

Obsesión: el fuego que devora

Cuando el deseo deja de ser aspiración y se convierte en compulsión, aparece la obsesión. La narrativa está repleta de personajes que cruzan esa línea y quedan atrapados. El mismísimo Ahab personifica el arquetipo del hombre obsesionado; su vida se reduce a la persecución del cachalote. Humbert Humbert, el narrador de Lolita, lleva su obsesión al extremo de apropiarse de la vida de la niña; la belleza del lenguaje del relato contrasta con la inmoralidad de sus actos y muestra cómo la obsesión distorsiona la realidad, y así con miles de ejemplos más.

El cine ha amplificado estos temas con gran eficacia visual con películas como Cisne negro (Black Swan) que muestra a Nina Sayers, una bailarina consumida por su búsqueda de la perfección donde el director la empuja a explorar no solo su técnica, sino también su sexualidad y su parte más oscura. En Bones and All, la atracción entre dos jóvenes caníbales se plantea como un hambre literal y emocional; su deseo de ser comprendidos los convierte en parias que se mueven por la periferia de la sociedad. Estas narrativas muestran que la obsesión no siempre es violenta de por sí, pero sí es un impulso que arrastra a los personajes fuera de su vida cotidiana y los coloca en territorios extremos.

Entre eros y thanatos: cuando el deseo se confunde con la muerte

Los psicoanalistas han descrito la tensión entre eros (instinto de vida) y thanatos (instinto de muerte) como una lucha interna que se manifiesta en nuestras acciones. En la ficción, esta tensión se observa en historias donde el deseo conduce hacia la autodestrucción. La piel más cercana, de Han Kang, narra cómo una mujer deja de comer carne, lo que desencadena un cataclismo en su entorno; su decisión provoca que sus familiares intenten controlarla, y su cuñado desarrolla una obsesión malsana por ella, ilustrando cómo un impulso aparentemente inofensivo puede desatar una cadena de obsesiones y violencias.

Por otro lado, los vampiros son quizás la encarnación más evidente de esta dualidad. En Drácula de Bram Stoker, la sed de sangre es a la vez hambre y deseo sexual. La película de Coppola profundiza en esa asociación con el vampiro busca a su amada a través de los siglos, sacrificando todo a cambio de saciar su necesidad, su historia sugiere que un deseo eterno puede convertirse en condena. Las obras de vampiros modernas, como Thirst o la saga de Let the Right One In, continúan explorando esa fusión de pasión y muerte.

La mirada contemporánea: obsesión digital y nostalgia

El siglo XXI ha agregado nuevas capas a estos temas con las tecnologías permiten vigilar y acceder a la vida de otros y, con ello, han nacido relatos sobre obsesión digital. La novela You de Caroline Kepnes presenta a un librero que, a través de las redes sociales y la tecnología, controla cada paso de la mujer que desea. Esta historia destaca cómo la obsesión se alimenta del acceso constante a la información. Series como Black Mirror también han retratado este fenómeno, mostrando futuros donde es imposible dejar ir a los muertos porque la memoria digital los mantiene presentes.

Por otra parte, algunas ficciones recurren a la nostalgia como vía de escape como en Last Night in Soho, donde una joven se refugia en los años sesenta para huir de su presente; su fascinación por otra época la lleva a perder el sentido de quién es. En un sentido similar, Midnight in Paris juega con la idea de que cada generación cree que la anterior fue mejor, pero sus personajes terminan comprendiendo que el deseo de volver atrás puede impedirles vivir el presente.

El eco en las obras de terror y suspenso

Aunque los ejemplos anteriores abarcan diversos géneros, muchos de ellos se apoyan en códigos de suspenso y horror para amplificar su impacto. Las peliculas de terror han explorado a menudo cómo la obsesión y la pérdida transforman a sus protagonistas en figuras monstruosas o mártires.

En El resplandor, la soledad y el bloqueo creativo llevan a Jack Torrance a un descenso a la locura; en Hereditary, la muerte de un ser querido desencadena una cadena de rituales ocultistas que consume a la familia. Estas historias utilizan el miedo para evidenciar que la línea entre pasión y destrucción es frágil, y que el vacío que dejan la muerte o el deseo insatisfecho puede llenarse con sombras. Básicamente muestran que aferrarse a un deseo o a una herida puede detener el tiempo, transformando la vida del personaje en un bucle.

¿Qué nos revelan estos personajes?

Más allá de la fascinación narrativa, los personajes atravesados por la pérdida, el deseo y la obsesión nos permiten observar nuestros propios impulsos. Nos recuerdan que el dolor no resuelto puede calcificarse y que la pasión sin medida puede devorarlo todo. Cuando observamos a Nina quebrarse para alcanzar la perfección, o a Ahab ignorar las súplicas de su tripulación, entendemos que la tenacidad puede convertirse en obstinación.

Las obras de diferentes épocas y culturas coinciden en señalar que no hay respuestas simples. A veces el camino para sanar consiste en abrirse a nuevas conexiones, otras veces, implica aceptar un deseo que nos margina del resto. En última instancia, las historias de pérdida, deseo y obsesión revelan que somos criaturas complejas, impulsadas por fuerzas que nos pueden elevar o destruir. Comprenderlas, incluso a través de personajes ficticios, es una forma de mirar hacia adentro y reconocer nuestras propias sombras y esperanzas.

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