Movilizaciones

Piqueteros y quinteros, separados pero reunidos en la misma consigna: la guita no alcanza

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Como cada vez que hay una convocatoria en la Plaza de los Dos Congresos: el humo de los chulengos, el bombo, el mate, la ronda, el bebé que toma la teta, la doña que descansa las piernas en el banquito plegable. Como cada vez que hay una convocatoria en Plaza de Mayo: las banderas en alto, las cañas que cortan el paso, el megáfono que escupe consignas, otros bombos, otros mates, los nenes durmiendo en los brazos. Diez cuadras dividen una plaza de la otra: frente a la Rosada, la Unidad Piquetera; frente al Congreso, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP). Esta tarde lo que unió una plaza con otra es que la guita no alcanza. 

Las diferencias políticas entre piqueteros y representantes de la economía popular son, a la vez, sutiles y complejas. Pero si alguien levantara un dron sobre la convocatoria de la izquierda piquetera y otro sobre los feriantes que representan a la economía popular, aparecería el primer contraste. Mientras la zona del Congreso bulle y huele a pescado y a madera y a verdura y “mire qué barata la pastafrola”, la Plaza de Mayo está quieta, rígida, en pausa, ni una bandera flameando. De un lado se promueve una posible solución a la pobreza reduciendo el precio de los productos al sacarse de encima a los intermediarios y piden, además, ser reconocidos como trabajadores plenos. Del otro se plantan en contra del “ajuste” y reclaman medidas económicas que favorezcan a los laburantes; menos mercado, más trabajo genuino. En ambos quieren plata: una paritaria social y popular, un salario básico universal.

Ladrillos, acelga y pescado: todo lo que necesita el ciudadano

Acá está Rodrigo Barrios con sus compañeros. Son de Moreno y fabrican ladrillos desde hace un año y medio. Arrancaron levantando el material con pala. Vendieron unos cuantos ladrillos y pudieron comprar la mezcladora. Su emprendimiento se llama Blockear y los ladrillos son ladrillos, pero, pero, pero: “El bloque de 12, sale $95 la unidad. En un corralón, un ladrillo de esa medida te lo venden a $180. Además, estos son más grandes. Te ahorrás tres ladrillos por metro cuadrado. Y otra cosa, los nuestros son 33% más resistentes que los ladrillos comunes”, dice Rodrigo y a mí me da ganas de comprarme uno y llevármelo a casa. Un ladrillo no es una pavada. Con unos cuantos de 12 levantás una casa. Con los de 8, separás un ambiente. 

El paquete de acelga a $50. Es una acelga de esa acelga re poderosa, más verde que el verde. “Estamos acá para mostrar que hacemos un trabajo real y genuino. Estamos acá para que la gente sepa quienes somos: trabajadores que meten mano en la tierra, artesanos, constructores, promotores territoriales de género… No queremos planes, no queremos punteros”, dice con un envión de bengala Elida Britos, responsable de promoción de la Mesa Nacional de la Organización 25 de Mayo. Este es el stand del Frente Agrario Tierra Mía de La Plata. A nuestros pies, ordenadas en cajones, hay unas lechugas que parecen ramos de novia. Da ganas de plantar en el balcón.

Luis Guidotti fríe cornalitos. Los trajo desde Mar del Plata con sus compañeros de la Cooperativa de Pescadores Artesanales de Mar del Plata. “Tenemos que acercar a la gente al pescado”, dice Luis y yo le digo que qué bueno, pero le digo, también, lo obvio: caro, el pescado. Luis ofrece un cornalito recién salido de la freidora y mientras mastico sin pensar que estoy por tragar los ojos de un pez, Luis explica: “El pescado no es caro. El kilo de cornalitos te lo llevás de acá por $600, mientras que en la pescadería está el doble, $1200. El problema son los intermediarios, que encarecen el precio final del producto”.

Los piqueteros sean unidos

Las posiciones pueden ser diferentes en términos políticos, pero los reclamos son muy parecidos: refuerzo del ingreso económico para compensar el 34% que se perdió de poder adquisitivo, aumento para los jubilados, aguinaldo para los cooperativistas…”, dice Juan Grabois a elDiarioAR. Es abogado, militante de la organización Movimiento Trabajadores Excluidos (MTE) y fundador del Frente Patria Grande. Y Grabois es, también, un tipo requerido esta tarde. 

Cercano a la vicepresidenta Cristina Fernández, la semana pasada salió al cruce de Silvina Batakis, flamante ministra de Economía, en al menos dos programas de radio, uno que emite Radio con Vos y el otro que va por Futurock, suficiente para alcanzar audiencias dispares. Pregunto a Grabois si no es un poco temprano para cuestionar a una funcionaria a un día de tomar el cargo: “Es que Batakis les habló a los mercados, no a los trabajadores”, responde. Grabois fue y vino varias veces de Congreso a Plaza de Mayo. Un hombre péndulo, un hilo conductor, cable canal.

Son las 15.30, es el turno de la vuelta de Madres a la Pirámide de Mayo. Avisan por micrófono. Todos nos corremos un poco. Circulan las Madres. Sobre el pasto, sobre el barro, sobre cartones. Sobre las avenidas que circundan la Plaza. Todo está tapizado de madres. Hay generaciones de madres acá. Hay tres, cuatro generaciones de mamás. Hay madres de veintipico con los rodetes altos y tirantes y el chico mecido en el cochecito. Hay madres entreteniendo nietos. Hay muchas mujeres. Salvo por alguna manta que amortigua el asfalto, nada indica que vayan a pasar la noche aquí. No habrá, como se ha dicho, acampe alguno. Demasiada cría a la intemperie.

Los piqueteros acaban de rebotar en el Ministerio de Economía: “No es acá, el reclamo debe hacerlo en Desarrollo Social, igual pasen la semana que viene que quizás audiencia con la ministra haya”, les dijeron. Campera de cuero, buzo polar, el pucho encendido, Grabois anda rodeado de banderas: Barrios de Pie, Polo Obrero, MST, MTR, Bloque Piquetero Nacional, Unidad Piquetera. No ve al pibe que, muy cerca suyo, se abraza a la caña que es gruesa y es una de las tres que sostiene una bandera larga y pesada. El pibe no da más. No da más. Y cuando encuentra unos ojos cómplices lo dice en voz alta: “Che, no da para más esto”.

VDM

Como cada vez que hay una convocatoria en la Plaza de los Dos Congresos: el humo de los chulengos, el bombo, el mate, la ronda, el bebé que toma la teta, la doña que descansa las piernas en el banquito plegable. Como cada vez que hay una convocatoria en Plaza de Mayo: las banderas en alto, las cañas que cortan el paso, el megáfono que escupe consignas, otros bombos, otros mates, los nenes durmiendo en los brazos. Diez cuadras dividen una plaza de la otra: frente a la Rosada, la Unidad Piquetera; frente al Congreso, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP). Esta tarde lo que unió una plaza con otra es que la guita no alcanza. 

Las diferencias políticas entre piqueteros y representantes de la economía popular son, a la vez, sutiles y complejas. Pero si alguien levantara un dron sobre la convocatoria de la izquierda piquetera y otro sobre los feriantes que representan a la economía popular, aparecería el primer contraste. Mientras la zona del Congreso bulle y huele a pescado y a madera y a verdura y “mire qué barata la pastafrola”, la Plaza de Mayo está quieta, rígida, en pausa, ni una bandera flameando. De un lado se promueve una posible solución a la pobreza reduciendo el precio de los productos al sacarse de encima a los intermediarios y piden, además, ser reconocidos como trabajadores plenos. Del otro se plantan en contra del “ajuste” y reclaman medidas económicas que favorezcan a los laburantes; menos mercado, más trabajo genuino. En ambos quieren plata: una paritaria social y popular, un salario básico universal.

Ladrillos, acelga y pescado: todo lo que necesita el ciudadano

Acá está Rodrigo Barrios con sus compañeros. Son de Moreno y fabrican ladrillos desde hace un año y medio. Arrancaron levantando el material con pala. Vendieron unos cuantos ladrillos y pudieron comprar la mezcladora. Su emprendimiento se llama Blockear y los ladrillos son ladrillos, pero, pero, pero: “El bloque de 12, sale $95 la unidad. En un corralón, un ladrillo de esa medida te lo venden a $180. Además, estos son más grandes. Te ahorrás tres ladrillos por metro cuadrado. Y otra cosa, los nuestros son 33% más resistentes que los ladrillos comunes”, dice Rodrigo y a mí me da ganas de comprarme uno y llevármelo a casa. Un ladrillo no es una pavada. Con unos cuantos de 12 levantás una casa. Con los de 8, separás un ambiente. 

El paquete de acelga a $50. Es una acelga de esa acelga re poderosa, más verde que el verde. “Estamos acá para mostrar que hacemos un trabajo real y genuino. Estamos acá para que la gente sepa quienes somos: trabajadores que meten mano en la tierra, artesanos, constructores, promotores territoriales de género… No queremos planes, no queremos punteros”, dice con un envión de bengala Elida Britos, responsable de promoción de la Mesa Nacional de la Organización 25 de Mayo. Este es el stand del Frente Agrario Tierra Mía de La Plata. A nuestros pies, ordenadas en cajones, hay unas lechugas que parecen ramos de novia. Da ganas de plantar en el balcón.

Luis Guidotti fríe cornalitos. Los trajo desde Mar del Plata con sus compañeros de la Cooperativa de Pescadores Artesanales de Mar del Plata. “Tenemos que acercar a la gente al pescado”, dice Luis y yo le digo que qué bueno, pero le digo, también, lo obvio: caro, el pescado. Luis ofrece un cornalito recién salido de la freidora y mientras mastico sin pensar que estoy por tragar los ojos de un pez, Luis explica: “El pescado no es caro. El kilo de cornalitos te lo llevás de acá por $600, mientras que en la pescadería está el doble, $1200. El problema son los intermediarios, que encarecen el precio final del producto”.

Los piqueteros sean unidos

Las posiciones pueden ser diferentes en términos políticos, pero los reclamos son muy parecidos: refuerzo del ingreso económico para compensar el 34% que se perdió de poder adquisitivo, aumento para los jubilados, aguinaldo para los cooperativistas…”, dice Juan Grabois a elDiarioAR. Es abogado, militante de la organización Movimiento Trabajadores Excluidos (MTE) y fundador del Frente Patria Grande. Y Grabois es, también, un tipo requerido esta tarde. 

Cercano a la vicepresidenta Cristina Fernández, la semana pasada salió al cruce de Silvina Batakis, flamante ministra de Economía, en al menos dos programas de radio, uno que emite Radio con Vos y el otro que va por Futurock, suficiente para alcanzar audiencias dispares. Pregunto a Grabois si no es un poco temprano para cuestionar a una funcionaria a un día de tomar el cargo: “Es que Batakis les habló a los mercados, no a los trabajadores”, responde. Grabois fue y vino varias veces de Congreso a Plaza de Mayo. Un hombre péndulo, un hilo conductor, cable canal.

Son las 15.30, es el turno de la vuelta de Madres a la Pirámide de Mayo. Avisan por micrófono. Todos nos corremos un poco. Circulan las Madres. Sobre el pasto, sobre el barro, sobre cartones. Sobre las avenidas que circundan la Plaza. Todo está tapizado de madres. Hay generaciones de madres acá. Hay tres, cuatro generaciones de mamás. Hay madres de veintipico con los rodetes altos y tirantes y el chico mecido en el cochecito. Hay madres entreteniendo nietos. Hay muchas mujeres. Salvo por alguna manta que amortigua el asfalto, nada indica que vayan a pasar la noche aquí. No habrá, como se ha dicho, acampe alguno. Demasiada cría a la intemperie.

Los piqueteros acaban de rebotar en el Ministerio de Economía: “No es acá, el reclamo debe hacerlo en Desarrollo Social, igual pasen la semana que viene que quizás audiencia con la ministra haya”, les dijeron. Campera de cuero, buzo polar, el pucho encendido, Grabois anda rodeado de banderas: Barrios de Pie, Polo Obrero, MST, MTR, Bloque Piquetero Nacional, Unidad Piquetera. No ve al pibe que, muy cerca suyo, se abraza a la caña que es gruesa y es una de las tres que sostiene una bandera larga y pesada. El pibe no da más. No da más. Y cuando encuentra unos ojos cómplices lo dice en voz alta: “Che, no da para más esto”.

VDM

Como cada vez que hay una convocatoria en la Plaza de los Dos Congresos: el humo de los chulengos, el bombo, el mate, la ronda, el bebé que toma la teta, la doña que descansa las piernas en el banquito plegable. Como cada vez que hay una convocatoria en Plaza de Mayo: las banderas en alto, las cañas que cortan el paso, el megáfono que escupe consignas, otros bombos, otros mates, los nenes durmiendo en los brazos. Diez cuadras dividen una plaza de la otra: frente a la Rosada, la Unidad Piquetera; frente al Congreso, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP). Esta tarde lo que unió una plaza con otra es que la guita no alcanza. 

Las diferencias políticas entre piqueteros y representantes de la economía popular son, a la vez, sutiles y complejas. Pero si alguien levantara un dron sobre la convocatoria de la izquierda piquetera y otro sobre los feriantes que representan a la economía popular, aparecería el primer contraste. Mientras la zona del Congreso bulle y huele a pescado y a madera y a verdura y “mire qué barata la pastafrola”, la Plaza de Mayo está quieta, rígida, en pausa, ni una bandera flameando. De un lado se promueve una posible solución a la pobreza reduciendo el precio de los productos al sacarse de encima a los intermediarios y piden, además, ser reconocidos como trabajadores plenos. Del otro se plantan en contra del “ajuste” y reclaman medidas económicas que favorezcan a los laburantes; menos mercado, más trabajo genuino. En ambos quieren plata: una paritaria social y popular, un salario básico universal.