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BOLSILLO Y SALARIOS

El salario ya no ordena el mes: el 66% agota sus ingresos antes del día 20

El sueldo dura menos que el mes y obliga a los trabajadores a estirarse con créditos, con changas o trabajos extra (muchas veces en negro), con ayuda familiar y con pagos postergados.

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4 de agosto de 2026 15:41 h

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El salario perdió una de sus funciones más básicas: ordenar el mes. El 66% de los argentinos agota sus ingresos antes o hasta el día 20 y que apenas el 9,3% llega a fin de mes con capacidad de ahorro. El dato permite mirar el deterioro del poder adquisitivo desde una escena cotidiana: el sueldo ya no llega a cubrir el calendario completo.

La encuesta forma parte del Monitor de Opinión Pública de julio de 2026 que realiza la consultora Zentrix, sobre 1.468 casos en todo el país. El informe releva percepciones sobre situación económica, salarios, inflación, empleo y endeudamiento familiar. Su principal conclusión económica es que el malestar dejó de leerse como una etapa transitoria y empieza a aparecer como una forma estable de vivir con restricciones.

El punto más fuerte está en la pregunta por la fecha del mes hasta la que llega cada persona con sus ingresos. El 11,1% responde que llega sólo hasta el día 5; el 12,8%, hasta el día 10; el 22,3%, hasta el día 15; y el 19,8%, hasta el día 20. Sumados, son dos de cada tres encuestados. Del otro lado, 23,8% llega justo a fin de mes y sólo 9,3% puede ahorrar.

El poder adquisitivo se mide mejor en el calendario que en cualquier promedio: cuando el ingreso se termina el día 20, los últimos diez días del mes se financian con recortes, deuda, ayuda familiar, changas o tarjeta.

La presión es todavía más fuerte entre los jóvenes. En la franja de 18 a 39 años, el 85,5% agota sus ingresos antes o hasta el día 20. Apenas el 10,9% llega a fin de mes y sólo el 1,5% puede ahorrar. El informe sintetiza ese corte generacional con una idea clara: los jóvenes no sólo ganan menos, también se quedan sin colchón mucho más temprano.

Esa fragilidad conecta con otro dato del relevamiento: el 61,9% de los encuestados tomó deuda o crédito en los últimos seis meses. Entre los jóvenes, el porcentaje trepa al 77%. La deuda ya no aparece asociada principalmente a la compra de bienes durables o a proyectos de consumo, sino a la administración de la vida cotidiana cuando el ingreso no alcanza.

Cuando se pregunta por el motivo principal del endeudamiento, el 53,7% responde que sus ingresos no alcanzan para cubrir gastos básicos. Otro 23,1% lo atribuye al aumento de tarifas y servicios públicos. La compra de bienes durables queda muy por detrás, con 11,5%. La deuda deja de funcionar como puente hacia un consumo extraordinario y pasa a ocupar el lugar que antes tenía el salario.

El informe también permite distinguir por dónde se endeudan los hogares. El 63,8% dice haber tomado deuda en el sistema formal, como bancos o tarjetas de crédito. Pero el 19,6% recurrió al sistema informal —prestamistas o financieras— y otro 12,9% combinó una parte formal y otra informal. Entre los jóvenes, el uso del circuito informal llega al 35,8%.

Ese dato agrega una capa de precariedad. No se trata sólo de estar endeudado, sino de hacerlo en condiciones más caras, menos reguladas y con menos margen para refinanciar. En la franja que empieza su vida laboral, alquila o intenta independizarse, la falta de ingresos suficientes se combina con una mayor exposición al crédito informal.

La necesidad de sumar ingresos aparece como percepción social extendida. Según el informe, sólo el 7,2% cree que con un empleo o una fuente de ingreso alcanza para llegar a fin de mes en la Argentina. El 42,4% considera que se necesitan dos y el 44,2% cree que hacen falta tres o más. En total, el 86,6% percibe que una sola fuente de ingreso ya no alcanza.

Ese dato dialoga con una transformación del mercado laboral que los trabajadores conocen antes que las estadísticas: más pluriempleo, más changas, más horas, más deuda y menos descanso para cubrir gastos fijos. La frontera entre salario, crédito y segundo ingreso se vuelve cada vez más borrosa.

El informe también muestra una fuerte distancia entre inflación oficial y percepción cotidiana. El 67,1% considera que el dato de inflación publicado por el Indec no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida diaria. Y el 87,4% responde que su salario no le está ganando a la inflación.

Los hogares no consumen el promedio del IPC: pagan alquiler, transporte, comida, servicios, salud, educación, deuda y tarifas. Por eso, aun cuando la inflación mensual desacelera, muchas familias siguen sintiendo que los precios que ordenan su vida aumentan más rápido que sus ingresos.

El dato atraviesa incluso la división política. Entre votantes oficialistas, el 73% reconoce que su salario no le gana a la inflación. Entre votantes opositores, la cifra sube al 97,1%. La lectura sobre el Gobierno puede cambiar, pero la experiencia material del salario insuficiente aparece mucho más compartida.

La ficha técnica del relevamiento aclara que se trata de una encuesta autoadministrada online, con cobertura nacional y muestra no probabilística, por lo que sus resultados deben interpretarse con cautela y en el plano nacional. Aun así, el informe captura una percepción social que aparece de manera consistente en distintos indicadores: ingresos que no llegan, trabajadores que suman ocupaciones y hogares que usan deuda para cubrir lo básico.

La conclusión laboral es más amplia que la crisis de deuda. La deuda es el síntoma. El problema de fondo es que el ingreso principal ya no alcanza para ordenar el mes completo. Cuando el salario se termina antes del día 20, el trabajo deja de garantizar estabilidad y empieza a convivir con una cuenta permanente de sobrevivencia.

JJD

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