Sobre este blog

Un resumen semanal de política internacional a cargo de nuestro responsable del área de Mundo, Alfredo Grieco y Bavio. Serán diez puntos geográficos para pensar nuestro presente cada vez. Vías de acceso a una realidad que excede por mucho las fronteras de la Argentina.

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Panorama mundial Análisis

Todo x 2 pesos

Visitantes acudieron el viernes a la 2ª Exposición Internacional de Productos de Consumo de China en curso en Haikou, en la provincia de Hainan, en el sur de la República Popular. El 29 de julio fue un día de puertas abiertas al público de la exposición, para observar las exhibiciones y realizar compras.

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La República Francesa, como la República Brasileña, es el resultado de un golpe de Estado militar que derribó a un poder legítimo y entregó la suma del poder público y dio facultades extraordinarias al Ejército para que dotara al país de un régimen democrático. Es decir, más estable, es decir, que asegurara a la jefatura del Estado, por encima de las clases dirigentes, una función rectora y regente. En una meritocracia se perdona todo, menos la apatía para denunciar el demérito ajeno. El buen éxito golpista era la prueba del merecimiento para ocupar la titularidad del Ejecutivo.

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Un resumen semanal de política internacional en mil palabras. Por Alfredo Grieco y Bavio.

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El actual presidente (democrático) brasileño, Jair Messias Bolsonaro, es un capitán del Ejército. Al actual presidente francés, a Emmanuel Macron, apodan, con ironía pero sin conciencia de hipérbole, ‘Júpiter’. Uno y otro consideran que su buen éxito para llegar al poder es mérito para ejercerlo, y retenerlo. No se consideran tan legítimos como sus contrincantes: se consideran más legítimos. Que esta línea de razonamiento en el Eliseo prefieran señalarla como propia del Kremlin no la vuelve ajena. Otros dos jóvenes presidentes, el chileno Gabriel Boric y el ucraniano Volodymir Zelenski, con apoyos propios minoritarios, encuentran en las circunstancias excepcionales –el estallido social, la guerra- que los llevó al gobierno una fuente de legitimidad para sus oficialismos y de dignidad para su obrar. Sobre estos y otros flexibles pragmatismos, irreprochables pero acaso ricos en consecuencias inadvertidas, se detienen las diez estaciones que siguen de este Mundo que es azul como una naranja, Newsletter semanal de Política Internacional de elDiarioAR, que, como todos los jueves, les llega aquí y así.

1. We the People

En la primera Constitución francesa de la V República, el mandato presidencial, renovable, duraba siete años. Ahora dura cinco, y es renovable. La pureza del sufragio universal, convocado con regularidades de larga duración, tenía como función patriótica proveer esa seguridad jurídica tan fértil para el clima de buenos negocios. Se descontaba que el electorado no rehusaría el voto a quien lo solicitaba para sí porque había demostrado merecerlo. O que al menos no lo sustraería vilmente entregándolo a candidaturas a contrapelo, a las que sólo la eficacia en generar un nuevo cambio de régimen pondría en pie de igualdad de mérito con el poder republicano establecido. Si el voto era secreto y el cuarto oscuro, era premio a la responsabilidad ciudadana, no como incentivo a la libertad en la noche donde todos los gatos son pardos (donde, para seguir con las metáforas zoológicas domésticas, “los cerdos no te ven”, como sugería el Partido Humanista en su campaña para las presidenciales argentinas de 1983).

En el proyecto de Constitución chilena, que se plebiscitará el 4 de septiembre, el mandato presidencial dura cinco años y es inmediatamente renovable. Así era en la Constitución chilena de 1833. En el siglo XIX, los presidentes gobernaban por decenios (5 años + 5 años). Al final del primer mandato, se volvían presidentes-candidatos, con el aparato del Estado para hacer campaña. Se dijo que eran mandatos de diez años, con un plebiscito en el medio.

 

2. Yo me quiero aprobar, ¿y Usted?

Gabriel Boric es ahora un presidente en campaña: busca el voto para el Apruebo del proyecto constitucional. Por ahora, gana el Rechazo, pero las encuestas hacen ver que cada vez gana por menos. Sigue habiendo 15 puntos de distancia entre el Rechazo y el Apruebo. La intervención presidencial no ha sido inútil. Tampoco ha sido irrelevante el programa Chile Vota Informado, que dirige la ministra vocero de Gobierno, Camila Vallejo, ex líder estudiantil como el gobierno.

 

3. Por un puñado de dólares

También en EEUU el presidente puede repostularse al fin de su mandato, y hace campaña como presidente. Incluso, volando a bordo del Air Force 1 para ir a mitines partidistas. Es legítimo usar del poder del que dispone, para seguir disponiendo en el futuro –este es el razonamiento inexpreso. Como hoy jueves cuando se publicaron los datos del PBI en EEUU. La economía se redujo por segundo trimestre consecutivo, lo que significa que el país entró en una recesión técnica. Según la Oficina de Análisis Económico, el PBI de EEUU cayó un 0,9% anualizado, arrastrado por la caída de la inversión empresarial privada. La Casa Blanca, preventivamente, había argumentado que una pequeña contracción no era recesión. Técnicamente, no es incorrecto. El desempleo es del 3,6%, uno de los niveles más bajos en setenta años. Sin embargo, para el electorado, que en noviembre renovará las cámaras del Congreso, lo que importa es la percepción, o no, de crecimiento. Y la mayoría considera que la economía no está bien, y que marcha mal.  Todo invita a pensar que el oficialismo del partido Demócrata del presidente Joe Biden perderá sus mayorías en Representantes y Senado.

 

4. Bonapartistas, y a mucha honra

Cuando en 1958 el general Charles De Gaulle tomó el poder por la fuerza, prometió que Francia sería una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Hacía falta una democracia que oyera la voz de las grandes mayorías, y la hiciera oír. El militar golpista fundó la Quinta República, cuyas instituciones son las que rigen hoy a Francia. En el rubro de la justicia social, quería continuar la obra de reyes y emperadores y presidentes, consolidar una burocracia eficiente, servicial para universalizar los beneficios del Estado de Bienestar. Cuyo fin era a su vez consolidar la comunidad organizada. El gaullismo, como el bonapartismo, integraba. El nacionalismo y el europeísmo, la escuela laica gratuita y de calidad y la misa dominical de familias bien constituida, el orden y el progreso, la formación permanente y los valores de siempre.

Emmanuel Macron busca reformar el mercado de trabajo y el sistema de jubilaciones y pensiones. Francia económicamente libre. Pero también anunció su gobierno que se prepara a comprar el 16% que todavía no es propiedad estatal de Électricité de France, una de las mayores compañías de servicios públicos del mundo, que así resultará nacionalizada en su totalidad. En medio de la crisis energética europea, la empresa informó que en el primer semestre había sufrido una pérdida récord de 1340 millones de dólares. Francia políticamente soberana.

 

5. Francesas, rusas, adúlteras, seducidas y devaluadas

Medir a Francia es una obsesión de sus gobiernos conservadores, y la administración pronto observó una grieta (zanja, diría Asterix) también estable, pero que desfiguraba la imagen que el gaullismo se hacía de la educación nacional y que proyectaba como marca país. Una mitad de Francia era el país que más leía en el mundo. Pero la otra mitad no había leído nunca más ni un solo libro después de haber terminado el secundario (si lo había concluido). Una iniciativa en pro de la lectura se puso en marcha. A cada nueva pareja que se formara, y que formara un hogar, y se casara en el Registro Civil (todo esto, para el gaullismo, viene a ser lo mismo), el Estado le iba a regalar una primera biblioteca familiar, con unas diez obras clásicas en edición popular, con texto cuidado y encuadernación perdurable.

No hubo disenso en que Madame Bovary fuera uno de los volúmenes de la colección; al revés, todo predestinaba a esta obra maestra de la prosa francesa, a este modelo de bien razonado uso lingüístico, a  tan lúcida ficción narrativa, a ocupar una hornacina canónica reservado de antemano. Hasta que el gobierno advirtió que la colección era un regalo de bodas del Estado, pero esta novela de 1857 es un alegato contra el matrimonio heterosexual burgués. Su heroína es una adúltera, y en el adulterio cuenta con toda la aprobación del autor Gustave Flaubert, que parece invitarla a experimentar con amantes e infidelidades, hasta su suicidio con veneno para ratas. Las bodas entre los dos ideales gaullistas eran menos apacibles de lo que parecía: la buena lectura y la familia bien constituida. Se retiró el libro de la lista, era tarde para retirar el volumen de los hogares y remplazarlo…

En el siglo XIX son muchas las novelas de adúlteras militantes, redactadas por varones feministas, de La Regenta en España a Effi Briest en Alemania. En Rusia, Ana Karenina, que también se suicida, bajo las ruedas de un tren.  Este largo libro del conde pacifista León Tolstoi ha sido prohibido en UcraniaLas autoridades de Kiev detectan en la desgraciada historia de la petersburguesa una apología del imperialismo ruso.

Tal vez para evitar la impresión de provincianismo que causa la noticia de esta y otras edificantes interdicciones culturales, y mostrar la firmeza del vínculo matrimonial en un gesto de (pos)modernidad cosmopolita prooccidental, u operación de prensa mordiendo en un menú internacional donde les vienen reduciendo las raciones fijas, el presidente ucraniano Volodymir Zelenski y su esposa posaron para el lente de Annie Leibowitz en un reportaje de la revista Vogue. Como fondos de sus retratos hay armas, soldados y las ruinas de 154 días de guerra. En el reportaje, Olena Zelenska dice estar segura de la victoria ucraniana, a pesar de que a la primera Dama se la ve junto a un avión destruido y otros detritos de las bombas, el fuego y la resistencia sostenida por Europa y la OTAN.

 

6. Los Ángeles, la foto salió movida

En la fallida foto de familia de la Cumbre de las Américas en la hispana ciudad de Santa María de los Ángeles, Joe Biden está flanqueado por dos aliados firmes en su alianza, pero menos en sus puestos. Un presidente saliente, Iván Duque, y un presidente vacilante, Guillermo Lasso. Los dos son empresarios, el colombiano y el ecuatoriano. Los dos países sufrieron en octubre de 2019 estallidos sociales en protesta por aumentos de los combustibles y las tarifas decididos como herramientas fiscales por los gobiernos; en Colombia, en 2021, la ferocidad de la protesta fue proporcional a la magnitud del despropósito de gravámenes incobrables que una reforma impositiva legislaba.

Hoy Lasso se esfuerza por mantener bajo el precio de los hidrocarburos, reclamo social primero. No es imposible que organice algún esquema sin insostenibles despilfarros ruinosos para no abandonar sin subsidio a indígenas y campesinos. Duque espera el fin de su gobierno que, salvo contingencias imprevistas, será también el de su carrera política.

 

7. Colombia, la fábula del guerrillero mustio y la Casa de Nariño tomada

El 7 de agosto asume el gobierno en Bogotá el primer binomio de izquierda de la historia colombiana, el del ex guerrillero y economista Gustavo Petro y la militante ambientalista afrocolombiana Francia Márquez. No habrían rehuido la cita de la Cumbre de las Américas. Washington y Bogotá tienen una relación histórica abiertamente carnal, que incluyó el permiso colombiano para la presencia y colaboración norteamericana en al menos siete bases militares cuando el clímax del Plan Colombia. El presidente electo goza de una aprobación entusiasta, una popularidad, con su vice, rubricada de rojo y dorado místicos.

Hay que decir, sin embargo, de los presidentes de izquierda de la tercera década latinoamericana del siglo XXI, Gustavo Petro es el más parecido a un tecnócrata. Enfrenta desafíos tan grandes que algunas de sus promesas serán acicates y tensiones hacia un futuro deseable, un horizonte que es imposible apostar si en algo estará más cerca al fin de su mandato. Tierra para quien la trabaja, promete. Colombia es junto con Chile el país más desigual de la región. Y el 1% de la población es dueño del 81% de la tierra en Colombia. Que también es, también  junto con Chile, el país más conservador de la región. Y Petro y Márquez firmaron en campaña un compromiso de no reelegirse ni expropiar. Es misteriosa, la forma que adoptará la reforma agraria del Pacto Histórico.

8. El Salvador, todo por 2 bitcoins

También joven, también moderno, posmoderno, ultra moderno, “el presidente más cool del mundo” es también cada día uno de los más autoritarios. O de los más autorizados, porque Nayib Bukele goza de esa incólume mayoría absoluta parlamentaria que Macron ha perdido en las legislativas de junio. Si el oficialismo no ha perdido bancas, El Salvador ha perdido dinero, por su (mala) apuesta de adoptar un año atrás el bitcoin como moneda de curso legal (junto al dólar norteamericano, que a partir de 2001 sustituyó al colón en este país centroamericano de casi 8 millones de habitantes, el más densamente poblado del continente. Y el presidente ha perdido poder y control, desde que un fallido pacto secreto con las maras y pandillas salió de la clandestinidad a la luz pública, y los homicidios alcanzaron récords de casi 100 muertes violentas cotidianas.

Esta semana, Bukele anunció que no tardará más de 60 días en erigir el monumento por el que se lo recordará. El robusto Centro de Confinamiento del Terrorismo tendrá espacio para encerrar a 40 mil personas, e instalaciones herméticas para incomunicarlas del mundo exterior. Desde que Bukele declaró el estado de emergencia nacional en marzo, que después renovó cuatro veces, unos 46 mil presuntos pandilleros están detenidos.

9. Perú, o el sombrero vacío de Pedro Castillo

Cada 28 de julio son las fiestas patrias peruanas, y cada presidente busca aprovechar la fecha para lucirse en Lima con la retórica de logros pretéritos (exagerados) y planes futuros (caros como un Perú). 365 días atrás, después de que la Justicia Electoral zanjara a su favor una agria disputa con Keiko Fujimori sobre el escaso medio punto porcentual que los separaba en el balotaje, Pedro Castillo asumió la presidencia. Era el quinto presidente en jurar desde 2016, cuando una ola de escándalos por corrupción desacreditó aún más a la desacreditada clase política peruana. Para quienes lo votaron en segunda vuelta, este antiguo campesino provinciano, maestro rural, ex dirigente sindical docente, este serrano mal conocido en la ex capital virreinal, en las ciudades, en la costa, representaba la esperanza del cambio, de la demografía siempre pisoteada o relegada que ahora tenía una oportunidad única en el poder.

En su año de gobierno, las energías de este provinciano en la capital estuvieron consumidas por un único objetivo, en el que venció: sobrevivir. El Congreso unicameral peruano tiene potestades para votar en un trámite sencillo la destitución del Ejecutivo si encuentra a su titular incapacitado moralmente para gobernar. Así lo encontró, así llamó a votar cuantas veces la Constitución fujimorista de 1993 en vigencia lo autoriza. La aprobación presidencial es del 20%, pero la del Congreso es más baja. No tiene Castillo ni mayoría ni bancada propia, pero la oposición está dividida, con bandos tan enemistados entre sí como por separado lo están con él.

El Banco Central redujo las expectativas de crecimiento económico peruano para el año próximo a 3,1%. En buena medida porque dos de las mayores minas de cobre no están funcionando, detenida la exploración, excavación y extracción por protestas. Que los ministros del gabinete presidencial muchas veces azuzan. 

En un año de gobierno, Castillo cambió, en promedio, a un ministro por semana. El izquierdista a quien acusaban de vínculos con Sendero Luminoso logró hacerse amigos entre las bancadas conservadoras del Congreso, promoviendo leyes que permiten a los padres prohibir que en las escuelas enseñen a los niños contenidos que les molestan (a los padres). En octubre hay elecciones regionales. Tal vez signifiquen algún apoyo más sustantivo para Castillo. Si no, lo serán para quienes nuevamente se entusiasmarán con voltearlo en un impeachment.

10. Mercados futuros, o ¿cuánto valen Biden y Trump octogenarios en 2024?

Esta semana, la cancelación por Joe Biden, contagiado de covid, de todos sus compromisos cara a cara (con el chino Xi Jinping será vía teleconferencia gigante), recordó algo que ya se sabe y sin embargo se olvida con perseverancia: que el presidente demócrata norteamericano tiene 79 y que pertenece entonces a la población de riesgo para las enfermedades infecciosas, o, más simplemente, para todas las enfermedades y todos los traumatismos. Ya es hoy, en julio de 2022, el más anciano inquilino que haya vivido nunca gobernando desde la Casa Blanca.

Cuando en noviembre de 2024 celebre EEUU elecciones, Biden tendrá 82 años cumplidos. Y 80 su rival, el republicano Donald Trump que buscará recuperar en Washington DC ese domicilio de 1600 Pennsylvania Avenue del que se juzga injustamente desalojado por Biden en las presidenciales de 2020.

De momento, Biden y Trump son considerados (todavía) los candidatos naturales que sin primarias representarán en 2024 a las fuerzas opuestas del bipartidismo norteamericano. Tal naturalidad comienza a chocar con datos que la colocan ya ahora en un relativo entredicho. Biden es objeto de una altísima desaprobación y sujeto de una muy baja aprobación. En particular, se le reprocha el desdén con que su administración, en un comienzo, consideró los números de una inflación (y ahora recesión) que lucen menos efímeras de lo que parecieron. Sin ser en absoluto determinantes, las audiencias televisadas en el Congreso que revelan y magnifican la participación de Trump en la jornada del 6 de enero de 2021 no lo favorecen. Hay algo, sin embargo, que puede perjudicarlo, y mucho. En las encuestas, los candidatos que ‘The Donald’ favoreció, y que vencieron en las primarias republicanas, están muy abajo en estados claves como Ohio y Pensilvania para las elecciones de este noviembre al Senado. Si fueran derrotados, se abriría un nuevo escenario. Uno en el cual los dos candidatos presidenciales más votados en la historia norteamericana, con 80 y 74 millones de votos respectivamente, pudieran estar ausentes del menú electoral de noviembre 2024.  

AGB

 

 

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