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Sobre este blog

Punto de Encuentro es un espacio de Amnistía Internacional para amplificar las voces y miradas de periodistas, comunicadoras y fotógrafas que trabajan en temas relacionados con mujeres y disidencias.

En un contexto de violencia creciente contra activistas de derechos humanos y ante la reducción de estas agendas en muchos medios masivos de comunicación, Amnistía Internacional y elDiarioAR se unen para dar un espacio destacado a contenido federal e inclusivo. 

El rol de periodistas feministas ha sido clave en los avances de los últimos años y el ejercicio profesional riguroso y libre es clave para garantizar esas conquistas que son para toda la sociedad. 

Punto de Encuentro pretende ser precisamente un espacio de coincidencia, pero también de debate constructivo. Porque no se puede ser feminista en soledad.

Identidad y resistencia en la Quebrada de Humahuaca

Gus y Ale, en el corazón de Humahuaca

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Hijas del churqui

Orgullo cholonkero es una comunidad que surgió en 2018 a partir de una primera asamblea comunal con el objetivo de visibilizar las disidencias sexogenéricas en las comunidades indígenas. A más de 2939 metros sobre el nivel del mar en una comunidad de más 17000 habitantes, con calles empedradas y angostas, entre indígena y colonial. “Quienes organizamos esa primera asamblea comunal fuimos buscando y reuniendo a las compañeras que conocíamos del territorio de Humahuaca, que habitaban los territorios indígenas de distintas comunidades alrededor de la ciudad”, explica Gustavo Cabana. Se presenta como marica, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Jujuy y una de las iniciadoras de la comunidad, junto a Quillay Méndez, bailarina y performer. Ambas provienen del “interior” de Humahuaca, de lugares rurales como Pucara y Chorrillo, otras son de Ocumazo, Valiazo o de la misma Humahuaca.

“La cholonka es el fruto que nace del churqui, un árbol espinoso, pero que tiene propiedades curativas y crece de Humahuaca para el norte, entonces es una linda metáfora-dice Quillay-. Para mí Orgullo cholonkero es una resistencia étnica”. Surgió primero como un encuentro social, entre vinos y cervezas. “En esos espacios que me parece que también son de resistencia, donde se desinhibía el cuerpo y las compañeras pasaban a mostrar más la mariconeada. Fuimos la Gustavo, la Lourdes, yo, también hubo otras maricas que no eran de Humahuaca, pero transitoriamente estaban aquí”, recuerda. “Cholonkeras-tira piedras, quilomberas, nos decían las de Tilcara. Ellas, del ayllu de abajo y nosotras, del ayllu de arriba”, define Gustavo aludiendo a la antigua organización política andina del Tawantinsuyu.

Encuentro en la plaza del pueblo

Lourdes, torta, estudiante de la licenciatura en Turismo y técnica en Hotelería, dice que Orgullo cholonkero ha sido un espacio más de contención: “porque yo pensé que era la única lesbiana acá en la Quebrada de Humahuaca, pensaba que no había nadie más. Es una ayuda, uno no está solo acá, sino que hay mucha gente como yo, maricas, otras tortas, travas. Me acuerdo que fui a mi primera marcha del orgullo cuando tenía apenas 18 años o 17, a San Salvador, cuando habían salido los primeros planes Progresar. En ese momento estaba Milagro Sala con la Tupac, que organizaban. Y ahí conocí a la Quillay, que me invitó a reuniones y eventos”.

Gustavo cuenta sobre esa primera reunión: “Fue básicamente para discutir qué lugar ocupábamos las travas, los putos, las tortas dentro de las comunidades indígenas, qué lugar nos daban, si ejercíamos cargos políticos o no. Y otra socialización fue también pensar qué lugar ocupábamos dentro del llamado movimiento de la diversidad sexual. Y centralmente si nos sentíamos representados en esas dos esferas políticas que atravesaban nuestras vidas cotidianas. Concluimos que estábamos ante una forma de patriarcado en las comunidades indígenas donde las disidencias sexuales eran vistas como un elemento foráneo; no ocupábamos cargos de importancia porque la legitimidad ahí estaba dada por la sexualidad que se portaba”.

Lourdes y Gus compartiendo caminos y recuerdos

Patriarcado andino, identidades y derechos

Las preguntas recurrentes y estigmatizantes: ¿por qué no tiene novia? ¿para cuándo los hijos? Son índicios de una heterosexualidad obligatoria, de un patriarcado andino que violenta. “En nuestras comunidades luchamos contra una mirada heterosexualista. Muchas fueron excluidas de los sistemas de herencia porque son las familias heterosexuales las que cuidan el rastrojo, las parcelas de tierras que cultivamos”, reflexiona Gustavo, que tiene su propio rastrojito en Pucara, de donde provienen sus ancestras. “Leímos a María Galindo, Adriana Guzmán, a Silvia Rivera Cusicanqui, con sus posturas de feminismo indígena y campesino, la descolonización del sodomita en los Andes de Horswell. Y conocimos experiencias políticas y personales de travestis, de maricas, de tortas en las comunidades indígenas. Nuestro mundo aldea era un mundo violento. En las reuniones que llamamos apthapy (donde compartimos, comemos y hablamos), la mayoría contaba experiencias de acoso sexual y violación: nuestras comunidades de origen tienen sesgos heterosexuales y violentos: el patriarcado andino. Por ejemplo, las compañeras travesti eran expulsadas de sus comunidades para poder transicionar: ahí veíamos un ”sexilio“ forzado. Y nosotras nos planteamos politizar la cultura”.

Compras y preparativos para las ofrendas en la apacheta
Ritual en la apacheta, entre montañas y memoria

¿Qué son las sexualidades disidentes y cómo se habitan en la Quebrada de Humahuaca, donde las resistencias se respiran? Quillay responde, haciendo alarde de su identidad cholonkera “Ay, no sé qué es ser disidente sexual. Es portar esta cara. Yo creo que ser disidente sexual no es tanta magia, no está como tan desligado de lo que vivimos todos los días. No es que nos levantamos con brillos en la cara, con glitter y bien arregladas y esas cosas; ser disidente sexual me parece que implica también trabajar en la construcción, ser albañiles, ser docentes, ser precarizados. También es agarrar la bolsa, ir a buscar fruta al mercado, pasear por la feria, prepararse para las ceremonias de la Pachamama. Entonces, esa disidencia sexual me parece que viene cargada de todas estas cuestiones. Un poco que la identidad sexual y la étnica vienen juntas”.

“Sabemos qué pasó en Stonewall –explica Lourdes- pero buscamos lo nuestro propio. A veces la gente del pueblo tiene la creencia de que lo que pensamos es de afuera, o le dicen hippie, como que ellos vinieron e insertaron todas estas creencias o costumbres o las orientaciones y decisión sexual que tenemos nosotros. Y no es así. Simplemente un día dije ‘me gustan las mujeres y ya está, quedamos ahí’. Más allá de las dudas y demás”.

Peña Blanca, frente a Humahuaca, con mirada colectiva

Gustavo hace memoria y reconstruye discursos pasados. “Estaba el discurso de que nuestras identidades, eran identidades foráneas o no eran. Hoy en día son propias de las comunidades. A nosotros también las nomenclaturas de la diversidad sexual nos parecían extrañas, lo gay y todo ese sentido que se le atribuía a esas palabras eran por ahí elementos distintos a la experiencia que nosotros habitábamos”.

Para Quillay es importante el rescate de la memoria “de compañeras que han sido maricas, que han sido travestis, que han sido tortas y que se han tenido que ir obligadamente de Humahuaca. Pero claro, caen, vuelven, vuelven para carnaval, vuelven para el cumpleaños de una abuela, vuelven para alguna festividad en especial, vuelven siempre a Humahuaca. Y cada vez que esos cuerpos vuelven, Humahuaca se sorprende. Pero nosotras estamos en territorio y llevamos a la comunidad de Orgullo cholonkero a todos lados, incluso hasta hemos llegado a posicionarnos frente de instituciones como la municipalidad y el hospital porque lamentablemente los derechos sexuales no están pensados para nosotras, sino para la gente de la centralidad”, explica. Asegura que falta ESI, que falta información sobre acceso a derechos tan básicos como el matrimonio igualitario. “¿Quiénes de las maricas piensan en casarse si ni siquiera pueden pensar en tener una relación sana? Y esto se carga también con la cuestión identitaria porque las maricas o las tortas no pueden tener ese afán, les atraviesan otras cosas como no llegar a fin de mes, no tener laburo, o ser siempre echadas de su casa”, asegura.

Ofrendas y rebozos cholonkeros, símbolos de resistencia

Quillay también cuenta cómo el activismo de esta comunidad ha logrado conversar y trabajar en conjunto con instituciones locales como el hospital, la municipalidad, un centro cultural para proponer una escuela de género, que aún se sostiene. “Hemos sabido cómo ganar el respeto de esas instituciones, a partir de generar reuniones, encuentros. Hace un par de años pudimos hablar con la directora del hospital, le comentamos nuestra situación y hubo una apertura. Compañeras como Lourdes dieron charlas ahí y contaron nuestras realidades. Les explicamos ‘che, si viene la Quillay y ella te dice que su nombre es ése, decile Quillay’, respetarle desde ese lugar. O si viene una compañera torta, respetarla desde su identidad torta y preguntarle cómo se siente, darle ese trato digno que se merece. No sólo para las que somos de Orgullo cholonkero, pero para todas. Muchas mujeres no sabían cómo pedir pastillas anticonceptivas, les daba vergüenza y tenían miedo porque las trataban muy violentamente los médicos, médicas, enfermeras y enfermeros. Y hay una cuestión de desigualdad de poderes, te hacen sentir en falta. Imaginate si esa persona heterosexual tiene miedo de ir al hospital, ¿qué es lo que va a hacer una compañera torta, trans, ¿no?”.

Alegría al viento, comunidad y celebración

Qarichumpi: sol y viento

La identidad marrón no es la identidad indígena, las cholonkeras tienen su propia aproximación al anticapitalismo y antirracismo. “Es que yo no soy marrona, yo soy indígena -Quillay corta rápido la pregunta-. Para mí la categoría de marrón no aplica en estos lugares. A lo sumo nos decimos morochitas. Nuestras abuelas nos decían qarichumpi: más oscuro y como paspadito por el sol y viento”. Y Gustavo agrega “No tenemos protector solar a veces, nuestras abuelas no tenían protector solar y estaban y trabajaban en el campo, trabajaban la tierra. Tanto lo marrón como lo indígena son marcas de racialidad”.

Apacheta y montañas, custodias del pueblo

Quillay explica cómo marcan esas marcas: “acá la violencia surge del morochito para el morochito, sobre todo en Humahuaca, donde la blanquitud no tiene tanta influencia como en Tilcara. Acá hay una historia de resistir constantemente a todos los golpes: se han librado 14 batallas por la ”independencia“ de la Argentina. Han usado a los indios, han usado la fuerza de los indios para liberar lo que a posterior les va a oprimir, que es el Estado argentino, ¿no? Y desde acá se oprime también a la gente que vive en el campo, porque ahora Humahuaca se considera ciudad. Si sos del campo, entonces ya te estigmatizan por ser de una comunidad indígena, porque hay una especie de blanqueamiento que se produce dentro de la comunidad humahuaqueña: viven en Humahuaca pero no pueden ser indios, vivir en la ciudad limpia, higieniza una corporalidad”.

Un cuerpo marica no deja de ser un cuerpo indígena. “Pensando en transformar las marcas de la raza en una categoría política empezamos a hablar de marronitud –indica Gustavo- pero es una categoría problemática en varios sentidos, que nace de la diáspora en la ciudad de Buenos Aires. Desde Jujuy encontramos un procesamiento ideológico de la diferencia, los cuerpos. El cuerpo desobediente a la norma, es un cuerpo racializado: el cuerpo marica, torta, travesti, no binarie. Además, en Jujuy lo vivimos en nuestros propios cuerpos y para nosotras no es suficiente que haya una política de visualización de lo marrón si quienes están ahí son fachos. Está Natalia Sarapura como diputada, ahí estaría nuestra representación marrón y no es suficiente. Entonces, nosotras lo que hicimos fue entretejer el indianismo, que es nuestra postura inicial fuerte, nuestro proyecto de vida por el buen vivir con una interpretación que hacemos de la historia de la marronitud y es una lectura política que hacemos de nuestros cuerpos”.

Gustavo, memoria y cuidado comunitario
Lourdes, entre identidad y ritual

Ancestralidades

Las cholonkeras orgullosas tienen una búsqueda en la historia y las prácticas andinas, por eso es importante el anclaje en conceptos como el Travestisuyu, el Plurisuyu, el Qariwarmisuyu “en los documentos de la colonia aparecía la palabra qariwarmi que era la manera en cómo en ese momento las comunidades indígenas nombraban a las personas que habitaban las dos energías del cosmos: lo masculino y lo femenino en una persona”, profundiza Gustavo, deslizando que hasta están representadas en el famoso dibujo de Santa Cruz Pachacuti.

Es una comunidad plurisexual, con una organización comunal, donde las festividades del calendario agrario andino y disidente estructuran el tiempo de compartir y donde conviven tres identidades que son “las más representativas –explica Gustavo- y cada una elige una comunera en asamblea. Entonces, Lourdes es la comunera de las tortas, la Quillay es la comunera travesti y yo, la comunera marica”. Rápidamente, Quillay agrega “Claro que es una comunidad, de compañeras que se animan a que sus cuerpos sean más libres”. “Y lo lindo es que se convive –dice Lourdes-, compartimos así de vez en cuando, por ejemplo, la Pacha. Más que nada nos encontramos en el tiempo de fiesta, para la Virgen de la Candelaria, que es el 2 de febrero, y ya es el típico carnaval. Rescatamos la cultura, como indios nosotros existimos acá y nuestra orientación sexual no nos impide tener nuestras creencias. A mí me gusta mucho nuestra comunidad cholonkera, ya que rescatamos la cultura, nuestras tradiciones. Como soy católica, tengo mi señor de Quillacas y mi señorcito de la Laguna (santos andinos), soy parte de una banda de sikuris, asisto a las fiestas patronales, me ”promeso“ también por ahí. La celebración de la Pacha en agosto es muy importante: ahí la tradición siempre fue pasar de a parejitas hombre-mujer, heterosexual. Y bueno, en esta fase estoy pasando con mi pareja, se siente bonita experiencia, tengo ya conexión con la Pachita, con mis tierras, con mis ancestros y mi orientación no me impide nada pasar haciendo el ritual respetuosamente, ¿no?”.

Quillay, fuerza y ancestralidad

La ancestralidad y sus símbolos son parte de las reivindicaciones que se construyen en esta comunidad andina. “Las comunidades tienen su centro de poder y aún tenemos pendiente eso. Pero sí tenemos símbolos de nuestra ancestralidad, como la bandera blanca, insignia del Coyasuyo, con las cintitas de colores, que nos representa. Y el otro signo muy muy característico de Humahuaca es el rebozo, una especie de chal tejido y bordado a mano al que nosotras le otorgamos una politicidad, lo etnificamos. Elegimos el rebozo y no el poncho, porque tiene un costado afectivo, político y cultural. Son tejidos y bordados, provienen de nuestras abuelas, de nuestras madres, son nuestra herencia. Y ahí está el lazo que construimos con las mujeres de nuestras comunidades. Queremos que haya más comuneras mujeres en las comunidades indígenas. Consideramos que este momento histórico es un momento de un warmikuti, como llaman las feministas comunitarias de Bolivia, el momento de un retorno de las mujeres al proyecto político de las comunidades. El rebozo simboliza también nuestra resistencia porque la indumentaria es muy importante.”

Como en la trama de los rebozos andinos, la comunidad cholonkera teje buscando reconstruir la historia ancestral disidente y construir una identidad propia, arraigada, un lugar de enunciación marica/torta/trava indígena surandino. Es un rebozo que protege e identifica, tejido de recuerdos, búsquedas, posiciones anticapitalistas y antirracistas, con voz propia, con hilos de identidad, reflexión, ética y estética.

AT / MA

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En un contexto de violencia creciente contra activistas de derechos humanos y ante la reducción de estas agendas en muchos medios masivos de comunicación, Amnistía Internacional y elDiarioAR se unen para dar un espacio destacado a contenido federal e inclusivo. 

El rol de periodistas feministas ha sido clave en los avances de los últimos años y el ejercicio profesional riguroso y libre es clave para garantizar esas conquistas que son para toda la sociedad. 

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