Chicos como nunca y grandes como siempre: River y Boca bajaron tres años el promedio de edad de sus jugadores y definen el título

Julián Álvarez y Enzo Fernández en River, y Luis Vázquez, en Boca

En los gigantes es la hora de los chicos. River y Boca pelean por ser campeones como casi siempre en la historia pero esta vez, como nunca, lo hacen con un porcentaje mucho mayor de jugadores criados, elaborados y macerados en sus divisiones inferiores: los equipos de Marcelo Gallardo y Sebastián Battaglia salen a la cancha con cuatro o cinco titulares de 21 años o menos. La apuesta por los jóvenes es hija directa de la crisis económica y de tesorerías sin recursos pero ofrece muy buenos resultados: con ventaja parcial para River a falta de ocho fechas para que termine la Liga Profesional 2021, el campeón parece definirse entre los dos clubes más grandes. Si también les alcanzará para competir en las copas internacionales contra los poderosos equipos brasileños es un enigma que recién se resolverá en 2022.

Un dato es elocuente. El promedio de edad de River y Boca en el campo de juego bajó tres años respecto a la última vez que lucharon por un título de liga, en marzo de 2020. En las fechas finales de la temporada 2019/20, cuando Boca le arrebató el título a su rival, ambos equipos tenían una edad media de 28 años. Post pandemia, y ya en los últimos tres partidos del actual torneo, Gallardo y Battaglia presentaron formaciones con un promedio de 25 años.

Los pibes son figuras de ataque y garantía de gol, como Julián Álvarez (21) y Luis Vázquez (20), o sostienen los dos mediocampos más pesados del país, como Agustín Almendra (21) y Santiago Simón (19). A veces titulares, otras suplentes, también están asentados o forman parte del staff permanente Benjamín Rollheiser (21), Felipe Peña (20), Enzo Fernández (20), Federico Girotti (22) y Héctor Martínez (23) en River, y Marcelo Weigandt (21), Aaron Molinas (21), Rodrigo Montes (22), Exequiel Zeballos (19), Cristian Medina (19), Agustín Sandez (20) y Alan Varela (20) en Boca.

Aunque la decisión de llevar chicos a la Primera es más estructural en River, donde Gallardo apuesta desde hace años a las inferiores, el técnico nunca debió recurrir a los pibes tanto como ahora. El caso de Boca implica una novedad respecto a los últimos años, cuando una economía más estable del país le permitía contratar a figuras que tapaban a las promesas de las inferiores.

Pero en ambos casos, y también en la mayoría de los equipos del fútbol argentino, se trata de una salida positiva para enfrentar una situación de emergencia: la elección por los pibes es más forzada que voluntaria. Con la inflación al 50% anual y la desvalorización del peso, ni siquiera Boca o River pueden comprar jugadores de jerarquía. Deben fabricarla en sus inferiores. Muchos refuerzos que se suman a los planteles en los mercados de pases no necesariamente constituyen opciones superadoras o un salto de calidad respecto de los jugadores formados en el club.

“Los equipos argentinos no tienen plata y están cada vez más obligados a poner pibes. Por eso la formación de talento propio es una necesidad. Mientras tanto seguirán comprando, pero son jugadores de clase media que no necesariamente se ganarán la titularidad”, opina Nicolás Rotnitzky, periodista especializado en dirección deportiva. Oscar Regenhardt, que trabajó casi 20 años en las divisiones inferiores de Boca, coincide en el diagnóstico. “A partir del coronavirus hay más oportunidades para los pibes. En algunos equipos, porque no hay descensos. Y en otros, porque desapareció la posibilidad económica de traer refuerzos de jerarquía. Si el club tiene plata, compra: en eso la crisis jugó a favor de los chicos. Si hubiesen llegado los nombres que se decían (en alusión a Edinson Cavani, el uruguayo de Manchester United), Vázquez ahora no sería el 9 de Boca”, dice Regenhardt, que entre 1995 y 2012 dirigió inferiores de Boca, y entre 2018 y 2019 fue coordinador general.

"Vamos los pibes"

Si Boca tapó infinidad de chicos durante mucho tiempo, ya no lo hace. Ricardo Rosica, secretario general del club, enfatiza en el plan futbolístico de la actual gestión, a cargo de Juan Román Riquelme, vicepresidente: “La realidad económica del país obliga pero, además de esa coyuntura, tenemos por convicción un proyecto encabezado por Román y el Consejo de Fútbol -dice el dirigente a elDiarioAR-. Es un trabajo que traerá muchas satisfacciones. Hay 14 campeones mundiales en las divisiones inferiores de Boca, no es casualidad”.

En los dos primeros partidos que Boca jugó en la Bombonera con su público, después de la pandemia, la hinchada cantó “vamos vamos los pibes”. El grito comenzó después de que Vázquez convirtiera un gol contra Lanús. Aun a riesgo de simplificar, el mensaje sonó a la bendición de la gente por el delantero juvenil en perjuicio de los delanteros recién incorporados de otros clubes, como Nicolás Orsini o Norberto Briasco (de 27 y 25 años, traídos de Lanús y Huracán durante el último receso), pero extendible al resto de los chicos de las inferiores. Por ejemplo, que los hinchas prefieren a Medina, Varela o Almendra sobre Esteban Rolón (de 26, también desde Huracán) y a Weigandt sobre Luis Advíncula (de 31, desde Rayo Vallecano).

Boca, sin embargo, todavía está en transformación: el partido del torneo en el que presentó el equipo con mayor promedio de edad, 28 años, fue el clásico contra River. Battaglia alistó a diez jugadores de 25 para arriba, y sólo uno por debajo, Almendra. El técnico anterior, Miguel Russo, también eligió a los jugadores de más experiencia para los partidos decisivos de Copa Libertadores. “El primer 9 titular de este semestre era Briasco, después se lesionó Orsini y ahí Vázquez aprovechó su momento. A Vázquez lo vi en la Primera B de la liga santafesina y lo llevé primero a Patronato y después a Boca. Tiene futuro europeo”, dice Regenhardt sobre el goleador de Boca en el torneo (lleva 5, tres consecutivos).

Dólares vs. pesos

La jerarquía a la que River y Boca ya no pueden acceder en el mercado local es cada vez más acentuada. “La clase media del fútbol encontró mercados muy tentadores que antes no tenía, como Chile, Paraguay, Ecuador y Colombia, que pagan en dólares. El caso emblemático es el de Ezequiel Piovi (29 años). Era el 5 de Almagro y lo quería Independiente, pero prefirió la Liga de Quito porque cobraba en dólar billete. Entonces todos los clubes deben apostar por los pibes, no solo River y Boca. Lanús, Vélez y Banfield trabajan muy bien. San Lorenzo está mal pero juega con muchos chicos”, dice Rotnizky en referencia a lo que parece el canto de época: la hinchada de Independiente también gritó “vamos vamos los pibes” en su último partido, contra Sarmiento el jueves. 

Según Regenhardt, “hoy el futbolista argentino que juega en México, o cualquier otro país donde gana en dólares, no quiere volver, salvo excepciones”. Rosica, el secretario general de Boca, coincide: “Los muchachos como Rojo (Marcos, 31) juegan en Boca porque quieren, no por una conveniencia económica”. En consecuencia, dice Rotnizky, “el fútbol argentino empezó un camino en el que los más pibes se mezclarán con jugadores identificados con el club, con arraigo, que ya estén en el regreso de su trayectoria, como Enzo Pérez (35) o Leonardo Ponzio (39) en River, o Carlos Tevez en Boca. Más tarde serán (Manuel) Lanzini o (Sebastián) Driussi”. Esa doble franja etaria es sencilla de graficar en Lanús: la revelación del torneo, José López, de 20 años, comparte delantera con José Sand, de 41.

Aunque Agustín Palavecino (24) se ganó la titularidad y Brian Romero (30) demuestra su capacidad goleadora, los últimos mercados de pases no parecen haberle aportado a River un salto significativo de calidad en el plantel, al menos en comparación a las alternativas que Gallardo encontró -otra vez- en sus divisiones inferiores. No es nuevo: en los últimos 10 años, River vendió futbolistas surgidos de sus entrañas por 150 millones de dólares. La consolidación de Álvarez y de muchos otros pibes es el último paso de un trabajo de varios años y personas.

“En estos ocho años (en relación a la presidencia de Rodolfo D’Onofrio, casi el mismo tiempo que lleva el ciclo Gallardo) hay muchos ejes, por ejemplo la contención que los chicos reciben a través de los psicólogos, los profes, los utileros y el colegio, que también es una pata muy importante: los chicos se preparan mientras ven que la posibilidad de jugar en Primera es cada vez más concreta”, dice Fernando Guarini, presidente del fútbol amateur de River.

De la categoría infantil a jugar en Primera

En la pensión aledaña al Monumental, también llamada Casa River, viven unos 70 chicos de toda la Argentina -y de otros países- que integran las categorías infantiles y juveniles del club. El primer paso de esa cadena es la captación. El director del departamento, Daniel Brizuela, le cuenta a elDiarioAR el kilómetro cero de la historia: “Tenemos 20 captadores que recorren el país y América del Sur en búsqueda de jugadores nacidos entre 2008 y 2015 o 2016, o sea infantiles y preinfantiles. Antes la captación no empezaba tan temprano pero el medio pasó a trabajar así. River mira alrededor de 70.000 jugadores al año. En los últimos seis años vimos 370.000 chicos y fichamos a 320. Es una inversión de dinero enorme, y también de mucha paciencia, porque en promedio son chicos que se detectan a los 9 años y, si llegan a debutar en Primera, lo hacen 10 años después”.

Concentrado en su búsqueda de chicos, pero sin dejar de seguir los triunfos del River puntero de la Liga Profesional 2021, el director de captación agrega: “Rollheiser, Simón, Peña, Álvarez y el resto de los chicos que hoy están en Primera no serían como son si no fuera por los especialistas de las áreas del club: cada técnico, cada profe, o cómo se les dio vínculo afectivo la noche en que alguno lloraba”. Todavía faltan 24 puntos para que termine el campeonato y la ventaja de 7 puntos que el líder le lleva a Talleres y de 9 a Boca y a Lanús puede esfumarse. Pero, hasta ahora, la foto que sintetiza el campeonato de River es el festejo de uno de los goles de Álvarez a San Lorenzo en el que los jugadores se abrazaban a un alcanzapelotas que juega en la Octava División.

No está claro, además, si este fútbol bicéfalo entre jugadores-insignias y chicos de las inferiores (una versión sudamericana de lo que el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, llamó en su momento “Zidanes y Pavones”, en referencia a los cracks y a los jugadores de la cantera), garantizará la competitividad de River, Boca y el resto de los equipos argentinos a nivel sudamericano desde 2022. Regenhardt tiene fe: “Yo creo que sí, pero será clave que los chicos lleguen con 35 o 40 partidos de experiencia como titulares en Primera”. Otros especialistas, en cambio, creen que la diferencia económica con Brasil será insalvable por unos años.

En todo caso, cualquier delantero juvenil de River o de Boca está a 30 goles de ser vendido a Europa, y es posible que Álvarez y Vázquez emigren más pronto que tarde. Suena a frase de sobrecito de azúcar, pero la crisis trajo una oportunidad.

AB

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