2021, el año en que “Chiqui” Tapia se hizo fuerte dentro y fuera de la cancha

Tapia desactivó a sus competidores internos como Tinelli y Angelici.

El 18 de enero de 2021, al comienzo de un año en el que el presidente de la AFA se movía con el equilibrio de un funambulista para no caer al vacío, Claudio Tapia pareció retroceder y reconoció que el fútbol argentino había perdido categoría y previsibilidad. “Hay que jugar con menos equipos en todas las divisiones. Hay que cuidar el producto y mejorarlo, que los torneos tengan más jerarquía”, aceptó “Chiqui” minutos antes de la final de la Copa Maradona entre Boca y Banfield, en San Juan. Eran tiempos en que el dirigente que ocupa desde 2017 el histórico cargo de Julio Grondona resistía contra frentes judiciales, políticos, nombres propios de peso como Daniel Angelici y competidores internos en el ambiente del fútbol.

Menos de 12 meses después todo ya había cambiado: 2021 puede ser calificado como el año en que Tapia festejó dentro y fuera de la cancha, sobre el césped y en los entresijos del poder. El presidente de la AFA desactivó a sus principales obstáculos y rivales, convirtió el precipicio sobre el que hacía equilibrio en superficie firme para caminar y, como si le faltara algo, el martes rubricó una temporada tallada a su medida con el ascenso a Primera División de Barracas Central, el equipo en el que primero fue delantero en la D y después inició su carrera como dirigente de fútbol.

Fue la coronación a un año en el que también, o sobre todo, la selección argentina ganó la Copa América y dio una vuelta olímpica después de 28 años (y ante Brasil, y en el Maracaná), la Casa Rosada dejó de enviarle señales de malestar y la Inspección General de Justicia rechazó el reclamo de quienes intentaron eyectar a Tapia de la AFA. Además, a la autorización de la IGJ para que “Chiqui” inicie su segundo mandato hasta 2025, sus posibles competidores no terminaron de levantar vuelo o directamente se cayeron. Ninguno más que Marcelo Tinelli. El último golpe de autoridad fue el viernes, pocas horas antes de la Nochebuena, cuando un grupo de clubes -¿con el apoyo de “Chiqui”?- pidió destituir a Tinelli de la presidencia de la Liga Profesional. Si no fuera porque el fútbol es el deporte de los pronósticos traicionados, también en los escritorios, en la AFA se huele que hay Tapia para rato.

Los campeonatos locales, eso sí -y pese a lo que Tapia había diagnosticado a comienzos de 2o21-, siguen tan descuidados como en los últimos años, y no sólo por algunos arbitrajes que en 2021 acompañaron con benevolencia especialmente a Barracas Central y a otros equipos en la órbita del poder. Pero visto desde otra perspectiva, el fútbol argentino está muy bien organizado para la construcción de poder, con torneos más funcionales a la gobernabilidad dirigencial que a la competitividad deportiva.

En 2022, entre los 28 equipos de Primera División y los 37 del Nacional, las dos categorías principales tendrán 65 participantes cuando históricamente sumaban 40. Semejante cantidad, claro, implica un apoyo mayoritario o unánime hacia Tapia. Si Sacachispas contra Riestra era un histórico partido de la D, de equipos a pulmón y lejos del fútbol grande, en 2022 lo será del Nacional, a un paso de la A. Tapia comenzó su gobierno sosteniéndose en el fútbol de los sábados y la recompensa está a la vista, no solo la deportiva: en 2023, los clubes del ascenso tendrán la mitad más uno de la representación en la Asamblea de la AFA.

En la moneda del fútbol argentino hay dos caras. La de los torneos sin descensos, con una cantidad de equipos imposible de encontrar en el resto del mundo y que despiertan el rechazo de gran parte del público, pero también la de una gestión que reivindicó a la selección argentina. El título que al fin Lionel Messi consiguió durante la Copa América actuó como un blindaje y un revitalizante de la gestión Tapia, aunque los puentes con el Gobierno ya estaban tendidos desde los meses previos. Si en 2020, al comienzo de la pandemia, Alberto Fernández había recibido en la Quinta de Olivos a Marcelo Gallardo -una forma de ningunear a Tapia- y criticado la organización de los torneos, esa distancia entre el Ejecutivo y Chiqui desapareció este año. De aquella desconfianza inicial por algunos guiños de Tapia al macrismo ya no queda nada.

Una figura ayuda a explicar ese cambio de escenario. En 2020, el abogado de Cristina Fernández y también asesor legal de Alberto Fernández, Gregorio Dalbón, cuestionó varias veces en público a Tapia por haber imposibilitado el ascenso de Atlanta a Primera División, pero ya en 2021 pasó a mostrarse junto a él. “Que el Gobierno estaba en contra de Tapia es algo del pasado, cambió: fijate que Chiqui tiene el mismo abogado que Alberto y Cristina. Es cierto que puede quedar alguna disputa entre Tapia y Sergio Massa, por Tigre, pero no tiene el mismo peso”, interpreta un dirigente.

A comienzos de 2021, parte del Gobierno todavía pensaba en cambiar a Tapia pero sus candidatos -en especial Tinelli- nunca llegaron a tener peso propio, mientras Tapia se fortalecía y en la Casa Rosada se acumulaban frentes más urgentes. Los contratos entre YPF y el fútbol también marcaron un acercamiento: si la empresa petrolera ya había firmado acuerdos de patrocinio en octubre de 2020 con la selección y con Messi, en agosto de este año YPF se convirtió en el naming oficial de la Liga Profesional femenina -ya era sponsor del torneo masculino-.

Poco a poco, como gran rival de Tapia empezó a quedar únicamente Angelici, el ex titular de Boca y uno de los vicepresidentes de su primera gestión, iniciada en el cada vez más lejano 2017, cuando “Chiqui” reforzaba su relación con la Casa Rosada de Mauricio Macri. El frente judicial contra la AFA estalló en marzo de 2021, cuando Nueva Chicago y San Martín de Tucumán presentaron una denuncia ante la IGJ por presuntas irregularidades en la asamblea de la AFA que había reelecto a Tapia hasta 2025 -fue de manera virtual en plena pandemia, en mayo de 2020, y un año antes de que terminara su mandato-. Pero el dirigente de Barracas Central volvió a ganar: ya en octubre, el titular de la IGJ, Ricardo Nissen, autorizó al presidente de la AFA para que asumiera su segunda administración.

A esa altura, Dalbón ya era un espadachín de Tapia en redes sociales. Dos tuits lo explican. En julio, durante la Copa América, cuando algunos medios anunciaban que era “la peor hora de Tapia” y que su continuidad dependía del título de la selección, el abogado escribió: “Chiqui no depende de Messi. Los que sobrevuelan lo irracional van a perder con @tapiachiqui. Mientras más lo mancillan más se fortalece. Deberán esperar al 2025 y ganar las elecciones. Hoy el Presidente es Tapia y hasta esa fecha lo será”. Y ya en septiembre, cuando algunos medios volvieron a atacarlo, Dalbón recurrió otra vez a Twitter: “¿No les resulta extraño que los amigos de Juan Cruz Ávila (productor televisivo) salieron a operar contra Tapia y a atacar en manada, justo cuando se están por vencer los derechos de la selección?”.

El presidente de la AFA ya estaba acostumbrado a esquivar críticas. Había quedado en claro tras aquellos audios del Mundial de Rusia 2018 en los que Diego Maradona decía estar con Oscar Ruggeri (devenido en estrella televisiva, entonces en Fox Sports) y “una gente que va en contra de Tapia”. En 2021 no resultó la excepción: la AFA fue allanada en mayo por una causa de defraudación y lavado y Tapia recibió un llamado desde el Congreso para que explicara supuestas irregularidades en contratos de la AFA. En ambos casos, el entorno de “Chiqui” apuntó a Angelici como el ideólogo, mientras queda por resolverse una pelea que tiene más de familiar entre Tapia y los Moyano, al frente de Independiente. Tapia se separó de Paola, la hija de Hugo -y madre de sus dos hijos, Iván, el 10 de Barracas Central, y Matías, presidente del club recién ascendido a Primera-, y desde Avellaneda acusaron durante todo el año a “Chiqui” por los arbitrajes perjudiciales. “Tapia y los árbitros, HDP”, escribió Pablo Moyano después de uno de los partidos de Independiente en 2021.

Es curioso, pero en la AFA reconocen que una de las pocas veces que Tapia “perdió” en el año fue contra Massa en el Tigre-Barracas Central que definió el primer ascenso a Primera División. No sólo en resultado -ganó 1 a 0 el equipo del presidente de la Cámara de Diputados- sino también en el armado del partido. “Es un detalle pero que hace a la cuestión: a la gente de Tigre la mandaron a la platea local de la cancha de Banfield, al lado del palco, e insultaron toda la noche al ‘Chiqui’, que estaba ahí”, reparan los especialistas en la vida interna de Viamonte al 1300. “En cambio Aníbal Fernández (de histórica relación con Quilmes) permitió que los plateístas de su equipo fueran enfrente de los palcos, en la cancha de Racing, y Tapia sí vio el partido tranquilo”, amplía la fuente, en relación a la final en la que Barracas venció este martes al “Cervecero” y ascendió a Primera.

Al día siguiente, el miércoles, un detalle pasó desapercibido en el fixture de la Copa Argentina 2022: la presencia de Sportivo Peñarol de San Juan, un humilde equipo de la provincia natal de Tapia y al que muchos señalan como su segundo club tras Barracas Central (sin contar, claro, su simpatía por Boca). Los especialistas en el fútbol del Interior dejaron trascender que los guiños arbitrales también acompañaron a Sportivo Peñarol durante 2021: le cobraron 12 penales a favor en las 30 fechas del Federal A (tercera categoría) y el equipo terminó cuarto. Tapia, ganador del año en casi todos los frentes, dentro y fuera de la cancha, con Messi o con Barracas, ya no necesita hacer equilibro.

AB

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