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Cuando Maradona quiso subirse a un ring

Walter

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En la extraordinaria biografía de Diego Armando Maradona hay también unas cuantas anécdotas en las que el presunto drama se ha mezclado con el humor, como es el caso protagonizado con Julio César Toresani en el estadio de Boca cuando ya en los vestuarios lo desafió a un mano a mano en “Segurola y Habana 4310, séptimo piso”.

El domingo 7 de octubre de 1995 Maradona volvió a jugar en Boca de forma oficial, por el Torneo Apertura, frente a un Colón de Santa Fe del que formaba parte el “Huevo” Toresani después se salir tres veces campeón en los poderosos River de Ramón Díaz.

A tres semanas y dos días de cumplir 35 años, el crack de Villa Fiorito lució un mechón amarillo y un llamativo arete en el lóbulo izquierdo, recibió la consabida ovación y en el propio campo de juego se dispuso un agasajo adicional con la presencia de sus hojas Dalma Nerea y Giannina Dinorah.

Boca resultó vencedor de Colón gracias a un gol de Darío Scotto a un minuto antes final al cabo de un partido con mucha pierna fuerte y roces no siempre bien neutralizados por Francisco “Pancho” Lamolina, un árbitro de proverbial permisividad.

En ese contexto, Maradona tuvo un rendimiento entre mediocre y aceptable, pero vivió el juego con su natural intensidad, habló mucho con propios y extraños y afrontó varios cruces de alto voltaje con Toresani.

En el último entredicho Lamolina amonestó a los dos, pero como Toresani ya cargaba una tarjeta amarilla fue expulsado y en los vestuarios se descargó ante los micrófonos de la televisión: “A mí me echó Maradona. Y después, lo que diga Maradona cuando escuche esto, no me importa un carajo. Lo que sí, quisiera tenerlo enfrente a ver si me dice las cosas, que después del partido me iba a agarrar. Está bien, yo me la banco. Lo iría a buscar hasta la casa”.

En el camarín local de la Bombonera y enterado de las palabras del mediocampista santafecino, Maradona no hesitó en responder: “A Toresani le digo que yo llevo veinte años en el fútbol y él no puede hacer el sheriff en la cancha”.

Y redobló la desafiante apuesta: “A ver si éste tiene cara, este Toresani que no existe. Que le pregunten a Lamolina si yo no le dije que no lo eche. Y esto lo juro por mis hijas, lo vuelvo a repetir, a Toresani: Segurola y Habana 4310, séptimo piso. Y vamos a ver si me dura 30 segundos”.

Formulado el reto y la caja de resonancia mediática en el límite de su volumen, las tertulias futboleras abundaron en especulaciones acerca de la gran pelea del año, que como era de prever no se concretó, puesto que Toresani jamás se apersonó a la esquina del barrio de Villa Devoto que Maradona había hecho célebre: Segurola y La Habana.

Quiso el destino que meses después, a comienzos de 1996, Toresani pasara a integrar el plantel de Boca y por extensión a ser compañero de Maradona.

De hecho, la noche del último partido de Maradona, el 25 de octubre del 97, Toresani hizo uno de los goles de la remontada de Boca en un Superclásico jugado en el Monumental.

“Cuando llegué a Boca algunos muchachos me volvieron loco con las bromas. Venía el Manteca Martínez y me decía ‘ojo, que viene el petiso a romperte la cabeza’, pero no pasó nada y con Diego hubo una relación muy buena”, supo recordar el entrañable “Huevo” Toresani que se quitó la vida el 22 de abril de 2019 en su ciudad natal, la capital de Santa Fe.

Del pasaje de Diego al otro lado de las cosas se cumplirá un año el 25 de noviembre próximo.

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