Brasil polarizado, así en el fútbol como en la política

Neymar y Richarlison, figuras de Brasil

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Las movilizaciones violentas continúan en rutas de Brasil y, también, frente a los cuarteles militares, para pedir “intervención federal”, o sea golpe. Ni siquiera la Copa del Mundo consiguió atemperar los ataques de quienes quieren la continuidad de Jair Bolsonaro como presidente. Esa persistencia bolsonarista contrasta con el protagonismo de la Selección de Brasil en Qatar, en su estreno brillante contra Serbia gracias a los dos goles de Richarlison. Y ha redundado en el traslado del fenómeno de la polarización al deporte más amado por los brasileños.

Brasil en vilo por un Neymar lesionado: "Es uno de los momentos más difíciles de mi carrera"

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Una encuesta del Instituto Travessia de San Pablo indicó que el 26% de los brasileños sienten, ahora, disgusto por la camiseta amarilla de la selección brasileña por tratarse de la misma que utilizó el jefe de Estado, a lo largo de su campaña por la reelección. El 14% de los consultados indicó que su relación de amor con el equipo ya no es el de antes: para muchos, empeoró. Y el 52% teme que la victoria sea “explotada políticamente”, para un lado o para el otro. En ese contexto de profunda división, la remera oficial de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) se ha transformado en un tema de disputa, además de ser un muy mal negocio en los puestos callejeros, donde las pilas amarillas se acumulan sin compradores habida cuenta del rechazo de los hinchas que votaron por Lula da Silva. En su lugar, las de color azul, segunda remera oficial de la selección, se terminan rápidamente.

Uno de los escenarios elegidos por bolsonaristas para expresar el resentimiento por la derrota electoral es Doha, la sede del Mundial. La fragmentación social en los comicios de octubre y el inveterado rencor contra Lula tuvo su impacto en una fiesta oficial previa al partido, organizada por el Movimiento Verde Amarelo. Un grupo de fanáticos decidió llevar un cartel con la reivindicación de Bolsonaro, mientras cantaba: “Mito, mito, mito” y finalizaba con la estrofa “Lula ladrón, tu lugar es la prisión”. La manifestación no duró mucho, en parte debido al escaso  entusiasmo de los miles de brasileños que querían celebrar a su seleccionado.

No fue el único hecho de discordia. Ya en el estadio Lusail, estos grupos insultaron al cantante Gilberto Gil, quien asistió al juego acompañado por su mujer Flora. De él se sabe que defiende el “lulismo”, inclusive porque fue ministro de Cultura durante el gobierno de Lula (2003-2010). Le gritaron “h… de p…” y otras injurias por el estilo. Gil les replicó a través de redes sociales: “Esa agresión estúpida que en verdad no es otra cosa que la tercera vuelta, la de los inconformados que quieren mantener el odio”.

El diputado federal André Janone, una de las tantas figuras que salieron a defender al célebre cantante, sostuvo: “La nueva onda de la derecha es cometer delitos. Una vez más es el terrorismo, que amenaza e insulta”.

También hubo acciones polarizadas que no procedieron de la extrema derecha. Muchos de los partidarios de Lula festejaron la lesión de Neymar en el debut de la Copa. No le perdonan, aún hoy, las declaraciones que hizo el jugador estrella brasileño a favor del presidente, poco antes de las elecciones, con quien llegó a mostrarse en un video. El rechazo al “ídolo” conmovió a Ronaldo (una de las figuras que llevó la Copa a Brasil en el Mundial de 2002). En una carta abierta, publicada en sus redes sociales, el ex jugador lamentó que sus compatriotas hubieran celebrado la torcedura del tobillo del actual número uno. “Estoy seguro que la mayoría de los brasileños, como yo, te admira y te ama. Tu talento, además, te llevó tan lejos, tan alto, que tienes admiración y amor en cada lugar del mundo”.

No deja de ser un hecho que la imagen que Neymar se haya convertido en culto los grandes negocios publicitarios. Hoy su figura es el foco que vehiculiza la propaganda en Qatar: outodoors gigantescos cubren los rascacielos del circuito financiero de Doha, y aparece en todas las grandes campañas publicitarias, incluida las de la compañía Qatar Airways.

Pese a todo, a Neymar le acaba de surgir un rival. El nuevo astro de la selección es Richarlison, que comenzó a brillar con la victoria contra Serbia. También lo llaman el 'Pombo', que significa paloma, y su sitio en Instagram acaba de ganar cinco millones de adeptos. Nacido en Nova Venecia, una pequeña ciudad del estado de Espírito Santo, retorna cada tanto a su pueblo donde fundó un equipo de fútbol, financió investigaciones para la vacuna contra el Covid y utilizó su propia imagen para motivar la vacunación en el país. Es defensor de la preservación del Amazonas y de la lucha contra los cambios climáticos; por su conciencia ambientalista,  se opone a las políticas depredadoras de la selva que tuvieron lugar durante los 4 años de gobierno de Bolsonaro.

Su politización lo llevó a batallar públicamente contra los incendios en Pantanal (Mato Grosso del Sur), a pronunciarse siempre contra el racismo y a favor de cuidar las personas más vulnerables socialmente. De origen muy pobre, pasó a jugar por primera vez en un club de Belo Horizonte y de allí fue transferido en poco tiempo al Fluminense de Río de Janeiro. Pasó finalmente para el club inglés Watford y de allí al famoso Tottenham, donde juega en la actualidad. Ahora pasó a ocupar el lugar de Neymar, quien no podrá jugar los dos partidos faltantes de la ronda inicial. Las redes bolsonaristas no demoraron en convertir a Richarlison en el personaje de sus fake news: dijeron, por ejemplo, que le había dedicado los goles de su victoria a Bolsonaro.

De cualquier manera, no está todo dicho sobre la hinchada de la verde-amarela. La Selección debe jugar ahora su segundo partido, lo que irá a excitar el interés popular en su equipo, más aún cuando se llegue a la segunda fase, donde perder significa hacer las valijas para la vuelta.

EG

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