Con 30 años de aportes e ingresos que rozan la canasta básica: el perfil de los jubilados que pierden contra la inflación

Los bonos acompañan a la fórmula de jubilación vigente desde su debut, en marzo de 2021

“Podemos decir con tranquilidad que las jubilaciones le ganan a la inflación”, dijo el jueves pasado la titular de la Anses, Fernanda Raverta, al presentar el porcentaje del aumento previsto por ley para diciembre. Pero esta afirmación es cierta solo para una porción de los jubilados y pensionados y no precisamente gracias a la fórmula de movilidad vigente. El 16% del universo de pasivos terminará el año con una pérdida notable de su poder de compra por quedar fuera del alcance de los “bonos compensatorios” que instrumentó el Gobierno. 

La fórmula de movilidad –que toma en cuenta la variación de la recaudación de los impuestos y la de los salarios– arrojó un ajuste de 15,62% en diciembre, el cuarto y último aumento previsto para el año, y elevará el haber mínimo de $43.352,63 a $50.124. Este porcentaje lleva el incremento acumulado en todo 2022 a 72,5%, un valor 27,5 puntos porcentuales por debajo de la inflación estimada en torno al 100%. 

Sin embargo, el Gobierno eligió comunicar el aumento de 107% anual que resulta si se incluyen dentro de la cuenta los bonos otorgados de manera discrecional, es decir, por fuera del mecanismo de ajuste previsto por la ley. Según se informó, se otorgarán tres cuotas extras de $10.000 para los jubilados que cobran el haber mínimo y de $7.000 para quienes perciban el equivalente a dos veces el ingreso básico del sistema. 

Según los registros oficiales que constan en el Boletín Estadístico de la Seguridad Social (BESS), cobrarán los bonos 5,6 millones de jubilados y jubiladas, que representan el 84% del total. Lo recibirán el 67% de las personas que se jubilaron con los 30 años de aportes reglamentarios y el 99% de quienes accedieron a este derecho vía moratoria, es decir, con una deuda de aportes. 

En concreto, 2022 habrá sido un año perdido contra la inflación para algo más de 1,1 millones de jubilados (el 16% restante). De ese universo, casi todos accedieron a su jubilación o pensión sin moratoria y más de la mitad (559.472) cobran actualmente menos de $150.000. La mayoría de quienes no percibirán el plus son varones, que predominan en los escalones de mejores haberes. 

Si bien hay muchos jubilados en esta situación dentro del régimen general, quedan fuera del bono casi la totalidad los jubilados bajo regímenes especiales, que tiene haberes promedio más altos que la media. Ahí están los docentes universitarios y no universitarios, los trabajadores de luz y fuerza, los científicos, los trabajadores del poder judicial, los trabajadores del servicio exterior de la nación y del Yacimiento Carbonífero Río Turbio. También policías retirados y personal del servicio penitenciario provincial. 

Es cierto que un grupo de esos jubilados que no recibirán los bonos cobran jubilaciones muy abultadas, por encima del millón de pesos (son poco más de 2.000 personas), pero hay una gran porción de los jubilados que quedan por fuera del tope que no están muy lejos o ni siquiera cubren con sus ingresos el valor de una canasta básica familiar, que marca la línea de la pobreza y en septiembre fue de $128.214. 

“El esquema de movilidad actual no cumple con su objetivo central, que es proteger el poder adquisitivo de las jubilaciones, y los bonos son consecuencia de esto”, dice a elDiarioAR Rafael Rofman, economista especializado en protección social que ha trabajado en el Banco Mundial y en Cippec. “Como el esquema no cumple su objetivo, el Gobierno decide otorgar bonos para compensarlos, entrando en una dinámica muy compleja, porque genera inequidades, corre riesgo de convertirse en un componente permanente del sistema y tiene impactos fiscales. Además, su aplicación es muy opaca. No se publican los datos usados para su cálculo, que sólo podemos aproximar usando otras fuentes”, sumó. 

El Gobierno acompañó a los ajustes reglamentarios con bonos ya desde el debut de la fórmula, en marzo de 2021. En ese momento, el aumento correspondiente era de 8,07% para el trimestre, por debajo de la inflación del período, en torno al 10%. En un primer momento, la idea de otorgar bonos compensatorios a los haberes mínimos contribuyó a la idea de “achatar la pirámide”, dándole un impulso mayor a las personas de los escalones más bajos. 

Para Rofman, sin embargo, los bonos generan ese efecto solo temporalmente. “Es legítimo discutir si queremos que el sistema previsional sea más o menos progresivo sobre la distribución de ingresos, pero esto es una discusión sobre los haberes al inicio, no sobre la movilidad, y mucho menos a través de bonos temporales”, dijo. “Además, la discusión debería ser sobre el futuro. Quienes ya se jubilaron tienen una expectativa de capacidad de consumo determinada y deberíamos respetarla –señaló–. Una persona que se jubiló en diciembre de 2019 con un haber superior a dos mínimas, que le permitía comprar una determinada cantidad de bienes y servicios, a diciembre va a poder comprar algo así como un 17% menos”.

Para Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma, “el bono para los jubilados conceptualmente está mal”. “Los haberes no pueden depender de la voluntad del gobierno de turno. Si cada tres meses tenés que meter un parche porque la fórmula da mal, lo que tenés que cambiar es la ley”, apuntó. 

DT

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