Primer balance

Un año después, Alberto Fernández todavía busca su modelo económico

Alberto Fernández y Martín Guzmán.

Ya nadie habla de modelo económico. En 2003, Néstor Kirchner llegó al poder con el centro de las críticas en el modelo de apertura liberal que se había estrellado en la crisis de 2001 y, sobre la base heredada de la megadevaluación de 2002 y el ascenso del precio de la soja, levantó las banderas del tipo de cambio competitivo, los superávits gemelos, el desendeudamiento, la recuperación de la industria y del consumo, y algunas reestatizaciones puntuales. En el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2011-2015)se perdieron el dólar alto y los gemelos; la economía y las mejoras sociales se estancaron y así, cinco años atrás, ganó Mauricio Macri e intentó restaurar el modelo anterior. Alberto Fernández juró como presidente en diciembre de 2019 con la idea implícita de volver al primer kirchnerismo, aquél en que había sido jefe de Gabinete, pero apareció la pandemia y aún busca qué modelo aplicar entre las restricciones económicas locales y globales, y las de la propia coalición que administra.

Marta Bekerman, directora del Centro de Estudios de la Estructura Económica de la UBA, opina que el modelo del primer año de gobierno de Fernández "es algo mezclado; más que un programa económico, es un gobierno en emergencia, apagando el fuego, ahora de manera más ortodoxa”. Tiene un ministro de Economía, Martín Guzmán, que parece más preocupado que su predecesor Axel Kicillof durante el último Gobierno de Cristina Fernández por el impacto inflacionario de la emisión monetaria para sostener el gasto pandémico, aunque tampoco está obsesionado por ese renglón como Federico Stuzenegger o Guido Sandleris, presidentes del Banco Central con Macri. “La excesiva emisión trae problemas sobre el dólar, y eso termina mal siempre, con golpes de mercado, y si sacás los beneficios sociales es complicado porque la Argentina está en terapia intensiva: por eso hay que hilar fino sobre quiénes pueden prescindir del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia)”, reflexionó Bekerman, que conoce de primera mano el aumento de la pobreza por su actuación como presidenta de la asociación civil Avanzar, que apoya microemprendimientos.

“No es un modelo ortodoxo, pero está presionada por restricciones fiscales y de emisión”, continuó Bekerman. “El kirchnerismo tuvo medidas de distribución social muy importante, con apoyo a la innovación científica, pero no cambió la estructura productiva. Con Fernández no se ve aún cuál es el modelo. Además hay una negociación con el FMI, cuya flexibilidad está por verse. Se terminó la política de apertura del sector financiero externo, que generó endeudamiento con Macri. Pero no sabemos, por ejemplo, qué van a hacer con las tarifas, que Macri liberó. Es un camino de cornisa”, concluyó la profesora de la UBA que integró el Plan Fénix, aquel que desde esta universidad planteó en 2001 la necesidad de un cambio de rumbo. 

La Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) es conocida por ser un think tank de la ortodoxia, pero no todos sus economistas jefes piensan igual. Tal es el caso de Fernando Navajas, que trabajó en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) antes de incorporarse a FIEL. “Hay serios problemas para definir el programa económico de Fernández: no es comparable al del kirchnerismo ni al de Macri”, analizó Navajas, integrante además de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. “En primera instancia vino a resolver los problemas con los que lidiaba la economía argentina con Macri, a reestablecer algunas condiciones que dieran más tranquilidad económica, un modelo más basado en el consumo, el sostenimiento del salario y las pymes, pero sin nada muy explícito en tanto modelo de desarrollo ni macroeconómico financiero. Parte del trabajo era deshacer el modelo macrofinanciero del macrismo, que llevó al endeudamiento y la crisis financiera. Y adyacente a eso, resolver ciertos conflictos como tarifas, jubilaciones y otros ajustes. Pero los agarró el Covid y su conjunto de shocks asimétricos, que pegan más a unos que a otros, deja sin horizonte, destruye el empleo”, describió. 

“Esto es diferente al kirchnerismo, pero no está explicitado”, observó Navajas. “No sabés si es un programa de idea, de cuatro años o de recambio. Es un modelo de administración de un default que no fue. Fernández administra la crisis y un conflicto permanente, del que Cristina está enamorada. Entre parte del voto que lo llevó al poder y un establishment que no lo deja hacer pie, el Gobierno no logra tener la cabeza para definir el modelo, y en eso se parece a (Raúl) Alfonsín. Tiene un marco macroeconómico lógico pero no lo pudo completar. La economía no va a crecer si no hay estabilidad, pero la estabilidad sola no alcanza, como demostró la convertibilidad. Aún sigue sin responderse la pregunta de qué va a producir la Argentina, para quién y cómo. Esto se resuelve con producción y distribución al mismo tiempo, la fórmula que no se viene encontrando”, apuntó Navajas.

José María Fanelli, otro académico y profesor de la Universidad de San Andrés, opina que “en este momento no hay modelo económico y se lo necesita para resolver dos problemas: la estabilidad macroeconómica y la necesidad de crecer después de diez años”. “Es un modelo del día a día, en parte comprensible por la pandemia, pero hay cosas que se podrían hacer mejor”, advirtió.

Fanelli rescata la renegociación de la deuda con los acreedores privados: “Eso nos da un horizonte”. “Ayuda que tengamos un superávit comercial, pero convivimos con un alto nivel de incertidumbre porque nunca dijeron hacia dónde vamos y entonces es como si no tuviéramos superávit, el campo no liquida la cosecha, los importadores adelantan compras. Haber arreglado con los acreedores y negociar con el FMI es no querer romper con el resto del planeta, pero al mismo tiempo no sabemos si va a defender la propiedad privada, estatizó Vicentin de un día para el otro, después se arrepintió. Quizá Guzmán tiene más claro lo que quiere”, matizó este investigador del Conicet.

Discípulo del Nobel Joseph Stiglitz, el ministro de Economía aparece como el más ortodoxo de los heterodoxos. Pese a las tensiones internas por el ajuste que plantea para el 2021 electoral, en el entorno de la vicepresidenta lo defienden a su manera: “Es el pibe de referencia en el Senado. Necesitamos un liberal en el contexto en el que estamos. Somos pragmáticos”.

Tal vez en el segundo año de gobierno de Fernández quede más claro cuál es el modelo, aunque el programa con el FMI, que se planea acordar en el primer cuatrimestre de 2021, la política de aumento de tarifas y de reducción de subsidios, la emisión monetaria y las restricciones cambiarias podrían prolongar el modo emergencia, y el ansiado "programa" podría esperar.

AR SL MS

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