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Las cuatro disputas que dividen al Mercosur en su 30º aniversario

Cumbre por el 30º aniversario del Tratado de Asunción, que creó el Mercosur.

Alejandro Rebossio

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Ya no hay hipótesis de conflicto bélico entre Argentina y Brasil, como hasta los 80, pero las diferencias ideológicas de fondo entre los gobiernos de Alberto Fernández y Jair Bolsonaro plantean disputas sobre el modelo de Mercosur que debe prevalecer. Son divergencias que se dirimen sin la virulencia de los tweets de Bolsonaro sobre la situación económica argentina ni la irritación que provocan en el Planato (sede presidencial brasileña) los lazos políticos de Fernández con el ex líder brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva. Se trata de disensos profundos, mucho más serios que las polémicas políticas por redes sociales, aunque ni el Brasil de la extrema derecha ha sido tan rupturista del Mercosur como se anticipaba ni la estrategia de Fernández y su canciller Felipe Solá ha sido de tanta cerrazón a la apertura comercial como advertían en la campaña electoral de 2019.

Las actuales disputas dentro del Mercosur, en las que Paraguay y Uruguay están del lado de Brasil por interés e ideología, pueden resumirse en cuatro puntos:

  1. Apertura unilateral del Mercosur a productos importados. El gobierno de Bolsonaro, con su canciller Ernesto Araújo, propuso al arrancar hace dos años una rebaja del 50% del arancel externo común (AEC) del Mercosur, que promedia el 12% y llega a un máximo del 35%. Pero el entonces gobierno de Mauricio Macri, pese a su impulso aperturista, se opuso a un recorte semejante, que dañaría a la industria. Aceptó una disminución menor, pero la negociación quedó congelada tras su derrota en las primarias. Todo cambiaría con la llegada al poder argentino de un gobierno más proteccionista. Por eso, ahora Brasil aboga por una disminución inicial del AEC del 10% y otra posterior del 10%. Altas fuentes de Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño) explican que buscan “abrir al Mercosur al mundo para modernizar la economía”, más allá de que algunas veces esas aperturas no trajeron el desarrollo prometido. Tachan de antigua la tradicional idea de que no deben bajarse aranceles en forma unilateral sino a cambio de concesiones de otros países o bloques en el marco de negociaciones de acuerdos comerciales. “Hoy tenemos el arancel más alto del mundo y, cuando negociamos con otros países o bloques, nosotros tenemos que bajar mucho más los aranceles que los demás”, argumentan en Itamaraty, aunque otros negociadores de trayectoria alegan que a mayor cesión de tarifas, mayores pedidos de apertura se pueden pedir en otros rubros. Este jueves, en una reunión virtual de industriales del Mercosur, los empresarios de los cuatro países se unieron en el rechazo a la poda del AEC. En ese marco, Solá concedió que su revisión debe ser “pragmática y racional”, mientras demora la discusión, busca equilibrios, pide tener en cuentas sectores “sensibles” y aclara que ninguna reducción debe hacerse rápido. El Uruguay de Luis Lacalle Pou y el Paraguay de Mario Abdo apoyan en líneas generales a Brasil, aunque sin tanto énfasis porque ya cuentan con regímenes especiales por los que importan más barato que los socios grandes del Mercosur y además pretender resguardar algunas producciones propias, como los lácteos en el caso uruguayo. A pesar de sus bravuconadas, Bolsonaro prefirió no rebajar aranceles en forma unilateral ni romper el AEC porque también tiene sus intereses industriales y hasta geopolíticos y militares a favor de preservar el Mercosur. “Buscamos el mínimo denominador común”, defienden en Itamaraty. Pero Brasil avanza por su cuenta donde puede: la semana pasada bajó las tarifas de un sector en el que se había acordado hace años que se fijaría un régimen especial, el de bienes de capital, equipos de informática y telecomunicaciones.
  2. Acuerdos de libre comercio con otros países y regiones. Cuando gobernaba Macri, el Mercosur llegó a un pacto con la Unión Europea, mientras Fernández lo criticaba. Solá se arrepintió hace tiempo de repudiarlo en la campaña y reconoció que cuando arribaron al poder se dieron cuenta de que era positivo para la Argentina. Ahora ponen la pelota del lado de la UE, donde florecen las resistencias por la competencia agropecuaria sudamericana y por la explotación indiscriminada del Amazonas que permite Bolsonaro. Pero Brasil, Paraguay y Uruguay quieren que se avance en otras negociaciones, mientras la Argentina pone reparos. Aquellos tres países lograron convencer al gobierno de Fernández de un esquema de negociaciones flexibles, en el que un socio puede excluirse de avanzar en la apertura. Es lo que está sucediendo con Corea del Sur y Singapur: la Argentina participa de la conversación, pero se excluye del capítulo más relevante, el de intercambio de bienes. Tampoco es que se haya avanzando mucho en estos proyectos de acuerdos. Solá también se resiste a dialogar con India, Indonesia o Vietnam, como quiere Brasil. Sí se avanza en conjunto con Canadá y Líbano, mientras se espera la respuesta de Centroamérica a una propuesta del Mercosur. El gigante sudamericano también quiere convenios con Medio Oriente y África, pero sobre todo con Estados Unidos. Claro que desde el gobierno de Donald Trump la superpotencia abandonó su bandera del libre comercio y con el de Joe Biden esa reticencia continúa al tiempo que se sumaron las peleas con Bolsonaro por el Amazonas. “Queremos recuperar el tiempo perdido para integrar a Brasil en las cadenas internacionales de valor”, argumentan en Itamaraty. “La Argentina no están siempre en contra, pero a veces quiere más tiempo para pensar”, agregan. 
  3. Barreras entre los socios: mientras el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, impone licencias no automáticas y endurece el Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI) y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, restringe los dólares para las compras externas, crecen las quejas de los demás países del Mercosur por que se cumpla el Tratado de Asunción de 1991, que creó el bloque como zona de libre comercio. Claro que en menor medida también Brasil, Paraguay y Uruguay frenan importaciones intra Mercosur bajo el amparo de normas sanitarias y técnicas (por ejemplo, el etiquetado).
  4. El futuro del Mercosur: el modo en que debe continuar el bloque también es motivo de divergencias. Bolsonaro atenuó mucho sus críticas, pero quiere un Mercosur más abierto porque sostiene que anhela una economía brasileña más competitiva, con menores costos, con acuerdos de libre comercio con otros países y regiones. Coinciden en eso Paraguay y Uruguay, que llevan años reclamando lo mismo más allá de sus cambios de gobiernos. “La Argentina quiere más integración hacia dentro del Mercosur, no hacia afuera, pero nosotros queremos las dos”, sostienen en Itamaraty, en una definición polémica por donde se la mire. Ni la Argentina está tan abierta al comercio intra Mercosur ni se opone tanto a los acuerdos externos, aunque aboga más por una integración interna que vaya más allá del intercambio de bienes. Pese a los disensos, nadie quiere sacar los pies del plato mercosuriano. “Las diferencias en el Mercosur no son nuevas, tienen 30 años, como el Mercosur, y se explican por las diferencias entre los gobiernos, en otros momentos había coincidencias ideológicas y se avanzaba mejor, pero también porque cada país tiene su realidad”, admiten en Itamaraty. “Hay que festejar los 30 años, es mejor tenerlo que no tenerlo”, concluye Adrián Makuc, ex negociador de comercio internacional de la Argentina que ahora trabaja la Unión Industrial Argentina (UIA).

AR

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