Opinión

Se sabe cuándo empiezan las cuarentenas, pero no cuándo terminan

Alejandro Rebossio Panorama económico rojo

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Por primera vez desde fines de año que los pronósticos de bancos y consultoras nacionales e internacionales sobre el crecimiento y la inflación de la Argentina para 2021 empeoraron. En el relevamiento mensual que entre ellos elabora la firma FocusEconomics, el que difundió este martes marcó un quiebre de tendencia: segunda ola de Covid-19 mediante y antes del regreso a la cuarentena por al menos nueve días, cayeron las expectativas de expansión económica al 6,1%, mientras que, ante la evidente continuidad de las fuertes subas de precios en el primer cuatrimestre, las previsiones de inflación se elevaron al 47,3%. 

El Presupuesto 2021 que había presentado el ministro de Economía, Martín Guzmán, en septiembre pasado en el Congreso está quedando desdibujado. Allí no se preveía una nueva ola porque se confiaba en la llegada de vacunas y, por tanto, no se contemplaban las ayudas a las familias (el aumento de la cobertura de la tarjeta Alimentar) y a los salarios de las empresas (la creación del programa Repro II). Además se anticipaba una inflación del 29%, con un tope del 33%. Al menos la mayor suba de precios a la prevista colabora con una recaudación tributaria superior a la esperada, al igual que el impacto de las altas cotizaciones de la soja y el maíz en lo recolectado por retenciones y el aporte solidario de las grandes fortunas, que tampoco estaba en el Presupuesto porque se votó con posterioridad. Con esa plata extra, el ministro autoriza auxilios económicos por la pandemia o deja atrás su pauta salarial del 32% para la paritaria de empleados estatales y autoriza que el próximo miércoles se cierre por un 35%. 

En el cristinismo arrecian las críticas contra Guzmán, que bajó el perfil tras su gira europea y durante la semana en que su par de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, suspendió por 30 días las exportaciones de carne vacuna en un intento por controlar su precio interno. Cerca de la vicepresidenta advierten de que en lo que va del año caen en términos reales (ajustados por inflación) los gastos en jubilaciones, asignaciones por hijo, universidades y transferencias a provincias. “El plan era no emitir, vacunar, arreglar con el Club de París y el FMI y después emitir antes de las elecciones y ganarlas. Pero las vacunas no llegaron, no es culpa suya, pero no llegó a un arreglo y la clase trabajadora está hecha mierda, sin guita en el bolsillo, no puede comprar el asado, que aumentó en un año el 92%, ni la yerba, que subió 50%. La gente no puede comer. Es un momento social y político muy difícil”, advierten en el cristinismo, donde las dudas superan a la capacidad del ministro y alcanzan a la de Alberto Fernández para ejercer la presidencia. Al menos rescatan que las reservas del Banco Central están robusteciéndose. Una buena para su presidente, Miguel Pesce. Analistas de la City destacan que logró comprar más dólares de lo esperado y ahora tiene margen enfrentar tranquilo la campaña electoral.

En el albertismo defienden a Guzmán y sostienen que “sólo falta apretar el botón” para acordar la postergación de las deudas con el Club de París y el FMI. Admiten que aún falta la aprobación de Cristina Kirchner, pero señalan que “no es imposible”. Destacan buenos datos macroeconómicos, como el superávit comercial, las reservas, el menor déficit fiscal, la reactivación económica -al menos hasta la nueva cuarentena- o el tipo de cambio competitivo, pero desbarrancan al reconocer que “los salarios son una verga”, con una caída real del 7% interanual a marzo, claro que tras un bajón económico del 10% en un 2020 pandémico. Esperan que la inflación comience a calmarse este mayo entre la reducción del financiamiento monetario del rojo fiscal, el ancla cambiaria, unas paritarias en general alineadas con la pauta oficial y el control de precios regulados, pero reconocen desafíos para acordar los valores de productos desregulados, como la carne vacuna. En la City, en cambio, no se ilusionan con acuerdos con el FMI y el Club de París, pero coinciden en que el ancla cambiaria comenzará a ralentizar la inflación: “Como antes faltaban dólares oficiales, los importadores recurrían al contado con liqui y eso llevó a meses en que los bienes importados subían 7%, pero en abril subieron sólo 2,5% porque hay más reservas y se agilizaron las importaciones”.

En el Gobierno continúa la controversia sobre hasta qué punto se pueden seguir ampliando los auxilios económicos ante la segunda ola. Guzmán no es un ortodoxo ni un insensible, pero teme que el financiamiento de ayudas con más emisión monetaria recaliente una inflación de por sí indomable. Enfrenta las demandas de los dirigentes de los movimientos sociales, que ocupan diversos cargos en el Ejecutivo y que criticaron en coro que se incrementara la tarjeta Alimentar en lugar de ampliar el plan Potenciar Trabajo, que ellos administran. El ministro también escucha las quejas de la jefa de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), la camporista Fernanda Raverta, que en abril repartió un refuerzo de la asignación universal por hijo (AUH). En el primer trimestre se logró el menor déficit fiscal financiero (tras el pago de deuda) en seis años. Hasta en uno de los principales bancos privados que operan en el país admiten que los auxilios repartidos están siendo los esperados y “aún queda algo más de margen para seguir incrementándolos en los próximos meses e incluso así cumplir con el déficit presupuestado”, del 4,5% del PBI en el caso del resultado primario (antes de abonar los pasivos). De todos modos, los analistas ortodoxos de la banca señalan que si se pudiera ahorrar más, se reduciría la actividad de la maquinita de billetes y eso contribuiría a aplacar la inflación. En el cristinismo responden que esos observadores no entienden de necesidades económicas, sociales ni políticas.

El jefe de Estado volvió del Viejo Continente con la esperanza de acuerdos con el Club de París y el FMI, pero con la preocupación por los precios y por eso el lunes citó al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, a Kulfas, a la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, y a los empresarios del consorcio de frigoríficos exportadores de carne ABC, encabezado por Mario Ravettino. El ministro de Desarrollo Productivo apuró la suspensión de exportaciones no porque quiera replicar la fracasada prohibición que dispuso en 2006 Guillermo Moreno, entonces secretario de Comercio Interior, sino para negociar la rebaja de valores internos. “La suspensión hace daño, pero no podés sostener un aumento así del asado, pega mal cuando no podés pagar un kilo de milanesas”, argumenta un alto funcionario que vive en un barrio de clase media del conurbano. Ni hablar de lo que sucede en las zonas más pobres, como Troncos del Talar, en Tigre, donde en el merendero El Chabito piden donaciones de verduras y carnes, nunca sirven la carne vacuna sino a veces alitas de pollo y mucha polenta. 

La suspensión de exportaciones de carne vacuna no sólo irritó a la Mesa de Enlace, que comenzó este jueves un cese de comercialización por nueve días. También provocó chispazos entre el albertista Kulfas y su par de Agricultura, Luis Basterra, que no participó de las negociaciones y que, pese a ocupar ese cargo por decisión de Cristina Fernández de Kirchner, mantiene un buen diálogo con las cuatro entidades que representan a los grandes y medianos productores agropecuarios (Sociedad Rural, CRA, Federación Agraria y Coninagro). Pero en la Casa Rosada a Basterra ni siquiera lo sientan en el gabinete económico, donde se define la política antiinflacionaria, y lo acusan de dar sólo prioridad a la agricultura familiar -lo que consideran razonable-, pero no a los precios.

“Esto es un descontrol total”, advertía esta semana el mandamás de uno de los diez mayores frigoríficos exportadores de cortes bovinos. “Está todo mal, como en 2006. Esto impacta en todas las decisiones de inversión, no puede ser más ilógico, es un pegarse un tiro en el pie”, comentaba, mientras un asesor de empresas confesaba que una firma pesquera desactivó un proyecto de negocios después de la noticia sobre el cierre de ventas externas de carne vacuna. De todos modos, el empresario reconocía uno de los problemas que Kulfas se propone resolver durante los 30 días de suspensión: “Hay muchos pícaros que subfacturan y eso hizo subir los precios de la hacienda. Son muchos que empezaron a exportar a China, pero que no son los diez grandes que exportamos el 75% del total. Nosotros somos el jamón del medio porque no subfacturamos al exportar, pero tenemos que vender la carne al costo para los acuerdos de precios en un mercado interno del que no tenemos más del 20%”. 

En otro tono más sosegado, pero con igual pesimismo, otro de los número uno de los grandes frigoríficos exportadores sostenía: “Estamos deseosos, desesperados, por llegar a un acuerdo, pero lo veo difícil, estamos ensayando propuestas, siempre por camino del diálogo”, se diferenció de las bases ruralistas que reclaman más medidas de fuerza a la Mesa de Enlace, incluso un cese de comercialización de los granos que tantas divisas traen. “No sólo el exportador debe hacer el esfuerzo -continuó el ejecutivo del frigorífico-, también los abastecedores y matarifes. El Gobierno quiere profundizar los acuerdos de precios vigentes para lograr una baja inmediata, pero no creo que se pueda lograr porque tenemos un mercado que no refleja eso. El paro del campo va a empeorar los precios porque no va a haber oferta de ganado. Sí estamos de acuerdo en atacar la informalidad en la exportación, que sólo exporten las plantas y no personajes que exportaron a precios viles, que haya un régimen de precios mínimos de exportación.” De momento, no prosperó la reunión que protagonizaron este viernes Kulfas, la camporista Español y representantes del Consejo Agroindustrial Argentino, Dardo Chiesa (ex presidente de CRA y actual coordinador de la Mesa de las Carnes), Ravettino, Juan Eiras (jefe de la Cámara de Feedlot) y Gustavo Valsangiacomo (su par de la Unión de la Industria Cárnica, UNICA).

El encarecimiento de los alimentos está elevando la pobreza, advierte puertas adentro del Gobierno el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. Por eso, impulsó que la tarjeta Alimentar duplicara este viernes la cantidad de niños beneficiados respecto de cuando la creó en diciembre de 2019, de modo de alcanzar a 4 millones. A los comedores populares asistían 8 millones de argentinos al finalizar el gobierno de Mauricio Macri. Llegaron a ser 11 millones en el peor momento de la cuarentena en 2020, pero sólo bajó a 10 millones este año porque, a pesar de que volvieron las changas textiles, de la construcción o del servicio doméstico, los ingresos no alcanzan para pagar la comida. Para el nuevo aislamiento de nueve días, Arroyo prevé reforzar el abastecimiento de comedores, pero, como abarca sólo tres días hábiles, no habrá medidas sociales adicionales. Si el confinamiento se extiende, sí se adoptarán. El Ministerio de Desarrollo Social creó las becas Progresar para un millón de jóvenes y amplió el Potenciar Trabajo de 577.000 beneficiados por planes sociales en la era Macri a 920.000. Arroyo coincide con los movimientos sociales en que debe crearse empleo, pero advierte de que también tiene que atenderse la emergencia y su ministerio está desarrollando una app para que los pequeños comercios de los barrios populares también puedan aceptar la tarjeta Alimentar y los vecinos no deban trasladarse para usarla hacia zonas de ingresos medios donde hay supermercados.

Cuando anunció la cuarentena este jueves, Fernández sólo mencionó un auxilio económico nuevo: la ampliación de actividades asistidas por el Repro II y la elevación de este subsidio al salario de $ 18.000 a 22.000. El año pasado era de 33.000. Son los costos de no ser un país rico, como los europeos, en los que, por ejemplo, la gastronomía acaba de reabrir la atención al aire libre después de seis meses de cierre (sólo ofrecían take away) en los que el Estado subvencionaba el 85% de los sueldos. No por nada los sectores que ahora bajan las persianas por la nueva cuarentena se angustian sobre cómo la transitarán. Ya 2020 se demostró que se sabe cuándo comienzan los confinamientos, pero no cuándo terminan. Si sólo dura nueve días, el impacto económico será anecdótico. Si no, comenzarán a rebajarse otra vez los pronósticos de recuperación, aunque entre los analistas de la City consideran que hay poco margen económico y social para extender el aislamiento.

AR

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