Renta inesperada: El proyecto llegó al Congreso y el Gobierno busca recaudar US$ 1.000 millones

Territorio hostil: Martín Guzmán expuso ayer ante los empresarios de AEA.

El Gobierno busca recaudar el equivalente en pesos a US$ 1.000 millones al tipo de cambio oficial por el impuesto a la renta inesperada por la guerra de Ucrania, que se aplicará a grandes empresas que hayan aumentado sus márgenes de rentabilidad en 2022. De aprobarse el proyecto de ley en el Congreso, el tributo se cobrará en 2023, aunque con anticipos este año.

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Desde esta mañana el proyecto se encuentra en la Cámara de Diputados a la espera de ser tratado la semana próxima.

 “Es una iniciativa que busca reducir las injusticias distributivas que el impacto de la guerra en Ucrania sobre los precios genera en nuestra sociedad”, escribió hoy en su cuenta de Twitter el ministro de Economía, Martín Guzman, para defender el proyecto.

Como viene argumentando desde que hace más de un mes se conoció la intención del Gobierno con esta medida, Guzmán agregó: “Mientras que pocos se benefician con ganancias extraordinarias que no han sido fruto de más inversión o producción, sino simplemente del alza de los precios internacionales, del otro lado la gran mayoría sufre los efectos de la guerra pagando más por lo que se consume día a día”.

El gravamen apunta sólo a las empresas que ganen más de $ 1.000 millones (US$ 8 millones al cambio oficial), lo que estrecha la mira a las 600 más grandes del país. No apunta a las pymes ni a los productores agropecuarios. A su vez, de ese universo de 600 firmas, sólo tributarán aquellas que cumplan una de estas dos condiciones: las que en 2022 logren una rentabilidad operativa superior al 10% respecto de 2021 o aquellas que mejoren su margen bruto en un 20%. Por eso, en el Ministerio de Economía calculan que unas 360 terminarían abonando el gravamen, que no es nuevo sino que se trata de una alícuota extra del 15% al de Ganancias.

En el Gobierno consideran que pocas firmas llegarán a tributar un 50%, si se suman el 35% de tasa habitual más el 15% extraordinario. Por un lado, por la forma en que se computa ese 15% sobre la ganancia inesperada y, por otro, porque la alícuota será escalonada de acuerdo con el monto del beneficio obtenido. Descartan que un 50% sea una alícuota “confiscatoria”, como la calificó el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, cuando habló ayer de los nuevos impuestos creados por este gobierno, en la jornada por los 20 años de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

En Economía señalan que otros países cobran habitualmente tasas máximas mayores al 35% argentino. Pero en realidad, el impuesto a las ganancias de las empresas en el mundo no suele superar ese nivel. Sólo Brasil cobra un 40% al sector financiero; Puerto Rico, 37%, Surinam, 36% y las islas africanas Comoras, un 50%. Donde sí se aplica una alícuota mayor al 35% es en el tributo a la renta de los individuos: desde Finlandia (56%), pasando por Dinamarca, Austria, Japón, Suecia, Israel, Bélgica, Países Bajos, Irlanda, Portugal, España, Islandia, Luxemburgo, Australia, Corea del Sur, Francia, Reino Unido, Alemania, China, Grecia, Italia, Suiza, Chile, Taiwán, Nueva Zelanda, Colombia, Noruega, EE.UU. y hasta Uruguay (36%).

El impuesto no apunta a las empresas que ganen más por mayores ventas de unidades sino a las que consigan más utilidades porque elevaron sus precios. Por eso se mide el margen. A partir de la guerra de Ucrania, en todo el mundo se encarecieron los precios de los alimentos y la energía, pero el Gobierno no acotó el impuesto a la renta inesperada a esos dos sectores sino que pretende recaudar de todos los que mejoren su negocio por una cuestión de valores, independientemente del rubro. En cambio, Italia y Reino Unido han apostado a un gravamen por el conflicto bélico pero exclusivo para las empresas energéticas.

En Economía no creen que la alícuota adicional sea trasladada a precios por las empresas alcanzadas, de modo de terminar provocando una mayor inflación. Al contrario, destacan que, aunque no sea su objetivo, puede desincentivar aumentos de precios por parte de compañías que pretendan tributar menos. Aclaran que la meta del impuesto a la renta inesperada es contribuir a una mayor igualdad en tiempos en que la guerra beneficia a unos pocos y perjudica a muchos.

AR

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