Igual pero diferente que los 90, queja contra China, excesos del (Súper) RIGI y un León queriendo domar la IA

Un director de uno de los cinco mayores bancos de la Argentina admite un parecido entre el país que está revolucionando Javier Milei y aquel de la segunda mitad de los 90 que había transformado Carlos Menem. Entonces el dólar se mantenía estable, la inflación también, el peso se apreciaba y eso encarecía los bienes hechos en la Argentina, que enfrentaban la apertura importadora. El turismo local sufría con el extranjero, la economía crecía, pero el desempleo también. Como entraban dólares -en aquel tiempo por la revolución de la soja transgénica- y crecían las inversiones extranjeras y el endeudamiento externo, parecía que el tipo de cambio estable había llegado para quedarse. Tardó 11 años en explotar la convertibilidad de un peso un dólar.

Con las divisas que trajo Vaca Muerta gracias las inversiones en los tres gobiernos anteriores, con los proyectos de litio que también vienen de antes, con el campo impulsado por el clima y las políticas de la actual gestión -aunque el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, se queje de que no lo aplauden- y con el seguro anticrisis que le aseguró Donald Trump -al menos hasta las elecciones legislativas de EE.UU. en noviembre próximo-, tampoco hay hoy crisis cambiaria a la vista. El riesgo es que crezca la economía mientras se deteriora la situación social, en un proceso lento que quizás llegue a las elecciones de 2027 con algo de aire como para que Milei sea reelecto, como Menem en 1995, que tenía 17% de desocupación. O tal vez se acelere su desgaste entre bolsillos flacos y casos de corrupción engordados, y pierda como le ocurrió al peronismo en las legislativas de 1997, cuando la economía creció al 8% pero el desempleo apenas bajó al 13%. En el primer trimestre de 2026, el PBI aumentó sólo 1,7% y el desempleo en el periodo anterior subió al 7,5%, en un tiempo donde existen las apps como refugio precario para los despedidos del empleo formal.

Pero también existen otras diferencias entre aquellos años 90 y la actualidad. En ese tiempo había echados de las empresas estatales y de la industria, pero también había algunos sectores manufactureros en expansión, como Citroën, que en 1998 volvía a producir en la Argentina, después de casi 20 años. Ahora, casi 30 años más tarde, la marca francesa deja de fabricar en el país, importará desde Brasil y España, aunque tal vez venga a instalarse una fábrica china, Omoda & Jaecoo. Pero los mayores cambios vienen por la tecnología, del fax al celular, por ejemplo, que destruye puestos de trabajo en pos de la eficiencia en todo el mundo, y por la hegemonía industrial de China en el planeta, ya no como vendedor de baratijas sino a la vanguardia.

Ante ese avance asiático, EE.UU., Europa y Latinoamérica se defienden más que la Argentina. Este martes, en la reunión habitual de la Unión Industrial Argentina (UIA), el presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), Elio Del Re, pidió que la entidad reclame con más fuerza: apuntó contra el secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, para que adopte medidas concretas para frenar el aluvión de productos chinos en un mercado en contracción, donde hay menos para repartir.

Lo apoyaron otros como su par de la Cámara de Indumentaria, Claudio Drescher, y el representante de la del Calzado en la UIA, Alberto Sellaro. El presidente de la UIA, Martín Rappallini, y uno de los vicepresidentes, David Uriburu, están de acuerdo pero quieren mantener el buen tono con el Gobierno. Rappallini acaba de recibir la aprobación de un proyecto minero suyo, el de cobre San Jorge, en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), y Techint, el grupo para el que trabaja Uriburu, presentó en el RIGI una iniciativa de extracción petrolera de su firma Tecpetrol en Vaca Muerta.

Pero este año Lavigne se ha ocupado más de firmar resoluciones para determinar el origen de mercancías asiáticas o cuestiones inherentes al régimen de electrónica de Tierra del Fuego o del automotriz. Son empresas las que empujan esos expedientes, a veces bien asesoradas por consultores influyentes. Lavigne, que también supo ser consultor antes de incorporarse al gobierno libertario, tampoco tiene que firmar tanto expediente como cuando su antecesor, Matías Tombolini, secretario de Comercio Interior, y su subsecretario de Política Comercial, Germán Cervantes, aprobaban o rechazaban los trámites del derogado Sistema de Importaciones (SIRA).

Lavigne no comunicó que haya investigado los rumores de pagos de supuestas coimas en el Hotel Madero, pero ahora el fiscal Franco Picardi está poniéndoles la lupa. Quizás se le ocurra indagar en las sociedades que creó Tombolini cuando era funcionario del gobierno anterior, la constructora Malquele o la de venta de obras de arte Artemati, o las exitosas inversiones de Cervantes en bolsa o la renovación de su Jeep, según constan en sus declaraciones patrimoniales de fines de 2023, cuando terminaron su gestión a las órdenes del presidente Alberto Fernández y del ministro de Economía, Sergio Massa.

Milei, mientras tanto, habla de nueva industrialización de la mano del bajo costo energético por Vaca Muerta: habrá tres RIGI en la materia, la siderúrgica Sidersa, de uso intensivo de gas, y Profertil, de Adecoagro, y Pampa Fértil, de Marcelo Mindlin, ambas de fertilizantes, que utilizan el recurso gasífero como materia prima. O sea que no sólo hay dualidad entre sectores que crecen y que caen sino que también dentro de la industria hay subsectores que caminan y otros que no.

Lo mismo sucede con el supermercadismo: en marzo la venta cayó 5%, pero al mismo tiempo abrieron este año sucursales en Mar del Plata, Puerto Rico (Misiones), San Martín de los Andes, Resistencia, Córdoba, Junín y Bahía Blanca. Sólo en Neuquén y San Luis se mantuvieron las ventas en marzo, apenas cayeron en la ciudad de Buenos Aires, Mendoza y Río Negro, mientras que se derrumbaron sobre todo en Corrientes, La Rioja, el conurbano bonaerense y Tucumán. En regiones con Vaca Muerta o campo hay más consumo y en las de más empleo público e industrial, menos.

Milei, Caputo y Marcos Galperin, dueño de Mercado Libre, están difundiendo en equipo que la economía va bien y está lejos de una recesión. Se ilusionaron con el repunte de actividad de marzo, tras el derrape de febrero. “Más allá del rebote de marzo, no esperamos un crecimiento elevado para este año”, advierte la consultora LCG, que dirige Javier Okseniuk. “Mantenemos nuestra proyección de una expansión de la actividad por debajo del 3% anual promedio, traccionado por unos pocos sectores (petróleo, minería, agro e intermediación financiera). Para el resto no hay drivers claros que impulsen el crecimiento”, señaló.

“La demanda interna no logra consolidar una recuperación, afectada por el bajo poder adquisitivo y la retracción del crédito. A su vez, parte del consumo se desplaza hacia bienes importados, en un entorno de mayor competencia asociada a la apertura comercial y a un tipo de cambio real relativamente apreciado. El posible derrame de los sectores ganadores hacia el resto estará limitado, y los beneficios de una eventual persistencia de la tranquilidad cambiaria serán compensados por el perjuicio que generaría dicha estabilidad; en tanto que el tipo de cambio se estaría ubicando en niveles que afectan los márgenes de varios sectores mano de obra intensivos”, completa LCG, una de las consultoras que más acierta en sus pronósticos.

Otras que también pronostican bien están en la misma. Ecolatina, que preside Santiago Paz, tituló “La dualidad de la economía argentina” su informe de mayo. La de Orlando Ferreres calculó que en abril hubo crecimiento cero en relación a un año antes y una baja del 0,7% respecto de marzo. “No esperamos que esta dinámica de marcha a dos velocidades cambie en el corto plazo”, admite el centro de estudios de Ferreres, aunque augura que si baja la inflación podrían mejorar los ingresos de las familias y eso revertiría el cuadro del comercio y la industria.

En el Latam Economic Forum, que reunió este jueves sobre todo a empresarios de la colectividad judía, Milei y Caputo argumentaron que agro, minería, Vaca Muerta y economía del conocimiento crean empleo. En el mismo foro, Marcelo Mindlin, dueño de Pampa Energía, también se quejó: “Cuando periodistas y economistas dicen que el sector energético es ganador pero no genera empleo, no es así”. Y mostró un video de Pro Pymes, fundación de Techint, que muestra toda la industria, el comercio, el servicio y el transporte que moviliza el gas. Claro que el peso está sobrevaluado y los costos son altos, entonces los proveedores de bienes se buscan en el exterior, desde galpones enteros hasta camionetas.

Por eso, no hay que ser kirchnerista para criticar al RIGI, que rebaja el impuesto a las ganancias del 35% al 25% y exige sólo un 20% de compre nacional, que en general se gasta en la obra civil y no en insumos nacionales.

Juan Carlos Hallak, doctor en Harvard, y Ricardo Carciofi, master en Sussex, ambos investigadores de la Universidad de Buenos Aires, expresan reproches. Hallak considera excesivo haberles bajado el impuesto a las ganancias del 35% al 25% porque considera que lo que se gana con las inversiones se pierde por recaudación tributaria y habla de “escándalo” que se haya extendido este año el beneficio a la extracción de hidrocarburos. Le preocupa que el proyecto de ley del Súper RIGI reduzca la alícuota al 15% y advierte que quizás los sectores inexistentes que se radicarían también lo harían sin tanto incentivo. Por ejemplo, los data centers de empresas tecnológicas como Palantir, del vecino palermitano Peter Thiel.

Hallak también alerta que falta una política de desarrollo de proveedores locales, más allá del 20% de compre nacional. Carciofi también plantea la ausencia de recetas para asegurar el derrame de los RIGI y el riesgo de dar estímulos a negocios que se hubiesen concretado sin ellos, en alusión a la explotación petrolera y gasífera.

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, alertó que sólo el 2% de los US$95.000 millones de inversiones anunciadas en 36 proyectos del RIGI entrará al país en los primeros dos años del régimen. A esa cifra llega a partir del dato que el cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni, admitió en su último informe al Congreso: calculó que 12 iniciativas traerán US$1.920 millones en este bienio. A su vez, de esos desembolsos, hasta un 80% se puede ir en importaciones de maquinarias e insumos extranjeros, lo que reduce la entrada de capital. Las llegadas de divisas por exportaciones también serán menores a las esperadas: a partir del primer año sólo debe liquidarse el 80% de las ventas externas y desde el cuarto el 0%.

Pero Milei está por la tarea de seguir bajando impuestos y achicar al Estado. Ahora con su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, apunta a reemplazar servicios básicos del Estado como la salud, la educación y la seguridad, financiados por tributos, por la contratación individual de seguros. Leyeron esa idea anarcocapitalista en el libro que el presidente regaló esta semana a los miembros de su gabinete, Chaos Theory (“La teoría del caos”, del economista norteamericano de la escuela austríaca Robert Murphy).

Otro estadounidense presentó libro esta semana sobre un aspecto central de la vida actual, la inteligencia artificial: Robert Prevost, más conocido como León XIV. En su LinkedIn, el economista Eduardo Levy Yeyati, actual asesor sobre IA en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), comentó su primera encíclica como papa: “Leí Magnifica Humanitas como un agnóstico de mente abierta. Es un documento largo, profundamente arraigado en la Doctrina Social de la Iglesia Católica, con la que no estoy familiarizado. Aun así, varios pasajes merecen ser tomados seriamente independientemente de la fe de cada uno, especialmente por quienes creemos —como yo— que la dimensión humanista de este debate debería eventualmente ocupar el centro de la escena”.

“No alcanza con moralizar las máquinas si los marcos éticos que se incorporan en ellas son definidos por un pequeño número de actores. Es una objeción política, y resuena con las críticas crecientes a la idea de la IA como un árbitro neutral e independiente del contexto para los problemas morales”, plantea Levy Yeyati. También se refiere al impacto laboral: “La preocupación no es la automatización en sí, sino quién controla su ritmo y dirección. Una transición demasiado acelerada corre el riesgo de destruir empleo de manera subóptima”.

“Algoritmos, plataformas, infraestructura digital y datos son colocados junto a la tierra y el agua como bienes que pertenecen a todos”, señala el economista y agrega que surgen “de un 'común' de la ”cultura humana extraído del comportamiento y las interacciones de millones de personas que no capturan ninguno de los retornos“. ”Estamos ocultando sesgos algorítmicos bajo una presunción de neutralidad. El modelo es un espejo de quienes lo construyeron y de aquello que optimizaron, vuelto ilegible por la escala y la complejidad“, comenta también Levy Yeyati sobre la obra del papa que quiere domar la IA.

AR/MC