Un verano interminable, vuelta a 2001
Hace unos días encontré la foto como se encuentra algo valioso de verdad: buscando otra cosa. Ahí estoy, con una edad imprecisa (¿un poco más de un año?, ¿dos?, ¿dos y pico?), en ese momento de relativa autonomía que tienen los niños chiquitos cuando empiezan a moverse por sus propios medios, a veces apenas gateando, a veces dando esos primeros pasos temblorosos, flotantes. Como borrachos. Como astronautas o zombies. Pregunté y me dijeron que en esa etapa en algunas instituciones se los llama deambuladores. Me gustó la palabra. Deambuladora, entonces, ahí me veo, a mitad de camino, con un pie en el aire, saliendo de un mueble que solía vaciar de objetos –latas, por lo que muestra la imagen– para después esconderme. Un movimiento habitual, un lugar común que conoce cualquiera que conviva con niños pequeños: la búsqueda de un rincón en el que quedar, por un rato, en esa relativa soledad del escondite; ocultarse, también, para que alguien primero los busque y después los encuentre.
La escena –y asumo que también el gesto de registrarla con una cámara– se repite con algún mueble, detrás de un trapo unos instantes, abajo de una cama. Y, tal vez de manera imperceptible, nos instala a retratistas y retratados en un vaivén para siempre: el péndulo entre ver de qué manera nos inventamos algún espacio propio –esa pausa solitaria, ese bajarse por un rato del mundo– y eso que somos cuando nos movemos frente a los ojos ajenos –una forma de mostrarse, un abrirse al mundo–. Buscar un lugar para buscar un lugar.
“Las fotografías, que en sí mismas no explican nada, son inagotables invitaciones a la deducción, la especulación y la fantasía”, apunta Susan Sontag para no explicarme qué es lo que me fascina de esa foto vieja, pero sí para invitarme a volver a ese lugar común y magnético que me atrapa ahora, mientras intento escribir.
Todo lo que elegí para esta edición de Mil lianas está atravesado por lugares comunes, por escenas capturadas –y que capturan–, por escondites. Queda hecha la invitación a pasar, deambuladores y deambuladoras de antes o de hoy. Por acá.
1. Montevideo 1938, de Gabriela Borrelli Azara. “Existe un imaginario sobre la poesía escrita por mujeres que cree en la aparición inesperada de ciertas poéticas. Se instala en lo extraordinario y azaroso que era que una poeta mujer a principio de siglo sea mundialmente conocida hasta consagrarse con un Nobel de literatura. Y aunque pueda pensarse toda la poesía como aquello que irrumpe inesperadamente, como aquello que no fue pensado de una forma y tomó otro camino, hay una insistencia trabajosa en ese hecho, a primera vista, fortuito y afortunado”, señala la escritora Gabriela Borrelli Azara en su ensayo Montevideo 1938. El verano interminable (La Libre, 2026). Y sigue: “A la poesía como acontecimiento no se la busca en forma directa sino que se camina constante e insistentemente hacia ella, siempre buscándola, sin precisiones sobre dónde encontrarla”.
Esas palabras de la escritora –esa mirada puesta en lo oscilante, en la insistencia, en el azar, en la contingencia, en el camino y en lo inesperado– parecieran describir también su deslumbrante trabajo en esta publicación, que reconstruye un encuentro que tuvo lugar en Uruguay en 1938 y que reunió en Uruguay a las poetas Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou. Por entonces consideradas “Tres glorias de América”, brindaron tres conferencias y aquella cumbre estival se convirtió en una suerte de mito para la poesía latinoamericana de comienzos del siglo XX y en una especie de obsesión para la autora: una escena a la que siempre vuelve.
Borrelli Azara hace un trabajo de búsqueda intensa en archivos pero también de escucha: ahí donde alguna voz parece escaparse, trata de poner el oído –y la lectura– para ofrecer un ensayo plagado de texturas luminosas. Hace unos días la entrevisté para hablar de este libro y de otros asuntos. Encuentran la nota en este enlace.
Montevideo 1938, de Gabriela Borrelli Azara, fue publicado por La Libre. Más, en esta entrevista con la autora. Más novedades editoriales, por acá.
2. Diciembre, de Lucas Gallo. “En 2001, la omnipresencia de los teléfonos celulares —los dispositivos con los que hoy casi cada instante queda registrado— aún no existía. Esa ausencia me condujo a Crónica TV, un canal que transmitía casi enteramente desde la calle, capturando los hechos con urgencia cruda. Su archivo ofrecía un material único, pero apropiarlo no era suficiente: se trataba de desmontar la mecánica televisiva, el aparato que explica y clausura el sentido. Convertir televisión en cine significaba abrir grietas en esa narrativa, dejar que imagen y sonido respiren por sí mismos. Diciembre no reconstruye 2001 con la claridad del tiempo, sino que lo convoca como un eco que aún resuena. Liberadas de su función informativa, las imágenes reaparecen como fragmentos porosos y vibrantes, cargados de nuevos sentidos”, afirma el cineasta argentino Lucas Gallo sobre su impactante documental Diciembre.
Armada a partir de imágenes de archivo que Gallo, como cuenta, fue a buscar a un canal de noticias, sin marcas de agua y sin micrófonos reconocibles a la vista, Diciembre propone un relato cautivante que recorre un arco espacio-temporal preciso: grandes y pequeños acontecimientos que tuvieron lugar en la Argentina del 1 de diciembre de 2001 al 3 de enero de 2002. No hay voz en off, no hay explicaciones, todo luce crudo y, sin embargo, un hilo evidente va uniendo las escenas que son bien diversas: de los anuncios sobre el plan económico del entonces ministro Domingo Cavallo y del gobierno de Fernando de la Rúa, a manifestaciones en distintos puntos del país. Del encuentro de personajes del mundo del espectáculo (Susana Giménez sacándose fotos con Sandro, Charly García tocando con Mariano Mores) a esas noticias que parecen laterales pero que exponen el termómetro de una época: personas que son rescatadas de intentos de suicidios, vehículos que se incrustan en asfaltos que no dan más, discusiones callejeras.
Después de hacer un recorrido por distintos festivales internacionales, afortunadamente Diciembre se podrá ver ahora en Argentina. En principio, se anunciaron dos proyecciones para el 24 y el 31 de julio en la sala de Malba Cine, durante un ciclo organizado por la revista Caligari y luego seguirá girando en otros espacios culturales.
3. Apostilla. Por estos días abrió la convocatoria a participar de la séptima edición del Premio Estímulo a la Escritura Todos los tiempos el tiempo que invita a escritores y escritoras de entre 20 y 40 años a presentar sus obras en proceso en las categorías Narrativa, Narrativa Breve, Guión y Dramaturgia.
“Organizado por Fundación Bunge y Born, Fundación Proa y diario La Nación, el certamen acompaña a quienes se encuentran en una de las etapas más desafiantes del proceso creativo: ese momento en que una obra todavía está en construcción y necesita tiempo, dedicación y apoyo para llegar a su versión definitiva”, informaron desde la organización.
“En esta edición, y como en las anteriores, el jurado está integrado por destacados autores. Katya Adaui, Albertina Carri, Federico Falco y Héctor Guyot seleccionarán un proyecto ganador en cada una de las cuatro categorías. Cada autor o autora premiado recibirá un estímulo económico de $2.500.000 para acompañar el proceso y finalización de su trabajo. Además, el jurado podrá otorgar hasta ocho menciones especiales a otros proyectos destacados”, agregaron. Pueden encontrar información sobre plazos, requisitos y más en este enlace.
Banda sonora. El Mundial lo tomó casi todo, así que sin muchas novedades en este rubro esta vez. O sí: hay material nuevo de Beck dando vueltas. Y, claro, lo ultimísimo de Madonna. Algunas de esas canciones se sumaron a nuestra lista compartida. Se escucha, como siempre, por acá.
Bonus track. Un regreso divino para ir agendando. Del 22 al 26 de julio, y en coincidencia con las vacaciones de invierno escolares, vuelve el festival Suiza Pop, un encuentro cultural que reúne cine, animación, videojuegos, realidad virtual, arte, ciencia e innovación, con entrada libre y gratuita. Organizado por la Embajada de Suiza en la Argentina, este año tendrá su sede principal en el CCK y también ofrecerá actividades en el Centro Cultural Recoleta, la Alianza Francesa porteña, Vicente López, Colón (Entre Ríos), Mendoza y Rosario.
“Habrá más de 40 producciones suizas, proyecciones, talleres, experiencias inmersivas, videojuegos, invitados internacionales y actividades para todas las edades. Entre los invitados se destacan representantes de Arts at CERN, el estudio de animación Asako Film y PatchXR, referentes internacionales en los cruces entre arte, ciencia y nuevas tecnologías”, informan los organizadores. Pueden conocer más y ver los horarios de toda la programación por acá.
Posdata. Arrancamos esta entrega (hoy en formato breve por algunos líos que mejor les cuento en otro momento) hablando de escondites y les recuerdo que siempre me encuentran en este rincón. Gracias a quienes me escribieron por la entrega dedicada a las despedidas y el libro La música de las esferas (la leen por acá si se les pasó). En especial a Marcelo, Lean, Carlos, Graciela y Mary.
¡Hasta la próxima!
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