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Opinión
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Con una injusticia social y salvavidas ante el 12%, Massa reacciona y patea al FMI

Massa anuncia la quita de Ganancias ante la movilización de la CGT.

Alejandro Rebossio

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Un mes después de la peor elección presidencial en la historia del peronismo, en las primarias de agosto, Sergio Massa recuperó esta semana la iniciativa con un éxito político a costa de cometer una injusticia social. Está de moda hablar contra la justicia social y los impuestos, como hace su principal rival electoral, Javier Milei. De cada 100 empleados que hay en la Argentina, 37 están en la informalidad y 63 están registrados. De esos 63, los cinco que más ganan pagaban el impuesto a las ganancias. Ahora cuatro de ellos dejarán de abonar el tributo, un curioso reclamo unánime del sindicalismo. Después sobrevino una medida que sí se inscribe en la doctrina de la justicia tributaria, en la progresividad igualitaria, y no en la regresividad libertaria: la eliminación del IVA para los que ganan menos de $700.000 en las compras de comida, ese bien indispensable para la vida que se encareció 15% en agosto, al compás de una inflación mensual del 12%, la mayor en 32 años.

Elevar el piso a partir del cual se tributa Ganancias de $700.000 a 1.770.000 es una medida criticada por economistas de derecha, por elevar el déficit fiscal, y del progresismo, porque los impuestos a la renta y el patrimonio de los que más cobran y tienen son mejores que los que gravan el consumo por igual de ricos, pobres y clase media alta y abaja. Si medimos el salario en dólares por la cotización del contado con liquidación (CCL, $734 por moneda norteamericana), significa que en la Argentina tributan Ganancias sólo aquellos que ganan más de US$2.411. Si tomamos el tipo de cambio oficial, que aún incide en el precio de productos exportables e importados, el piso es de US$4.836. En cambio, en países latinoamericanos y desarrollados, el nivel a partir del cual se tributa en general es más bajo, con la idea de que los más adinerados contribuyan a una sociedad más justa.

A partir de relevamientos elaborados por las auditoras internacionales EY y KPMG para elDiarioAR descubrimos los pisos en México, de US$305, Brasil, de 428; Perú, de 699; Chile, de 962; Francia, de 966; Alemania, de 977; Ecuador, de 1.078; España, de 1.116; Reino Unido, de 1.309; Uruguay, de 1.473; y Bolivia, de 1.555. Pero Paraguay es más generoso con los que más cobran: su mínimo no imponible es de 11.000. Así también sucede que tiene un cuarto de los médicos por habitante que la Argentina y los pacientes deben esperar días para un turno o un análisis en centros sanitarios públicos donde escasean los insumos.

En KPMG, la directora Cecilia Núnez recuerda que los trabajadores independientes en la Argentina mantienen un piso mucho menor para pagar Ganancias ($660.000, US$907 al CCL) y que la exención decretada por Massa será a costa de menos giros a las provincias. No sólo se financiará con el ampliado impuesto PAÍS a la importación o el mayor consumo, como dijo el lunes el ministro candidato en el acto en que anunció la medida cantando la Marcha Peronista con los sindicatos más poderosos de la CGT en la puerta del Palacio de Hacienda, al costado de la Plaza de Mayo.

“En la Argentina se reduce el impuesto a las personas y crece a las empresas, a contramano de los países desarrollados y latinoamericanos”, advierte el economista experto en impuestos Oscar Centrángolo, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En la Argentina, antes de la nueva quita de Ganancias, este impuesto sobre las personas suponía el 2% del PBI, similar al promedio latinoamericano, pero por debajo del 4% de Uruguay, 3,4% de México, 3% de Brasil, del 10% de Europa y del 11% de Estados Unidos. Ahora el guarismo argentino bajará al 1,5%, por debajo del 1,9% de Perú y en paridad con Chile. En cambio, Ganancias para las compañías llega al 2,7% del PBI en la Argentina, frente al 3,4% latinoamericano, el 2,9% de Europa y el 2,8% de Estados Unidos.

En el mundo desarrollado buscan gravar más a los dueños de las empresas que a las firmas en sí, de modo de incentivar la economía. En la Argentina, las compañías tributan 35% y después sus propietarios abonan 7% si se distribuyen dividendos. La renta financiera tributa, a su vez, entre 15% y 35%. “Acá damos un beneficio al decil (10% de la población) más rico cuando tenés cuatro deciles por debajo de la pobreza -juzga Centrángolo-. Traés más inequidad, más déficit fiscal, más emisión monetaria, sacás un impuesto redistributivo y metés más impuesto inflacionario. Sería una medida cuestionable en cualquier país, pero acá se fue perdiendo políticas que hacen a la cohesión social, con subsidios energéticos a la clase media alta, aportes de la Seguridad Social que van a las prepagas o beneficios para el salario docente sin resultados escolares”, advierte el profesor. Ante la pérdida de efectividad del Estado, se cuestiona todo impuesto, según él. “Veo mal el debate desde la oposición, donde salvo excepciones, lo bueno es bajar impuestos, pero si lo hacés traés más déficit y es poco serio que lo van a compensar bajando el gasto 15 puntos del PBI”, critica Cetrángolo, sin mencionar a quien lo promete, Milei.

Tanto La Libertad Avanza como Juntos por el Cambio planean eliminar el impuesto que pagan personas más ricas que las que ahora dejaron de tributar Ganancias: el de Bienes Personales. El argumento radica en que la mayoría de los países ya no lo cobran. Muchos millonarios migrados a Uruguay esperan que se derogue para regresar. Pero el nivel de gravámenes al patrimonio en la Argentina es del 1,4%, similar al de naciones desarrolladas porque allí muchas no cobran Bienes Personales, pero cobran fuerte por el impuesto inmobiliario, que en las provincias argentinas resulta irrisorio.

Dos días después del jubileo de Ganancias, Massa anunció el miércoles la devolución del IVA, horas después de que se conociera el horrible dato de inflación de agosto, de modo que a las malas noticias sobrevinieran algunas que las matizaran. Se sumaba así al paquete inicial de compensaciones por la devaluación del mes pasado y que incluyó el bono para los empleados que ganan menos de $400.000 y los jubilados que perciben la mínima. “Este tipo de medidas son fundamentales para contrarrestar el efecto de la mayor inflación sobre los ingresos de los hogares y atenuar un nuevo salto en el nivel de pobreza”, destacaron, sin mencionar lo de Ganancias, las economistas Mariana González y Cecilia Garriga en su último informe del mercado de trabajo del Centro de Investigación y Formación (Cifra) de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA). Allí advierten que hasta junio pasado el salario había caído 8% en el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner respecto al de Mauricio Macri y 25% en relación al de CFK. Estos números empeorarán por la devaluación de agosto, alertan González y Garriga.

El costo fiscal de todo el paquete anunciado por Massa en las últimas semanas podría sumar 1,2% del PBI, según la economista Melisa Sala, de la consultora LCG. Eso incluye 0,42% de las primeras medidas compensatorias de la devaluación, 0,54% de la quita de Ganancias y 0,22% de la devolución de IVA, según ella. “El desboque del gasto post elecciones vuelve prácticamente imposible alcanzar la meta de 1,9% de déficit fiscal primario (antes del pago de deuda) comprometida con el FMI (Fondo Monetario Internacional) en lo que resta de 2023. Nuestra proyección es de 3%, 0,6 puntos porcentuales por encima del conseguido el año pasado”, señala Sala. Claro que el FMI ha perdido influencia sobre este gobierno, dado que el próximo desembolso vendría en diciembre, e incluso tendrá baja injerencia en los primeros dos años del siguiente presidente, dado que los vencimientos fuertes con el organismo recaen en 2026.

“En términos de impacto en la inflación, puede pensarse que, sobre todo la medida de suba del mínimo no imponible beneficiando a trabajadores ubicados en la parte más alta de la pirámide salarial, con una menor propensión marginal a consumir, tenderá a presionar sobre las cotizaciones del dólar libre, principalmente el MEP (a $ 677), que está intervenido por el Banco Central”, observa Sala. “Controlarlo demandará un mayor sacrificio de reservas; en contraposición, dejarlo flotar podría incidir sobre la formación de precios, aunque cabe pensar que parte de los mismos ya ajustaron previamente. Más allá de esto, la mayor demanda que puedan generar estas políticas expansivas no deberían tener un efecto inmediato sobre los precios en virtud de los controles y congelamientos extensivos a los que apeló el Gobierno hasta las elecciones. Pero sí los tendrá después cuando comience a descongelar el 40% de la canasta del IPC (índice de precios al consumidor) y el dólar oficial fijado en $ 350”, concluye la analista de LCG, que prevé 190% de inflación en el año. Sin alardear con una hiperinflación como en 1989/90, economistas prudentes temen que Argentina va camino de niveles de inflación del 200% al 300%, típicos de los 80: en 1982 fue 194%; en 1983, 380% o en 1988, 381%.

Economistas progresistas consideran que la medida de Ganancias va contra la progresividad y el equilibrio fiscal necesario para mantener a raya la inflación, pero reconocen su buen impacto político porque situó a Massa en el centro de la escena, le dio respaldo gremial, sin que haya reproches populares por la inequidad, y puso en contradicción a la oposición, que la semana pasada en boca de Patricia Bullrich le exigía que recortara de inmediato el impuesto. Ahora que el ministro candidato lo hizo, Juntos por el Cambio le objeta el financiamiento de la rebaja tributaria. Un secretario de Estado K lo celebra: “A partir de ahora, el candidato tomó la iniciativa, empezó a ser visible”. También considera que Milei comenzó a generar contradicciones en algunos de sus votantes por la reciente difusión de su postura a favor de los malvinenses, contra el papa Francisco o por las declaraciones de su candidata a vicepresidente Victoria Villarruel en pos de revisar los juicios por delitos de la dictadura. Claro que también están los que lo bancan en esas posiciones más polémicas. Por ejemplo, hace unos días, en una visita de una escuela de Laferrere al Sitio de Memoria de la Ex ESMA (Escuela Superior Mecánica de la Armada), tres adolescentes se pusieron a cantar en Capuchita, el espacio donde se hacinaban y eran torturados los desaparecidos: “¡Se siente, se siente, Milei presidente!”. Al girarse la guía, se callaron para evitar ser identificados.

AR

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