Crisis en la empresa de Scatturice
“No me entregan la biopsia de unos nódulos”: el drama de los trabajadores de Flybondi sin obra social
Raúl Dobarro, que manejaba hasta marzo los colectivos de Flybondi en el aeropuerto de Buenos Aires, se operó de dos nódulos en el pulmón pero en el medio la empresa de Leonardo Scatturice dejó de pagar la obra social y nunca pudo recibir la biopsia y no sabe cómo continuar el tratamiento. Matías Altamiranda, que hasta julio atendía en los mostradores de la low cost en Bariloche, se enteró de que le habían cortado la cobertura médica cuando un día fue a la farmacia para adquirir los medicamentos psiquiátricos y cardiológicos. Los toma desde hace tiempo, tras años de trabajar bajo el estrés de una empresa que acumula quejas de pasajeros. Johanna Belén Abba es de los 500 empleados que aún permanecen en la compañía pero también se quedaron sin obra social. Pide ayuda en Instagram para continuar con su tratamiento de un accidente laboral. Otras compañeras que esperan bebés afrontan sus embarazos sin los derechos que establece la ley para mujeres embarazadas.
Flybondi dejó de pagar los sueldos a partir del junio y también abandonó las contribuciones patronales a la seguridad social, con lo cual desde julio se quedaron sin protección médica tanto sus empleados como los que se habían acogido al retiro voluntario y que en teoría iban a seguir recibiendo esa cobertura hasta tres meses después. Flybondi empleaba hasta marzo pasado a 1.500 personas y entonces les ofreció el retiro a todos: unos 400 aceptaron, pese a la magra oferta, y otros 600 fueron despedidos después, según estiman estos extrabajadores que protestaron a mediados de agosto en Aeroparque Jorge Newbery y que siguen en la lucha en una cuenta de Instagram, Exempleados Flybondi.
“Me detectaron dos nódulos en el pulmón en marzo y yo pedí en abril el retiro voluntario porque no tenía el horario para hacerme el tratamiento”, recuerda Dobarro, de 44 años. No le daban tiempo para tratarse, debía trabajar tres días seguidos de 9 a 21, después descansaba tres y volvía a la rueda. “No me dieron licencia porque ya empezaron con los problemas dentro de la empresa”, explica el chofer. La low cost que comenzó a volar en 2018 empezó con cancelaciones y demoras a rolete después de la pandemia y fueron agravándose más y más hasta que en 2025 el fondo norteamericano Cartesian se la vendió a Scatturice, amigo y consejero del asesor presidencial Santiago Caputo.
Con el retiro, a Dobarro le aseguraba tener Swiss Medical hasta fines de julio. Así que se operó el 17 de ese mes. Tras la operación, el médico le contó que había podido ver que los dos nódulos eran benignos, pero quedaba pendiente que le dieran el resultado de la biopsia. Pero pocos días después se enteró que ya no tenía más prepaga. “La biopsia no me llegó. El médico me había dado ahí un resumen, pero me tenían que mandar la biopsia. Aparte me tenían que hacer una una revisión de los pulmones, me tenían que sacar una radiografía para ver cómo estaba, para ver cómo seguía el tratamiento”, explica el chofer.
“Recibí un mail de una chica del lugar donde ellos hacen la biopsia diciendo que, debido a que yo ya no estaba en el sistema de salud médica, no podía recibir lo el resultado de los nódulos”, lamenta. “No me dan los resultados para saber qué puedo llegar a tener en el pulmón, si seguía con otra enfermedad o si fue debido a algo.”
Dobarro no ha encontrado todavía trabajo, pero debe continuar con su tratamiento como puede. “Al no tener plata, no pude comprar ningún medicamento de mi bolsillo. Compré sólo los analgésicos para los dolores de la operación, pero no los que te manda el médico, y para eso me fueron ayudando mis hermanas, mi cuñada... Después fui vendiendo cosas de la casa también. Lo que estoy haciendo es ir a un médico particular cuando puedo conseguir plata. Gracias a Dios ya me sacaron los puntos porque tengo mi señora que es enfermera y me estuvo ayudando.”
Altamiranda tampoco está mucho mejor a sus 36 años. Sus padecimientos comenzaron en sus ocho años de empleado en el aeropuerto de Bariloche, antes de que en agosto lo despidieran. “Pasamos situaciones horribles de violencia, como maltratos verbal, psicológico, y no había respaldo de las autoridades”, despotrica a los anteriores y los actuales dueños. “Todos los días era lidiar con gente enojada y con razón, porque la empresa se venía manejando muy mal.”
“Tengo un tema médico propio ya nacido trabajando, que ya está en vías legales”, advierte. “Cursaba una licencia psiquiátrica porque todo lo acontecido me llevó a varias crisis, que también derivaron en mi otra enfermedad: tengo una deficiencia cardíaca severa. Tuve que operarme en base a eso en Buenos Aires y estuve cursando una licencia también. Y también estaba en tratamiento médico, tengo que tomar medicamentos diariamente para seguir el tratamiento.”
Este empleado de atención en mostradores llevaba sin cobrar tres meses cuando lo echaron. Pero antes del despido, en pleno junio, dejó de ser atendido por la obra social. “Un día que tenía que ir a retirar mis medicamentos me encontré con que la aplicación (de la cobertura médica) ya no me funcionaba”, recuerda. “Y no tuve manera de comunicarme con recursos humanos porque se borraron todos.”
“Yo sigo viendo a mi psiquiatra, a mi psicólogo, sigo tratando de ir, aunque conlleva un gasto y no estoy teniendo ingresos, pero trato de donde sea rasguñar y no faltar”, sostiene. “Los medicamentos desde agosto ya no los tengo. Tengo medicamentos que me quedaron porque armé un stock propio. Mi doctora, que me acompaña desde el día uno en esto, me dio un montón de muestras. Me ayudan chicos de Buenos Aires, que me están consiguiendo medicamentos. Nunca recibí ese trato de recursos humanos de la empresa. Ni siquiera sé si cubro la semana que viene, así que estoy viendo cómo hago. Los medicamentos son muy caros. Sin cobertura, prácticamente imposibles de conseguir para mí.”
Pero Altamiranda no baja los brazos: “Tengo a mi hija cargo. Así que tengo que mantenerme optimista. Anímicamente, es todo malo, pero yo tengo que pensar en la personita que viene atrás mío”, se compromete. “Esto se va a a resolver por temas legales porque los entes reguladores, el Gobierno o quien tenga que interceder ya dejaron mucho tiempo pasar. Miran para otro lado. Se habla mucho de favores políticos.”
Este cronista le escribió al WhatsApp a Scatturice para conocer su versión de los hechos, pero no respondió el empresariado con negocios en inteligencia e informática que el año pasado dio un salto en sus negocios criollos al comprar Flybondi, el correo Oca y el grupo logístico Flecha. Además, su firma OCP Tech consiguió unos 14 contratos con el gobierno de Javier Milei. En diciembre pasado había prometido inversiones por US$1.700 millones para comprar 35 aviones, pero en marzo, un mes después de la guerra de Irán que encareció el combustible a nivel mundial, anunció los retiros voluntarios, después profundizó las cancelaciones y demoras y desde el 6 de agosto que ya no vuela. Los empleados no cobran sus salarios y los extrabajadores tampoco reciben las cuotas de sus retiros voluntarios o indemnizaciones por despido, según el caso.
No se sabe qué ocurrirá a futuro, si se presentará en concurso preventivo. El Gobierno no la multa, a diferencia de Neuquén, ni le prohíbe volar, como sí hizo Brasil, pero sí le ha trabado embargos por deudas con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) y la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC). Los exempleados de Flybondi especulan con que quizás transfiera las rutas aéreas a Oca y arme Oca Air, pero en el correo de Scatturice niegan que vaya a fundarse tal división.
La revolución de los aviones que prometió Macri
Fernando Dozo, profesor de política aérea de del Instituto de Derecho Aeronáutico y vocal de la Academia Argentina de Turismo, analiza por qué Flybondi, uno de los símbolos de la llamada “revolución de los aviones” de Mauricio Macri, haya terminado hundiéndose en la era de la desregulación y los cielos abiertos de Javier Milei. “La historia de Flybondi es una historia que termina mal, lamentablemente, a pesar de haber empezado muy bien porque fue la primera experiencia de low cost en la Argentina. Gracias a la presencia de low costs, un millón de pasajeros accedieron por primera vez al modo aéreo.”
“Pero presentó problemas desde el inicio porque Cartesian primero había presentado un equipo gerencial extranjero, de muy buen nivel y con antecedentes, pero lo sustituyó al poco tiempo por un equipo ya de no similares características”, relata Dozo, que fue gerente de Aerolíneas Argentina durante su etapa privada, de 1990 a 2009. “Ya se empezaron a notar ciertos incumplimientos en materia de horarios, particularmente por haber presentado una programación lo suficientemente extensa y muy ajustada para la cantidad de aeronaves de las que disponían y particularmente teniendo en cuenta que esas aeronaves eran aeronaves de cierta antigüedad.”
“La diferencia entre una low cost moderna adecuada a los tiempos actuales es que normalmente se opera con equipos de última generación, lo que facilita el cumplimiento de horarios poque no tienen ningún tipo de problema técnico”, explica Dozo. “Cuando los aviones van envejeciendo no es que sean menos seguros, sino que requieren de un mayor mantenimiento y la disponibilidad para la realización de vuelos disminuye en esos casos. Eso fue una una práctica que se fue repitiendo en el tiempo. Se hicieron anuncios de incorporar aeronaves que finalmente no se incorporaron. Se vendieron muchos más asientos de los que estaban en condiciones de transportar, lo que obligó a su vez a cancelaciones, cambios de programación y demás. Y finalmente esto terminó con una serie de problemas económicos financieros que hicieron que la flota disminuya notoriamente. Finalmente terminaron con la cuenta corriente de combustibles cancelada, con deudas con proveedores.”
El arribo de Scatturice
Sin más fondos para poner, Cartesian optó por vender Flybondi y entonces el gobierno de MIlei acercó a mediados de 2025 a Scatturice. El empresario residente en Miami, donde es vecino de su amigo Daniel Hadad, había saltado a la fama en la Argentina en marzo de ese año cuando su colaboradora íntima Laura Belén Arrieta llegó en un avión privado suyo y sus diez valijas no fueron revisadas por la Aduana. El juez Pablo Yadarola, recientemente ascendido a la Cámara Federal porteña por el voto unánime del Senado, se acaba de despedir de su antiguo cargo cerrando la causa de esas maletas.
“Scatturice compró sin saber, dice que puso US$70 millones, pero lo hizo mal y a destiempo”, cuentan fuentes internas de Flybondi. “Primero puso a Arrieta a llevar la gestión de la empresa, que no sabía nada, y luego puso de CEO a su mano derecha legal, pero también lo sacó en junio. Tuvo una enorme impericia, no sabe de grandes empresas, sólo manejaba una pyme (OPC Tech) con 300 tipos que representa el hardware de otro (Cisco). El plan de achique se hizo por decisión de él y otra mano derecha, a la que le dio el sombrero de recursos humanos... lo presentó en la Secretaría de Trabajo, donde le dijeron que podía hacerlo por goteo y que cumpliera con los pagos, no querían quilombo ni que el tema subiera públicamente a la agenda de desempleo. Finalmente hizo todo mal y eso generó mucho malestar en el Gobierno, que quedó expuesto como que no lo pueden tocar.”
“Lo que más llama la atención y preocupa es la total y absoluta inacción de la autoridad de aplicación, la Subsecretaría de Transporte Aéreo, la ANAC, ante el incumplimiento reiterado de los servicios, las demoras, los traslados interrumpido de los pasajeros, la falta de remuneración al personal”, opina Dozo. “Ni siquiera los fiscales han intervenido de oficio ante este cuadro de situación que en definitiva termina poniendo en riesgo la seguridad operacional. Lamentablemente esto termina muy mal. Paralelamente, vemos que esto no es lo que ha sucedido con la otra empresa de low cost que se presentó conjuntamente, JetSmart, y que ha venido desarrollando sus servicios con notoria eficacia y tiene la flota más moderna del país.”
Por ahora quedan solas en el mercado de cabotaje la estatal Aerolíneas Argentinas, que ha dejado de dar pérdidas, y JetSmart, de origen chileno. Hay dos empresas que están haciendo los trámites para comenzar a volar. Una es Joy, de Juan Maggio, exdueño de Southern Winds, que desapareció en 2005 tras la aparición de narcovalijas un año antes. La otra, Domus, de otro empresario argentino radicado en Miami, Damián Toscano, que en el gobierno de Macri había inscripto Alas del Sur pero nunca llegó a levantar vuelo.
Mientras, el drama de los empleados y extrabajadores de Flybondi continúa, incluso peor que el de los pasajeros que compraron vuelos y no pudieron viajar. “Es un abandono de persona, sabiendo que uno tenía una enfermedad, que trabajó cuatro años en la empresa, y nunca faltó”, se desconsuela Dobarro. Ahora busca trabajo y no encuentra. “Estoy con el temor de no poder conseguir, de que si consigo laburo, no me puedan tomar porque me tienen que hacer un preocupacional y no sé cómo va a salir la radiografía porque no seguí el tratamiento para ver si me habían quedado bien los pulmones.”
“Conmigo y con todos los trabajadores del país, el desamparo es total”, lamenta Altamiranda. “Los cabecillas que tenía esta empresa se reparten lo poco que quedó. Las personas que deberían ofrecer una cobertura a sus trabajadores, las del sindicato, todo negativo. Un ex delegado, al que veíamos todo el tiempo, apareció en una grabación en redes nombrando a seis personas que había que dejar en la calle”, se enoja quien cuenta que haber lidiado con la clientela de Flybondi le ayuda en su CV, pero trabajo “se consigue muy de a poquito por acá”. Ha conseguido algunas changas en informática y en un call center, pero nada formal. También ofrece sus conocimientos adicionales en electricidad, cableado, sonido y música.
AR/MG