Entrevista

Salazar-Xirinachs, jefe de CEPAL: “Lo importante es que los políticos vean que la situación siempre puede ser peor”

José Manuel Salazar-Xirinachs, jefe de CEPAL.

Hace tres semanas, el economista costarricense José Manuel Salazar-Xirinachs asumió como secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), un organismo de Naciones Unidas que tradicionalmente ha sido un think tank de la receta económica heterodoxa de la región, en contraposición a la ortodoxia de los entes con sedes en Washington, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo (BID). Fundada en 1948, la CEPAL fue encabezada por el argentino Raúl Prebisch, profeta del estructuralismo desarrollista, entre 1950 y 1963, último año en que la Argentina había sido sede de las sesiones plenarias bienales del organismo. En aquella reunión de hace 59 años, Prebisch ya advertía que la sustitución de importaciones no era suficiente y también había que exportar bienes industriales. Hoy, por iniciativa del gobierno de Alberto Fernández, la CEPAL ha vuelto a celebrar este evento en el país. Antes de la apertura, Salazar, Xirinachs, doctor en Economía en Cambridge, ex ministro de Comercio Exterior de Costa Rica y ex director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina, recibió a elDiarioAR en las oficinas porteñas de la CEPAL, que dirige Martín Abeles.

La inauguración de una fábrica de lavarropas para exportar marca el tímido inicio de un fenómeno industrial pospademia, el "nearshoring"

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¿Cuáles son los temas de la economía latinoamericana que hoy en día son los de mayor preocupación?

Tenemos el documento de posición que presentamos este lunes. Hay dos categorías de temas. Una son las preocupaciones del corto plazo, en donde tenemos una coyuntura complejísima, una cascada de crisis. La pandemia fue el primer gran impacto. Ya con solo eso estamos en una situación grave. Pero luego vino la guerra, que terminó en pulsar más por el lado de la oferta un proceso inflacionario. Entonces ahora tenemos las crisis de shocks externos más las reverberaciones o impactos internos en términos de educación, en una crisis educativa importantísima, el apagón educativo que produjo la pandemia, con grandes pérdidas de aprendizaje y demás; la crisis de la salud, de la cual no hemos salido y ha habido unas consecuencias importantes. Es cierto que ya no estamos en pandemia, pero la pandemia puso un estrés muy grande sobre los sistemas de salud y desplazó procedimientos de operaciones y demás que se pospusieron por atender la pandemia. Tenemos una fila de otras situaciones que hay que atender. Y luego están los temas económicos puros, un ambiente mundial muy incierto, con inflación, con tasas de interés que los bancos centrales han venido elevando para poder controlar un poco el exceso de liquidez que había en el sistema. Y eso es algo que a la vez encarece el servicio de la deuda para los países. Entonces se ha reducido el espacio financiero internacional, algo que se habló mucho en las reuniones anuales del Fondo y del Banco Mundial. Entonces ahí tenemos todo un conjunto complejo y delicado de una situación de la coyuntura que los gobiernos tienen que calibrar. Hubo una expansión de gasto importante durante la pandemia. Parte de ese gasto se ha recogido porque no había el espacio fiscal para continuar, a pesar de que en muchos casos es un gasto social necesario. Por eso algunos gobiernos están también hablando de reformas tributarias para tratar de tener un poco más de recursos y mantener gastos sociales y otros que son importantes. Eso es todo un conjunto de temas de cual vamos a hablar en este período de sesiones.

La otra categoría de temas son las brechas estructurales...

Tenemos una crisis del empleo. Mucho de la nueva creación de empleo ha sido en el sector informal y ya estábamos antes de pandemia con un 50% de informalidad. Si era un tema clave antes de la pandemia, ahora más que nunca lo es el tema de la desigualdad. Somos la región más desigual del mundo. Es fundamental el tema de las políticas sociales y de protección social. Entonces tenemos ahí estados de bienestar todavía subdesarrollados, truncados dicen algunos. Es importante avanzar hacia esa universalización, lo cual plantea temas y ahora, en principio, con la revolución digital y con las bases de datos se puede hacer política social de precisión, etcétera. Eso es una oportunidad. Después viene educación y formación profesional. El apagón educativo vino cuando ya veníamos con problemas serios. Realmente esto puede dejar una cicatriz enorme y no por dos, tres o cuatro años, por décadas, es toda una cohorte ahí que se puede sacrificar, además de que es un golpe al crecimiento potencial de la región, porque el talento humano es uno de los motores del crecimiento sostenible. El cambio climático: esto es una agenda del siglo XXI. Todo lo que se está hablando en términos de transición energética, de mitigación y adaptación al cambio climático, de protección de la biodiversidad en una región que tiene la biodiversidad tal vez la más rica del mundo. Un reto de corto, mediano y largo plazo es la transformación digital. Migración es otro tema importantísimo que se ha acelerado. Hay una crisis humanitaria y estructural. Cómo lidiar con los flujos, cómo recibir a los migrantes, el respeto a los derechos humanos de los migrantes. Integración económica, viejo tema de CEPAL, uno de las temas claves desde Raúl Prebisch, que está pasando ahora por la geopolítica, por la revolución tecnológica, por la competencia alrededor de quién tiene la supremacía tecnológica y ahora por la guerra. Ha habido una tendencia a la regionalización. Estados Unidos., Europa y Asia son las fábricas del mundo. Pero hay un reacomodo de cadenas de valor enorme. El nearshoring, frente en todo esto, crea muchas oportunidades para América Latina. Pero en la agenda de integración económica hay algo que es muy nuevo, que es toda la revolución en servicios que está creando una explosión. Todo lo que se exporta por las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), por Internet, servicios modernos, back office service, call centers, pero eso es de poco valor agregado, pero hay diseño, gran cantidad de cosas y ahí hay una agenda que yo diría que es nueva para la integración latinoamericana. El tema de género y economía del cuidado es fundamental. Tenemos brechas enormes en tasas de participación de las mujeres y los hombres, casi 25 puntos en promedio en América Latina, todo tipo de variedad de discriminaciones en contra de las mujeres. Finalmente, el tema macroeconómico fiscal. Volvemos al corto y al mediano largo, porque todo termina en la posibilidad de que haya una fiscalidad sana potente que pueda financiar estas aspiraciones.

La CEPAL también habla de una lista de sectores impulsores de la economía. ¿Cuáles son esos sectores?

Transición energética, hidrógeno verde, litio, electromovilidad, economía circular, bioeconomía, agricultura sostenible, recursos genéticos, bioindustrialización, todo eso. Industria manufacturera, salud, digitalización, datos, plataformas, etcétera. La economía del cuidado y el turismo sostenible. También mipymes, que es un sector que se apoya y donde hay retos. Y todo el tema de economía social y solidaria.

¿Qué hacer ante la inflación que azota a América Latina?

Hay algunas noticias un poco positivas. Vamos a ver en el 4.º trimestre del 22 que estamos llegando en la eurozona, en Canadá, en el Reino Unido, en Estados Unidos, aparentemente a un pico de la inflación y las estimaciones nuestras y de otros organismos es que se va a reducir durante el año 23. Los productos primarios, el petróleo, los fertilizantes, algunos alimentos ya están haciendo la curva. Claro, todo esto va a ser muy despacio. Primero porque uno asume que no haya otro cisne negro y otra crisis o algo que reversa esto. Ojalá eso signifique que más pronto que tarde los bancos centrales empiecen a bajar la tasa política monetaria, porque ya no es necesaria en vista de las expectativas inflacionarias hacia abajo. Son buenas noticias. La mala noticia es que es un proceso lento. No es algo que vaya a pasar para enero, febrero o marzo. Se va a llevar el año. Con lo cual un país como Argentina y todos los países van a poder tener un escenario un poquito mejor. El problema es que es lento, es gradual. La previsión que tenemos es que el crecimiento para el año entrante va a ser más bajo que el crecimiento para el año 22. América Latina y el Caribe en el 2022 crecerá 3% y estimamos que va a ser 1,4% en 2023. El problema es que la economía mundial va a pasar de 3,1 a 2,7, o sea, también una desaceleración del crecimiento, lo cual no nos ayuda. Estados Unidos va a crecer solo 1,2%. La zona del euro va a pasar de crecer 3,1% este año a 0,9%, y es uno de los socios comerciales más importantes de muchos países latinoamericanos. Lo mismo que China, que va a pasar de 3,2% a 4,7%, mejora, pero es muy poco para China. Es una economía mundial donde nuestros principales socios comerciales tienen un crecimiento bajo. O sea que eso no nos va a jalar, como si nos jaló, por ejemplo, la crisis financiera, el boom de los commodities de China, que ha ayudado mucho a que la recuperación de América Latina fuera rápida. Ahora no pareciera que haya una ayuda, un viento de cola.

¿Cómo ve a la Argentina?

Veintiún países de América Latina tienen acuerdos con el Fondo, es decir, prácticamente todos. Es natural, y para eso fue creado el Fondo, para contribuir y dar un colchón y ayudar a las transiciones cuando los recursos financieros son escasos. En ese sentido es positivo que la Argentina tenga este acuerdo con el Fondo. Da respiro. No es un acuerdo que vaya a resolver los problemas, pero ciertamente es mejor un escenario de acuerdo con el Fondo que si no hubiera. Yo creo que el Gobierno argentino, por lo que he conversado, ha tenido bastante claridad sobre motores de crecimiento, sobre los sectores a los que se está apostando para una recuperación, sobre mantener y fortalecer algunos de los programas de ayuda para mitigar o compensar a sectores sociales afectados, es una situación delicada. Son aguas turbulentas para todos los países el año entrante. Tenemos estas no buenas noticias en materia de crecimiento. Yo creo que lo importante es que los sectores políticos conversen, discutan y vean que en estas cosas la situación siempre puede ser peor. Es muy triste ponerlo así, pero la cosa puede ir todavía más para abajo. Eso que se tocó fondo nunca es muy claro. El fondo puede moverse aún más para abajo.

Por último, quería preguntarle sobre el tema de las recetas, porque hoy en día en muchos países se debate por opciones políticas y económicas muy disímiles en el mundo. Hay unos que quieren, como en Gran Bretaña, bajar los impuestos a los ricos y otros, poner impuestos a los ricos. Y eso está marcando un poco el debate en muchos otros países, hay opciones muy radicalmente opuestas, en la Argentina, en Brasil. ¿Cómo lo ve usted en América Latina?

Lo importante es sacar lecciones de las diferentes crisis y ser pragmáticos.Entre más simple sea una receta que diga mire, la inflación se va a controlar subiendo las tasas de política monetaria o Inglaterra va a crecer bajando los impuestos, lo que suene simple y más efectivo, más tramposa y más equivocada es. La realidad de todos los temas que hemos conversado es compleja y se requiere todo un movimiento de acción social, no son solo unos cuantos. Las que salen adelante son las sociedades en conjunto. El problema es cuando hay soluciones que parecen muy simples y muy efectivas. Generalmente no hay nada de eso, o hay muy poco o hay un desastre como vimos en Inglaterra. Tenemos que ser pragmáticos, realistas, pies sobre la tierra, y comprender que esta acción colectiva, ojalá con grandes liderazgos que le tocan al gobierno y a las instituciones públicas para marcar la pauta y convocar a los diálogos y hacer las hojas de ruta.

AR

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