Opinión Panorama económico

Verano del 22

Alejandro Rebossio Panorama económico rojo

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“Así no hay amargura y se va el dolor”, cantaban Los Piojos en 'Verano del '92'. Otro verano, pero 30 años después, se presenta sin dulzura ni gozo. Cristina Fernández de Kirchner advirtió este viernes en la Plaza de Mayo que “no se va a aprobar ningún plan que no permita la recuperación económica” y Alberto Fernández le contestó en el mismo acto: “Tranquila, Cristina, no vamos a negociar nada que signifique poner en compromiso el crecimiento y el desarrollo social”. Sin embargo, el verano de 2022 promete ser de duras discusiones entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para definir un programa económico que posibilite patear a lo largo de diez años el préstamo récord que tomó el gobierno de Mauricio Macri en 2018 y que vence entre marzo próximo y 2023.

El mismo día de la celebración de los Fernández por los 38 años de democracia -otra marca histórica, pero de las buenas- finalizó la primera semana de debate técnico del acuerdo con el FMI en Washington. Sin ese diálogo del staff del organismo con funcionarios de segunda línea de Economía y del Banco Central es imposible que la directora gerenta del Fondo, la católica búlgara Kristalina Georgieva, eleve una propuesta de pacto a su directorio, donde pesan las grandes potencias y las definiciones son más políticas. Allí quien tiene más votos son los Estados Unidos de Joe Biden, otro católico igual que Jorge Bergoglio, que no por nada a fin de noviembre nombró a Guzmán miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Así como Joseph Stalin preguntó “¿cuántas divisiones (militares) tiene el Papa?”, ahora los defensores de la ortodoxia económica cuestionan cuánta influencia puede tener en el FMI. Esta semana, en la cumbre GZero LatAm organizada por Eurasia Group, el director senior del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Juan González, ratificó el apoyo de su país a un acuerdo, en lo que ratifica el interés geopolítico de la superpotencia de evitar que la Argentina caiga en un impago y que termine recurriendo a un salvavidas de China.

Por lo pronto, el comunicado del Fondo sobre la primera semana de reuniones técnicas marcó los desacuerdos de sus técnicos con la Argentina, por lo que resulta difícil que el acuerdo se cierre antes de Navidad, como pretendían en la Casa Rosada. "Serán necesarias más discusiones", dijo ese parte del organismo. Es probable que continúe la negociación durante todo el verano del 22 -o invierno boreal del 22, si se toma la perspectiva del FMI- para llegar a pactar en marzo, sobre la hora, para evitar el impago al FMI, ese en el que no tan pocos países han incurrido entre los años 50 y la década pasada. En ese listado figuran desde Cuba, Egipto, Camboya, Nicaragua, Guyana, Chad, Vietnam, Sierra Leona, Sudán, Liberia, Tanzania, Zambia, Gambia, Perú, Jamaica, Somalia, Honduras, Panamá, República Democrática de Congo y Haití hasta Irak, República Dominicana, Bosnia Herzegovina, la ex Yugoslavia, República Centroafricana, Afganistán, Zimbabwe y Grecia. Una crisis cambiaria y un mayor cierre del financiamiento podrían sobrevenir en caso de atrasos con el Fondo.

“Hubo un entendimiento general sobre la necesidad de mejorar de manera gradual y sostenible las finanzas públicas, dando lugar al mismo tiempo a las tan necesitadas inversiones en infraestructura, tecnología y gasto social focalizado”, dice el Fondo, en coincidencia en lo que desea Guzmán, gradualismo y obra pública. “Abordar la persistente y alta inflación requiere un enfoque múltiple que implique una reducción del financiamiento monetario del déficit fiscal -el organismo insiste en este punto y el problema es que si el rojo no se puede financiar, habrá que cortarlo-, una política monetaria adecuada con tasas de interés reales positivas -es decir, el presidente del Central, Miguel Pesce, debería subirlas- y una coordinación de precios y salarios -o sea, el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, tendrá que seguir presionando a las empresas para morigerar remarcaciones y el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, deberá entrar en escena para reclamar moderación a sus aliados de la CGT después de cuatro años de deterioro del poder de compra-. Esto también debe estar respaldado por políticas para acumular reservas internacionales, incluyendo mediante la promoción de la inversión extranjera directa y las exportaciones -Guzmán viene elaborando proyectos de ley para rebajar impuestos a los que envían productos y servicios al exterior, pero falta que el Congreso los apruebe, además de que la elevada brecha cambiaria alienta la evasión tributaria de los exportadores y perjudica a los que cumplen con la ley-. También se avanzó en las medidas para desarrollar el mercado de capitales interno, fortalecer la efectividad del gasto público -queda por saber cuánto le aumentarán las tarifas de energía y transporte público a las clases media y alta en 2022- y mejorar las operaciones de política monetaria -pese a las bajas tasas, el pago de los intereses de las Letras de Liquidez (Leliq) hoy suponen la principal fuente de impresión de billetes-. Los equipos acordaron que un amplio apoyo, tanto a nivel nacional en Argentina -¿Juntos por el Cambio respaldará el acuerdo para solucionar el problema que creó yendo al Fondo en 2018?- como de la comunidad internacional -hay internas en el propio gobierno de Biden, Japón suele sostener posiciones ortodoxas y Alemania también aunque queda por verse si cambiará con el nuevo gobierno socialdemócrata-verde-liberal-, también sería fundamental para el éxito general del programa económico”. Nada se comenta de la posibilidad de ajustar las cuentas de modo más progresista aumentando los impuestos a los patrimonios, propuesta que seguramente sería resistida por la oposición, o redoblando la lucha contra la evasión y la elusión tributarias, combate que implica desde el control de las sociedades offshore como el de las criptomonedas.

Fuentes diplomáticas comentan que el diálogo de esta semana “no fueron negociaciones sino conversaciones protagonizadas por técnicos”. El equipo del FMI fue encabezado por la norteamericana Julie Kozack, subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, y el venezolano Luis Cubeddu, jefe de misión para la Argentina. El de nuestro país, por los secretarios de Hacienda, Raúl Rigo, y de Política Económica, Fernando Morra, el subsecretario de Financiamiento, Ramiro Tosi, un vicepresidente del Banco Central, Jorge Carrera, y el subgerente general de investigaciones económicas de la autoridad monetaria, Germán Feldman. Las mismas fuentes agregan que las potencias occidentales no negociarán bajo la presión geopolítica de que la Argentina se aliará con China sino que primero el staff del FMI reclama “un plan económico consistente con reformas estructurales que sirvan para sacar a la Argentina de la crisis y que no tenga que renegociar su deuda en unos años”. “Proponer un acuerdo sin ajustes y bajo presión no funcionará”, advierten. Ahora los técnicos del organismo elevarán un resumen a su directorio sobre el estado del diálogo.

Entre los directores se preguntan si Guzmán incorporará algunos elementos de lo discutido esta semana en el proyecto de presupuesto 2022 que presentará mañana lunes en el Congreso. ¿Insistirá con un déficit fiscal primario (antes del pago de la deuda) del 3,3% del PBI o lo rebajará? ¿Mantendrá sus previsiones de fuerte financiamiento de organismos multilaterales y del mercado local de capitales, pese a que fueron consideradas demasiados ambiciosas por los técnicos del FMI? ¿Volverá a prever una inflación del 33%, cuando el mercado la pronostica en el 52%? En la Cámara de Diputados, donde su presidente, Sergio Massa, y el jefe del bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner, almorzaron el lunes pasado con Guzmán, esperan que el ministro no toque ni una coma. Por eso los directores del Fondo esperan a ver también cómo reacciona la oposición ante el proyecto. Como prevén que el jefe del Palacio de Hacienda defienda la misma iniciativa presentada en septiembre pasado y que Juntos por el Cambio la rechace, concluyen que un acuerdo con el FMI antes de marzo resulta “muy ambicioso”.

Otros informantes de diálogo directo con los negociadores coinciden que aún se está “lejos” de un pacto y señalan que hay tres diferencias fundamentales. En primer lugar, el financiamiento del déficit. Los técnicos consideran que la Argentina se excede en su voluntarismo cuando prevé que en los próximos cuatro años recibirá financiamiento neto de organismos multilaterales por US$ 25.000 millones. En segundo término, cuestionan que el Central se limita a señalar que el tipo de cambio oficial es competitivo y que el paralelo bajará sólo por las mejores expectativas que traería un acuerdo con el Fondo, sin aplicar otras medidas concretas. Por último, descreen que la Argentina vaya a crecer en 2022 un 4% sino que prevén un 2,5%, con lo cual la recaudación tributaria sería menor y el déficit, mayor. Pese a todo, las fuentes reconocen la cordialidad y la voluntad de acuerdo de ambas partes, pero pronostican dos o tres meses más de discusiones, con muchas idas y vueltas presenciales y virtuales. La próxima cita cara a cara sería alrededor del 10 de enero, después de las vacaciones de Navidad y fin de año, sagradas para los burócratas del Fondo. Ya para entonces estará incorporado al organismo como director del Departamento del Hemisferio Occidental Ilan Goldfajn, un ortodoxo que presidió el Banco Central de Brasil entre 2016 y 2019 -a la par de los gobiernos de Michel Temer y Jair Bolsonaro- y hasta ahora se desempeñaba en Credit Suisse. Este hombre del establishment financiero querrá dejar su impronta en el programa que negocian Kozack y Cubeddu.

AR

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