Brasil

La Copa América, una audacia de Bolsonaro para recuperarse del desgaste por el Covid

Bolsonaro, con el equipo campeón de la Copa América en 2019, que también se jugó en Brasil.

Eleonora Gosman

San Pablo —

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Un inocultable desconcierto tomó cuenta, el lunes, de los ámbitos políticos, deportivos y periodísticos, en el Congreso, cuando la Conmebol anunció que la nueva sede de la Copa América será Brasil. Las reacciones no se hicieron esperar: mientras epidemiólogos, gobernadores, intendentes y legisladores miraban hacia Brasilia con desconfianza, hablaban de la pandemia y desaconsejaban los juegos, el presidente Jair Bolsonaro salió a decir que, si de él dependiera, la competencia tendría lugar a partir del 13 de junio. 

Ese mismo lunes por el mediodía, la Confederación del Fútbol Sudamericano le agradeció al presidente brasileño que le hubiera “abierto las puertas”, luego de la deserción de la Argentina y de Colombia. Por la noche su ministro coordinador, el general Luiz Eduardo Ramos, desbarataba las expectativas. Fue cuando intervino para decir oficialmente que “no le hemos dado el sí” a la entidad deportiva regional. En menos de 12 horas, el martes por la mañana el propio Bolsonaro salió al cruce de las declaraciones de su colaborador: “En lo que depende del gobierno, la Copa América se hará en Brasil”. Y, a lo largo del día, confirmó su opinión inicial: “Todos los ministros están interesados. O sea, de nuestra parte, todo positivo. Asunto cerrado”. Bolsonaro contó luego que el titular de la brasileña CBF, Rogerio Caboclo, lo había sondeado el lunes temprano y que inmediatamente le dio su “aval”. Hoy se terminaron de definir las sedes de los juegos: Brasilia, Cuiabá (capital de Mato Groso), Goiania (capital de Goiás) y Río de Janeiro; a pesar de los desencuentros entre intendentes capitalinos y gobiernos de los estados. 

Los anuncios desataron un vendaval de críticas a la decisión oficial. Los epidemiólogos recordaron, de inmediato, que Brasil “acumula” un dramático saldo de 464.000 fallecidos por el Covid-19. Los contagios diarios son muy elevados: 77.000 casos las últimas 24 horas. Los datos de la ocupación de camas de unidades de terapia intensiva son también alarmantes: en Cuiabá llega a 97%, en Goiania a 78% y en Río de Janeiro a 95%. Estas estadísticas sugieren un desenfreno en la circulación del virus y sus diferentes cepas, al punto tal que los especialistas ya hablan abiertamente de la “tercera ola” de la plaga. 

Eso no impidió que el jefe de Estado dijera ayer, en un acto oficial, que felicitaba al Ministerio de Salud por garantizar la realización de la Copa. El ministro del área, Marcelo Queiroga, no se sonrojó. Médico de profesión, el funcionario sostuvo, que “incumbe a nuestro ministerio elaborar protocolos de seguridad para garantizar que el campeonato pueda ocurrir dentro de condiciones sanitarias validadas”. A Queiroga le quedan apenas 10 días para elaborar ese plan. 

Es cierto que el fútbol brasileño retomó los partidos en agosto del año pasado, pero sin presencia del público en los estadios. Pero no es menos verdadero que hay equipos donde se infectó el total del plantel deportivo. Tan real como ese dato, son las numerosas aglomeraciones de las hinchadas en las puertas de las canchas. 

En los medios políticos el rechazo es mayoritario. El senador Renan Calheiros, uno de los líderes de la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre el Covid-19, confesó: “Es increíble que el gobierno federal quiera realizar la Copa América en Brasil, en el exacto momento en que se agrava la pandemia y se llenan como nunca nuestros cementerios, nuestros hospitales y la tercera ola que comienza a llegar. Esto equivale, señores senadores, a transformar la Copa en un campeonato de la muerte”.

Además, hay dos causas judiciales iniciadas directamente ante la Corte Suprema, por el Partido de los Trabajadores y por el Socialismo y Libertad (Psol). Ambos demandan a los jueces que ordenen la interrupción inmediata de la competencia.  El Supremo Tribunal Federal ya demostró su inclinación contra el “negacionismo” oficial, lo que podrá provocar nuevas turbulencias en los días que faltan. 

Nada de esto conmovió a Bolsonaro y su actitud triunfante. En un discurso hoy afirmó: “Nosotros ganamos una más: habrá Copa América. Quien no quiera asistir, que no asista; que apague la TV y que se ponga a conversar con su novia, con su suegra o con su suegro”. En su jerga pueblerina, a la que suele acudir siempre, el presidente brasileño concluyó: “Es simple. Nosotros, los de derecha, cuando no nos gusta algo, no lo hacemos. Ahora, esa izquierda, cuando no le gusta algo, pretende que nadie lo haga. Esta vez, ¡perdieron!”.

El tono victorioso sugiere la convicción de Bolsonaro en el “impacto positivo” del espectáculo futbolístico internacional entre los brasileños. Alejaría, al menos temporariamente, el desgaste tremendo que provocó, y provoca aún, el Covid-19, en la imagen presidencial. Así lo revelan las últimas encuestas que lo dan como perdedor en las elecciones de 2022.

Entretanto, los secretarios de Salud de los estados brasileños emitieron una nota radioactiva. En ella describen las razones por las que no debe realizarse la Copa. Argumentan la diseminación de cepas del virus procedente de otros países; aglomeraciones en los eventos que pueden provocar un gran número de contagios; y personas que aún vacunadas pueden enfermarse y propagar el Coronavirus. Es ese escenario el que llevó a los intendentes de las ciudades elegidas a rechazar la copa. Es el caso de Emanuel Pinheiro, alcalde de Cuiabá. “Estamos en medio de la pandemia y no es el momento adecuado por la cantidad de muertes y contagios confirmados. Debemos enfocar nuestro esfuerzo en comprar vacunas y no gastar recursos en eventos como éste”.

EG

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