Elecciones en Colombia - Análisis

Qué está en juego hoy en las elecciones presidenciales de Colombia

Personas caminan frente a una imagen del candidato presidencial colombiano Pacto Histórico, Gustavo Petro, y su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, en la ciudad de Bogotá, capital de Colombia. Hoy domingo 29 de mayo son las elecciones presidenciales, un proceso que contempla un balotaje el 19 de junio próximo, en caso de que ninguno de los candidatos resulte victorioso en primera vuelta.

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Según los últimos sondeos, a pesar de los multitudinarios cierres de campaña que escenificaron tanto Gustavo Petro como su contrincante conservador Federico 'Fico' Gutiérrez, las campañas electorales dejaron descontento al electorado, que no logra hacer suyo el elenco de candidaturas que tiene hoy por delante para escoger. A pesar de las positivas perspectivas de que el Pacto Histórico sea el frente coaligado y coligado que arrastre, con su victoria, algunos de los cambios en la dirección de una enorme demanda que clama por ellos.

En cuanto a los propios porcentajes y chances de ganar, los resultados de las encuestas son más sólidos.

Entre el 16 y 20 de mayo, el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) realizó su novena encuesta en Colombia – la primera fue en 2018- relativa a las inmediatas elecciones presidenciales.  

El método de sondeo se basó en entrevistas personales cara a cara  a  2.174 colombianos y colombianas  de la población urbana y rural estratificada por región, departamento y localidad. Se establecieron seis regiones geográficas (BogotáCaribe, Centro, Antioquía, Pacífico y Orinoquía). En esas regiones se seleccionaron los 22 departamentos más poblados. Y en esos departamentos se seleccionó una muestra de 45 localidades de distinto tamaño, incluyendo capitales de departamento, las ciudades más pobladas y poblaciones rurales. Bogotá fue dividida en cuatro áreas diferentes (Norte, Oriente, Occidente y Sur). 

La encuesta organizada en un cuestionario de cuatro preguntas orientadas dio los  siguientes resultados:

Respecto a la primera Compra de votos/ Fraude electoral:

¿Cree que en su municipio habrá compra de votos en la próxima eleccion?

Por SI, 68, 4%; por NO , 19,3%; No sabe/no contesta: 12,4%

Sobre la segunda: Intención de voto

Si las elecciones presidenciales fueran mañana, ¿por cuál de los siguientes candidatos votaría ud.?

Gustavo Petro:  45,1%; Rodolfo Hernández, 20,4%; Federico Gutiérrez, 20,1%; Sergio Fajardo, 4,9%; otros, 1,3%; en blanco, 3,6%; nulo/ no votaría, 1,4% ; no sabe/ no contesta, 3,2%

La tercera, Intención de voto/Proyección sobre voto válido

Gustavo Petro:  48,0%; Rodolfo Hernández, 21,8%; Federico Gutiérrez, 21,4%; Sergio Fajardo, 5,1%; otros, 1,4%; en blanco, 2,4%.

La cuarta y última sobre Quien cree la gente que será el próximo presidente  

Independientemente de a quién vaya a votar ud.  ¿quién cree que será el próximo presidente de Colombia?

Gustavo Petro: 53,2%; Rodolfo Hernández, 22,7%; Federico Gutiérrez,13,3%; Sergio Fajardo, 2,6%; Otro, 0,7%; No sabe/no contesta 7,5%.

Otras voces, otros ámbitos

La configuración más nítida que se forma en el desenlace del análisis de estos números es la de un desagrado por el actual gobierno de Iván Duque al que nada parece mitigar. En las elecciones de 2018, Duque había sido elegido liderando una coalición uribista, con un 'voto del temor', ante la candidatura del exguerrillero izquierdista Gustavo Petro –considerado por muchos electores atentos a las palabras del expresidente Álvaro Uribe como una amenaza para el país, especialmente en materia de seguridad nacional–.

Petro fue dibujado como aquel candidato que iba a establecer las condiciones políticas y sociales de la vecina Venezuela en Colombia, a aliarse con el “castrochavismo”. Cuatro años más tarde, se siguen utilizando las mismas palabras, pero la resonancia de este estilo de campaña política ha disminuido considerablemente. El movimiento del uribismo ha entrado en un proceso de debilitamiento. Si no para siempre, sí por el momento.

Las emociones, aunque hayan cambiado de signo, siguen articulando las elecciones en 2022. No solamente en cuanto atañe a la votación, sino también en cuanto al comportamiento de los actores políticos en Colombia. Del miedo se ha pasado al odio y al asco, como resultado del 'estallido social' -'paro nacional', en la expresión propiamente colombiana- iniciado en abril de 2021, pero también del anterior, contemporáneo del chileno de 2019

Por un lado, entonces, están aquellos sectores de la población que protagonizaron las manifestaciones y movilizaciones masivas de los años 2019 y 2021, que al final se apagaron sin llevar a soluciones. La política se empeñó en lograr la desmovilización de las protestas. Sin considerar cuán lejos estaba de haber enervado la sorda inconformidad que zumba en el fondo social contra un sistema político que nada le dice, o que sólo injuria, a las angustias juveniles, indígenas, geográficamente periféricas, y de todos los ámbitos cuyas voces el Establishment prefiere bajar el volumen hasta dejarlas deiiberadamente en un murmullo audible pero inarticulado. Como imperfecto fénix uribista, resucitaba el discurso de la vieja (y, hay que decirlo, falsa) 'seguridad democrática', enfatizado por el desenvuelto recurso del presidente Duque a la represión y a las FFAA y Policiales.

El orientador del pasado ha perdido tanto su esplendor de entonces como su olfato político. Álvaro Uribe, al parecer, ya no es capaz de leer los tiempos en los cuales se mueve el país

Por otro lado, entre las capas conservadoras y las elites del país, existe también frustración con la gestión gubernamental en la implementación de los Acuerdos de Paz, especialmente de la Jurisdicción Especial de la Paz (JEP), y con el tratamiento que se le da, en este contexto, a las FFAA, a la Policía y a la inteligencia militar. Se percibe una actitud demasiado condescendiente con la comunidad internacional, que ha impulsado al Gobierno de Duque a cumplir los acuerdos, aunque con pasos pequeños.

El orientador del pasado ha perdido tanto su esplendor de entonces como su olfato político. Álvaro Uribe, al parecer, ya no es capaz de leer los tiempos en los cuales se mueve el país, cansado de los discursos de la fuerza de las armas y de la represión, que no han dado resultado ni en el pasado, ni en el gobierno de Duque.

Ante un régimen que no da respuestas a las reivindicaciones de amplios sectores de la sociedad, este odio se refleja en muchos electores en términos de ruptura, del 'que se vayan todos', del repudio a  las elites establecidas. Quienes, con un Acuerdo de Paz a cuestas, y cuyo mérito sin demérito se atribuyen, no parecen estar dispuestas, sin embargo, a ceder una mínima parte de sus posiciones de poder.

AGB

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