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Análisis

Qué puede pasar ahora y qué hay detrás del ataque de EEUU contra Venezuela

Simpatizantes del chavismo se manifiestan en las inmediaciones del Palacio de Miraflores, en Caracas, tras la intervención militar de EEUU el 3 de enero de 2026.

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La operación en la que fue capturado el presidente Nicolás Maduro y su esposa responde a una serie de características de la política interior y exterior de la actual Administración de Donald Trump.  

Dentro de la agenda de política interior de Trump la migración está en primera línea. Su Administración está deportando a cientos de miles de ciudadanos, especialmente latinos, tanto indocumentados como con residencia o en trámite de tenerla. Y su interés es que gobiernos de América Latina obstruyan la salida de más migrantes hacia Estados Unidos y acepten a los deportados desde este país.

Un segundo factor es que los ideólogos del movimiento Make America Great Again (MAGA), como Steve Bannon, quieren extenderlo alrededor del mundo, con especial interés en América Latina y Europa. Las alianzas con gobiernos como el de Javier Milei en Argentina son, por lo tanto, estratégicas.

La tercera cuestión desde la perspectiva doméstica es que gran parte de la base social y electoral de Trump rechaza que el país participe en “guerras sin fin”. Después de que tres generaciones de personas pobres perdieron la vida o volvieron heridos de Vietnam, Irak y Afganistán, hay un fuerte rechazo a que Estados Unidos se implique en nuevas guerras. Inclusive por defender a Israel –algo que hasta hace poco era un artículo de fe, ahora una gran parte de la sociedad estadounidense considera que pueden ser un aliado, pero que ese país no les arrastre a guerras suyas en Oriente Medio–.

Como en las guerras de Vietnam, Irak y Afganistán, el problema de Estados Unidos es no tener una política para el día de después. Trump dijo en su rueda de prensa que Washington controlará el país mientras se desarrolla una transición. Fácil de decir, pero complicado de hacer

La cuarta cuestión es la droga. Estados Unidos es un gran consumidor de droga proveniente de México, Colombia, Ecuador, y Perú. Desde los años '70, Washington lanzó la guerra contra la droga, siempre centrada en formas de acabar con la producción o interceptarla, pero nunca tratada como una cuestión de salud pública y de crimen organizado en Estados Unidos. 

Trump ha vuelto sobre este tema, socialmente doloroso y popular, señalando al Gobierno de Venezuela y al presidente Nicolás Maduro como líder del “Cartel de los Soles”, un supuesto grupo criminal que estaría introduciendo masivamente fentanilo en Estados Unidos. Pero ni ese cartel existe como una organización criminal de peso, ni Venezuela es productor ni intermediario de ese producto.  

Esto coincide con que Maduro y su esposa fueron, según informó la fiscal general Pat Bondi, acusados de una serie de cargos asociados con el “narcoterrorismo” y con amenazas a la seguridad de ciudadanos estadounidenses. Esto último trata de hacer coincidir la acusación con el hecho de que, de acuerdo con la Constitución de Estados Unidos, el presidente puede usar la fuerza para proteger a ciudadanos propios que estén en “peligro inminente”.

Controlar el hemisferio

Desde la perspectiva de política exterior, la Administración Trump pretende imponer un total control sobre el denominado hemisferio occidental. De ahí sus amenazas de apoderarse de Groenlandia por cuestiones de seguridad nacional, anexionar Canadá y tener alianzas con gobiernos afines y acceso a recursos minerales y energéticos claves para el desarrollo de nuevas tecnologías. Al mismo tiempo, que no se impongan restricciones a las operaciones de las grandes compañías digitales (como ha ocurrido en Brasil con los satélites de comunicación de Elon Musk).

Se trata de volver a la teoría y práctica de la 'Gran Competencia entre Potencias', según la cual se dividen el mundo bajo sus influencias. En esa división, Estados Unidos quiere volver a ser la potencia líder que una vez fue en América Latina

Como muestra la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSE, en sus siglas en inglés), Estados Unidos está dispuesto a mantener unas relaciones cordiales con China, compitiendo por mercados, recursos y alcances tecnológicos, pero evitando potenciales choques armados. Se trata de volver a la teoría y práctica de la 'Gran Competencia entre Potencias', según la cual se dividen el mundo bajo sus influencias. En esa división, Estados Unidos quiere volver a ser la potencia líder que una vez fue en América Latina.  

El control de las inmensas reservas de petróleo de Venezuela y de las rutas de su comercio en el Caribe y el canal de Panamá son también una razón para tener máxima influencia sobre este país, aunque petroleras de Estados Unidos operaban ya en Venezuela sin problemas, y hace pocos días Maduro ofreció a Washington el acceso al crudo y a las reservas minerales que quisiera. Tener absoluto control le da respiro a Estados Unidos en caso de que haya una guerra o conflictos que restrinjan el acceso al petróleo en Oriente Medio.

Perspectivas

Como en las guerras de Vietnam, Irak y Afganistán, el problema de Estados Unidos es no tener una política para el día de después. Trump dijo en su rueda de prensa que Washington controlará el país mientras se desarrolla una transición. Fácil de decir, pero complicado de hacer. Mientras María Corina Machado anunció que en breve comienza la transición, no está claro si el Ejército de Venezuela se rinde, se divide o decide resistir (con la dificultad de hacerlo contra un ataque con misiles, drones y fuerza aérea a distancia). Trump, además, la deslegitimó en la rueda de prensa diciendo que “no es respetada” por mucha gente en su país.

Tampoco se sabe si el gobierno de Caracas decidirá continuar con la vicepresidenta Delcy Rodríguez y otros miembros del gabinete como el super ministro Diosdado Cabello, peso pesado del chavismo. En ese caso se le presenta a Trump la disyuntiva de proseguir los bombardeos hasta que el Gobierno eventualmente se rinda, intervenir con tropas o volver a abrir un período de espera agudizando el bloqueo.

En cualquiera de los tres escenarios, la idea de que Estados Unidos controlará el país durante un período puede ser con facilidad la puerta de entrada a un conflicto violento de envergadura. Además del Ejército, la presencia de grupos paramilitares del chavismo, guerrillas de Colombia y organizaciones criminales operando en diversas partes de un inmenso y difícil territorio no facilitarían una transición de poder entre Estados Unidos y la oposición venezolana.

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