Guerra en Ucrania

El colegio donde madres e hijas aprenden a disparar para defenderse de las tropas rusas

Una mujer ucraniana recibe entrenamiento en las afueras de Leópolis.

Antonia Cundy

Ivano-Frankivsk (Ucrania) —

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En medio de un sótano largo y estrecho debajo de la escuela Litsey 20 de Ivano- Frankivsk, una de las principales ciudades del oeste de Ucrania, Serhiy Korneliyevych Hamchuk pone un rifle Kalashnikov sobre la mesa frente a él y una fila de mujeres. Son diez, de entre 18 y 51 años, y observan atentamente la demostración de Hamchuk para aprender a cargar la munición. Mientras, él introduce las balas en el cargador con ayuda del pulgar, una tras otra. “Dobre”, dice. “Bien. ¿Quién quiere probar?”

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Las paredes de hormigón de la escuela Litsey 20, uno de los centros educativos más grandes de Ivano- Frankivsk, normalmente están llenas de vida, con más de 1.200 alumnos de entre seis y 18 años. Pero ahora que las clases presenciales están prohibidas en toda Ucrania debido a la guerra, el centro ofrece otro tipo de enseñanzas.

A finales de marzo, el alcalde de Ivano-Frankivsk anunció que se reabrirían los campos de tiro en cinco escuelas de la ciudad para enseñar a los civiles a usar armas de fuego. Normalmente, los campos eran para los alumnos de una organización juvenil adscrita al Ministerio de Defensa. Aunque los cursos actuales están abiertos a todo el mundo, están principalmente dirigidos a mujeres.

“Hay otras instituciones en las que los hombres pueden practicar. Esto son cursos organizados especialmente para mujeres”, dice el alcalde de la ciudad, Ruslan Martsinkiv. “Las mujeres deben estar preparadas para protegerse a sí mismas y a sus familias”.

La primera clase fue el 31 de marzo, el día que las fuerzas ucranianas liberaron Bucha, a las afueras de Kiev. En los días posteriores, cuando salió a la luz la información en los medios de comunicación y en los canales de Telegram sobre los crímenes cometidos por los soldados rusos, sobre asesinatos de civiles con las manos atadas a la espalda, violaciones, torturas y saqueos, miles de mujeres se apresuraron a apuntarse. El primer fin de semana se inscribieron 3.700 mujeres, pero 800 hombres también registraron su interés. Desde entonces, se han apuntado miles más, y ahora hay una lista de espera de más de 6.300 mujeres que quieren aprender a disparar.

Otra perspectiva

Natalia Anoshina tiene 51 años. Nunca se había planteado aprender a manejar un fusil. Pero después de oír las atrocidades cometidas en Bucha, cuando su hija de 18 años propuso que se inscribieran, ella estuvo de acuerdo. “Es una pesadilla. Es que es espantoso. Mi cabeza no puede procesar esta información, este horror”, comenta sobre lo ocurrido en las afueras de Kiev.

Ataviada con su sudadera con capucha, vaqueros y unas Crocs moradas, Natalia observa a su hija. Anya está echada y apoyada sobre los codos en el campo de tiro, y monta la escopeta de aire comprimido que sostiene contra el hombro para cargarla con un perdigón. “Te hace ver las cosas con otra perspectiva”, comenta. “Estas son las cosas que te llevan a tomar decisiones inesperadas. Ahora cualquier cosa puede ayudarte, como estas clases de tiro”.

Hamchuck, un coronel retirado del Ejército ucraniano, es más directo. “Teniendo en cuenta lo que está pasando en los alrededores de Kiev, yo creo que todo el mundo debería tener un arma y defender nuestro país”, dice mientras desmonta ruidosamente el Kalashnikov. 

Las clases de tiro, que se ofrecen a diario entre semana en Litsey 20 y en los otros cuatro colegios en la ciudad, están divididas en dos partes: lo básico sobre el manejo de un Kalashnikov, y las prácticas de tiro en el campo previsto para ello con una escopeta de aire comprimido. A las personas que acuden a las clases no se les da ningún arma después, pero Martsinkiv dice que “lo principal es que aprendan a usarla para que estén listas para usarla” si llega el momento, cuando llegue el momento.

“Ahora mismo no hay combates en Ivano- Frankivsk, pero si la guerra llega aquí, la situación será distinta. Hemos visto lo que pasó en Bucha e Irpin”, añade Martsinkiv. “Las mujeres deben estar preparadas, es la tarea que toca ahora, la tarea de la guerra”.

Las mujeres charlan y ríen mientras esperan su turno para disparar contra una taza colocada sobre una silla y derribarla. Pero su tono se vuelve sombrío cuando hablan sobre lo que las ha traído aquí. Galina, una comercial de instalaciones de fontanería de Ivano- Frankivsk, se inscribió a las clases en cuanto se anunciaron, porque piensa que saber manejar un arma es una habilidad útil en tiempos de guerra. Lo que pasó en Bucha, comenta, fue la dolorosa confirmación de que había tomado la decisión correcta. 

“Tienes que saber hacer esto y tener la posibilidad de defenderte tú misma en el futuro. Tengo un hijo y un marido en el Ejército. Pero lo necesito por mí misma, en caso de que surja una emergencia”, dice. “Sería mejor si nunca lo necesitara, pero al menos sabré cómo usar un arma. ¿Qué otra cosa podemos hacer? Esta es ahora nuestra vida”.

Traducción de María Torrens Tillack

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