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¿Jaque mate al líder de Wagner? Putin toma partido por su mando militar para controlar a los mercenarios

Imagen de archivo del presidente ruso, Vladímir Putin, junto al ministro ruso de Defensa, Serguéi Shoigú.

Pjotr Sauer / Andrew Roth

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Tras una destructiva disputa entre sus altos mandos militares y el señor de la guerra mercenario Yevgueni Prigozhin, Vladímir Putin parece haberse puesto del lado de los principales jefes del Ejército con la decisión de pedir que los “destacamentos de voluntarios” presentes en Ucrania pasen a estar bajo el control directo del Ministerio de Defensa.

La decisión perjudica gravemente a Prigozhin que, tras el papel desempeñado por el grupo Wagner en la captura de Bajmut, había ganado una notoriedad pública desmesurada en Rusia que aprovecha para promocionarse a sí mismo y cargar contra los generales de Putin.

Durante un discurso del martes ante un grupo de blogueros partidarios de la guerra, el presidente de Rusia dijo que acogía con satisfacción la iniciativa de Serguéi Shoigú, ministro de Defensa, de obligar a los grupos mercenarios a firmar un contrato con el ministerio, una orden que Prigozhin se negó a acatar.

“Hay que hacerlo y hay que hacerlo lo antes posible”, dijo Putin sobre el contrato, añadiendo que se ajusta “al sentido común, a la ley, y a la práctica establecida”.

El ministro Shoigú había ordenado antes que todos los destacamentos de voluntarios firmaran el contrato con su ministerio antes del fin de junio, una medida que se interpreta como un intento de controlar a Prigozhin con la integración de Wagner en el Ejército ruso.

“Wagner no firmará ningún contrato con Shoigú”, respondió Prigozhin, quien criticó a Shoigú por no “gestionar las formaciones militares de manera adecuada”.

Desafiante, Prigozhin redobló la apuesta cuando le preguntaron por las declaraciones de Putin el miércoles. “Cuando empezamos a participar en esta guerra, nadie dijo que nos obligarían a firmar acuerdos con el Ministerio de Defensa”, aseguró en una poco común reprimenda directa al presidente.

“Ninguno de los combatientes de Wagner está dispuesto a volver a recorrer el camino de la vergüenza y, por eso, nadie firmará contratos”, dijo. También afirmó que creía que el presidente ruso encontraría un “arreglo” para Wagner.

El pulso, en un nuevo máximo

La enemistad entre Prigozhin y el Ejército ruso llegó a un nuevo máximo este mes después de que un comandante ruso acusara a Wagner de secuestrar y torturar a sus soldados.

La intervención de Putin se considera un gran espaldarazo para su antiguo aliado Shoigú, que se enfrenta a presiones políticas debido a la tambaleante campaña de Moscú en Ucrania. También ha puesto a Prigozhin en su posición más precaria desde el comienzo de la invasión.

“Shoigú tiene más o menos en jaque mate a Prigozhin. Si en unas semanas Wagner no firma el contrato [con el Ministerio de Defensa], el Estado podría tener razones para dejar de apoyar a Wagner y hasta emprender acciones legales contra ellos”, sostiene Dara Massicot, investigadora principal de políticas en la Rand Corporation.

Algunos analistas ven probable que Putin haya tomado hace meses la decisión de poner coto a la influencia de Wagner en Ucrania. “La decisión se tomó en enero, pero estaban esperando a que Wagner capturara Bajmut”, cuenta Tatyana Stanovaya, fundadora de la empresa de análisis político R Politik. “La decisión fue que, al menos en territorio ucraniano, todos debían estar bajo las órdenes del Estado Mayor”, detalla.

Prigozhin anunció a principios de junio que gran parte de sus tropas se habían retirado de Bajmut, capturada casi por completo tras sufrir numerosas bajas.

Excluir a Prigozhin de Ucrania es dejar a un lado a uno de las figuras bélicas más reconocidas en Rusia. A través del uso diario de las redes sociales, Prigozhin ha cultivado una imagen populista y contraria a las élites que ha calado entre muchos rusos descontentos por los fracasos de la invasión.

La imagen pública de Prigozhin llegó a su punto álgido cuando sus mercenarios se hicieron gradualmente con Bajmut, la primera victoria militar tangible para Moscú desde el verano de 2022.

“Prigozhin entiende que su imagen pública es su protección”, sostiene un antiguo alto cargo de Defensa que trabajó con él. “No tiene un estatus oficial, pero sabe que Putin prefiere la estabilidad y que no le gustaría provocar un caos dejando que otros vayan tras un personaje tan público”, aclara.

Con sus problemas en aumento, Prigozhin se ha embarcado en una gira publicitaria por toda Rusia, presentándose ante sus audiencias junto a otros partidarios de la política de mano dura, como el extraficante de armas Viktor Bout.

La pregunta es si podrá mantener su estatus solo con giras publicitarias. “No creo que tenga el mismo efecto que su batalla por Bajmut”, opina Stanovaya. “Prigozhin está un poco arrinconado y está tratando de ver cómo cumplir sus objetivos”, dice.

El jefe de los mercenarios no ha dejado de cargar públicamente contra la cúpula militar rusa. Durante un discurso pronunciado el martes en la región central de Uliánovsk, contradijo directamente a Putin, que ese mismo día había asegurado que la contraofensiva de Kiev había fracasado en todos los frentes.

“Ellos [Ucrania] están luchando correctamente”, expresó y aseguró que Moscú no está haciendo lo suficiente para “contrarrestar al adversario”.

¿La caída del jefe de Wagner?

Pero también hay quien cree que aún es pronto para especular sobre la caída de Prigozhin. “La gente se ha equivocado muchas veces dando por perdido a Prigozhin”, explica el antiguo alto cargo de Defensa. “Ahora mismo Shoigu tiene la sartén por el mango, pero si la contraofensiva ucraniana fracasa, es probable que vuelvan a acudir a Prigozhin”, detalla. También afirma que Putin suele enfrentar a las distintas facciones entre sí.

La misma fuente también recuerda las palabras de Putin del martes, insinuando que algunas de las críticas de Prigozhin contra los militares están justificadas. “Al comienzo de la operación militar especial, nos dimos cuenta rápidamente de que los 'generales de salón' [...] no son eficaces, por decirlo suavemente”, dijo el presidente. “Empezaron a salir de la nada personas que no habíamos visto y de las que no habíamos oído antes, y resultaron ser muy eficaces y se pusieron manos a la obra”, apuntó.

Según Stanovaya, el futuro de Prigozhin depende del éxito o fracaso de la contraofensiva ucraniana: “Está esperando a que comprueben que sin su capacidad y su habilidad, el Ejército ruso va a perder territorio; y Putin, o Shoigú, acudirán a él en busca de ayuda... Ese es su sueño”.

Traducción de Francisco de Zárate.

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