Análisis

Paraquat: un producto que en Argentina representa el 4% de las ventas de herbicidas

El herbicida Paraquat se usa a nivel global y fue cuestionado por una investigación

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Fernando Manera es un bioquímico egresado de la Universidad Nacional de Córdoba que se ha especializado en los peligros que suponen los químicos para la vida diaria de las personas. El investigador, autor del libro “Una amenaza silenciosa”, sostiene que los seres humanos están expuestos a 135 mil químicos, que muchos de ellos son de uso cotidiano y que ciertamente hay varios más peligrosos que los “plaguicidas” o “agrotóxicos” tan demonizados por estos días, que son responsables de solo 2% de las intoxicaciones. Por eso cree que esta serie de denuncias públicas sobre el herbicida Paraquat responde a otros intereses más que a una amenaza real. “Quieren que siga el mismo camino que el glifosato”, analiza ante la consulta de elDiarioAR.

El camino que está recorriendo el glifosato, el matayuyos más utilizado a nivel global y también en la Argentina, es historia conocida. Ese herbicida cobró mucha relevancia cuando la empresa estadounidense Monsanto lanzó al mercado en 1995 la soja RR, el primer cultivo del mundo en ser modificado genéticamente justamente para soportar las aplicaciones de esa sustancia: así las malezas se morían pero la plantita de soja quedaba intacta. La patente de ese insumo venció en 1999 y entonces todos se pusieron a producirlo y venderlo, hasta los chinos. Era tan efectivo que su difusión fue muy rápida y desplazó a muchos otros plaguicidas, incluyendo los que elaboraban las compañías europeas como Basf, Bayer o Syngenta.

Las voces que se alzaron en contra del glifosato, un agroquímico bastante inofensivo respecto de otros (está considerado de “banda verde” y su clasificación toxicológica es Clase 3, es decir que se lo considera “ligeramente tóxico” y “poco peligroso” por la Organización Mundial de la Salud y la FAO) comenzaron casi de inmediato, especialmente desde Europa. Grupos ambientales acusaron a Monsanto de querer monopolizar el negocio agrícola y señalaban que el herbicida era un letal agente cancerígeno. Los juicios multimillonarios por razones de salud se dispararon en los Estados Unidos –donde su uso es tan masivo como en la Argentina-, mientras que en la Unión Europea algunos países –como Francia- comenzaron a reclamar su prohibición. Los decibeles del debate público sobre el glifosato recién comenzaron a descender cuando la alemana Bayer adquirió en 2018 a Monsanto por unos 65 mil millones de dólares.

El Paraquat, como se denomina vulgarmente al Dicloruro de 1,1'-dimetil-4,4'-bipiridilo, es un principio activo lanzado al mercado en 1961 por parte de la empresa de origen suizo Syngenta. Su uso en la Argentina data de 1967, hace 54 años, y está permitido por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). Es un herbicida de contacto, que mata a las malezas que toca y no tiene residualidad dentro de la planta ni persistencia en el suelo. “Su característica de herbicida no selectivo explica su atributo más importante, ya que le confiere un amplio espectro de control a un sinnúmero de malezas”, explicaron a este medio desde la empresa Syngenta, que hace rato también perdió los derechos sobre este insumo, que es elaborado y comercializado aquí y en el mundo por múltiples empresas. Por caso, hasta la estatal YPF lo ofrece en el país.

En materia agronómica, el cuarto de hora del Paraquat comenzó justamente a partir del ocaso que comenzó a vivir el glifosato. El herbicida más popular comenzó a flaquear no solo por la intensa campaña en su contra sino, y especialmente, por la aparición de malezas resistentes. Este fenómeno es natural –los piojos o cucarachas también adquieren resistencia ante el uso prolongado de un mismo insecticida, y sucede otro tanto con los virus y los antibióticos- y constituye el Talón de Aquiles de la agricultura a escala mundial: muchos biotiopos de plantas han adquirido resistencia no solo al glifosato sino a otros principios activos. Esta situación colocó al Paraquat como “una de las pocas alternativas para un control efectivo de malezas resistentes, previo a la siembra de los cultivos extensivos más importantes”.

De todos modos, esta relevancia lejos está de querer decir que el producto sea hoy tan significativo como el glifosato, que llegó a acaparar 50% de las ventas totales de agroquímicos en la Argentina. Según datos empresarios, el market share del nuevo producto cuestionado representa menos del 4% de las ventas de herbicidas y menos del 2% del mercado total de fitosanitarios, que incluye también a insecticidas y fungicidas. Es que las firmas que lo ofrecen recomiendan su uso dentro de una paleta de opciones. La propia Syngenta declaró que lo receta junto a más de 40 productos y 8 modos de acción de herbicidas.Y obviamente remarca que, como cualquier otro agroquímico, los usuarios deben utilizarlo con responsabilidad y respetando las instrucciones contenidas en el marbete.

“Mi sensación es que, estas nuevas denuncias tratan de repetir la historia. Ciertos grupos de presión difunden información rimbombante para impactar ante la gente que no tiene conocimientos y que luego conforma un jurado popular como los que fallaron en contra del glifosato en los Estados Unidos”, define Manera, que se tomó el trabajo de revisar las críticas contenidas en el artículo publicado por The Guardian.

El experto desacreditó sobre todo que alguien se pudiera matar tomando “tres gotas” de Paraquat. Describió que este agroquímico tiene una DL50 (dosis letal) de 612 miligramos por kilo de peso corporal de la persona que la ingiera. Cuando más alta es la DL de una sustancia, menos es el riesgo que supone. Para comparar, la estrictina tiene una dosis letal de 2 miligramos/kilo, la nicotina de 60, la DDT de 100 y la sal común de 1.500. Al demonizado glifosato, en tanto, se le asigna una dosis letal de 5.600 miligramos. “Verás que el ácido acetilsalicílico (el popular Geniol) tiene DL50 de 150 a 300 mg/kg y el Paraquat 612 mg/kg”, comparó Manera. Es decir que debería ser necesario consumir de dos a cuatro veces más cantidad de paraquat que de genioles para provocar una muerte.

“Hace rato que los agroquímicos dejaron de ser drogas efectivas para intentar suicidarse o asesinar a alguien, desde que se dejaron de usar los fosforados, los clorados y los carbamatos. A partir de ahí los nuevos productos no sirven porque no tienen la carga suficiente para provocar una muerte”, aseguró el bioquímico cordobés.

En el mismo sentido, la propia Syngenta reconoció que en las décadas del '60 y del '70 se produjeron muertes accidentales, debido a “la ingestión por error luego de decantar el producto en envases que no eran de fitosanitarios, como botellas de bebidas”. La ex compañía suiza, que hace un par de años fue adquirida globalmente por la estatal química de China, también relató que hace más de veinte años se tomaron medidas de prevención para que quienes manipulan el producto adviertan del peligro de ser negligentes. Como a las naftas, ahora se elabora con coloración azul y se le incorporó un “agente de alerta” que tiene olor fuerte e intimidante. También se le añadió un agente emético para inducir el vómito en el peor de los casos.

ML

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