Opinión

Reaccionaria e incorrecta, la nueva derecha argentina quiere replicar al Vox español

El economista Javier Milei

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“La Iberosfera tiene todas las condiciones para ser una región de libertad, prosperidad e igualdad ante la ley (…) Sin embargo, una parte de la región está secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista, apoyados por el narcotráfico y terceros países. Todos ellos, bajo el paraguas de Cuba e iniciativas como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, que se infiltran en los centros de poder para imponer su agenda ideológica”. La cita es de la “Carta de Madrid”, un documento promovido por el partido de extrema derecha español Vox y por uno de los hijos de Jair Messias Bolsonaro en octubre pasado. Forma parte de una iniciativa más amplia: la constitución del Foro Madrid.

Entre los firmantes están Eduardo Bolsonaro, Aldo Mariátegui (nieto ruidosamente anticomunista del peruano José Carlos Mariátegui), el chileno José Antonio Kast, el ex alcalde de Caracas Antonio Ledezma, la neofascista italiana Giorgia Meloni, el ex ministro boliviano Arturo Murillo, el ex embajador estadounidense Roger Noriega y otras decenas más. También pusieron su firma los argentinos Javier Milei y José Luis Espert, embarcados en un esfuerzo por conformar una fuerza a la derecha del macrismo, al que denominan “socialismo amarillo”. Pero también hay varios diputados del Pro: Juan Aicega, Hernán Berisso, Francisco Sánchez, Alfredo Schiavoni, Carla Piccolomini y Waldo Wolff, una de las espadas mediáticas del macrismo.

Vox aparece como un modelo para quienes en Argentina quieren crear una fuerza a la derecha del Pro. Hasta hace poco, España aparecía como una excepción en Europa (quizás junto a Portugal), ya que la derecha post-franquista estaba contenida en el Partido Popular (PP). Pero un día dejó de estarlo. En 2018, Vox, una escisión del PP, ganaba doce escaños en Andalucía y conseguía carta de ciudadanía en todo el Estado. Luego entraría al Parlamento español con 52 diputados y la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de diciembre pasado le daba un 14% de la intención de voto. Más conservadora que otras extremas derechas, Vox es a su vez pro libre mercado. Y es parte del anticomunismo sin comunistas de la actualidad.

Es claro que muchas de las razones del crecimiento de Vox (independentismo catalán, rechazo a la inmigración, etc.) no existen en Argentina, que tampoco tiene una cultura de derecha como la española. Pero algunos apuestan a que se dé una dinámica similar: que una parte del electorado macrista desencantado vote en unas parlamentarias (con menos presión polarizadora) a una opción de derecha “de verdad”, ingrese algún parlamentario, y luego ya se normalice como parte del paisaje político. Esa parece la apuesta de Milei y Espert, quienes en este tiempo fueron avanzando, sobre todo el primero, desde un discurso puramente económico a uno más político-cultural. Si antes solo hablaba de economía, ahora Milei denuncia al Foro de São Paulo y el “fraude” contra Donald Trump y se embandera con los celestes en la cuestión del aborto.

El modelo para tratar de armar una derecha desacomplejada es el evento en el Auditorio Belgrano de mediados de 2019, organizado por el Centro de Estudios Cruz del Sur, donde por primera vez estuvieron juntos Agustín Laje y Milei. Si Laje era conocido por su batalla antifeminista desde las redes sociales, donde “destroza a los liberprogres”, Milei lo era por “enseñarle economía a los zurdos”, como apuntan Analía Goldentul y Ezequiel Saferstein en su artículo “A la derecha de Macri… los pibes para la reacción”. En ese acto, con más de mil asistentes, se mezcló escuela austriaca de economía, revisionismo sobre la dictadura y batalla cultural antiprogresista.

Ahora Laje y Milei son productos de exportación argentina: el primero como guerrero contra la “ideología de género” y el segundo como cruzado contra “esa mierda de la justicia social” y el keynesianismo. En febrero de 2020, el diario El Español entrevistaba a Laje como “el gurú que inspira a Vox”. Allí el coautor de El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural señala que “recuperar el término derecha, como hace Vox, es una buena forma de articular distintos conjuntos de ideas que se parecen mucho”. Y agrega que se necesita “una palabra que pueda englobar a toda la fauna categorial” (libertarios, liberales, paleolibertarios, conservadores, etc). Para Laje, el mérito de Vox es que “es una derecha que ha superado el discurso económico y se ha metido en el discurso cultural” y por eso “es una derecha subversiva”. 

Dice que “el arte de la política en la democracia es cómo construir el pueblo” y que el populismo “es prácticamente indisociable de una democracia”. (Laje leyó a Murray Rothbard, que propuso a comienzo de los 90 el populismo de derecha como estrategia para los paleolibertarios, y La Razón populista de Ernesto Laclau, y con esos “insumos” busca construir al “pueblo de derecha”). Concluye: “La guerrilla se escondía en el monte porque en el monte podía ganar la batalla contra un ejército muy superior. (…) La derecha se mueve en las redes sociales como pez en el agua porque no hemos tenido oportunidad de tener un espacio real en los grandes medios de comunicación”.

Pero el intento de construir el Vox argentino, una de las fantasías de la derecha argentina, choca con al menos tres dificultades: el faccionalismo de sus referentes (basta ver la virulenta pelea entre Milei y Diego Giacomini, su ahora ex amigo y coautor de varios de sus libros), las diferentes apuestas tácticas y, no menos importante, el choque de egos. Por ahora, López Murphy/Lopérfido, Milei/Espert y Gómez Centurión van por sus propios caminos. Si Milei quiere “dinamitar el sistema desde adentro”, esa no parece una frase que la boca de López Murphy vaya a pronunciar nunca. 

Sin duda, la división conspira contra lo que ganaron en el ámbito mediático y cultural: nuevas camadas de jóvenes se sienten atraídos sobre todo por la versión “políticamente incorrecta” de Milei y las diferentes declinaciones de este libertarismo novedoso en el país. Pero también amenaza el crecimiento de una nueva fuerza el giro a la derecha del Pro de la mano de la ex ministra Patricia Bullrich y sus esfuerzos por pescar libertarios y afines.

No es la primera vez que las derechas salen a disputar el sentido común en Argentina ni captan la atención de las nuevas generaciones. Adelina Dalesio de Viola, la “negra de la UCeDé”, lo hacía desde programas como el de Susana Giménez en la década de 1990, donde difundía el nuevo sentido común thatcherista, y la UPAU competía por los centros de estudiantes en la UBA. Habrá que ver si lo logrará ahora una nueva derecha nutrida en varios aspectos del clima global potenciado por el punto de inflexión que significó el triunfo de Trump en 2016 y que su derrota no terminó de borrar.

PS

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