La economía de Milei: Garbarino quebró, Frávega cierra sucursales y se multiplican los despidos y las empresas que dejan de operar
La larga agonía de Garbarino llegó a su final. La Justicia comercial decretó la quiebra de la histórica cadena de electrodomésticos luego de que fracasara el proceso de salvataje abierto para intentar rescatar la compañía y evitar su liquidación definitiva. La decisión marca el cierre de uno de los casos empresariales más emblemáticos del sector de las ventas minoristas de la Argentinsa en los últimos años y se produce en medio de un deterioro generalizado y acentuado del consumo, la industria y el empleo desde que Javier Milei llegó a la Presidencia de la Nación.
La resolución fue firmada por el juez comercial Fernando D’Alessandro, quien concluyó que no existían condiciones para continuar con el concurso preventivo iniciado en 2021. La empresa no logró alcanzar las mayorías necesarias entre los acreedores para aprobar un acuerdo y tampoco prosperó la instancia de salvataje que permitía a terceros presentar propuestas para quedarse con la compañía.
El único interesado que se había inscripto en el registro de rescate, la sociedad financiera Vlinder, nunca presentó una propuesta formal de reestructuración. Sin inversores y sin acuerdo con los acreedores, el tribunal dispuso la apertura del proceso de quiebra.
A partir de ahora, los bienes de la compañía quedarán bajo control de la sindicatura designada por el tribunal, que deberá identificar y liquidar activos para intentar satisfacer las deudas acumuladas. La Justicia también ordenó mantener la inhibición general de bienes y avanzar en la localización de activos que puedan formar parte del patrimonio de la empresa.
El fallo incluye además la inhabilitación de los directivos para ejercer el comercio durante el plazo que establece la legislación concursal y una prohibición de salida del país para los principales responsables de la compañía hasta que se complete el informe general de la sindicatura.
De gigante del retail a empresa residual
La quiebra pone fin a la historia de una empresa que durante décadas fue uno de los nombres más fuertes del comercio minorista argentino. Fundada en 1951, Garbarino llegó a dominar cerca del 30% del mercado de electrodomésticos y artículos para el hogar, con más de 300 sucursales en todo el país y una red de negocios asociados que incluía marcas como Compumundo.
En su momento de mayor expansión llegó a emplear a más de 5.000 trabajadores, lo que la convirtió en una de las compañías más influyentes del sector.
Sin embargo, una combinación de problemas financieros, caída del consumo y transformaciones en el comercio minorista fue deteriorando su estructura.
El proceso se aceleró en los últimos años. La empresa había sido vendida en 2020 al empresario Carlos Rosales, que prometió un plan de rescate para recomponer la situación financiera. Pero ese intento nunca logró revertir el deterioro.
Cuando el expediente llegó a su tramo final en la Justicia, la compañía ya había reducido su operación a una escala casi simbólica: apenas tres locales abiertos en la Ciudad de Buenos Aires y menos de veinte empleados en actividad.
La quiebra llega después de más de cuatro años de proceso judicial y deja una pregunta abierta sobre el destino final de los activos que aún puedan existir —marcas, participaciones societarias o bienes remanentes— en una empresa que durante décadas fue sinónimo de consumo masivo en la Argentina.
Un sector golpeado por la caída del consumo y las importaciones
El cierre definitivo de Garbarino no es un hecho fortuito ni único dentro del sector de electrodomésticos y artículos para el hogar, sino la consecuencia de un contexto y de una política económica.
En los últimos meses, distintas empresas vinculadas al comercio y la producción de estos bienes comenzaron a mostrar señales de crisis. Fabricantes y cadenas comerciales vienen atravesando recortes de personal, cierres de plantas o cambios en su modelo productivo en medio de una fuerte caída del consumo interno y una apertura de importaciones que afecta a la producción local.
En diciembre, la multinacional Whirlpool cerró su planta de lavarropas en Pilar y despidió a sus 220 trabajadores. La empresa atribuyó la decisión a la caída de ventas y a la competencia creciente de productos importados.
La ola de ajustes también alcanzó a la fábrica de ollas Essen en Venado Tuerto, donde se produjeron despidos en los últimos meses, y a la metalúrgica Cramaco, que dejó de fabricar generadores y alternadores después de despedir a la mayor parte de su personal.
Incluso en el comercio minorista aparecieron señales de alerta. La cadena Frávega cerró sucursales en distintas localidades y atraviesa un proceso de reorganización marcado por la caída de las ventas y el aumento del endeudamiento.
El panorama se repite en otros segmentos industriales. La autopartista Corven recortó alrededor de 150 puestos de trabajo, mientras que sindicatos del sector advierten que varias empresas comenzaron a reemplazar procesos de fabricación local por la importación de productos terminados o de piezas semielaboradas.
Empresas en reestructuración y concursos de acreedores
Las dificultades también alcanzaron a otras compañías del mismo universo productivo. La empresa Goldmund, responsable de la marca de electrodomésticos Peabody, inició un concurso preventivo de acreedores para reestructurar sus pasivos y ordenar su situación financiera.
La firma comunicó a clientes y proveedores que atraviesa una etapa de reorganización destinada a sostener la continuidad de la operación. El proceso judicial busca renegociar deudas y evitar un escenario de insolvencia que podría comprometer su funcionamiento.
El concurso se produce en un contexto en el que distintas empresas enfrentan dificultades similares, con balances deteriorados por la caída de la demanda y por cambios en la estructura del mercado.
La crisis del sector también se refleja en conflictos laborales abiertos. En distintos puntos del país trabajadores se movilizan para defender puestos de trabajo ante cierres o suspensiones de actividades.
El telón de fondo: caída industrial y destrucción de empleo
La quiebra de Garbarino se inscribe en un escenario económico más amplio marcado por el deterioro de la actividad industrial y el empleo.
Un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), al que tuvo acceso trabajAR, estimó que desde noviembre de 2023 la industria argentina perdió alrededor de 100.000 puestos de trabajo, lo que equivale a 160 empleos industriales menos por día.
El mismo estudio señaló que la actividad manufacturera cayó 8,3% durante el gobierno de Javier Milei y que la participación de la industria dentro de la economía se redujo del 16,5% del producto en 2023 al 13,7% en 2025.
Ese nivel se ubica en valores comparables a los registrados antes de la Segunda Guerra Mundial, un retroceso histórico que refleja la magnitud del proceso de desindustrialización.
Los investigadores también registraron una caída en el uso de la capacidad instalada de las fábricas y un aumento de las importaciones de bienes industriales que desplazaron producción local.
JJD
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