Chaco y Corrientes enviaron casi el 20% de los soldados que fueron a combatir

Héroes y olvidados: “En los pueblos, cuando llega el 2 de abril nos convocan y todo. Pero al otro día se apaga la luz y se baja el telón”

Soldados argentinos en Malvinas, junio de 1982.

Muchos pueblos pequeños, sobre todo municipios de Chaco y Corrientes, entregaron a sus soldados en el otoño de 1982 para que, sin la preparación física adecuada ni el entrenamiento técnico previo requerido, ocupen las Islas Malvinas. Muchos ciudadanos aseguran que cuando los combatientes volvieron a sus pueblos, comenzaron a tener un rol cada vez más preponderante para la localidad, convirtiéndose en “héroes” para sus vecinos y símbolos de estos territorios. Sin embargo, dos ex combatientes de Chaco y Corrientes aseguran que no se sienten honrados ni que tienen un status especial y al contrario, sufrieron la “desmalvinización” que provino desde el poder político.

Cuarenta años atrás, en la madrugada del primer viernes de abril, desembarcaron las primeras tropas argentinas en territorio malvinense, en lo que se conoció como la Operación Rosario. A partir de ahí, participaron por el lado argentino más de 23 mil combatientes, de acuerdo a datos del Ministerio de Defensa, y murieron en la Guerra de Malvinas 650 soldados. 

Según datos del gobierno chaqueño brindados a eldiarioAR, las provincias de Chaco y Corrientes enviaron casi el 20% de los soldados que fueron a combatir a Malvinas, siendo dos provincias que en conjunto significan solamente el 2% de la población

Muchos de los combatientes fueron enviados desde las ciudades más grandes de estas provincias norteñas, como Resistencia, Roque Saenz Peña, Corrientes Capital y Goya. Sin embargo, muchos de los soldados pertenecían a pueblos pequeños, donde su movilización causó, según varios testimonios, un impacto muy grande, dejando su huella hasta el día de hoy, donde muchos pueblos definen su propia esencia en base a esta experiencia

Es un pueblo chico y nos conocemos entre todos”, asegura Germán Perelli, oriundo de San Bernardo, ciudad cabecera del departamento de O Higgins, Chaco, que en el Censo del 2010 contabilizaba 9379 habitantes, aunque para los años ‘80 habían poco más de 4000. Antes de ser reclutados, los jóvenes soldados eran los productores agropecuarios, profesores, carniceros o mecánicos del pueblo. “En San Bernardo, todos tienen un primo, hijo, padre, hermano, amigo o conocido que fue a Malvinas. Por eso el año ‘82 nos tocó tanto a todos”, sostiene Perelli. De acuerdo a datos del gobierno de Jorge Capitanich, en este pueblo hay 17 soldados ex combatientes vivos. 

Al principio, los que regresaron (dos soldados de San Bernardo murieron en combate) estaban “ocultos”, según cuenta Perelli, como consecuencia del trauma que acarreaban los soldados pero también del silencio gubernamental. “Pero luego, cuando empezaron a poder abrirse y contar un poco lo que habían pasado, ellos y sus historias comenzaron a tener un rol cada vez más preponderante en el pueblo”. Hoy en día, varias calles de la localidad se llaman por el nombre de los soldados oriundos de San Bernardo que combatieron en Malvinas; los ex soldados dan charlas en instituciones y escuelas y muestran en varios actos locales sus uniformes.

Fueron y son nuestros héroes”, coincide Mariana Salmon, oriunda de Villa Ángela, ciudad ubicada en el sudoeste de la provincia de Chaco de unos 41.403 habitantes. Según cuenta Salmon, los veteranos son personalidades reconocidas que atraen cariño y respeto: “Villa Ángela es parte de una provincia, Chaco, donde gran parte de sus jóvenes fueron a la guerra sin estar preparados, por lo que su sufrimiento generó mucho impacto en los pueblos y ciudades, huellas que permanecen hasta el dia de hoy”. 

“Hay una imagen icónica para la ciudad de Villa Ángela que es la de Emilia, la madre del caído Luis Fernández, que llora sentada en la tumba de su hijo, uno de los 119 soldados identificados enterrados en el Cementerio de Darwin. ”La foto de esa madre llorando en la tumba de su hijo es uno de los íconos de nuestra ciudad“, sostiene Salmon.

Sin embargo, los dos veteranos de Malvinas discrepan con esta concepción que tienen algunos de sus conciudadanos sobre lo importantes que son para sus ciudades. 

Héctor “Flicho” Fernández, oriundo de Villa Ángela, asegura en diálogo con eldiarioAR que él, como protagonista de Malvinas, no sintió ni la conmoción del pueblo antes del reclutamiento ni la emoción tras el regreso de los soldados. “El servicio militar era obligatorio: todos los años se incorporaban soldados para cumplir. El pueblo no tenía bien en claro quiénes eran convocados. Mientras duró la guerra, nadie tenía mucha conciencia de qué estaba pasando, entonces no estaban muy conmovidos”, sostiene Fernández. 

Tras el regreso, las experiencias de los soldados seguían en la penumbra hasta que se empezó a saber más, y ahí el pueblo empezó a reaccionar. “Hay un barrio que se va llamar ‘Caídos de Malvinas’ en recuerdo del sufrimiento de los soldados. Sin embargo, no siento que seamos personalidades reconocidas en la ciudad. Cuando llega el 2 de abril nos convocan y todo, pero al otro día se apaga la luz y se baja el telón”, concluye Fernández. 

“Al regresar de Malvinas empezó nuestra posguerra. La política no nos consideró, nos ocultó, y eso llevó a que la ciudadanía se ”desmalvinice“, generando suicidios y un creciente desempleo entre los ex combatientes. A partir de los ‘90 empezamos a recibir reconocimientos por parte del municipio, de la sociedad y del gobierno. Pero nada más que eso, no siento que en mi pueblo me consideren un ‘héroe’”, asegura Carlos Enriori, ex combatiente de Monte Caseros, municipio de unos 23 mil habitantes. 

Flicho y Enriori, veteranos de guerra, no son los únicos que piensan de esta manera: Edgardo Gurman, de Charata, localidad chaqueña de 30 mil habitantes, coincide: “Únicamente el 2 de abril se le da importancia a la ‘Cuestión Malvinas’ en Charata, con personas en las plazas y en las calles recordando la labor de los soldados. Pero al día siguiente, ya todos se olvidan, y los ex combatientes son personas comunes y corrientes”. 

“La gente no supo cómo recibir a los veteranos. Había un sentimiento de derrota, pero no le querían echar la culpa a los ‘colimbas’, pero tampoco los colimbas hablaban, porque los hicieron firmar un ‘pacto de silencio’ al volver de Malvinas”, asegura Héctor Ortega, quien preside el Área Malvinas de la Secretaría de Derechos Humanos de Chaco. Ese “volcán” que tenían adentro los veteranos, asegura Ortega, hizo que sea difícil recibirlos y honrarlos.

AS/CC

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