Tedeum del 25 de mayo

Fernández intenta reconectar con una Iglesia que espera el reemplazo del cardenal Poli

Alberto Fernández al salir de la Catedral

0

Casi sobre la hora, Alberto Fernández desechó la idea de Jorge Taiana, el ministro de Defensa, para celebrar el 25 de mayo en la Antártida. El Presidente estaba fascinado con un plan que despertó un coro de refutadores. Unos objetaron que la épica del escenario podía alimentar un equívoco político, otros que sería un desplante inoportuno a la Iglesia no asistir al Tedeum; todos que el viaje era un riesgo porque, por el clima, podía quedar varios días varado en el continente helado.

Fernández atendió, en particular, el último punto y desistió de la puesta en escena glacial. “Una semana anclado en la Antártida y se convierte en meme”, dijo un entornista. Se reactivó, en paralelo, la asistencia al Tedeum, que estaba cruzada por un interrogante: cuál sería el tono de la homilía del cardenal Mario Poli. En Casa Rosada se temió un mensaje áspero que sintetice los ruidos entre el presidente y la Iglesia.

No ocurrió: el mensaje de Poli tuvo “buenos conceptos, fueron palabras medidas y prudentes” y no fue “nada agresiva” -según describió un funcionario ante elDiarioAR- y transitó conceptos que suele usar Fernández. De hecho, al final de la homilía, el Presidente se acercó al cardenal primado y le dijo: “Firmo cada una de las palabras que usted dijo”. En ese saludo, Poli le obsequió un rosario para su hijo Francisco y le pidió que lo coloque en la cabecera de la cuna.

Las Iglesias

Pero Poli no es la Iglesia criolla. O, de mínima, no expresa a la Iglesia que es, o se dice, más cercana al pensamiento del Papa Francisco. Es vox populi, que la relación entre el pontífice y el cardenal primado no es la mejor, y que Francisco considera que su sucesor no estuvo a la altura de lo que él imaginó.

Fernández casi no tiene relación con el arzobispo. Lo recibió a poco de asumir la presidencia en 2019, habló por teléfono el 25 de mayo del 2021 y lo vio, en persona este miércoles en la ceremonia que organizaron, a dúo, el sacerdote Alejandro Russo, rector de la Catedral metropolitana, y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri. Fernández asistió escoltado por buena parte de su gabinete: estuvieron Juan Manzur, Aníbal Fernández, Santiago Cafiero, Matías Kulfas y, entre otros, Eduardo De Pedro. Y la secretaría General de la Presidencia, a cargo de Julio Vitobello, cursó una invitación a Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de gobierno porteño, que concurrió a la ceremonia.

La presencia del jefe de Gobierno, que endureció su discurso y dio un volantazo a la derecha, para no desentonar con los mensajes de Javier Milei y Mauricio Macri, encajó en el escenario apto para Poli, que ordenó su homilía a partir de la parábola del buen samaritano, esa figura que remite a ser solidarios con los demás, y que es el epicentro del discurso del papa Francisco como crítica a una sociedad individualista.

En medio de una crisis por una auditoría del Vaticano que detectó “transacciones económicas irregulares que involucran la venta de inmuebles y alquileres a precios muy menores a los de mercado en el arzobispado de Buenos Aires”, Poli encabezó el que se encamina a ser su último Tedeum como arzobispo porteño. El 29 de noviembre cumple 75 y, como indica el protocolo de la Iglesia, debe jubilarse. Puede, si el Papa lo decide, continuar en el cargo, pero en el arzobispado se da por hecho que eso no ocurrirá. Hay dos lecturas. Una sugiere que por el escándalo inmobiliario, Francisco podría mantenerlo un tiempo más para que no parezca como que le suelta la mano. Otra interpreta, por el contrario, que la auditoría vaticana significa que la salida de Poli es inevitable y será antes de que termine el 2022

Audiencias y críticas

El reemplazo de Poli, que dependerá del Papa, se espera en un contexto en que la relación entre Fernández y la Iglesia está en un momento de extrema frialdad. Si bien la homilía del cardenal primado no fue dura, la relación está en un punto crítico.

El punto de inicio de los desencuentros fue el impulso del Presidente a la ley de legalización del aborto pero luego aparecieron otros elementos. Uno determinante: la crítica a que Fernández no se enfoca, como requiere el momento, ante la crisis económica y social, y el avance de la pobreza. “Inacción”, es la palabra que se usa para describir la posición presidencial. En sectores que celebran al papa Francisco, el planteo es más profundo: le imputan “frivolidad”.

Hay un episodio específico que se invoca para sostener esa crítica: apenas asumió, el Gobierno impulsó la “Mesa contra el Hambre”, proyecto en que se involucró la Iglesia, sobre todo vía Cáritas, al tal punto que intervino para acercar figuras como Marcelo Tinelli. La deriva de aquella iniciativa es un argumento recurrente de la falta de proyecto del Gobierno.

Las piezas se ensamblan. En 2021, Víctor “Tucho” Fernández, arzobispo de La Plata, sucesor de Héctor Aguer, difundió una carta pública con críticas muy duras a Fernández. “Lo hemos visto muy entretenido con el aborto, la marihuana y hasta la eutanasia, mientras los pobres y la clase media tenían otras hondas angustias que no obtenían respuesta. En los últimos meses se vio una potente avanzada para imponer un lenguaje ”no binario“ que en las inmensas barriadas a nadie parece interesarle”, dice el religioso que tiene relación directa con el papa Francisco y aparece, de hecho, como uno de los posibles elegidos para suceder a Poli como cardenal primado.

“El presidente todavía está a tiempo de dar prioridad a los grandes problemas sociales y de enfocarse mejor en la producción y en el trabajo, que es lo que uno puede escuchar como reclamos genuinos si está cerca del pueblo”, plantea en otro párrafo de ese texto.

En los últimos meses, hubo dos episodios que formaron parte de un puzzle que refleja el trato frío con el Vaticano. Sobre la hora, Francisco suspendió una audiencia que tendría con el canciller Santiago Cafiero, que tenía previsto verlo para tratar de restablecer un diálogo fluido entre el Papa y el Presidente. Lo novedoso de aquel hecho fue que la cita no se reprogramó. Antes y después, Francisco recibió a otros dirigentes argentinos: estuvo con Eduardo “Wado” De Pedro y con el gobernador del Chaco, Jorge “Coqui” Capitanich.

Hubo otro hecho, que en el lenguaje de los gestos y los mensajes, se interpretó en clave negativa en el vínculo entre Alberto y Francisco. Tuvo que ver con el nacimiento del hijo del Presidente, que mereció un saludo distante del Papa cuando, según entienden en ámbitos políticos ligados a la Iglesia y al peronismo, pudo haber sido de más cercanía. “Hay malestar porque no parece entender la gravedad de lo que pasa”, explica un dirigente que interactúa con sectores de la iglesia vinculados directamente al Papa que ven que “Alberto no tiene proyecto”.

La audiencia privada para el ministro del Interior la gestionó Luis Eduardo Scheinig, obispo de Mercedes-Luján, otro obispo joven que es mencionado entre los potenciales sucesores de Poli. La lista es amplia y define perfiles diferentes como es el caso del obispo de Bahía Blanca, el dominico Carlos Azpiroz Costa. Se suele indicar que “Tucho” Fernández es la figura que mejor expresa a Francisco pero también se señala que el Papa le dio el mandato de “reestructurar” al arzobispado de La Plata que estuvo, durante varias décadas, bajo el control de Aguer, una figura de la línea dura.

Hay, en la lista de buena fe, otro nombre potente: Gustavo Carrara, que además de ser auxiliar del arzobispado de Buenos Aires es el vicario Episcopal para la Pastoral en Villas de Emergencia, por lo que se lo menciona como el “obispo villero”.

PI

Etiquetas
stats