elecciones 2023

El Frente de Todos, también dividido por la estrategia electoral

A menos de 500 días de las PASO 2023, el loteado Frente de Todos también tiene loteada su estrategia electoral. Si las primarias se hicieran el segundo domingo de agosto –como es habitual–, el oficialismo tiene exactamente 455 para escapar del laberinto en que sus propios socios se metieron. Pero parecen no tener una salida única a la vista, a juzgar por las acciones públicas de los referentes y las conversaciones palaciegas que se pueden recoger en off, en el marco de que la mayor preocupación social es llegar a fin de mes: la inflación mensual no baja del 6%.

Mientras, Alberto Fernández zigzaguea con la reelección –dijo que no en París, después de haber dicho que sí en Madrid–, Cristina Kirchner y sus acólitos creen que no habrá ninguna renovación de mandato si no se expulsa a Martín Guzmán, y Sergio Massa juega su propio juego, fantaseando lanzarse a la Casa Rosada desde el trampolín de un “superministerio” de Economía.  

¿Existe el albertismo para el 2023?

“Alberto Fernández no tiene poder político, apenas dos diputados, pero sí la lapicera y los tiempos”. El diagnóstico se escuchó de manera casi idéntica en los últimos días en dos despachos distintos del variopinto oficialismo parlamentario, y no por duro deja de ser cierto: apenas un puñado de los 118 legisladores del FdT –como Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro– le responden directamente al Presidente en la Cámara baja. 

Esa estadística proporciona una influencia política muy acotada para pensar en el 2023, más allá de su gabinete de ministros –con la excepción del camporista Wado de Pedro (Interior) y el massista Alexis Guerrera (Transporte)–, y  la base de apoyo que pueden darle los movimientos sociales y la CGT. Un entorno limitado que quedó expuesto esta semana, cuando el jefe de Estado –de gira por Europa– le respondió en un sí encriptado a la televisión española que iría por su reelección: “Estoy absolutamente con toda la fuerza necesaria para que la Argentina se ponga de pie y la voy a poner de pie”, dijo. 

A más de 12 mil kilómetros de distancia, su convencimiento apenas tuvo eco entre el gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, y el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández. Pero menos de 48 horas después, el Presidente dio una voltereta en el aire y ante una pregunta de elDiarioAR en la rueda de prensa que ofreció en la embajada argentina en París, aseguró: “No estoy pensando en mi reelección”.

No estoy pensando en mi reelección

La marcha y contramarcha de Fernández marca el ritmo de la gestión, y de muestra vale un botón: aún no tiene fecha la próxima reunión de gabinete, que tendría que ser esta semana, luego de que Juan Manzur –a quien en Tucumán lo quieren poner como candidato a vice– se comprometiera a reunir a todos los ministros cada quince días desde el miércoles 4. En Jefatura de Gabinete se limitaron a remarcar que este miércoles próximo es el censo y el siguiente es 25 de mayo. 

Así, la interna en el oficialismo es por lo cuantitativo de la gestión, pero también por lo cualitativo del poder. “El Frente de Todos lo trasciende a Alberto por completo”, le dijo a este medio un diputado con diálogo directo con Máximo Kirchner. El hijo de la vicepresidenta –y ella misma– ya no ocultan su disgusto con el Presidente, y en su círculo sostienen que “está todo roto” desde que el mandatario pidió unas PASO, allá en noviembre pasado, en el acto por el Día de la Militancia en Plaza de Mayo. Fue la penúltima gota que entró en el vaso de la paciencia kirchnerista, y que terminó rebasando con el acuerdo con el FMI.

“El Presidente se ganó el derecho a competir por la reelección”, contestó en estos días el ministro Fernández, que fue más allá y desafió a Cristina Kirchner a las internas: “Que se presente y compita en las elecciones”. 

¿Quiere Cristina Kirchner ir en 2023? 

Recluida esta semana en el silencio de su despacho en el Senado, desde donde estuvo a cargo del Ejecutivo –aunque siguió con agenda legislativa, según confiaron a elDiarioAr desde su entorno–, Cristina Kirchner viajó el jueves a El Calafate. Durante toda la semana evitó responder las sucesivas declaraciones del Presidente desde Europa porque ya cree suficiente lo que dijo en el Chaco, donde casi textualmente pidió la salida de Guzmán y de Matías Kulfas, ministro de Producción.

Por el momento no tiene en agenda nuevas actividades como la que tuvo en Resistencia –adonde viajó para recibir el título honoris causa de la Universidad Nacional del Chaco Austral–, pero es posible que pronto continúe levantando el perfil, a medida que sus reclamos no reciban respuesta desde Balcarce 50. “Hay invitaciones, por lo que no se descartan nuevas actividades en los próximos días”, dijeron en su entorno.

La tesis kirchnerista es que sin mejoras en la economía, no habrá 2023. Un argumento que justamente sostiene su último anfitrión, el gobernador Jorge Capitanich, quien ya se anotó en la carrera presidencial y está “escribiendo” su propio programa de campaña. “Yo no me puse nervioso cuando fui a unas primarias”, le dedicó a Alberto Fernández ante este medio, en su despacho, la noche del acto de la vicepresidenta.

Pero ir a cualquier PASO –sea con Cristina o con Capitanich–, sería una acción de máximo riesgo. En caso de perder, ¿qué haría hasta el final del mandato un jefe de Estado derrotado en una primaria?. Y además, ¿beneficiaría al ganador o lo perjudicaría como candidato oficialista dentro de un frente que ni siquiera cree en su mandatario vigente? Nadie tiene la respuesta en el universo K.

El chaqueño también le exigió a Fernández –que además preside el PJ nacional– que convoque a la “institucionalización” del FdT, tal como él ya hizo en su provincia y Máximo Kirchner motorizó junto a Axel Kicillof y Massa en territorio bonaerense. “Institucionalización” significaría una declaración de principios escrita –un contrato a la vista de todos– y una mesa dirigencial estable.

Eso obligaría al mandatario no solo a aceptar una hoja de ruta impuesta por otros, sino también a encontrarse cara a cara con Cristina Kirchner, algo que no sucede desde el 10 de diciembre pasado, muy a contramano de la relación que el mandatario tiene con Massa: hablan a diario y el tigrense está esperando su regreso de Europa para ir a visitarlo. 

Otro presidenciable que suena en el universo cristinista es Wado de Pedro, que no pierde tiempo tejiendo contactos. Desde el ministerio más político del gabinete, pasó de encabezar una gira por Israel con gobernadores oficialistas y opositores, a dedicarle elogios al gremialista Luis Barrionuevo. El jueves a la noche compartió el 56° Congreso de los hoteleros y gastronómicos, en Mar del Plata, y dijo sobre el sindicalista: “En la pandemia fue el fundador del ATP”.

“Cristina no quiere una PASO y tampoco creo que tenga que ser Alberto. Lo veo más ahí a Wado, disputando con Massa. Sería una interna atractiva”, aventuró un dirigente con votos propios dentro del kirchnerismo. 

¿Y cuándo se lanza Massa?

La potencial compulsa Massa-Wado no cayó mal en un despacho cercano a la presidencia de la Cámara de Diputados. Si bien dijo este martes ante los empresarios ligados a AmCham –la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina– que no tiene “en la cabeza” el 2023, el líder del Frente Renovador tiene desde hace tiempo a la Casa Rosada como su máxima aspiración política.

Ahora espera a que Alberto se baje de la carrera presidencial, para él poder subirse, “como un candidato del centro”, según recogió este medio. En ese enroque, una interna con el ministro del Interior podría ser tanto “atractiva” para el electorado como “ganable” para Massa.

Mientras tanto, el líder del Frente Renovador ya está armando su trampolín electoral: un “superministerio” de Economía, que abarque distintas áreas económicas que –casualidad o causalidad– podrían ser las ya identificadas tanto por Cristina Kirchner como por Andrés Larroque como fusibles a cambiar: además de Economía y Producción, incluir también a Trabajo, hoy a cargo de Claudio Moroni. Cómodo en la Cámara de Diputados, Massa aceptaría ese destino solo si se lo pidieran, en conjunto, el Presidente y la vice, en una suerte de “prenda de unidad” del FdT. Cree que la única salida a la crisis económica es la vía política. 

Él también es muy crítico de Guzmán, aunque en vez de decirlo, juega otras cartas, como demostró esta semana: el asado del martes a la noche con sus economistas de confianza –entre ellos los ex funcionarios kirchneristas Martín Redrado, Miguel Peirano y Diego Bossio– y la nota que le envió al propio ministro de Economía para que suba el piso de Ganancias.

Ante un frente crítico para el oficialismo en lo económico, que podría tener repercusiones en los votos, el tigrense incluso planteó internamente una idea propia de adelantamiento “escalonado” de las elecciones provinciales, antes que la nacional. 

Primero tendrían que ser los comicios provinciales en el NOA, donde el oficialismo –al igual que en 2021– da por descontado ganar. Luego, los distritos del centro –Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, tal vez Santa Fe–, que se perderían por ser terruños de la oposición. Y, en tercer y último turno, la provincia de Buenos Aires, base electoral del kirchnerismo; así llegarían “enfilados” –según la expresión de una voz massista– a la elección general.

Una elección que está a menos de 500 días, pero que –en medio de la interna– ya desvela al Frente de Todos.

CC

A menos de 500 días de las PASO 2023, el loteado Frente de Todos también tiene loteada su estrategia electoral. Si las primarias se hicieran el segundo domingo de agosto –como es habitual–, el oficialismo tiene exactamente 455 para escapar del laberinto en que sus propios socios se metieron. Pero parecen no tener una salida única a la vista, a juzgar por las acciones públicas de los referentes y las conversaciones palaciegas que se pueden recoger en off, en el marco de que la mayor preocupación social es llegar a fin de mes: la inflación mensual no baja del 6%.

Mientras, Alberto Fernández zigzaguea con la reelección –dijo que no en París, después de haber dicho que sí en Madrid–, Cristina Kirchner y sus acólitos creen que no habrá ninguna renovación de mandato si no se expulsa a Martín Guzmán, y Sergio Massa juega su propio juego, fantaseando lanzarse a la Casa Rosada desde el trampolín de un “superministerio” de Economía.  

¿Existe el albertismo para el 2023?

“Alberto Fernández no tiene poder político, apenas dos diputados, pero sí la lapicera y los tiempos”. El diagnóstico se escuchó de manera casi idéntica en los últimos días en dos despachos distintos del variopinto oficialismo parlamentario, y no por duro deja de ser cierto: apenas un puñado de los 118 legisladores del FdT –como Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro– le responden directamente al Presidente en la Cámara baja. 

Esa estadística proporciona una influencia política muy acotada para pensar en el 2023, más allá de su gabinete de ministros –con la excepción del camporista Wado de Pedro (Interior) y el massista Alexis Guerrera (Transporte)–, y  la base de apoyo que pueden darle los movimientos sociales y la CGT. Un entorno limitado que quedó expuesto esta semana, cuando el jefe de Estado –de gira por Europa– le respondió en un sí encriptado a la televisión española que iría por su reelección: “Estoy absolutamente con toda la fuerza necesaria para que la Argentina se ponga de pie y la voy a poner de pie”, dijo. 

A más de 12 mil kilómetros de distancia, su convencimiento apenas tuvo eco entre el gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, y el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández. Pero menos de 48 horas después, el Presidente dio una voltereta en el aire y ante una pregunta de elDiarioAR en la rueda de prensa que ofreció en la embajada argentina en París, aseguró: “No estoy pensando en mi reelección”.

No estoy pensando en mi reelección

La marcha y contramarcha de Fernández marca el ritmo de la gestión, y de muestra vale un botón: aún no tiene fecha la próxima reunión de gabinete, que tendría que ser esta semana, luego de que Juan Manzur –a quien en Tucumán lo quieren poner como candidato a vice– se comprometiera a reunir a todos los ministros cada quince días desde el miércoles 4. En Jefatura de Gabinete se limitaron a remarcar que este miércoles próximo es el censo y el siguiente es 25 de mayo. 

Así, la interna en el oficialismo es por lo cuantitativo de la gestión, pero también por lo cualitativo del poder. “El Frente de Todos lo trasciende a Alberto por completo”, le dijo a este medio un diputado con diálogo directo con Máximo Kirchner. El hijo de la vicepresidenta –y ella misma– ya no ocultan su disgusto con el Presidente, y en su círculo sostienen que “está todo roto” desde que el mandatario pidió unas PASO, allá en noviembre pasado, en el acto por el Día de la Militancia en Plaza de Mayo. Fue la penúltima gota que entró en el vaso de la paciencia kirchnerista, y que terminó rebasando con el acuerdo con el FMI.

“El Presidente se ganó el derecho a competir por la reelección”, contestó en estos días el ministro Fernández, que fue más allá y desafió a Cristina Kirchner a las internas: “Que se presente y compita en las elecciones”. 

¿Quiere Cristina Kirchner ir en 2023? 

Recluida esta semana en el silencio de su despacho en el Senado, desde donde estuvo a cargo del Ejecutivo –aunque siguió con agenda legislativa, según confiaron a elDiarioAr desde su entorno–, Cristina Kirchner viajó el jueves a El Calafate. Durante toda la semana evitó responder las sucesivas declaraciones del Presidente desde Europa porque ya cree suficiente lo que dijo en el Chaco, donde casi textualmente pidió la salida de Guzmán y de Matías Kulfas, ministro de Producción.

Por el momento no tiene en agenda nuevas actividades como la que tuvo en Resistencia –adonde viajó para recibir el título honoris causa de la Universidad Nacional del Chaco Austral–, pero es posible que pronto continúe levantando el perfil, a medida que sus reclamos no reciban respuesta desde Balcarce 50. “Hay invitaciones, por lo que no se descartan nuevas actividades en los próximos días”, dijeron en su entorno.

La tesis kirchnerista es que sin mejoras en la economía, no habrá 2023. Un argumento que justamente sostiene su último anfitrión, el gobernador Jorge Capitanich, quien ya se anotó en la carrera presidencial y está “escribiendo” su propio programa de campaña. “Yo no me puse nervioso cuando fui a unas primarias”, le dedicó a Alberto Fernández ante este medio, en su despacho, la noche del acto de la vicepresidenta.

Pero ir a cualquier PASO –sea con Cristina o con Capitanich–, sería una acción de máximo riesgo. En caso de perder, ¿qué haría hasta el final del mandato un jefe de Estado derrotado en una primaria?. Y además, ¿beneficiaría al ganador o lo perjudicaría como candidato oficialista dentro de un frente que ni siquiera cree en su mandatario vigente? Nadie tiene la respuesta en el universo K.

El chaqueño también le exigió a Fernández –que además preside el PJ nacional– que convoque a la “institucionalización” del FdT, tal como él ya hizo en su provincia y Máximo Kirchner motorizó junto a Axel Kicillof y Massa en territorio bonaerense. “Institucionalización” significaría una declaración de principios escrita –un contrato a la vista de todos– y una mesa dirigencial estable.

Eso obligaría al mandatario no solo a aceptar una hoja de ruta impuesta por otros, sino también a encontrarse cara a cara con Cristina Kirchner, algo que no sucede desde el 10 de diciembre pasado, muy a contramano de la relación que el mandatario tiene con Massa: hablan a diario y el tigrense está esperando su regreso de Europa para ir a visitarlo. 

Otro presidenciable que suena en el universo cristinista es Wado de Pedro, que no pierde tiempo tejiendo contactos. Desde el ministerio más político del gabinete, pasó de encabezar una gira por Israel con gobernadores oficialistas y opositores, a dedicarle elogios al gremialista Luis Barrionuevo. El jueves a la noche compartió el 56° Congreso de los hoteleros y gastronómicos, en Mar del Plata, y dijo sobre el sindicalista: “En la pandemia fue el fundador del ATP”.

“Cristina no quiere una PASO y tampoco creo que tenga que ser Alberto. Lo veo más ahí a Wado, disputando con Massa. Sería una interna atractiva”, aventuró un dirigente con votos propios dentro del kirchnerismo. 

¿Y cuándo se lanza Massa?

La potencial compulsa Massa-Wado no cayó mal en un despacho cercano a la presidencia de la Cámara de Diputados. Si bien dijo este martes ante los empresarios ligados a AmCham –la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina– que no tiene “en la cabeza” el 2023, el líder del Frente Renovador tiene desde hace tiempo a la Casa Rosada como su máxima aspiración política.

Ahora espera a que Alberto se baje de la carrera presidencial, para él poder subirse, “como un candidato del centro”, según recogió este medio. En ese enroque, una interna con el ministro del Interior podría ser tanto “atractiva” para el electorado como “ganable” para Massa.

Mientras tanto, el líder del Frente Renovador ya está armando su trampolín electoral: un “superministerio” de Economía, que abarque distintas áreas económicas que –casualidad o causalidad– podrían ser las ya identificadas tanto por Cristina Kirchner como por Andrés Larroque como fusibles a cambiar: además de Economía y Producción, incluir también a Trabajo, hoy a cargo de Claudio Moroni. Cómodo en la Cámara de Diputados, Massa aceptaría ese destino solo si se lo pidieran, en conjunto, el Presidente y la vice, en una suerte de “prenda de unidad” del FdT. Cree que la única salida a la crisis económica es la vía política. 

Él también es muy crítico de Guzmán, aunque en vez de decirlo, juega otras cartas, como demostró esta semana: el asado del martes a la noche con sus economistas de confianza –entre ellos los ex funcionarios kirchneristas Martín Redrado, Miguel Peirano y Diego Bossio– y la nota que le envió al propio ministro de Economía para que suba el piso de Ganancias.

Ante un frente crítico para el oficialismo en lo económico, que podría tener repercusiones en los votos, el tigrense incluso planteó internamente una idea propia de adelantamiento “escalonado” de las elecciones provinciales, antes que la nacional. 

Primero tendrían que ser los comicios provinciales en el NOA, donde el oficialismo –al igual que en 2021– da por descontado ganar. Luego, los distritos del centro –Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, tal vez Santa Fe–, que se perderían por ser terruños de la oposición. Y, en tercer y último turno, la provincia de Buenos Aires, base electoral del kirchnerismo; así llegarían “enfilados” –según la expresión de una voz massista– a la elección general.

Una elección que está a menos de 500 días, pero que –en medio de la interna– ya desvela al Frente de Todos.

CC

A menos de 500 días de las PASO 2023, el loteado Frente de Todos también tiene loteada su estrategia electoral. Si las primarias se hicieran el segundo domingo de agosto –como es habitual–, el oficialismo tiene exactamente 455 para escapar del laberinto en que sus propios socios se metieron. Pero parecen no tener una salida única a la vista, a juzgar por las acciones públicas de los referentes y las conversaciones palaciegas que se pueden recoger en off, en el marco de que la mayor preocupación social es llegar a fin de mes: la inflación mensual no baja del 6%.

Mientras, Alberto Fernández zigzaguea con la reelección –dijo que no en París, después de haber dicho que sí en Madrid–, Cristina Kirchner y sus acólitos creen que no habrá ninguna renovación de mandato si no se expulsa a Martín Guzmán, y Sergio Massa juega su propio juego, fantaseando lanzarse a la Casa Rosada desde el trampolín de un “superministerio” de Economía.