Ante un Milei exultante y un clima de fuerte hostilidad, los diputados inauguran la nueva etapa del Congreso
“Tirabombas”, le gritaron desde los palcos a Jorge Taiana cuando se ubicó para jurar. A Nicolás del Caño no se le escuchó la voz cuando juró por los trabajadores por culpa de los chiflidos de los diputados libertarios. A Myriam Bregman se le rieron en la cara y a Martín Lousteau lo insultaron. Juan Grabois se levantó y le hizo la V de la victoria a Javier Milei, que observaba todo desde el palco principal de la Cámara de Diputados. La sesión preparatoria dio inicio a la nueva etapa del Congreso en un contexto de hostilidad descarnada, marcada por la polarización y la superioridad numérica de La Libertad Avanza.
El clima en la Cámara de Diputados cambió cuando se dio a conocer que Milei participaría de la jura de los nuevos diputados. El Presidente había decidido ir a festejar el logro de Martín Menem de la noche anterior: haber convertido a LLA en la primera minoría de la Cámara de Diputados. En el oficialismo estaban exultantes. Habían desangrado al PRO, roto la unidad del peronismo y cerrado una alianza con radicales y gobernadores. En solo dos años, LLA pasó a convertirse en la fuerza más grande del Congreso.
“Libertad, libertad, libertad”, empezaron a gritar los nuevos diputados libertarios, agitando los brazos. Las paredes del recinto temblaban y Milei los copiaba, extasiado, desde el palco principal. Lo acompañaban Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli. El ministro de Interior fue uno de los primeros en llegar, y dedicó gran parte de la mañana a desactivar la rebelión del PRO, encabezada por un furioso Cristian Ritondo que amagaba con cerrar un acuerdo con el peronismo para quitarle a Menem la facultad de armar las comisiones.
La arenga –una constante a lo largo de toda la sesión– fue motivada por un grito del peronista chaqueño, Aldo Leiva. “Presidente, la patria no se vende”, bramó, mirando a Milei. Y la bancada libertaria estalló en gritos. Fue el principio de una guerra campal.
Fiesta libertaria
Milei no fue el único que no quiso perderse la fiesta libertaria. Además de Karina y su sombra, Lule Menem, dio el presente el flamante ministro de Defensa, Carlos Presti, vestido aún con uniforme militar. Estuvo también Patricia Bullrich, a quien el recinto aplaudió de pie cuando ingresó. Y estuvo, durante un rato, Lorena Villaverde, quien fue impugnada por tener supuestos vínculos con el narcotráfico y terminó renunciando a su banca como senadora.
Villaverde se movió por Diputados casi como jugando a las escondidas. La rionegrina todavía es diputada nacional, porque retiró la otra renuncia que habia presentado a esa banca, pero no participó de la sesión. Apenas sí ingresó al recinto unos minutos, pero se fue antes de que comenzaran las juras. Fue la única banca vacía durante la sesión.
El clima se fue enrareciendo con cada jura. Cuando una peronista, como Teresa García, juraba por la libertad de Cristina Fernández de Kirchner, la bancada libertaria estallaba en chiflidos. Había algunos, como Myriam Bregman o Nicolás del Caño, a quienes casi no se los podía escuchar por el nivel de los gritos. A cada uno que pasaba y hablaba o de Palestina o de los derechos de los trabajadores, Lilia Lemoine les gritaba.
Lemoine estaba sentada al lado del escritorio donde juraban los diputados y, cada cinco minutos, se trenzaba a los gritos con alguna diputada del peronismo o la izquierda. Cuando fue el turno de Marita Velázquez, quien juró por la lealtad de Guillermo Moreno, la peronista casi se agarra a trompadas con la libertaria. “A mi no me vas a venir a callar, ¿quién te creés que sos? A vos te dejaron hacer lo que querés”, le respondió Velázquez.
Quien salió al cruce de los chiflidos de LLA fue Juan Grabois, quien antes de jurar se dio vuelta para desafiar directamente a Milei. Primero le levantó los tres dedos, en un gesto de rebeldía copiado de la película de los Juegos del Hambre, y luego le hizo la V para la victoria. Luego hizo lo mismo con la bancada libertaria, ubicada a la derecha del recinto.
Lousteau, a quien le tocó jurar junto a Bregman, también se enojó y les hizo otro gesto a LLA. En su caso fue hacer el 3% con los dedos, aludiendo a los audios del ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo, en los que decía que ese era el porcentaje de las coimas para Karina Milei.
“Qué buena que está”
Entre los cruces y los insultos, entre los aplausos y los chiflidos, uno de los momentos más insólitos de la jornada fue cuando, en la trasmisión de la sesión, se escuchó al presidente provisional de la sesión, Gerardo Cipolini, opinando sobre las diputadas que juraban. “Che pero qué buena está la peruca”, se escuchó decir al diputado radical que, por ser el más longevo de la Cámara, presidió la sesión hasta que ratificaron a Martín Menem en la presidencia. Tiene 82 años.
“¿Quién es Rosario Goitia? ¡Qué buena que está!”, deslizó, en otro momento, fuera del micrófono. En la sesión no se lo escuchaba, pero su voz se llegó a captar en la trasmisión oficial. Los diputados se enteraron mucho después, cuando vieron los recortes en las redes sociales.
“Creo que las mujeres somos mucho más que un buen culo, que un cuerpo, somos cabeza, somos corazón, somos idea, somos coraje y somos perseverancia. Le pido con toda humildad que pida disculpas por esta declaración pública”, lo cruzó, una hora después, Cecilia Moreau, que tomó la palabra luego de ser ratificada como vicepresidenta Primera de la Cámara de Diputados.
Cipolini, sin embargo, se negó a admitir que había sido él. “La tecnología ha avanzado a límites irreconocibles. Tal vez uno sale diciendo cosas que no ha dicho”, argumentó.
MCM/CRM
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