Testimonio

“Yo soy Juan José Morales, hijo de Mercedes del Valle Morales, el nieto recuperado 132”

Juan José Morales y su esposa Ana, con elDiarioAR en Tucumán.

Juan José Cazorla tenía 15 años cuando abrió el cajón de un mueble de su casa, en Tucumán, porque buscaba un encendedor para las pitadas a escondidas de sus primeros cigarrillos y así se encontró con tres documentos diferentes con su nombre. El más viejo decía que su apellido era Zelarayán, en un segundo llevaba el Morales y recién en el último se consignaba el apellido Cazorla. Los extrajo, miró con curiosidad y los volvió a poner en el mismo orden para que nadie se diera cuenta de que habían sido movidos. Se quedó pensando unos minutos pero dejó el cuarto como un rayo y siguió con sus cosas. Fue la primera vez que el nieto recuperado 132, anunciado el 28 de diciembre de 2022 por Abuelas de Plaza de Mayo, dudó sobre su verdadera identidad.

“Una vez me animé a preguntarle a Cazorla si era su verdadero hijo y me respondió con un seco y contundente 'vos sos mi hijo', sin lugar para una repregunta”, recordó a elDiarioAR Juan José, al final del día que jamás olvidará porque fue el de la conferencia de prensa en la que Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, informó sobre su verdadera identidad. Apenas sucedió, su teléfono explotó de llamadas y mensajes de conocidos, amigos y medios de comunicación que querían hablar con él. De pocas palabras, atendió con amabilidad a todos, incluido a este medio, con el que dialogó alrededor de las 23, mientras esperaba junto a su esposa un delivery de pizza, en la casa céntrica de una amiga en San Miguel de Tucumán, desde donde fue la videoconferencia con la que compartió el anuncio. Afuera, el calor sofocante, los truenos y rayos presagiaban una tormenta, típico en el norte argentino.

Punto de quiebre

Recordó que cuando estaba en la escuela primaria siempre le llamó la atención que sus padres, Juan Cazorla y Herminia Navas de Cazorla, eran mucho más grandes que los de sus compañeros. “Tenían edad como para ser mis abuelos, nunca me hicieron faltar nada”, rememora. Cazorla era propietario de fincas de citrus en Monteros y de un galpón en esa misma ciudad, que está 52 kilómetros al sur de San Miguel de Tucumán. Otra de sus actividades estaba relacionada con la actividad azucarera, por lo que se trataba de un empresario de buen pasar, sin problemas económicos. Antes de sumar a Juan José a su familia ya tenía dos hijos, un hombre y una mujer, de gran diferencia de edad con el recién llegado. “Mi hermano mayor hoy tiene 84 años”. La muerte de Herminia, en 1993, y de Juan Carzorla, en 1999, fueron puntos de quiebre en la relación con quienes se crió como hermanos. “Hoy estamos distanciados por todo lo que sucedió desde que inicié el camino para reencontrarme con mi historia pero el afecto está, pese a todo”.

Tras la muerte de quienes lo criaron, Juan José recibió de parte de sus hermanos de crianza la confirmación de que no era hijo de Herminia y Juan. Se hizo de los tres documentos que encontró en su adolescencia y emprendió la búsqueda de sus orígenes. En ese camino, pura duda, se encontraron con Ana, hoy su esposa, y ella se convirtió en el aliento que lo empujó a continuar el recorrido hacia su verdadera identidad, cuya primera gran pista fue el primer documento en donde se consignaba que su madre se llamaba Mercedes del Valle Morales, que él había nacido en un hospital de Buenos Aires y que su padre era un tal José Zelarayán. Con los años, pudo saber que Zelarayán era un amigo de los Morales y que como vivía en Buenos Aires, le pidieron que el recién nacido llevara su apellido, a lo que accedió. Hace unos años se contactó con este hombre y comprobó que era cierto lo que le habían informado. Zelarayán tampoco era su padre. “Igual, nadie supo explicarme por qué mi madre estaba en otra provincia cuando nací”, confesó Juan José a elDiarioAR

Unos meses más tarde, con el niño de meses y en 1976, la mujer retornó a Tucumán, se instaló en Monteros, de donde era toda su familia, y comenzó a trabajar para los Cazorla en varias tareas y vivió en una propiedad del empresario. Antes, tramitó en esta provincia que su pequeño llevara en el documento sólo el apellido Morales, el suyo. Por entonces, la máquina del terror que fue el Operativo Independencia en Tucumán, que regó de sangre el monte y las calles, desarrollaba desde 1975 una orgía de secuestros, torturas y muertes que comenzó con el siniestro general Acdel Vilas, al que le sucedió el dictador Antonio Domingo Bussi, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar.

La noche del 20 de mayo de 1976 un grupo de tareas llegó hasta la propiedad en donde dormían Mercedes, de 21 años, y una de sus hermanas. A culatazo limpio y a los gritos, los uniformados se la llevaron a ambas, aunque antes dejaron al bebé de nueve meses sobre la cama y con los documentos a su lado. Unas horas más tarde, la tía de Juan José fue liberada pero nunca más se supo del destino de Mercedes. “Continúa siendo un misterio para mí qué pasó esa noche y por qué, nadie de la familia quiere hablar”, reconoció el nieto recuperado. Unas horas antes de este secuestro, ocurrió lo que se conoce como “La masacre de la calle Azcuénaga”, en la zona oeste de San Miguel de Tucumán, barrio Echeverría, cuando un grupo de hombres del Ejército y de la policía provincial arrojó explosivos sobre una casa en donde estaban reunidos militantes de la organización Montoneros, ingresó y asesinó a todos. Al realizarse el juicio por este caso, con los testimonios de más de 60 personas, se comprobó que María Alejandra Niklison, Fernando Saavedra, Eduardo González Paz, Juan Carlos Meneses y Atilio Brandsen no ofrecieron resistencia y fueron asesinados de disparos en la cabeza. Es decir, no hubo enfrentamiento y no había armas en el lugar de la reunión, como informó el Ejército en un comunicado y que publicó el diario La Gaceta.

Otro golpe

Cuatro días más tarde, el brazo ejecutor de la dictadura golpeó otra vez a los Morales. De otra casa, también por la noche y en Monteros, secuestraron a Toribia Romero de Morales y José Ramón Morales, abuelos maternos de Juan José, y a sus tíos José Silvano Morales, Juan Ceferino Morales y Julio César Morales. De acuerdo a un publicación del 31 de mayo, también en el matutino La Gaceta, Silvano había muerto es un supuesto enfrentamiento en la localidad de Río Seco. Una persona atestiguó que la misma noche del secuestro vio a Silvano malherido, en la comisaría de Villa Quinteros, a 25 kilómetros de Monteros. Se cree que recibió un disparo a quemarropa al resistirse. Del resto de los Morales secuestrados esa noche no se supo nunca más nada. Así, de una familia integrada por los padres y 11 hijos, sobrevivieron siete hermanos que se llamaron a silencio desde entonces. El miedo, quizás. Tanto, que ya en democracia solo una tía abuela de Juan José, Máxima Rita Romero de Moreno, denunció ante la CoNaDeP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) la desaparición de toda su familia. 

- elDiarioAR: ¿Tu madre y sus hermanos militaban en algún partido político o en alguna organización que se opusiera a la dictadura al momento de ser secuestrados?

- Juan José: No lo sé, no lo sabemos, porque ningún miembro de la familia habla de ese tiempo. Las veces que nos encontramos hemos charlado de otras cosas, pero nada sobre lo sucedido. Por eso aún estoy lleno de preguntas, de dudas.

Con la llegada de Ana a su vida, el nieto 132 se decidió a averiguar quién es. Fue su apoyo cuando sintió que ya no tenía más fuerzas para continuar. Otra certeza a la que llegó en breve fue que el tercer documento que poseía, en donde se le puso el apellido Cazorla, era fraguado y que de algún modo intervino su apropiador para esa sustitución de identidad, con la colaboración de otras personas. Quizás por esta misma razón, en algún momento hubo un intento para que Juan José entregara los tres documentos a los Cazorla, algo a lo que se negó con el apoyo de su compañera.

Frente a tanta incertidumbre, la primera acción de la pareja fue enviar en 2004 un correo a Abuelas de Plaza de Mayo, desde donde se les respondió a los pocos días que se pusieran en contacto en Tucumán con Alejandra García Aráoz, la referente local de la Red por el Derecho a la Identidad, de Abuelas. Ese encuentro fue un mojón en la vida de Juan José porque García Aráoz realizó una investigación que la llevó a dar con los Morales, en Monteros. “Sí, tenemos familiares desaparecidos, sabíamos del niño pero pensé que él no quería saber nada con nosotros. Claro que queremos verlo”, fueron las palabras de una tía del nieto 132 cuando recibió el llamado por teléfono de la militante. El encuentro fue unos días más tarde en la Estación Terminal de Ómnibus de Tucumán y fue casi inexplicable de emotivo. “Desde ese momento nos volvimos a ver varias veces pero nunca hablamos de por qué habrían sido víctimas de la dictadura mi madre, mis abuelos y tíos”, se lamenta Juan José.

- elDiarioAR: ¿Por qué crees que los secuestraron?

- Juan José: Ojalá lo supiera. Alguna vez alguien me comentó que los Morales fueron siempre una familia solidaria, bien de campo. Como eran muchos, solían hornear su propio pan y a veces ayudaban a otras personas. Quizás alguien los denunció porque creyó que estaban apoyando a alguien con ese gesto. Pero no puedo aseverar nada. Tampoco se pudo constatar que mi madre era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), como algunos afirman.  

Su mamá

Por esos años, mientras el nieto 132 daba los primeros pasos hacia su verdadera identidad, comenzaron en Tucumán los trabajos el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en el que colaboraron peritos tucumanos que años más tarde actuarían en la investigación Pozo de Vargas, en el Cementerio del Norte, en lugares en donde se arrojaron a detenidos desaparecidos durante la última dictadura cívico militar, de acuerdo a testimonios surgidos en los juicios por la verdad. En 2007, por una reconstrucción judicial en la que también estuvo involucrada la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), ya sabía Juan José que era hijo de Mercedes pero desconocía de su destino y la única causa judicial que había presentado una familiar apenas avanzaba en la justicia tucumana. 

“Un día estábamos en mi casa, un tanto tristes porque no se sabía nada de la mamá de Juan José, cuando le dije 'aprovechá que el laboratorio en donde están los peritos del EAAF está aquí cerca y dejá una muestra de tu sangre para que se crucen con los datos que ya tiene el Banco Nacional de Datos Genéticos'. Y así lo hizo, fue y le extrajeron una muestra”, recordó García Aráoz. Por cuestiones del destino, ese laboratorio estaba a 40 metros de su casa. A los pocos meses, el nieto 132, en 2010, fue contactado para confirmarle que los restos de su madre Mercedes del Valle Morales habían sido identificados entre los cuerpos extraídos por el EAAF en el Cementerio del Norte. Se le entregó una urna con los restos y pudo enterrarla en el cementerio de Monteros. “Fue un momento muy fuerte para mi historia porque lo pude compartir con mi esposa y mi hija que hoy tiene 19 años, fue como cerrar una parte de mi vida”, sostuvo.

Desde entonces, la causa registró poco avances para tratar de dar con su verdadero padre. Persistía con cierta razonabilidad la duda de que Juan José fuera hijo biológico de Cazorla. Cuando las actuaciones pasan a la Justicia Federal tucumana se aceleraron los pasos hasta que en febrero de 2020 se ordenó que un equipo de la CONADI viaje a Tucumán para exhumar los restos de Cazorla y tomaran muestras de ADN para cruzarlas con los datos que ya se tenían del nieto recuperado. Pero en marzo de ese año comenzó la pandemia y los largos meses de aislamiento que impidieron la concreción de la medida hasta este año. En septiembre, con la resistencia de los hijos de Cazorla, se tomaron las muestras y el 28 de diciembre pasado se le comunicó a Juan José que el apropiador no era su padre biológico. Por esta razón, dos días más tarde Abuelas de Plaza de Mayo realizó la conferencia de prensa en la que se comunicó la llegada de nieto 132. 

“Fue muy emocionate todo y espero que esto sirva para que haya más momentos como estos, que ante la menor duda se animen a dejar su muestra de sangre porque es un puente hacia la verdad. Aunque ahora se viene otro camino que es el de encontrarme con mi padre o con su historia y quizás la exposición pública de estos días sirva para que alguien aporte un dato, aunque sea mínimo, para saber quién es mi papá”, reflexionó Juan José, también padre de una niña de seis años que sabe todo sobre su origen. 

“Yo soy Juan José Morales, hijo de Mercedes del Valle Morales, el nieto recuperado 132”, cerró, anticipando que en breve reemplazará el apellido Cazorla por el de su mamá.

DC

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