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Manzur llega a los Estados Unidos y vuelve a asomar el poder de un empresario aliado del Gobierno

Juan Manzur, entre Luis Almagro y Gustavo Cinosi, en 2019, durante la firma de un convenio con la OEA.

Diego Genoud

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A menos de un mes de asumir sus funciones como jefe de Gabinete, la visita de Juan Manzur a Estados Unidos muestra su vocación, temprana y explícita, por trascender la gestión acotada a los pasillos de Casa Rosada e ilumina el mapa de relaciones del gobernador licenciado en Tucumán. 

Manzur voló a Nueva York con la excusa de acompañar a Martín Guzmán este viernes en un encuentro con empresarios y potenciales inversores en el consulado argentino en Nueva York. Allí, el jefe de Gabinete oficiará el doble rol de aval y supervisor del ministro de Economía. Según declaró el martes pasado, lo hizo por “indicación del Presidente de la Nación”, lo que no puede más que sorprender si se tiene en cuenta que su antecesor, Santiago Cafiero, no se sumó nunca a la comitiva argentina durante sus 21 meses en el cargo. 

Aún si Alberto Fernández se lo hubiera encomendado, el viaje de Manzur a la Gran Manzana no hace más que reeditar una costumbre que lleva casi una década desde que el tucumano comenzó a amasar un proyecto de poder que se sueña nacional e incluye el peregrinaje repetido en torno a las instituciones que nuclean al establishment norteamericano: la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la Universidad George Washington, el Atlantic Council, el City College de Nueva York, el Centro Woodrow Wilson, la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) son algunas de ellas. 

Detrás de ese circuito de relaciones aparece de manera recurrente el nombre del empresario Gustavo Cinosi, un experto en lobby que tiene aceitado el ida y vuelta entre Buenos Aires y Washington. No hay que descartar que contribuya con la misión de Manzur. El dueño de la franquicia del Hotel Sheraton oficia de nexo permanente entre el peronismo y los círculos de poder de Estados Unidos desde hace por lo menos 15 años. Si en el amanecer del kirchnerismo llegó a desempeñarse como chofer de Carlos Zannini y a constituir sociedades con el financista Jorge Chueco, hace ya bastante tiempo que sus mejores esfuerzos apuntan a regar semillas como las de Manzur y Sergio Massa. 

Con su oficina en el primer piso del edificio principal de la Organización de Estados Americanos en Washington, en la esquina de 17th Street y Constitution, Cinosi tiene un cargo formal y una actuación pública en torno al secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro. Pero además cumple con otro tipo de funciones que, según dicen quienes lo conocen bien, le demandan el más absoluto perfil bajo y la mayor de las reservas. Fuentes bien informadas del Gobierno sostienen que su cercanía con el Departamento de Estado no se reduce a la cuestiones empíricas sino que existe un compromiso orgánico y Cinosi reporta al Bureau of Intelligence and Research. Por eso, el empresario prefiere no hablar en público y por eso, afirma, permite “que se malinforme y se mienta” en torno a su figura. 

La relación del asesor especial de Almagro con Manzur lleva varios años e incluye la organización de encuentros en el Sheraton de Tucumán. Según dice el empresario en conversaciones con la dirigencia del Frente de Todos, Manzur es su amigo y tiene el curioso talento de “no defraudar” a nadie, un eslabón más de la cadena que busca conectarlo con la epopeya de Carlos Menem. 

Aunque sostiene que el ahora jefe de gabinete dispone de un abanico de relaciones que no precisa de sus servicios, Cinosi no solo presta desde hace años su hotel para los foros que organiza Manzur sino que cumple el rol de lazarillo en las visitas a Estados Unidos. En 2017, por ejemplo, el gobernador viajó para reunirse y fotografiarse con Cinosi y con Almagro. En 2019, encabezó una delegación de empresarios de 17 representantes de provincias y municipios argentinos a Washington para firmar un acuerdo de los estados subnacionales nucleados en Zicosur con la OEA. El factotum del encuentro fue Cinosi y uno de los grandes impulsores del viaje fue su gran amigo, Eduardo Eurnekian, también de buena llegada a Manzur. De ese círculo de afinidades forma parte también Massa, ahora relegado en la escena por la irrupción de Manzur. Se trata de un sector del peronismo que circula por los mismos ámbitos en Estados Unidos y que, con la derrota de las PASO y los cambios de gabinete, parece haber ganado preeminencia en el Frente de Todos. 

Después de haber sido cercano al gobierno de Mauricio Macri, Cinosi se anotó desde el primer momento como aliado de la alianza de los Fernández. Ya en su tiempo de candidato, el ahora Presidente estuvo en dos oportunidades en encuentros organizados en el Sheraton de Tucumán junto al ahora jefe de Gabinete, en junio y septiembre de 2019. Más adelante, Cinosi apareció en México para reunirse con Fernández apenas unos días después de su triunfo en las elecciones generales. Llegó junto al entonces encargado de Asuntos del Hemisferio Occidental Maurice Claver Carone y al halcón republicano Elliot Abrams, famoso por haber liderado la operación de los contras en Nicaragua en los años ochenta. Esa inexplicable incursión respondió, según dice el asesor de Almagro, a un pedido del presidente Fernández. Poco después, el golpe de Estado en Bolivia -que Almagro no condenó después de haber denunciado fraude de Evo Morales- y la pelea por el sillón del BID que Claver Carone le ganó a Gustavo Beliz volvieron a encontrar a Alberto y Cinosi en veredas separadas.

Desplazado entonces del rol de nexo con Washington, el dueño de Sheraton dejó trascender en más de una oportunidad que era la primera vez en años que un gobierno argentino no pagaba por tener relaciones con Estados Unidos. Como prueba, la contratación de las empresas Arnold & Porter y Glover Park Group para que Tom Shannon hiciera lobby por Argentina durante la negociación de la deuda de los acreedores privados. 

La llegada de Manzur a la jefatura de gabinete vuelve a poner al empresario y lobista muy cerca del gobierno argentino. El poder de Cinosi es materia de discusión dentro y fuera del gobierno nacional. Entre los enemigos de su cosecha, figuran desde sectores del Gobierno que rechazan el acercamiento a Washington y reclaman mayor dureza con el Fondo hasta voceros de la embajada norteamericana que recelan de sus modos y sus aliados. Mientras algunos lo califican como un vendedor de humo bien entrenado, otros requieren de sus servicios en forma constante. Acostumbrado al fuego cruzado, Cinosi no habla pero también juega. 

DG

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