Alineamiento internacional
Nueva visita republicana: Milei recibió a aliados de Trump en medio de la pulseada por las patentes
Javier Milei recibió este viernes en la Casa Rosada a una delegación de legisladores norteamericanos vinculados al entorno político de Donald Trump, en una visita que excede largamente la cortesía diplomática. El encuentro se produjo tras la confirmación del viaje presidencial a Washington para participar de los festejos por el Día de la Independencia estadounidense, el próximo 4 de julio, y mientras el Gobierno mantiene una delicada negociación en torno al régimen de patentes farmacéuticas. La escena confirma además una tendencia que se viene consolidando durante la gestión libertaria: el desembarco cada vez más frecuente en la Argentina de figuras asociadas al universo republicano.
La comitiva estuvo encabezada por Mario Díaz-Balart, uno de los congresistas republicanos con mayor influencia en los asuntos latinoamericanos dentro de la Cámara de Representantes. Lo acompañaron Andrew Harris, Chuck Edwards, David Rouzer y Jay Obernolte, además del demócrata Henry Cuellar, el médico del Capitolio Brian Monahan y funcionarios vinculados a la poderosa Comisión de Asignaciones del Congreso estadounidense. Del encuentro también participó el embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas, uno de los principales articuladores del vínculo entre la administración republicana y el gobierno de Milei.
La reunión, que tuvo lugar en el Salón de los Científicos, ocurrió en un momento particularmente delicado. Mientras Milei profundiza su alineamiento político con Washington y apuesta a consolidarse como el principal aliado de Trump en América Latina, la Casa Rosada decidió congelar el tratamiento parlamentario del Patent Cooperation Treaty (PCT), un acuerdo impulsado por Estados Unidos que genera fuerte resistencia entre los laboratorios nacionales.
Por la tarde, la delegación estadounidense tenía previsto compartir un almuerzo con el secretario de Finanzas Pablo Quirno, el secretario de Minería Luis Lucero y el propio Lamelas. El embajador viene desempeñando un rol cada vez más activo en la relación bilateral y se transformó en una de las figuras más visibles de la nueva etapa del vínculo entre Buenos Aires y Washington.
La visita de Díaz-Balart es la continuación de una secuencia que comenzó a acelerarse durante los últimos meses y que muestra hasta qué punto la relación entre Milei y el ecosistema republicano se volvió una política de Estado. En enero, por ejemplo, aterrizó en Buenos Aires otra delegación del Congreso estadounidense encabezada por Timothy Walberg. El episodio estuvo rodeado de un hermetismo llamativo. Ocurrió apenas días después de una serie de vuelos militares estadounidenses y actividades reservadas en Ushuaia vinculadas a minerales críticos, infraestructura estratégica y cooperación bilateral. La Embajada de Estados Unidos informó que los congresistas venían a interiorizarse sobre educación, capacitación laboral, inteligencia artificial y ciberseguridad. La explicación sonó prolija. Pero dejó abiertas muchas preguntas.
Walberg tampoco era un legislador cualquiera. Pastor evangélico antes de ingresar a la política, referente histórico de la derecha religiosa norteamericana y una de las figuras más conservadoras del Partido Republicano, representa buena parte del universo ideológico que hoy alimenta al trumpismo. En los últimos años se hizo conocido por relativizar el cambio climático apelando a argumentos religiosos y por declaraciones extremas sobre el conflicto en Medio Oriente.
La acumulación de visitas empieza a mostrar un patrón difícil de ignorar. En poco más de un año desfilaron por Buenos Aires funcionarios del Departamento de Estado, representantes militares, especialistas en minerales críticos, asesores estratégicos y legisladores vinculados al círculo republicano. Algunas agendas fueron públicas. Otras bastante menos. En varios casos, la información oficial llegó después de que los encuentros ya habían ocurrido. Uno de los ejemplos más notorios fue el del lobista Barry Bennett, una pieza clave en la construcción del canal informal de diálogo que el asesor Santiago Caputo logró tejer con sectores del trumpismo.
Mañana frenética
La mañana de Milei incluyó otra audiencia de peso político y económico: la de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe), que agrupa a los principales laboratorios multinacionales con operaciones en el país. A diferencia del encuentro con los congresistas, este ttuvo lugar en el despacho presidencial y contó con la presencia de los máximos responsables locales de Pfizer, Roche, Merck, Novartis, Sanofi, GlaxoSmithKline y Bristol Myers Squibb. Junto a Milei estuvo el ministro de Salud, Mario Lugones.
La Casa Rosada decidió congelar el tratamiento parlamentario del Patent Cooperation Treaty (PCT). La explicación oficial es que el Gobierno todavía no cuenta con los apoyos necesarios para aprobar el tratado. La lectura política es más compleja. En Balcarce 50 buscan conservar el tema como ficha de negociación frente a Washington, evitando una derrota legislativa que complique la relación con la Casa Blanca y, al mismo tiempo, contener la presión de los laboratorios argentinos, que desde hace meses despliegan una intensa ofensiva sobre gobernadores, diputados y senadores para bloquear cualquier avance.
Desde el inicio de la discusión parlamentaria, CAEMe sostuvo una posición invariable: que el Tratado de Cooperación en materia de Patentes sea aprobado exactamente en los términos en los que obtuvo media sanción en el Senado en 1998. Detrás de esa discusión jurídica aparece un negocio multimillonario. El tratamiento del PCT involucra intereses económicos valuados en unos US$3.300 millones y se transformó en uno de los principales puntos de negociación. No casualmente, como gesto de acercamiento en medio de esa pulseada, CAEMe anunció durante la reunión un compromiso de inversión de US$8.000 millones en investigación clínica para los próximos seis años.
Vista en perspectiva, la agenda presidencial de este viernes fue frenética. Además de la delegación de congresistas estadounidenses y los representantes de CAEMe, en cuestión de horas Milei se reunió con el inversor británico Maurice Ostro, interesado en el nuevo régimen de promoción económica que impulsa el Gobierno; recibió al rabino israelí-estadounidense, Yehuda Kaploun, que se desempeña como Enviado Especial de los Estados Unidos para Monitorear y Combatir el Antisemitismo; y mantuvo una conversación telefónica con el canciller alemán Friedrich Merz. La secuencia deja una imagen elocuente de las prioridades que hoy ordenan la agenda presidencial.
PL/CRM