Opinión

Un peronismo que sufre el poder

Panorama político

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Había sorpresa, incluso entre los funcionarios que lo acompañaron a México. Alberto Fernández no pudo aprovechar los 7.400 kilómetros que lo separaban de la Casa Rosada y vivió sus días en el DF muy afectado por el caso de la vacunación selectiva. Las crónicas desde Argentina y el mensaje de Andrés Manuel López Obrador contra “la mordida, la palanca y el influyentismo” lo golpearon más de lo que hubiera imaginado y profundizaron su malhumor. Fernández, dicen, no estaba preparado para esto. Pese a que durante su primer año como presidente ya comprobó que ser socio de Cristina Fernández de Kirchner lo obliga a pagar costos que jamás había afrontado en su vida, quienes lo acompañaron en la gira afirman que esta vez vivió un quiebre. Nunca se había sentido atacado así. No sólo pesó la falta de entrenamiento para enfrentar las derivaciones del caso, sino también advertir que el centro de las críticas iba dirigido al corazón de lo que supone su principal activo: la honestidad de su gobierno. Cuestionado por infinidad de razones, el Presidente hasta hoy se creía a salvo de impugnaciones de tipo ético como las que surgieron a partir del llamado vacunatorio VIP.

Ahora verlo resulta imposible, pero marzo llega sin señales del cataclismo anunciado. El Banco Central no sólo no se quedó sin dólares en los largos días de enero y febrero sino que aumentó sus reservas y ahora espera las divisas de la cosecha con la soja en niveles récord. Aunque la inestabilidad puede resurgir de un momento a otro, el peronismo de gobierno tendrá más aire del que se preveía hace seis meses cuando la presión devaluatoria lo arrastraba sin remedio. Fueron otras cosas las que pasaron para que el Presidente tuviera que cerrar una de sus peores semanas en bastante tiempo. 

La renuncia obligada de Ginés González García no alcanzó y Fernández volvió una vez a contradecirse a sí mismo. Defendió al ministro que había echado y reivindicó a los legisladores que había bajado del avión a México. El Presidente tiene un déficit que en medio de una crisis se advierte con nitidez: le cuesta sostener las posiciones rotundas que él mismo busca asumir. Inviable, el intento de quedar bien con todos genera el efecto opuesto y lleva a muchos a preguntarse, dentro del propio oficialismo, cuál es el verdadero Alberto. Con ese estigma cargó en el DF y deberá lidiar este lunes, cuando vuelva a hablar ante la Asamblea Legislativa y su palabra llegue devaluada por la crisis, la peste y ese ida y vuelta incesante que ya es marca de su gestión. Una semana después de la confesión de Horacio Verbitsky, el gobierno de Fernández no pudo explicar cuál es el criterio para inmunizar, quién es personal estratégico y quién no. Colmo de una temporada saturada de indicaciones que lleva casi un año y no deja rincón sin regular, lo que falló fue el protocolo específico para la vacunación. El más importante.

La oposición promercado lo vive como una fiesta porque el golpe da en el corazón de la estrategia de un Alberto que dedicó el 2020 a la pandemia y se empeñó en los últimos meses en conseguir la vacuna como sea. Es un tiro que arde en el cuerpo del oficialismo que le imprimió épica a un operativo defectuoso en medio de una guerra global donde las potencias llevan la delantera. Nada mejor que reponer al peronismo, en el arranque del año electoral, del lado de los privilegios y la insensibilidad. La lista del amiguismo y los nombres de los vacunados de privilegio impacta en la vida cotidiana de los que esperan ser inmunizados y desactivar el efecto que se generó en un instante demandará un esfuerzo sostenido para lograr la vacunación masiva. 

El amiguismo es marca de una elite transversal que circula lejos de la base de la sociedad pero no se restringe a lo más alto del poder sino que impregna a las clases medias. No es un tema menor si se tiene en cuenta que a partir de datos concretos se puede montar una ambiciosa operación simbólica. Así por ejemplo un producto de la especie de Mauricio Macri -privilegiado desde la cuna- pudo surgir como alternativa y crecer hasta lo inconcebible con la ayuda involuntaria del cristinismo y la confianza de sus futuras víctimas, en especial la clase media que finalmente más lo sufrió. 

El otro gol que gritó la oposición lo hizo la escuadra de Comodoro Py. Aunque se anticipaba que podía ser dura, la condena a 12 años para Lázaro Báez por parte del Tribunal Oral Federal Número 4 sorprendió también cerca de Cristina. Vino después la ceremonia social-mediática del pueblo de derecha, según la definición del sociólogo Gabriel Vommaro, autor de “Mundo PRO'' y “La larga marcha de Cambiemos”. La emoción de pequeñas tribus que se felicitan entre sí y se reivindican por haber hecho historia con mayúsculas, en un autohomenaje que nada les cuesta propagar en cadena nacional. Es la satisfacción de una facción del poder que se cree ciudadanía común mientras reconoce en el Grupo Clarín a su musa inspiradora. 

Cuestionada por el oficialismo que se tildó en el lawfare, la condena a Báez -ese amigo personal de Néstor Kirchner que guarda silencio pese a todo- es un coletazo tardío de la marca inviable de la burguesía nacional que ensayó el kirchnerismo en su tiempo de auge y le sirve de consuelo y reivindicación al antiperonismo sanguíneo después del fracaso elocuente de Macri y cía. Tal vez supongan que solo falló el vehículo: ese ingeniero que se proponía iniciar una etapa fundacional en la Argentina y se ahogó en la impotencia, pese al respaldo de Trump y el blindaje descomunal del Fondo que ahora hay que pagar. La oposición festeja en un regreso a las imágenes de aquella fuerza testimonial de 2012, que después maduró en una alianza mayor. Eufóricos, los voluntarios que se identifican con Macri y los libertarios que apoyan a José Luis Espert tienen pendiente definir si prefieren seguir en la zona de confort de la denuncia o se arriesgan una vez en el intento de ser alternativa de gobierno, después de haber salido maltrechos del poder. La semana ideal de Juntos por el Cambio puede anticipar un mal final para los Fernández o puede confirmar que el bloque no peronista se adapta mejor a la tribuna que al ejercicio del poder. 

Más sintomáticos quizás son los días que le toca vivir al oficialismo, como parte de una nueva saga de errores no forzados que se suma a una situación en extremo delicada. Tal vez sin que nos hayamos dado cuenta, la escasez, la bomba de tiempo de la deuda que incubó Macri en tiempo récord, la presión del Fondo y la pandemia, hayan transformado a la fuerza que, según siempre se dijo, disfrutaba el ejercicio de poder. La cara del Presidente, el desempeño de algunos de sus ministros y las dificultades para imponer una agenda propia muestran a un peronismo que sufre el poder y choca con fuertes impedimentos para lograr una mejora en la vida de las mayorías. Como si el nuevo ensayo del peronismo viniera a contradecir una de las máximas de su historia y gobernar la crisis hoy fuera apenas amortiguar la caída sin perspectiva de salida.  

Tal vez, los trastornos que tanto amargaron a Fernández en México lo decidan a iniciar un camino no recorrido. Junto con la vacunación masiva que solo en parte depende de su voluntad, está pendiente la consigna de encender la economía, el otro gran ítem de las promesas incumplidas en el año de la peste. Lo marca el último informe del centro de estudios CIFRA de la CTA. Titulado “El descenso del salario real tras las dos pandemias y sus asimetrías”, repasa con detalle el derrumbe en los ingresos que vive una sociedad extenuada y orilla también lo que Emanuel Álvarez Agis advirtió como el techo de la recuperación para 2021. 

Elaborado por los economistas Pablo Manzanelli y Cecilia Garriga, el estudio se asoma a las profundidades y marca las diferencias entre el universo de asalariados que viene perdiendo por paliza contra la inflación. Entre noviembre de 2015 y el mismo mes de 2020, los salarios reales de los trabajadores registrados del sector privado sufrieron una reducción -promedio- de 15,4%, pero la mitad de los trabajadores tuvieron caídas superiores al 19% y los registrados con continuidad laboral en el sector privado sufrieron un descenso todavía peor, del 23,2%. De las 295 ramas de actividad, 152 experimentaron reducciones de las remuneraciones reales por encima del 20% y 50 ramas registraron caídas superiores al 30%. Para los trabajadores del sector público, sostiene el informe, el derrape fue del 29% en los últimos cinco años. “Es evidente, dicen los autores, que para todas ellas un acuerdo de precios y salarios que supere levemente la inflación no resultará suficiente”. 

El informe de CIFRA pone de relieve un aspecto poco difundido y destaca que el proceso inflacionario estuvo impulsado por los precios mayoristas, que subieron un 233% entre marzo de 2018 y noviembre de 2020. Por eso, remarcan, desde la perspectiva del empresariado la reducción de los costos salariales fue superior y llegó a 23,8% entre noviembre de 2015 y noviembre de 2020, 8,4 % más que la caída del poder adquisitivo. No sólo los asalariados perdieron feo sino que los márgenes de ganancia se incrementaron en forma notable en el sector privado, especialmente entre 2017 y 2020.

Los datos se conjugan también con el último envío de PxQ. La consultora de Álvarez Agis muestra que el rebote de los últimos cinco meses se basa en sectores especifico que están entre los más dinámicos: la industria automotriz (17,5% de crecimiento anual en enero de 2021), el sector de la construcción (+27,4% en diciembre) la producción de maquinaria agrícola e insumos dedicados a la producción agrícola (+81,7% en diciembre) y la siderurgia (+29,9 en enero). “Pareciera que las razones de la recuperación son fundamentalmente una buena perspectiva internacional y factoras  macroeconómicos/históricos, antes que factores domésticos relacionados con la recomposición de la demanda en el mercado interno. Son justamente los sectores que  dependen del mercado interno los que están tardando más en su recuperación”, dice.

Según Álvarez Agis, el Ejecutivo parece tener el foco en que la reactivación se dé más por la demanda que por la oferta, justo lo contrario de lo que viene ocurriendo. La recuperación por el lado del consumo no es viable sin un fuerte impulso a los ingresos y al empleo, que hoy ofrece un panorama “homogéneamente negativo”. Para el exviceministro de Economía Axel Kicillof, “las elecciones de medio término ponen al gobierno ante el desafío, indeclinable, de lograr la recuperación económica tras 3 años consecutivos de caída”. Ahí esta la verdadera encrucijada de un peronismo que, ya se sabe, deberá enfrentar una oposición maciza potenciada por el eje Comodoro Py-grandes medios de comunicación. Solo una mejora en los bolsillos puede alterar esa dinámica de la que el gobierno no logra salir. Tal vez para el peronismo volver a disfrutar el ejercicio del poder dependa en parte de que su base electoral deje de sufrir el impacto del ajuste.

DG

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