Desconfiados de los médicos y más conservadores: una radiografía de los que se oponen a la vacunación obligatoria

Vacunación en Argentina

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Los estudios sociales en torno a la pandemia que abordan las actitudes de las personas sobre las medidas de salud pública se han revelado de gran importancia. Por eso, quisimos saber cuáles son las percepciones de argentinas y argentinos respecto a la vacunación y la posibilidad de que sea obligatoria. Conocer con qué factores están vinculadas las actitudes de resistencia a la vacunación puede colaborar a ajustar las  campañas. 

Para analizarlo nos basamos en una encuesta realizada por la red Encuentro Nacional Colaborativo de Representaciones sobre la Pandemia ENCResPA (integrada por 18 universidades nacionales y otras tres instituciones) entre el 22 de octubre y el 9 de noviembre y respondida por 3.926 personas, que lo hicieron en forma online a partir de una invitación difundida por las redes sociales (Facebook e Instagram), con una publicidad segmentada para lograr la mejor representatividad. Adicionalmente, contamos con las respuestas a una segunda encuesta basada en una muestra probabilística por invitaciones presenciales y respondida de forma online por 922 personas en la misma fecha que la anterior, y que nos ha servido para tener más seguridad en nuestros hallazgos (ver detalles acá).

Hemos preguntado si “le parece que el Estado debería obligar a vacunarse a todos los adultos”. Casi la mitad estuvo de acuerdo: el 28% eligió la opción de que “sí y tendría que haber sanciones a los que no se vacunen” y otro 21% que “sí, pero sin que haya sanciones”, tal como se observa en el Gráfico 1. Un 18% optó porque solo fuera obligatorio para ciertos grupos (“empleados públicos, taxistas, docentes, etc.”) y 13% que debería exigirse para entrar en lugares cerrados como bares y boliches. Únicamente el 20% sostuvo que no debería ser obligatorio vacunarse. En la encuesta realizada por invitaciones personales, los porcentajes son similares en casi todas las categorías de respuesta, aunque resultó un poco mayor la adhesión a la obligatoriedad con sanciones (36%) y menor el rechazo completo a la obligatoriedad (15%). Cabe recordar que el momento en que recogimos estas respuestas era uno de muy baja transmisión del virus (las semanas con menor cantidad de nuevos casos desde junio de 2020) y sin conocimiento de la variante Ómicron.

Por otra parte, este quinto de la ciudadanía que es reluctante a las medidas restrictivas y obligatorias ha sido una constante a lo largo de todo el 2021, según hemos podido medir en diferentes encuestas.

Vemos así que hay una aceptación de la necesidad de medidas fuertes en cuanto la extensión de la vacunación, aunque no se trata de una posición unívoca ni generalizada. Es por ello que nos preguntamos quiénes son aquellas personas que resisten la vacunación obligatoria. 

Las hay de todas edades y géneros. No es una cuestión de edad. No hay diferencias entre quienes tienen de 18 a 29 años, y quienes tienen de 30 a 65, a pesar de que se ha tratado de establecer que los/as jóvenes se opondrían a la obligatoriedad. Sí se observa que los/as adultos/as mayores presentan una leve mayor predisposición en favor de la obligatoriedad, y entre ellos/as solo un 11% está en contra, frente al 21% en jóvenes y adultos menores de 65 años. Por género, no hay diferencias importantes y tampoco la hay por clase social (aunque los sectores de menores recursos tienden a estar un poco más a favor de la obligatoriedad). En similar sentido, entre quienes tienen solo educación primaria hay un 8% más de apoyo a la obligatoriedad que entre quienes han completado el nivel superior.  

Habiendo tan poca incidencia de los factores sociodemográficos, hemos profundizado en otras características. Por ejemplo, en el impacto de la experiencia de cercanía con la gravedad del virus. Les preguntamos a los/as encuestados, cómo pasó el Covid quien tuvo peores consecuencias entre sus familiares cercanos o mejores amigos. Asombra que no haya diferencias sustantivas entre quienes vivieron gravemente la cercanía de la enfermedad o, incluso, sufrieron la muerte de conocidos y familiares: casi no se distinguen en su respuesta sobre la obligatoriedad de acuerdo a la gravedad del caso más cercano, tal como se observa en el Gráfico 2. Si tuvieron alguien cercano que falleció de Covid, la obligatoriedad con sanción sube solo 5% en comparación con quienes no tuvieron a nadie cercano con Covid. Lo mismo si estuvo en terapia intensiva. Se observa solo un incremento del rechazo total a la obligatoriedad entre quienes no tuvieron a nadie cercano con Covid, sube a un 32% . 

Previsiblemente, quienes están en contra de la obligatoriedad de la vacunación son personas que desconfían de la palabra de los médicos. Se preguntó “¿Por qué cree que la mayoría de los médicos recomiendan las vacunas contra el coronavirus?”, y un 75% escogió porque “la ciencia probó que eran seguras y eficaces”; un 8% “porque reciben beneficios de los laboratorios para que digan eso” y el 17% “porque pocos médicos se animan a ir en contra de la opinión oficial”. Son estos dos grupos de respondientes quienes están más de acuerdo con que la vacunación no debería ser obligatoria: 44% de quienes creen que los laboratorios benefician a los médicos y 57% de quienes no se animan a ir contra la opinión oficial, mientras que entre quienes consideran que los médicos la recomiendan por motivos científicos solo un 8% está contra la obligatoriedad total de la vacunación.

Una relación que se destaca es el vínculo de la vacunación con la mirada del orden social. Quienes tienen posturas más conservadoras están más en contra de la obligatoriedad. Por ejemplo, quienes son contrarios a la legalización del aborto son un 14% más resistentes a la obligatoriedad y, en cifras parecidas, responden quienes no tienen posición tomada aún en relación a la interrupción legal del embarazo. 

Lo mismo sucede con quienes piensan que los reclamos de las feministas son excesivos. Dentro de este grupo, un 28% sostiene que no debería ser obligatorio vacunarse. Por el contrario, entre quienes acuerdan con todos los reclamos feministas, solo un 6% está contra la vacunación obligatoria. También, resulta más alto el rechazo a la obligatoriedad entre quienes están en contra de que se haya implementado un aporte extraordinario de las grandes fortunas para financiar las necesidades de la pandemia (35%, frente al 8% entre quienes piensan que debería ser algo permanente).

Es que, como en muchos otros temas vinculados a la gestión de la pandemia, las identidades y preferencias políticas tienen un fuerte impacto en las opiniones de la ciudadanía. Quienes se sienten cerca del Frente de Todos apoyan claramente la obligatoriedad de las vacunas (en un 44% con sanciones y en un 23% sin ellas), mientras que quienes se ubican cerca de Juntos por el Cambio tienden a repartirse por casi todas las opciones y los “libertarios” son quienes más se oponen, como se observa en el Gráfico 3. Merece destacar que quienes no están cerca de ningún partido (por distintas razones) presentan una distribución muy similar al conjunto. 

En Argentina se promueve la vacunación a través de restricciones selectivas, como por ejemplo en la provincia de Buenos Aires. El “pase libre con vacuna'' regirá desde el 21 de diciembre para mayores de 13 años que quieran asistir a eventos masivos, actividades culturales, deportivas, religiosas y recreativas en lugares cerrados. Será requerido también para realizar trámites ante organismos  gubernamentales y privados en lugares cerrados y para quienes trabajan en atención al público. Medidas similares se aplican en Tucumán y  Salta. La Universidad Nacional de La Plata ha dispuesto que solo podrán entrar a la institución quienes estén vacunados y vacunadas. 

Como hemos podido observar, existe un alto porcentaje de la sociedad que se encuentra abierto a la exigencia de la obligatoriedad de la vacunación, y otro sector que acuerda con la implementación de pases o exigencias hacia algunos sectores. Solo una minoría, que puede ser muy intensa en su oposición, se niega a cualquier tipo de obligatoriedad. 

Conocer qué apreciaciones políticas de la realidad tenemos argentinos y argentinas, qué miedos y resistencias y cuáles son las representaciones sobre cuestiones sociales independientes de la vacunación, es una tarea en la que aportamos desde las ciencias sociales. El Estado promovió esta dinámica a través del financiamiento a los proyectos PISAC Covid en la construcción de evidencia científica útil para las políticas públicas.

Este trabajo se basa en materiales producidos por la Red ENCRESPA, en el marco del Proyecto “Identidades, experiencias y discursos sociales en conflicto en torno a la pandemia y la postpandemia”, que forma parte del Programa de Investigación de la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC). Las ciencias sociales y humanas en la crisis COVID-19 (Agencia I+D+i). Más información aquí.

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