ENTREVISTA

Nicolás Trotta, ministro de Educación: "La responsabilidad indelegable del Estado en esta etapa es el regreso a la presencialidad"

El ministro Nicolás Trotta en su despacho del Palacio Pizzurno.

El ministro está retrasado por una reunión. Eso permite observar más detenidamente su despacho, una oficina elegante que en este momento tiene algo de museo: de sus paredes cuelgan obras maestras de Berni, Lacámera, Quinquela Martín; joyas del arte argentino que solían ser parte de la Pinacoteca del Ministerio de Educación, abierta al público y habitual receptora de contingentes escolares en situaciones normales. Pero esta dista de ser una situación normal.

Nicolás Trotta entra apurado a su despacho, saluda con el puño, y se sienta en el sillón, tan señorial como el resto del mobiliario del Palacio Pizzurno. En breve sale su vuelo hacia Santa Cruz como parte de una gira que empezó hace dos semanas en la que busca consensos para una posible vuelta a las aulas. En gira paralela por los medios repite que las clases presenciales deben ser el “ordenador” del sistema educativo del 2021.

Graduado como abogado en la Universidad de Belgrano, en proceso de terminar su tesis doctoral en Educación la Universidad de Buenos Aires, Trotta, a diferencia de ex Ministros a los que admira como Alberto Sileoni, Daniel Filmus o Juan Carlos Tedesco, no llegó a Pizzurno habiendo desempeñado previamente otros cargos de gestión educativa pública. A tres meses de asumir, la realidad y los desafíos de su ministerio se potenciaron como nunca en la historia por la decisión de suspender las clases presenciales: de los 14 días que establecía el decreto inicial, la medida se postergó sucesivamente hasta que recién en la segunda mitad del año empezó a haber muy contadas excepciones: según CIPPEC, sólo el 1% de los estudiantes estuvieron habilitados para volver a clases presenciales. Según una investigación de Agustín Claus, integrante de Flacso, unos 1,5 millones de estudiantes de distintos niveles de todo el país quedarían desvinculados de la escuela tras 2020. Ante la pregunta sobre qué proyección propia sobre deserción tiene el ministerio elDiarioAR no obtuvo respuesta.

Al mismo tiempo, subía el volumen de la disputa política con algunos gobiernos provinciales, el tema adquiría resonancia en la prédica opositora y se sumaban actores de incipiente organización como familias, madres y padres. En paralelo, organismos internacionales como UNICEF advertían sobre los efectos nocivos que puede provocar la falta de presencialidad: deserción, profundización de la desigualdad y deficiencias en el desarrollo infantil. Se profundizaron, también, las disputas políticas específicas de la agenda educativa en pandemia tras la decisión del Gobierno de la Ciudad de convocar a 6.500 estudiantes que no se habían vinculado con la escuela en todo el ciclo lectivo. En este 2021, el discurso del Ministerio enfatiza en la “presencialidad cuidada” como eje rector de ese ciclo lectivo, en medio de alianzas y dardos cruzados con los gremios docentes y gobernadores y ministros de Educación locales.

En Argentina más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes son pobres. ¿Cuál es el costo de haber tenido las escuelas cerradas durante todo un ciclo lectivo?

Es una pregunta falaz. Olvidamos que estamos bajo una pandemia. No es que uno tomó la decisión... Uno no decidió suspender la presencialidad porque pensamos que era la época de educarnos en nuestros hogares. Se tomó la decisión de suspender la presencialidad en el marco de una pandemia.

¿Pero cuál es el costo?

El costo es enorme. Pero hay sectores que piensan que los desafíos de la sociedad argentina nacieron con el Covid-19: la tragedia educativa en América Latina es la desigualdad, la pobreza. Claro que el Covid hizo que todo sea cuesta arriba. No somos Alemania ni Finlandia. 6 de cada 10 chicos y chicas están debajo de la línea de pobreza. Esa es la tragedia de nuestro país. No queremos ocultar nada, nos hacemos cargo de la parte que nos corresponde.

Pero los que se llenan la boca hablando en defensa de la escuela son los que, cuando ocupan estos lugares, se mantienen silenciosos cuando cae la inversión educativa. Nosotros desplegamos respuestas que no encuentro en otro país latinoamericano. Me hubiese encantado decir “vamos a distribuir 3 millones de computadoras”, pero habían devastado el Estado. Tuvimos que dar la respuesta posible en un marco de profunda desigualdad. Algunos piensan en la revolución educativa, se obnubilan con Finlandia, ¿pero qué tenemos que ver nosotros con Finlandia?

Tengo la tranquilidad de que cada decisión se tomó en una mesa con los 24 ministros de Educación de la Argentina, los máximos especialistas epidemiólogos y del campo pedagógico. Generamos un consenso unánime.

Justamente, pensando en la realidad Argentina y en su desigualdad, ¿por ese escenario podrían haberse tomado otras decisiones respecto de la presencialidad en 2020?

La verdad… Si vos me decís hoy, si podríamos haber tomado otras decisiones… Nos podemos sentar y diagramar un montón de decisiones. ¿Pero recuerdan la realidad de la Argentina en marzo y abril? Del mundo en marzo y abril. Era imposible pensar otro escenario porque…

Pero en agosto o septiembre no…

En agosto, septiembre avanzamos. En un país federal, generamos el marco para el regreso a la presencialidad. Hay que preguntarles a los gobernadores, ¿pudieron haber avanzado más? Hay que estar en ese lugar para poder avanzar. He hablado para plantearles avanzar y me decían: “Nicolás, tengo 2 respiradores en tantos kilómetros a la redonda”. Es una situación de mucha complejidad.

Muchas veces nos comparan con otras regiones del mundo, todos tenemos derecho a tener una opinión. Algunos tienen derecho a opinar, otros tenemos la obligación de tomar decisiones. ¿Se podría haber gestionado mejor? Cada uno puede tener su perspectiva, y es un momento de mucha complejidad. Yo tengo la tranquilidad de que cada decisión se tomó en una mesa con los 24 ministros de Educación de la Argentina, los máximos especialistas epidemiólogos y del campo pedagógico. Generamos un consenso unánime.

¿Cuáles son los principales argumentos del Ministerio para hablar de la presencialidad como el organizador del 2021 en contraposición con 2020?

No creo que haya una contraposición con el 2020. Hay una evolución de lo transitado en el marco de la pandemia. En enero de 2021 la humanidad no sabe lo mismo que en marzo del 2020. Más del 90% de los países tomaron la decisión de suspender las instancias presenciales de la escuela. Era la incertidumbre absoluta. Nuestra principal responsabilidad fue garantizar la presencia del Estado para lograr la continuidad educativa pedagógica en una Argentina profundamente desigual, en donde existía una marcada retracción del Estado en la agenda educativa.

Nuestra gestión en mayo constituyó las comisiones para el desarrollo de los protocolos para el regreso a la presencialidad, el 2 de julio los aprobamos, y el 10 de agosto comenzó ese proceso de regreso. La mitad de las provincias tuvieron instancia de presencialidad a lo largo del 2020. Incluso la Organización Mundial de la Salud planteó que la escuela era un espacio de alta circulación y multiplicación del CoVid. La propia evidencia fue cambiando, y todavía se sigue construyendo.

Sin embargo, en algunos países europeos en el segundo semestre se decía que lo último que se cerraba era la escuela.

Sí ocurrió en Europa que volvieron a las clases. Tuvieron un cierre de año muy similar a lo que fue la apertura que vivió la Argentina después de agosto. Les quedaban dos, tres, cuatro semanas a lo sumo para el cierre del ciclo lectivo que finalizaba en el mes de junio. Es muy difícil comparar la apertura de clases en Europa por la estacionalidad, por los bienes públicos, por las características del transporte. No se puede comparar linealmente.

Voy a dar un ejemplo: Alemania, 83 millones de habitantes, bienes públicos de Alemania, ciudades mucho más pequeñas que las grandes urbes latinoamericanas. Tenía 800 casos por día, con la evidencia que había en ese entonces. La situación epidemiológica en términos objetivos no sólo era mejor que la de Argentina, sino mejor que la de CABA en aquel entonces.

Pero más allá de la situación puntual, hubo un cambio de criterio al decir que la escuela era lo último que cerraba...

En agosto dimos los primeros pasos para volver a la presencialidad. Muchos criticaban nuestra voluntad de avanzar. Cuando la oposición plantea “no había voluntad de regreso”, yo pregunto: ¿no había voluntad de quién? ¿Del Ministerio de Educación, que promovió los protocolos para un regreso seguro a las clases? ¿No había voluntad del gobernador Suárez, que es de Cambiemos, de Mendoza, para volver a la presencialidad? ¿No había voluntad del gobernador Morales, de Jujuy, de volver a la presencialidad? Lo que tenemos que observar es la complejidad que tenía cada uno de volver a la presencialidad, más allá de su color político.

Estoy viajando a las provincias, tratando de consolidar el compromiso de que la presencialidad sea el organizador. Una presencialidad cuidada, en línea con la evidencia. ¿Cómo vamos aumentar la presencialidad creciente a partir del piso que queremos tener en febrero? Mejorando los indicadores epidemiológicos y con el proceso de vacunación prioritaria para nuestros docentes.

Trotta llegó al Ministerio de Educación en diciembre de 2019, tras haber sido un participante activo de la campaña de Alberto Fernández y de la construcción de la unidad del PJ para disputar la Presidencia. Fue coordinador de los equipos técnicos del candidato mientras cumplía responsabilidades como rector de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (UMET), creada por SUTERH, el sindicato de trabajadores de edificios, cuyo secretario general es desde 2005 Víctor Santa María, a la vez presidente del PJ porteño. 

La UMET, dice Trotta, “cumplió un rol de articulación política particularmente en los últimos 4 años de gestión de Mauricio Macri”. La revisión de la gestión precedente reviste precisión: “Mauricio Macri se había comprometido a construir 3.000 jardines de infantes y 10.000 salas, construyó 107 jardines y 311 salas, o sea el 3% de lo que se comprometió”, dice, y agrega que, entre otras cosas, el gobierno anterior incumplió la Ley de Educación Técnico Profesional, con 0,08% de inversión: “Nosotros hemos tenido en este año un crecimiento de 150% en educación técnica”.

¿Cuánto es el porcentaje presupuestado para 2021 para cumplir la ley de educación técnica?

-No tengo el numero exacto pero te lo averiguo. Yo creo que debemos estar en 0,15 aproximadamente. Nuestro objetivo es cumplir la ley en el 2022. Y cuando nosotros asumimos la inversión en Educación sobre el total del PBI era de 4,8%, cuando la ley establece un piso del 6%... 

¿Y ahora?

-Ahora no tengo el cálculo sobre el PBI, pero sí te puedo hablar del presupuesto, de lo que ha sido el crecimiento y después les mando un informe. Nosotros hemos tenido un crecimiento marcado en uno de los peores años económicos de la Argentina. Si ustedes ven el presupuesto 2021, la inversión en educación en Argentina crece, si mal no recuerdo, 0,2 o 0,3 puntos del PBI.

Según el mencionado informe, al que luego accedió elDiarioAR, el presupuesto educativo para 2021 prevé un aumento del 47% respecto del de 2020, año en el que la inflación acumulada se estima en 35%.

¿Qué estadísticas tiene el Ministerio sobre el acceso a la presencialidad que hubo en 2020?

La presencialidad fue en 13 provincias. Lo que se priorizó, en grupos de hasta diez estudiantes, fue el último año del primario y del secundario. Pero la presencialidad no fue la regla en el 2020.

Pero ¿cuál fue el acceso concreto a la presencialidad del total de alumnos de la Argentina?

Fue muy bajo. Según la jurisdicción. El gobernador Schiaretti planteó su intención de que hubiera presencialidad pero la provincia de Córdoba no logró tener ese marco, como ocurrió con gran parte de las provincias patagónicas, por ejemplo.

Concretamente, ¿cuánto se pudo poner en marcha?

En términos de cantidad de estudiantes fue un número muy bajo, 3%, 4%. Pero estamos hablando de que de los 14 años de educación obligatoria, la mayoría de las jurisdicciones priorizaron 2.

Hoy los que piden abrir las escuelas son los que nos criticaban porque no las cerrábamos. Los que se dedicaron a romper los consensos que Argentina supo construir deberían estar dando explicaciones.

¿Qué proyección sobre deserción en nivel inicial, primario y secundario estima el Ministerio?

No, deserción no. La responsabilidad indelegable del Estado en esta etapa es el regreso a la presencialidad de todos los chicos y chicas, hay que ir a buscarlos. Nuestra principal política pública va a ser el programa Acompañar, que tendrá que ver con cómo vamos a acompañar las trayectorias que hayan tenido la menor intensidad en 2020. En 9 de cada 10 hogares hubo un vínculo o continuidad pedagógica con la escuela, por supuesto de distintos niveles de intensidad. No es lo mismo que la escuela. También esto nos marca que un 10% de los estudiantes han tenido menos de 2 ó 3 contactos mensuales. Ahí no se garantizó ningún esquema de continuidad educativa

¿Quiere decir que ese 10% no va a volver a la escuela? No, no quiere decir que no van a volver. ¿Quiere decir que el 90% que ha tenido vínculo con la escuela va a volver? No, tampoco quiere decir eso. Hay que ir a buscar a los chicos porque hay dos factores que impactan en la continuidad de las trayectorias educativas. Uno es la situación económica y social general, que ha sufrido un impacto por la pandemia, y el otro, que es una problemática conversada con Unesco y Unicef, es la ruptura en la rutina de los chicos que concurrían a la escuela. Tenemos que tener una coordinación entre Nación, provincias y municipios para ir a buscar a cada uno de los chicos.

Algunos representantes de la oposición sostienen que el Ministerio tiene una posición muy cercana a los gremios en esta discusión...

No hay que partidizar. Cada decisión que tomamos es para cuidar a nuestros hijos, a nuestras hijas, y a los docentes. No hay conflicto en eso. He dialogado previo a la pandemia con los sindicatos, reinstitucionalizamos la paritaria nacional, me junto con las organizaciones sindicales para dialogar. Es inconcebible pensar que uno puede construir algo descalificando al otro. También hay gremios que me han cuestionado y me cuestionan. Barbaridades dicen de mí. Será la mirada que tienen ellos. Hay otros gremios que acompañan ciertas políticas educativas.

Hoy los que piden abrir las escuelas son los que nos criticaban porque no las cerrábamos. Los que se dedicaron a romper los consensos que Argentina supo construir deberían estar dando explicaciones. ¿Por qué dejaron de distribuir computadoras? Hoy son los que hablan de defender la escuela pública. Son los que dicen que sobraban universidades. Los que prometieron jardines de infantes y construyeron 107 de 3.000.

Uno no puede descalificar al sector docente. No quiere decir que por momentos uno no tenga una mirada distinta, y las decisiones la toman los Estados, pero hay que tratar de encontrar espacios en común, porque cuando se descalifica nadie gana esa pelea. Ningún gobierno ni los sindicatos. Quien pierde es la escuela.

¿Qué responsabilidad tienen los gremios en que vuelva la presencialidad?

Yo hablo constantemente con los gremios. Todos los años se discuten salario y condiciones de trabajo. Lo que me parece una equivocación es pensar que los gremios son parte del problema. ¿No será problema la política, más que los gremios? ¿Por qué ponemos el foco en el paro, en el conflicto, y no analizamos por qué llegamos al conflicto? Ahí hay co-responsabilidad. Para tener una escuela con capacidad de respuesta hay que dialogar hasta que duela.

Voy a seguir trabajando incansablemente en diálogo con los sindicatos para un regreso seguro, porque cuidando a los maestros cuidamos también a nuestros hijos. Es un debate falaz el que a veces se está planteando. Y un debate con enorme cinismo: aquellos que han desfinanciado la escuela se pretenden defensores de la escuela pública.

"Falaz" es el adjetivo que el ministro repite en las respuestas que pronuncia con tono más vehemente.

NS / JR

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