La peor semana de Fernández: guerra fría en el Gobierno y sin diálogo con la oposición

Alberto Fernández junto a Martín Guzmán y Wado De Pedro

Martín Guzmán se despojó de su modo monocorde y pausado. En México, durante un alto de la gira, levantó un tono la voz para trasmitir su malestar por la forma en que se difundió la lista de los 70 vacunados donde, sin distinción, su nombre y el de su equipo aparecen mezclados con los de Eduardo Duhalde y Horacio Verbitsky, dos de los vacunados de privilegio.

El reproche del ministro de Economía por la publicación en crudo, sin distinción entre "estratégicos" y "de privilegio", explicitó una de las batallas de la guerra fría que atravesó al Gobierno en su peor semana, crisis que puso a Alberto Fernández frente a un dilema: cómo procesar, hacia adelante, en un año electoral y frente a una oposición con la que casi no tiene diálogo, el plan de salida del escándalo.

El ministro abundó en un argumento: recordó el episodio del contagio, en Buenos Aires, del jefe de la misión del FMI, el venezolano Luis Cobeddu, que paralizó las conversaciones y paralizó el cronograma.

El episodio Guzmán es sintomático. El ministro trasmitió su queja y detalló que había consultado a Carla Vizzotti, por entonces vice de Salud, quien le sugirió que vacunara su "burbuja" de trabajo, el equipo que lo escolta y con el que tiene pautado viajar en marzo. El ministro abundó en un argumento. Recordó el episodio del contagio, en Buenos Aires, del jefe de la misión del FMI, el venezolano Luis Cobeddu, que paralizó las conversaciones y alteró el cronograma.

"Lo pusieron junto al Gordo Valor", se irritaron en la "burbuja Guzmán" y apuntaron a lo que consideraron un martilleo malicioso sobre las integrantes del staff de Economía que fueron vacunadas. La tensión por la lista difundida por el Gobierno formó parte de un póker con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el equipo presidencial que, por orden de Fernández, difundió la tira de los inmunizados en el Hospital Posadas. "¿Quién le generó un problema político al presidente? ¿Los que se vacunaron y no lo contaron o los que difundieron la lista?", le quemaron las orejas a Guzmán. El detrás de escena muestra algo de eso: Guzmán habló con Vizzotti y no hizo consultas adicionales sobre si convenía, o no, informarlo.

"Yo quiero explicarlo, si me preguntan lo explico", repitió el ministro frente a la comitiva que viajó a México, un raid agotador que tuvo al presidente fuera del país durante tres de los días más críticos de su Gobierno. Allí se lo vio aislado, poco comunicativo, muy cansado y angustiado. Fernández, que había querido dar por cerrado el episodio con el pedido de renuncia a Ginés González García, ahora apuesta a que se agote bajo el avance del plan de vacunación.

Desconexión

"De la crisis del vacunatorio VIP sólo se sale vacunando"; fue el mantra que sonó en el Gobierno. Según esa lógica, Fernández hiló tres movimientos positivos para domar el escándalo: el rápido desplazamiento de González García, la entronización de Vizzotti y la difusión, sin tachas, de la lista de los vacunados. Lo que vino después fueron intentos de cambiar el eje: el protocolo de estratégicos, el Monitor de Vacunación y la aceleración del operativo con la llegada de cerca de dos millones de dosis.

Antes hubo desconexión. Recién la noche del jueves 18 de febrero, un mes después de vacunarse en su despacho, Guzmán contó en detalle cuándo, cuántos y quiénes se habían inmunizado de su equipo. Lo hizo en un contexto peculiar, mientras cenaba con Fernández en Olivos y justo después de que el vocero presidencial Juan Pablo Biondi diera la primera certeza sobre los vacunados VIP en Salud. Para muchos, fue una sorpresa. Su nombre, en rigor, trascendió recién el sábado en la nómina de los "estratégicos" luego de que Vizzotti, Cafiero y Vilma Ibarra, junto a Fernández, montaron el comité de crisis para ver hasta donde llegaba la daga del vacunatorio VIP.

¿No es un dato que debería ser conocido administrado y difundido que un ministro de primera línea se vacune? No ocurrió y reflejó hasta qué punto en una gestión radial y mestiza, información relevante no circula como debería.

Hubo, en provincia, otro conflicto doméstico en el Frente de Todos (FdT). Patricia Bullrich, al difundir las fichas de vacunación del padre de Sergio Massa , Alfonso, y los padres de Malena Galmarini, Fernando y Marcela Durrieu, activó una minicrisis bonaerense. Digresión: la información que la exministra de Seguridad publicó en Twitter podría derivar en una presentación judicial, confiaron a elDiarioAR fuentes oficiales, por tratarse de datos que no son de carácter público.

Por ese motivo, cuando Casa Rosada publicó la lista de los 70 vacunados en el Posadas, se analizó cómo hacerlo para no difundir información privada. Ibarra trabajó en eso y la nómina fue, al final, sólo con los nombres sin más detalles ni precisiones y podría, así y todo, derivar en alguna objeción.

En La Plata se enteraron por la denuncia de Bullrich de la inmunización de Massa padre y de sus suegros. El diputado dijo desconocerlo, pero desde su entorno se quejaron por la reacción de Daniel Gollán, el ministro de Salud de Axel Kicillof, que mandó un parte al hospital municipal de Malvinas Argentinas para que le informen porqué, o a pedido de quien, se vacunó a esas tres personas: Durrieú, se aclaró, es médica y entra en personal de salud. Los otros dos, no. "No tenemos claro qué pasó, pero que ellos pidan informes y lo salgan a contar", se inquietó un dirigente del Frente Renovador.

"Algunos no quieren mostrar a quién vacunaron, lo van a tener que hacer", dijo un funcionario en La Plata y le apuntó a los municipios. La crisis se contagia, también a los que pueden tratar de inmunizarse del escándalo. Kicillof decidió, por eso, poner un teléfono y un formulario web para recibir denuncias sobre vacunaciones irregulares, y le indicó a Gollán que arme un equipo para seguir esos expedientes.

El Evita empezó a movilizar para el 1° de marzo al Congreso para "no dejar solo a Alberto". Se plegaron los gremios y luego los intendentes tras un almuerzo con Cafiero. Pero en todo momento, La Cámpora se mostró reacia.

Con la casa en llamas, algunas ausencias se volvieron más notorias. De dos terminales oficiales sonaron reproches contra Eduardo "Wado" De Pedro, quien representa en el gabinete a Cristina Fernández de Kirchner. El ministro estuvo con Fernández en Corrientes, pero bajó el perfil. Hay dos lecturas posibles a esa actitud: que el kirchnerismo no hizo una cruzada en defensa de Fernández pero, tampoco, alimentó con pólvora el escándalo de los vacunados.

Un dato aporta alguna claridad: cuando a principios de semana, el Movimiento Evita empezó a agitar la idea de movilizar el 1° de marzo al Congreso para "no dejar solo a Alberto", se plegaron los gremios -que el viernes armaron una reunión operativa en CGT- y luego se sumaron los intendentes tras un almuerzo con Cafiero en Casa Rosada con sándwiches de lomito y gaseosas. En todo momento, La Cámpora se mostró reacia.

Desde la cima de la agrupación que comanda Máximo Kirchner a mitad de semana trasmitieron que no consideraban oportuno movilizar en el contexto pandémico. Ocurrió, luego, el viaje de Horacio Rodríguez Larreta a Brasil que el Gobierno consideró inoportuno en medio de la campaña de vacunación y se reforzó ese foco. Al final, según confió un dirigente a elDiarioAR, tenían decidido acompañar la movilización. Era mayor el costo político de no ir que de ir.

Pero el viernes, Fernández trasmitió sus dudas sobre la convocatoria y Cafiero le avisó a los organizadores. "Al 1° de marzo siempre cuesta movilizar, pero esta vez va a ir mucha gente: de piso, 50.000 personas", intentó un dirigente de quebrar la resistencia que el Presidente tuiteó el sábado, en la previa del 27-F convocado por la oposición, que presentó un dato novedoso: dirigentes como Mario Negri y Martín Lousteau se plegaron, con alta visibilidad, a la convocatoria, algo que no ocurrió en movilizaciones anteriores. En año electoral, en Juntos por el Cambio (JxC) parece imponerse en perfil más duro.

El presidente estuvo el sábado en Olivos, repasó el discurso que pronunciará este lunes en el Congreso. Su decisión de desactivar la convocatoria a su favor tiene una traducción: Fernández, a pesar que su diálogo con la oposición está en el punto más bajo desde que comenzó su Gobierno, apuesta a una relación más fluida que, por errores propios y tensión ajena, no consigue.

Con una planteo sobre la reforma de la Justicia y un autoelogio sobre haber cerrado el año con una caída económica menor a la prevista, Fernández buscará enancarse en que apuró las negociaciones por las vacunas y avanza, finalmente, el plan de inmunización. El capítulo incierto es cómo se parará frente a la oposición y en la previa electoral parece tener cada día menos margen para el dialogo.

PI

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