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Efemérides
Día Mundial de la Higiene: ¿por qué se celebra el 3 de septiembre?

El lavado de manos es parte fundamental de la higiene

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Cada 3 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Higiene, una jornada destinada a recordar que muchos de los hábitos más sencillos de la vida cotidiana tienen un impacto directo sobre la salud individual y colectiva.

La higiene no se limita al aseo personal. También comprende la limpieza de los hogares y lugares de trabajo, la manipulación segura de los alimentos, el cuidado de los espacios comunes y la correcta eliminación de los residuos.

La fecha busca reforzar una idea central de la prevención sanitaria: acciones simples y sostenidas pueden ayudar a reducir la transmisión de numerosas enfermedades. Entre ellas aparecen las infecciones gastrointestinales, algunas enfermedades respiratorias, hepatitis, infecciones de la piel y otras afecciones relacionadas con microorganismos.

¿Por qué se celebra el Día Mundial de la Higiene el 3 de septiembre?

El 3 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Higiene con el objetivo de promover hábitos que permitan prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.

A diferencia de otras efemérides sanitarias internacionales, esta jornada no debe confundirse con el Día Mundial de la Higiene de las Manos, establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el 5 de mayo, especialmente orientado a la higiene de manos en los establecimientos de salud.

El 3 de septiembre tiene un alcance más amplio: pone el foco en la higiene como una práctica cotidiana que atraviesa diferentes ámbitos de la vida.

La higiene no es solamente bañarse o lavarse las manos

Cuando se habla de higiene, muchas veces la primera asociación es con el cuidado del cuerpo.

Sin embargo, el concepto es mucho más amplio. Incluye prácticas relacionadas con el ambiente en el que vivimos, los alimentos que consumimos y los objetos y superficies con los que tenemos contacto.

La limpieza de los hogares, la ventilación de los ambientes, el lavado de frutas y verduras, la conservación adecuada de los alimentos y la eliminación segura de los residuos forman parte de un conjunto de medidas que ayudan a reducir riesgos sanitarios.

Por eso, la higiene puede entenderse también como una responsabilidad colectiva.

El lavado de manos, uno de los hábitos más importantes

Entre todas las prácticas de higiene, el lavado de manos con agua y jabón ocupa un lugar central.

Las manos tienen contacto permanente con superficies y objetos y pueden transportar microorganismos de un lugar a otro. Por eso, limpiarlas adecuadamente ayuda a interrumpir cadenas de transmisión.

Las autoridades sanitarias recomiendan lavarse las manos especialmente antes de preparar o consumir alimentos, después de utilizar el baño, luego de toser o estornudar y al regresar de determinados espacios públicos.

Para que el lavado sea efectivo es importante utilizar agua y jabón y cubrir todas las zonas de las manos, incluyendo palmas, dorsos, dedos, espacios entre los dedos y debajo de las uñas.

Lavarse los dientes, parte de la higiene diaria

¿Cuánto tiempo hay que lavarse las manos?

Una de las recomendaciones más difundidas es dedicar al menos 20 segundos al lavado de manos, procurando limpiar cuidadosamente todas las superficies.

No se trata solamente de mojar las manos y aplicar jabón. La fricción es fundamental para desprender la suciedad y los microorganismos.

Después del lavado, también es importante realizar un buen enjuague y secado.

En situaciones en las que no hay agua y jabón disponibles, el alcohol en gel puede ser una alternativa para la higiene de las manos, aunque no reemplaza todas las situaciones en las que se requiere un lavado tradicional.

Higiene y prevención de enfermedades

La importancia de estas prácticas puede observarse especialmente en la prevención de enfermedades infecciosas.

Una higiene adecuada contribuye a reducir el riesgo de enfermedades gastrointestinales y respiratorias, además de determinadas infecciones de la piel. Entre las afecciones relacionadas con prácticas deficientes de higiene aparecen enfermedades diarreicas, hepatitis, neumonías e infecciones cutáneas.

La prevención resulta particularmente importante en lugares donde muchas personas comparten espacios, como escuelas, hospitales, oficinas, medios de transporte y establecimientos gastronómicos.

La higiene de los alimentos también es fundamental

El cuidado de la salud no termina con el lavado de manos. La higiene de los alimentos es otra de las dimensiones fundamentales de la prevención.

Frutas y verduras deben lavarse cuidadosamente con agua potable antes de ser consumidas, especialmente cuando se comen crudas.

También es importante evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos, mantener una adecuada conservación y respetar las condiciones de temperatura indicadas para cada producto.

Una manipulación incorrecta puede favorecer la proliferación de microorganismos capaces de provocar enfermedades.

La limpieza del hogar y los espacios comunes

La higiene también se construye en los lugares que habitamos. Mantener limpios los baños, cocinas y superficies de uso frecuente contribuye a reducir la acumulación de suciedad y microorganismos.

La ventilación de los ambientes también cumple un papel importante, especialmente en espacios cerrados donde permanecen varias personas durante períodos prolongados.

A esto se suma el manejo adecuado de los residuos. La acumulación de basura puede favorecer la presencia de insectos y otros vectores capaces de transmitir enfermedades.

Higiene y salud pública

La higiene individual tiene una dimensión que excede a cada persona. Cuando una persona incorpora hábitos adecuados, también puede contribuir a disminuir la circulación de determinados agentes infecciosos dentro de su familia, su lugar de trabajo o su comunidad.

Por eso, las campañas de higiene forman parte de las estrategias de salud pública.

La educación sanitaria resulta especialmente importante durante la infancia, cuando se forman muchos de los hábitos que luego acompañarán a las personas durante toda su vida.

La importancia del agua potable

Hablar de higiene también implica hablar de acceso al agua segura. No todas las personas cuentan con las mismas condiciones para mantener prácticas adecuadas de higiene. Tener agua potable disponible y un lugar apropiado para lavarse las manos es una condición básica para poder sostener estos hábitos.

Esto convierte a la higiene en una cuestión que no depende únicamente de decisiones individuales, sino también de las condiciones sociales y de infraestructura.

La prevención, por lo tanto, necesita combinar educación, hábitos saludables y acceso a servicios esenciales.

Una enseñanza que dejó la pandemia

La pandemia de COVID-19 puso nuevamente en primer plano la importancia de las medidas de higiene.

Durante esos años, acciones como el lavado frecuente de manos, la limpieza de superficies y la ventilación de los ambientes pasaron a ocupar un lugar central en las recomendaciones sanitarias.

Aunque muchas de aquellas medidas estuvieron relacionadas con una situación epidemiológica excepcional, dejaron una enseñanza que continúa vigente: la prevención comienza muchas veces con hábitos cotidianos.

No es lo mismo higiene que desinfección

Otro punto importante es diferenciar conceptos que suelen utilizarse como sinónimos.

La limpieza permite retirar suciedad, restos y parte de los microorganismos presentes en una superficie.

La desinfección, en cambio, busca reducir o eliminar microorganismos mediante productos específicos.

No todos los espacios requieren una desinfección permanente. En muchos casos, una limpieza adecuada resulta suficiente, mientras que determinados ambientes o situaciones sanitarias pueden requerir medidas adicionales.

Utilizar productos químicos de manera excesiva no necesariamente implica una mayor protección y puede incluso generar riesgos si se emplean incorrectamente.

Hábitos sencillos que ayudan a cuidar la salud

El Día Mundial de la Higiene invita a incorporar prácticas que pueden formar parte de la rutina diaria:

  • Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos.
  • Lavarse las manos antes de preparar o consumir alimentos.
  • Higienizar las manos después de ir al baño.
  • Cubrirse al toser o estornudar y luego lavarse las manos.
  • Lavar cuidadosamente frutas y verduras con agua potable.
  • Mantener limpios los espacios de uso frecuente.
  • Ventilar regularmente los ambientes.
  • Manipular y conservar los alimentos de manera segura.
  • Eliminar correctamente los residuos.
  • Evitar compartir determinados objetos personales cuando exista riesgo de transmisión de infecciones.

NB

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