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Del "escrache" a represores al "carpetazo virtual": la denuncia social ahora es Internet

La camiseta negra con la que los All Blacks homenajearon a Maradona.

Todo esto sucedió en doce días, entre el 18 de noviembre y el 1° de diciembre. Martín Cirio, actor conocido como La Faraona, es denunciado penalmente por “apología de delito” luego de que se viralizaran tuits de 2011 en los que sugería intercambios sexuales con menores de edad. El repudio en redes sociales es general y la sentencia popular, inmediata: es pedófilo.  

Tres días después de la muerte de Diego Armando Maradona, el 28 de noviembre, Los Pumas se enfrentan a los All Blacks. El equipo argentino pierde pero la noticia es que su homenaje al ex futbolista consistió sólo en llevar una cinta de luto en el brazo frente al tributo de los neozelandeses, que dio la vuelta al mundo: luego del tradicional haka, dejaron una camiseta negra con el número 10 a los pies de Los Pumas.  

Pero el escándalo sucedió dos días después: los jugadores Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino quedan expuestos por posteos xenófobos que se viralizan en redes sociales. Los tuits, todos desagradables, datan de los años 2011 y 2012.

Ese mismo día, el 1° de diciembre, los lapidados en redes sociales son el actor, conductor y músico Migue Granados y la periodista Nati Jota, ambos influencers. A Granados lo condenan por tuits de contenido discriminatorio posteados entre 2010 y 2013. Nati Jota tenía 16 años cuando en 2011 opinó en redes sociales sobre cuestiones de “raza”, lo que le vale, 9 años después, que la liquiden en cualquier plataforma.

Todos --los rugbiers, los actores, la conductora-- salieron a ofrecer disculpas por lo evidente, lo que está a un click, a mano, en capturas que también corren por WhatsApp, imparables. Lo que no nadie puede explicar hasta ahora es quién o quiénes van a buscar esas viejas declaraciones públicas y las exponen, quién o quiénes organizan a la jauría para que ataque, a quién o a quiénes les sirve que “apedreen” a personas públicas que, se sabe, mueven influencias y marcas, y por ende dinero. 

Esto no tiene fecha ni es novedad: Internet es parte de nuestra vida cotidiana, tanto que interviene nuestra intimidad y la esfera pública, y ni siquiera lo notamos. Mientras las plataformas --Twitter, Instagram y Facebook, las más populares-- ejercen un silencio, digamos, estratégico, alteran el tiempo y registran todo. Pero la violencia digital, ¿también hay que naturalizarla? 

1995 - 2020: del escrache de HIJOS al carpetazo virtual

“Conozca a su vecino”. Así solía encabezar los afiches la agrupación H.I.J.O.S (cuya sigla desglosada es Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) cuando en 1995 implementaron acciones para que el barrio supiera que en esa calle a esa altura vivía una persona que había participado de la represión militar

Invitaban a los vecinos a movilizarse. Llevaban carteles, percusión, megáfonos y aerosol. El “escrache” se convirtió en un método de protesta y de sentencia pública. Con los años, HIJOS se volvió una red nacional que agrupaba a descendientes de desaparecidos en la última Dictadura cívico-militar. Su práctica de denuncia fue adoptada por muchos países.

El origen de la palabra escrache varía. La RAE ofrece sus acepciones y la Historia también: se dice que surgió en Inglaterra hacia el año 1848 cuando un grupo de empleados de una fábrica de cerveza inglesa decidió repudiar públicamente la visita a Londres de un torturador austríaco.   

Volvamos a la Argentina. En 2001, el escrache tomó forma de “cacerolazo”: grandes convocatorias de ciudadanos que protestaban contra políticas económicas. El cacerolazo emblemático fue la noche del 19 de diciembre cuando Fernando de la Rúa presidía el país, que estaba hundido en una severa crisis económica: desocupación del 15% y un plan económico llamado “blindaje” que terminó por confiscar los ahorros de muchos argentinos, el “corralito”. Hubo cacerolazos en Plaza de Mayo y frente a los bancos. Dos días de represión que terminaron con 39 muertos.

La nueva modalidad de repudio se llama “cancelación”, que no es una moda ni una tendencia, sino una cultura. “Cancelar” implica borrar del espacio público a esas personas u organizaciones que van en contra del discurso dominante. No está claro todavía si logra cambios sociales profundos o tiene sólo un efecto superficial, pero el campo de acción es Internet, ese no-lugar con más anarquía que reglas claras, que todos y todas estamos aprendiendo a usar.

La era del “carpetazo virtual”

En el diccionario del lunfardo, “carpetear” es espiar. En el diccionario de los servicios de inteligencia del Estado significa usar información para intimidar. En el diccionario de la Web, es algo así como ir a buscar algo que alguien haya dicho hace tiempo, exponerlo y alentar a los usuarios --anónimos o no-- a que “ataquen” a quien lo haya enunciado. Puede ser un viejo posteo en Facebook, una foto, un tuit que el implicado no haya borrado (porque simplemente lo olvidó) o que algún usuario haya capturado y guardado. 

“En Internet el tiempo está trastocado por lo digital. Hay una línea de tiempo en lo digital y afuera de lo digital. Esa característica se suma a que todo lo que uno hace en Internet es muy difícil que desaparezca, sobre todo cuando son personas públicas. Incluso hay herramientas para recuperar aquello que fue eliminado o modificado. Y una característica más: aprendemos con el uso a manejarnos en el mundo digital, en el ‘mientras tanto’”, dice Daniel Daza Prado, antropólogo, investigador del Observatorio Interuniversitario Sociedad, Tecnología y Educación (OISTE) y coordinador del Círculo de Estudios de Antropología de lo Digital, ambos espacios de la UNSAM.

Ir a buscar posteos viejos para exponerlo y generar un ataque en masa no es, para Daza Prado, una conducta espontánea ni azarosa. Cuando la antropología estudia el comportamiento humano en el universo digital encuentra grupos que inician la violencia: “Tienen una estructura sin centro, son lobos solitarios organizados: actúan como red aunque parezca que pueden ser individualizados aún desde cuentas falsas u anónimas”. Y advierte: “Esta práctica violenta afecta a personajes públicos, pero también a jóvenes y adultos. Son estrategias tan agresivas como el ciberbullying y el grooming”.

¿Cómo se explica (en el caso de que hubiera forma) ese comportamiento de ir a buscar en el “arcón de los recuerdos” eso que alguna vez se dijo, pero quizás ya no refleja el pensamiento de quien lo enunció? Aquí responde José Luis Juresa, psicoanalista, codirector junto con Alexandra Kohan de Psicoanálisis Zona Franca (PZF) y director del Espacio Psicoanalítico Contemporáneo: “Una explicación posible tiene que ver con una instancia de la represión que ya no ‘oculta’ nada, sino que lo muestra todo. Se apela a la represión a través del escrache, el carpetazo o la cancelación, es decir, dejar “a la vista” a una –otra vez– ‘persona’ como si alguien solo pudiera ser uno y el mismo para siempre”.

VDM

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