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Arrancamos mal pero igual nos reímos. Es 7 de octubre en España y en Argentina, y la cuestión está en la referencia de la fecha. En diez días aquí se celebrará  el Día de la Lealtad. Para Martín Caparrós hay, al menos, dos aniversarios antes. Pregunta si sé cuáles. Digo que no, que no se me ocurre. Responde con una exclamación: “¡Cómo está la juventud! ¡Están jodidos!”. Vamos 34 segundos de grabador encendido. Él en su decorado online, recortado de la pared blanca por su remera negra, su sillón de cuero negro y una luz diurna que entra por la ventana y que, por natural, es mejor que el aro de luces led que, apuesto, debe ser uno de los productos más vendidos en lo que va de la pandemia.

“Mañana es 8 de octubre, el Día del Guerrillero Heroico, por el día que mataron a (Ernesto ”Che“) Guevara. Pero es una efeméride falsa, porque lo asesinaron el 9. Y por otro lado, y para retomar tus referencias nacionales y populares, ese día es el del natalicio de Juan Domingo Perón. Nacimiento de Perón y muerte de Guevara. Ahí tenés. Todo junto”, dice Caparrós. Ñamérica es su último libro y por eso conversamos. Una cita de un tal Macedonio anticipa el tema de su obra: “¿Cómo decir más que lo que se ha dicho? ¿Cómo perder los ojos donde no importa…”

Caparrós -periodista, 64 años, más de 30 títulos publicados, premiado en todos los géneros literarios- vuelve a pisar un terreno que conoce y lo ofrece en 671 páginas repletas de datos y mirada. Otra vez su fórmula de ensayo y crónica para contar veinte países que tienen en común el idioma y tantas cosas. Porque la ñ es bien nuestra: Ñamérica. También y además, vuelve al truco que sabe -un blend de reflexión y narración- para contar qué distingue a las zonas de una misma región. Ñamérica puede leerse como una guía turística. No: Martín se enojaría con esta asociación. Reformulo: Ñamérica es una guía para viajeros; para lectores que se desplazan, se demoran, los que se dejan rozar. Más: para el lector que se dispone a la pregunta. Un poco más: para aquellos a los que nos les interesa el souvenir, el recuerdito, el imán en la heladera.

Este punto de partida: grandes ciudades que hace cincuenta años eran rurales. Este dato: “Uno de cada diez ñamericanos no come lo suficiente. Es la forma final de la desigualdad, el punto en que esa diferencia se hace violencia sostenida”. Esta observación: “Los himnos son cantos de guerra que, en general, llaman a matar gente”. Este número, gigante: “Poco menos de quinientos millones hablamos castellano. De cada diez personas que hablan castellano, nueve viven en Ñamérica, una en España”.

Desde mi ventana de Zoom digo que Ñamérica también podría ser un manual de consulta, de esos que uno toma de vez en cuando, lo abre al azar y se lleva algo: una cifra, un clima; un perfume, un ruido. “¿Un manual? Mmmmhh… No sé como tomarlo eso… Si es un halago, uno nunca sabe cómo defenderse de los elogios. Y dale, que vamos dos minutos y todavía no me hiciste ni una pregunta”, apura Caparrós. 

¿Por qué Ñamérica?

La intención más ambiciosa es que la próxima vez que tenga que hablar sobre América Latina en algún pequeño foro pueda decir algo que no me de vergüenza. Que pueda salir de los slogans y los lugares comunes con los que uno va transitando por la vida. No sé, no tengo todavía una síntesis. Pero por lo menos tengo una serie de aproximaciones que me interesan. Y entendí algunas cosas. Algunas pocas cosas, que no sabía o que no había pensado. Porque quise entender cómo somos. Fui a mirar para ver cómo somos. No como “son”.

¿Y cómo somos?

Ufff, qué sé yo. Qué sé yo cómo somos. Cualquier respuesta a la pregunta “cómo somos” es muy difícil de lograr. Cualquier respuesta breve y contundente es una falacia. En el caso de ÑaméricaSomos jóvenes, en el buen y en el mal sentido. Esa es la palabra más sintética que se me ocurre. 

En un pasaje del libro, decís “continente víctima”.

Hay muchos usos de la victimización, digamos. Uno de los usos clásicos es este de echarle la culpa de todo a un enemigo externo, que teóricamente fue malísimo, sean los españoles o Estados Unidos o lo que fuera. Que efectivamente todos ellos eran malísimos. Pero es muy fácil decir que los de afuera tienen la culpa, porque eso facilita la posibilidad de no buscar las culpas de los adentro. Eso es lo que usan los de adentro, los que tienen algún Poder, para imponer su discurso y que nadie busque sus culpas. Y lo hacemos mucho. Fue la maniobra de López Obrador estos días, cuando está todo el tiempo atizando la cosa contra España. Un país que lleva ya dos siglos sin España. Lo que pase con los pobres mexicanos o con los ricos mexicanos ya no es culpa de España, ya está

De los cambios que observaste en la región, ¿cuáles te llamaron la atención?

Que si algo hizo Ñamérica durante toda su historia fue recibir e incorporar gente y ahora está expulsando mucho. Ñamerica se formó a partir de cuatro grandes olas migratorias muy definidas, mucho más definidas que lo que suele pasar en una u otra región. La primera, los que vinieron de Asia, la segunda de los españoles, la tercera de los esclavos africanos que los españoles trajeron por la fuerza, la cuarta la de nuestros mayores que llegaron con una mano atrás y otra adelante, a fines del Siglo XIX, principios del XX. La quinta es la primera que expulsa en lugar de recibir

¿Y qué significa ese cambio de tendencia?

Ñamérica es la región del mundo con mayor proporción de emigrantes por habitante. Para esa proporción México ayuda mucho porque se fueron como 15 millones a Estados Unidos. Están los 4 o 5 millones que se fueron de Venezuela en los últimos 4 años. Y están todos los argentinos, colombianos, peruanos, ecuatorianos, centroamericanos en general, mucha gente que se va y se va y se va. Es una declaración muy fuerte sobre nuestra región el hecho de que tanta gente piense que no hay manera de seguir viviendo en su lugar y prefiera ir a buscarse la vida solo en otro

Si algo hizo Ñamérica durante toda su historia fue recibir gente y ahora está expulsando mucho. Es una declaración muy fuerte el hecho de que tantos piensen que no hay manera de seguir viviendo en su lugar.

Y en ese contexto, entonces, ¿se resignifica el hecho de emigrar?

Emigrar es la mayor renuncia a la opción de un cambio colectivo. Así no hay cambio colectivo posible. Es muy jodido esto de “yo me voy a tratar de buscar una vida solo”. Porque al mismo tiempo los que emigran, en general, son los que tienen la energía como para hacerlo. Entonces es tanta más energía que cada una de nuestras sociedades van perdiendo. Es fuerte, la verdad es que es muy fuerte. 

Hay migrantes que se definen como “exiliados”. ¿También se resignificó la palabra exilio?

Uno elige donde migrar. Otro tiene que irse y no sabe adónde. Quizás podría decirse que la gran diferencia entre exilio y emigración es que uno se exilia de un lugar; en cambio uno emigra a un lugar. Es un problema de preposiciones. Y ahí está toda la diferencia. 

Sabrás que hay un género periodístico nuevo, que funciona muy bien. Es el que cuenta historias de argentinos que triunfan en el exterior. ¿Qué opinás?

Ah, sí. Los que exportan argentinidad allí donde pueden triunfar y no en el barro donde siempre nos hundimos. En Ñamérica, en el capítulo sobre Buenos Aires, a mí me sorprendía mucho que muchas veces en esos días que estuve trabajando, mucha gente por la calle me comentaba “qué bueno, vivís afuera; qué suerte, qué vivo”. Como que no estar allí (N. de la R.: por Buenos Aires) era un gran mérito que la gente subrayaba. Eso me impresionó mucho. Y por eso lo incluí en la crónica, como un sonsonete que reaparece cada tanto.

En Ñamérica también contás que descubriste, digamos, un poco tarde a El Chavo del 8.

Es cierto. Pero quizás haya sido tarde para mí y temprano para vos. Lo que me interesó fue que varios en esa mesa que reunía periodistas en El Salvador encontraran un punto en común, una referencia. Entonces, ese fue el descubrimiento. El hecho de haberme dado cuenta de que hay una cantidad de cosas que se comparten y que yo no tenía muy presente. Me había pasado una vez, cuando reporteaba para El Interior, que unos chicos con los que conversaba se sorprendieron cuando les dije que no conocía a El Chavo del 8. Era en una localidad de Misiones, muy cerca de la frontera con Brasil. “¡¿Cómo que no conocés al Chaves do oito?!”. En su versión brasilera claro, la penetración cultural la recibieron en la frontera. Era lo suficientemente fuerte como para transformar esa especie de ícono latinoamericano en el uso parlante

¿Pero alguna vez viste el programa?

Sí, lo vi, claro. No me interesó un carajo. 

Ahora, un chico, que podría ser huérfano y que vive en un barril es emblema latinoamericano...

Bueno, no voy a disfrazarme de peronista diciendo que cada región tiene el… ¿Cómo es? el ídolo que se merece. Pero es cierto que muchos de los grandes íconos culturales que nos reúnen no es el tipo de producción cultural que uno elige para dedicarle unas horas libres. Esto de que la música ñamericana sea el reggaeton y por ella sea conocida en todo el mundo… Bueno, creo que no nos llena de orgullo. Pero la cosa no es esa sino tratar de ver por qué, en todo caso.

Caparrós desvía la mirada, se distrae. Yo no la veo, pero él sí. “No sé si tenés idea de cómo es una urraca. Son unos pájaros preciosos. Grandes, blancos y negros, con reflejos azules, un poco verdosos… Y tienen mucha prestancia y mucha elegancia. Acá comen los mirlos, los gorriones. Pero las urracas llegan y miran así para todos lados y no saben, van bajando de rama en rama y al final se atreven y llegan. Las urracas tienen mucho miedo. ¡Pero son las más grandes! Entonces me tienen muy impresionado por esa cobardía. Y el otro día me enteré de que son… están entre los pájaros más inteligentes. Entonces estoy muy preocupado por esta relación entre inteligencia y cobardía”. Un brote de entusiasmo, repentino, atraviesa la pantalla. No hay distancia para esta luz nueva.

VDM