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Sobre este blog

Una liana es una cuerda repentina que aparece ante nuestros ojos en medio de la adversidad y que, como Tarzán entre los árboles, agarramos para movernos de un lugar a otro, para sortear obstáculos, para sentir la seguridad de algo firme que raspa las manos y a la vez sirve de apoyo. En este espacio mi intención es rescatar algunas lianas del universo cultural y del mundo del entretenimiento –dos avenidas anchísimas–, algunas cosas para aferrarnos fuerte en medio de nuestras selvas personales.

Que florezcan, entonces, mil.

Autora: Agustina Larrea

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La despedida de Julian Barnes, fotos de la memoria

Agustina Larrea

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Una liana es una cuerda repentina que aparece ante nuestros ojos en medio de la adversidad y que, como Tarzán entre los árboles, agarramos para movernos de un lugar a otro, para sortear obstáculos, para sentir la seguridad de algo firme que raspa las manos y a la vez sirve de apoyo. En este espacio mi intención es rescatar algunas lianas del universo cultural y del mundo del entretenimiento –dos avenidas anchísimas–, algunas cosas para aferrarnos fuerte en medio de nuestras selvas personales.

Que florezcan, entonces, mil.

Autora: Agustina Larrea

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Uno. “Dicen que cuando envejecemos, a menudo recuperamos recuerdos olvidados de la infancia. Al mismo tiempo, perdemos la capacidad de recordar los años intermedios. A mí todavía no me ha ocurrido, pero puedo imaginar cómo avanzará a medida que se vaya consolidando la senectud. Nuestro espacio mental quedaría ocupado de vívidas escenas tempranas, seguidas de un largo espacio en blanco, y luego un plausible y fútil presente en el que los días repetitivos y las confusiones reiteradas se irían enturbiando. Nuestras vidas, en otras palabras, se reducirían a una historia con un gran agujero en el centro”, apunta el escritor británico Julian Barnes en Despedidas, su último libro. Y digo último, no en el sentido de reciente; digo último porque él asegura que después de esta publicación no habrá otras nuevas de su parte. Lo escribe en los años previos a cumplir 80 años, como escabulléndose del lugar común del número redondo o para pensar si existen de verdad los puntos de partida nítidos (en el idioma original, de hecho, el título es Departure(s), con ese juego un poco en broma del plural entre paréntesis). Como si se parara en un umbral –no hay partida sin antesala–, como si se asomara a ver desde ahí de qué está hecho todo eso a lo que le dice adiós (¿le dice adiós?): los libros, la memoria, la identidad, los amores, los olvidos, las palabras. 

"Despedidas", del escritor británico Julian Barnes.

Dos. “Obra con permiso otorgado por el GCBA” deben ser las palabras más repetidas del paisaje urbano para quienes vivimos en Buenos Aires. Caminar por la ciudad es cruzarse en cada cuadra con enormes huecos tapiados, es perderse entre huellas, es verse forzados a decirle adiós a formas conocidas. Ahí donde había una casa, un garage, una construcción baja, ahora hay carteles que preanuncian lo que va a venir y tapias que intentan cubrir los restos de eso que fue: a los costados, las cuadrículas que separaban los ambientes preexistentes; en el centro, un agujero insoslayable. En muchos casos, los trabajos para construir los edificios nuevos tardan en comenzar y esos lugares –que no terminan de partir, que no terminan de pasar a ser otra cosa– se convierten entonces en baldíos transitorios durante varias semanas, incluso meses. Como el tiempo pasa, el pasto crece, las plantas hacen fuerza por seguir en pie y las molduras, los azulejos o las cuadrículas persisten como una fractura expuesta. Una confesión: me gusta pararme adelante de esos espacios y mirar un buen rato a través de los orificios que, con el correr de los días, se hacen en los vallados metálicos que los recubren. Algunas de esas hendiduras, incluso, parecen hechas a propósito y permiten espiar ese vacío que no está tan vacío. Un umbral un poquito cruel, a su modo, pero también una invitación a ver por última vez, a pensar de qué estuvo hecha esa ciudad que conocimos, eso que habitamos, eso que supimos construir. Eso que no termina de irse y ya empezamos a recordar.