Psicóloga perinatal Entrevista

Paola Roig, psicóloga perinatal: “Cuando hablo del parto orgásmico me escriben muchas mujeres para contar experiencias parecidas”

Paola Roig.

Rocío Niebla

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La andanza maternal revoluciona todas las esquinas de la vida. Incluso si la vida es cuadrada, la vuelve redonda. A Paola Roig la maternidad le hizo acercarse al feminismo y descubrir las prácticas de la sororidad. Después de su primer parto, esta profesional de la salud mental se especializó en psicología perinatal, la rama de la psicología que trata los aspectos emocionales relacionados con la preconcepción, el embarazo, el posparto y la crianza.

Con la c, calostro. Con la l, loquios. Diccionario breve para madres y padres primerizos

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A la psicóloga Samanta Lipquin la conoció en un grupo de posparto mientras los bebés hacían la croqueta en la colchoneta y fue allí, entre charlas compartidas con mujeres puérperas, donde ambas madres y psicólogas idearon Pell a pell. Se trata de un espacio físico (en Barcelona) y online que ya cuenta con ocho psicólogas que acompañan y atienden maternidades (y sus dolores de cabeza) en grupos o individualmente, embarazos, pospartos, crianzas y duelo gestacional. Ahora, en España, Roig se estrena como escritora con Madre (Bruguera, 2022), un libro en el que propone caminos para vivir la maternidad con la máxima confianza, felicidad y plenitud posible.

Habla usted sobre el concepto de “sanar el parto”. ¿A qué se refiere? ¿Cómo se puede sanar?

A menudo la experiencia de parto no es tal y como la habíamos imaginado. A veces nos sorprende positivamente pero a veces nos sorprende por el otro lado. Cuando esto sucede puede ser difícil elaborar e integrar esta experiencia. Puede quedar un duelo por resolver. Un duelo que además suele ser poco comprendido por el entorno: con eso de “pero no te quejes, si tú y el bebé estáis bien”, queda invisibilizada la experiencia materna. Se olvida que en el parto también ha habido el nacimiento de una madre. Deja una marca en nosotras y esa sensación de que algo no ha ido bien, además de dolorosa, suele vivirse con culpa. ¿Cómo me voy a sentir mal si tengo a mi bebé conmigo y debería ser la más feliz del mundo? Esto puede causar que esas emociones alrededor del parto queden enquistadas y nos causen malestar durante largo tiempo. Sanar el parto para mí quiere decir integrarlo. Lo primero que necesitamos es narrarlo. Explicarlo. Con todo lujo de detalles. Sin que nadie nos interrumpa ni nos juzgue.

A menudo la experiencia de parto no es como la habíamos imaginado. Cuando esto sucede puede ser difícil elaborar e integrar esta experiencia. Puede quedar un duelo por resolver que suele ser poco comprendido por el entorno

Afirma que en la mayoría de partos hay dolor. Pero que dolor y sufrimiento no es lo mismo. ¿Qué diferencia hay?

Sí, en Occidente en la mayoría de partos hay dolor. De todas maneras, cuando hablo del parto orgásmico en mis redes me sorprende la cantidad de mujeres que me escriben para contarme experiencias parecidas. Pero obviamente, no son la mayoría de los casos. Lo del dolor y el sufrimiento se entiende fácil si comparamos el dolor de parto con el dolor de rompernos un brazo. Si nos rompemos un brazo sentimos dolor. Ese dolor nos advierte de que algo va mal y eso suele causar sufrimiento. En el parto el dolor significa todo lo contrario. El dolor nos acerca a nuestro bebé. Es un dolor de vida.

¿Qué mecanismos psicológicos tenemos para enfrentarnos a ello?

Es muy difícil hacer frente a este dolor porque asusta mucho. En general, en la ficción hemos visto partos con mucho sufrimiento. Y esa imagen ha calado en nosotras. En este sentido es importante leer sobre partos fisiológicos. Saber cómo son. Qué sucede. Qué mecanismos se activan. Suele ser útil pensar que, en un parto fisiológico, el dolor lo envía tu propio cuerpo. Viene de ti. No de fuera. Y que por tanto no te va a enviar más del que puedas sostener.

Dice que no es natural que la maternidad se haya relegado a lo privado: “No es natural que estemos cada una en nuestro piso. En nuestra ciudad inmensa”. ¿Por qué hemos acabado criando en soledad? ¿Cómo es la forma “natural”?

El proverbio africano dice que hace falta una tribu entera para criar a un solo niño. Yo diría que también hace falta una tribu entera para sostener a una madre. Imagino que, años atrás, las madres contábamos con mucha comunidad. Teníamos cerca a nuestra propia madre, a nuestras primas, cuñadas... Mujeres que habían sido madres y nos acompañaban en todo esto. Creo que en la actualidad en general no tenemos tanto contacto con otras madres antes de serlo. Y que además tenemos tanta información que a veces incluso rechazamos este apoyo que tendríamos de nuestra familia. El resultado acaba siendo que estamos muy solas. Y solas no se puede. Cuando compartes la experiencia materna, cuando hablas con otras madres de cómo te sientes, cuando encuentras un lugar seguro, todo se vuelve mucho más sencillo.

¿Para qué puede serle útil a una mujer un grupo de cuidados?

Recomiendo tener una red de cuidados. Es igual si es tu familia o tus amigas madres o compartir un espacio de fines de semana con otras familias. Pero para mí lo fundamental es tener otras madres cerca: en las que fijarte, con las que despejarte. Además, a nivel logístico, también es necesaria una red. Las madres estamos muy exigidas, en lo personal y en lo profesional y no llegamos a todo. ¿Cómo hacemos si nuestra criatura está enferma y no disponemos de un permiso para faltar al trabajo remunerado? Necesitamos construir red de apoyo, tanto para lo emocional como para lo logístico.

Parte de esta soledad que sentimos las madres es inherente al posparto. Me gusta comparar la maternidad con la adolescencia, son épocas con muchas similitudes. Ambas son periodos de cambio y transformación, nos preparan para asumir mayor responsabilidad

Recuerdo estar en una habitación con veinte personas mirando a mi bebé, y yo sintiendo una soledad profunda. ¿Por qué es un sentimiento tan compartido en los primeros meses por las madres?

Creo que parte de esta soledad que sentimos las madres es inherente al posparto. Me gusta mucho poder comparar la maternidad (la llamada 'matrescencia') con la adolescencia. Son épocas de la vida que tienen muchas similitudes. Ambas son periodos de cambio y transformación. Ambas suponen cambios físicos y emocionales. Ambas nos preparan para asumir una mayor responsabilidad en el futuro. También hay momentos de soledad en la adolescencia y muy profundos. Estás quizá acompañada de muchas amigas, pero tu proceso es el tuyo. Estás sola en esto y tú tienes que afrontarlo. Y algo parecido pasa en el posparto. Puedes estar acompañada, pero el peso que sientes, la gran responsabilidad es tuya. Y no hay otra que transitarla.

Afirma que conoció la sororidad y el feminismo con la maternidad.

Me di cuenta de que solas no podemos. De que acompañadas es mucho más sencillo. Y me di cuenta también de que gran parte de las guerras que nos venden son inventadas. Es igual si das biberón, si usas cochecito o si colechas. Hay una parte de ti, una parte muy íntima, que las otras madres entienden. Y hay una parte de ellas que tú también entiendes. Y eso une más que ninguna otra cosa. Nos necesitamos juntas, sin juicios ni guerras absurdas.

¿Qué es la disforia posparto o, como lo llaman los ingleses, el 'baby blues'?

El baby blues son aquellos cambios leves que suceden en nuestro estado de ánimo en los siguientes días después de dar a luz. Pueden incluir sensaciones de tristeza, preocupación, infelicidad y agotamiento. No deberían alargarse más de dos semanas ni tampoco durante todo el día en ese período. Se deben a los cambios hormonales por los que estamos pasando y también a la gran elaboración emocional que supone darnos cuenta de que ahora somos madres y todo lo que eso conlleva.

Las madres sufrimos de mucha exigencia social, la etiqueta de la buena madre pesa mucho. Y la buena madre no puede sentirse triste, desbordada y agotada. Es por ese peso, por esa culpa, que a menudo se esconde, se disimula y se pide poca ayuda

Afirma que la depresión posparto es el trastorno mental más sufrido por la población femenina mundial. ¿Tantas mujeres y tan poco ruido? Usted la llama “la depresión sonriente”.

Aquí se ve claramente la brecha de género. Lo que nos sucede a las mujeres rara vez importa ni ocupa espacio. Y esto influye también en nuestra salud física y mental. Hay poco ruido justamente también por la culpa que genera en las mujeres que la padecen. Las madres sufrimos de mucha exigencia social, la etiqueta de la buena madre pesa mucho. Y la buena madre no puede sentirse triste, desbordada y agotada. Es por ese peso, por esa culpa, que a menudo se esconde, se disimula y se pide poca ayuda. Creo que la incidencia de este trastorno habla también de lo desamparadas y solas que estamos las madres. Del poco sostén que tenemos.

Habla en su libro de la “fobia de impulsión”.

Es el miedo que sienten algunas madres a hacerle daño a su bebé. Se diferencia de los miedos comunes de la maternidad en que en este caso nos visualizamos a nosotras mismas como las causantes del daño. Una cosa es tener miedo de que el bebé se caiga del cambiador, y la otra es tener miedo de que seamos nosotras mismas las que lo empujamos. Este tipo de pensamientos, llamados intrusivos, vienen a la mente sin control. Responden a un nivel alto de ansiedad y generan también mucha culpa. Es importante primero quitar el tabú sobre estos temas. Que esto o algo parecido te esté sucediendo no significa que seas una mala madre. Ni tampoco que eso que viene a tu cabeza se vaya a hacer realidad.

Para sostener una vida hace falta alguien que te sostenga, en un sentido físico y logístico. Que alguien te traiga un vaso de agua, que ponga lavadoras o prepare la comida. Y también en un sentido emocional, alguien que escuche lo que estás transitando

Dice que para transitar el puerperio las mujeres necesitan al bebé, sostén, intimidad, auto cuidado y respeto. Háblenos del sostén y el respeto.

Para sostener una vida hace falta alguien que te sostenga, en un sentido físico y logístico de la palabra. Que alguien te traiga un vaso de agua, que se encargue de poner lavadoras o de preparar la comida. Y también en un sentido emocional, alguien que pueda escuchar lo que estás transitando. Las madres necesitamos encontrar nuestra propia manera de maternar. Necesitamos probar y a veces equivocarnos, esto resulta muy difícil si vivimos rodeadas de juicios y de opiniones.

Me gustó mucho el término 'water manager'. ¿Qué pueden hacer las parejas para cuidarnos?

Este término se lo leí a @papambtomaquet, una cuenta de Instagram sobre paternidad, y lo utilizaba para referirse a su función de llevar agua a su mujer durante el posparto. La mejor manera de cuidar al bebé es cuidar a la madre. Si hidratamos a la madre, si le damos un vaso de agua siempre que lo necesite, hidrataremos también al bebé. Es importante que las parejas nos sigamos mirando, literal y metafóricamente. Escuchar cómo nos sentimos y dedicar un rato al día a tocarnos, a sentirnos cerca, a saber que somos un equipo y estamos juntos en esto.

RN

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