Pupitres, banderas argentinas y el chozno de Sarmiento en el reclamo por la vuelta a las aulas de Juntos por el Cambio

Al fondo de todo, de esta media cuadra de gente que evita los charcos más embarrados del pasto que bordea al Palacio Pizzurno frente a la plaza Rodríguez Peña, hay paraguas rojos y blancos y banderas rojas y blancas. Dicen “Ateneo Recoleta - Unión Cívica Radical” o “Primero la escuela”, o “Más y mejor educación pública”, con la firma de UCR - Evolución impresa. Al frente, ahí donde se concentra la atención de quienes vinieron a esta convocatoria de Juntos por el Cambio, hay un pizarrón negro. Tiene la fecha de este martes, el dibujo de una nube lluviosa con el sol que asoma, un renglón que dice “La educación es un derecho”, y dos hashtags: #VolvamosALasEscuelas y #JuntosPorLaEducación.

Hay unos diez jóvenes sentados en sillas distanciadas. Tienen barbijos y cartulinas que dicen “La escuela no está en casa sino en las aulas”, “La escuela es integración” y “La vacuna contra el populismo es la educación”. Hacen las veces de alumnos de este aula abierta a la que convocaron, en conjunto, el Pro, la UCR y la Coalición Cívica: aquí, en Buenos Aires, y en 120 puntos distintos del país.

Este lunes, el jefe de Gobierno porteño se reunió con el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, y con la titular de esa cartera de la Ciudad, Soledad Acuña, y confirmaron que la presencialidad empezará el 17 de febrero en Buenos Aires. Dada esa confirmación, fuentes del Pro que participaron de la organización de la manifestación explican a elDiarioAR: “Hubo muchos idas y vueltas respecto de la vuelta o no a las aulas, por eso nos parece importante sostener el reclamo y mostrar que la única educación posible es con los chicos en la escuela”.

Al costado del Palacio Pizzurno, sede de la cartera que encabeza Trotta, una madre se para frente a esa media cuadra de gente que fue a apoyar la convocatoria y le pide disculpas públicas a su hija. “Perdoname Pupi, por no gritar demasiado fuerte, por no convencer a más familias para que reclamaran lo mismo que nosotras. Tenés razón, 2020 fue un año perdido pero no vamos a dejar que pase lo mismo”, dice al micrófono, delante del pizarrón, y remata: “Mi hija ya no se acuerda de cómo era ir a la escuela, el lugar en el que pasó 8 horas de lunes a viernes, durante 7 de sus 10 años”.

Entre el público abundan las banderas argentinas: en los barbijos, colgadas de los hombros, pegadas a un sorbete y listas para agitarse. Aplauden cuando Débora, la mamá de Pupi, dice: “Las madres no sabemos ser docentes, no pudimos ser docentes de nuestros hijos, necesitamos el aula”. Yolanda Condori, otra mamá, dice algo parecido: “Tuve que salir a trabajar y mis hijos quedaron mucho con su abuela, que no siempre pudo acompañarlos en el Zoom. Los docentes le pusieron toda la garra a adaptarse, pero necesitamos que la escuela esté en las aulas, y no en casa”.

Chiara, una alumna de una escuela secundaria pública de Villa Soldati cuenta delante del pizarrón que muchos de sus compañeros desistieron de la virtualidad, y Santiago, un egresado 2020 de Pilar, asegura: “Cada dos semanas, en los anuncios del Presidente, jugaron con nuestras expectativas. Fue un año lleno de desmotivaciones, en el que se nos dejó a la deriva”. Al fondo, un grupo de jóvenes agita tres banderas amarillas grandes que dicen “#AnteTodoLibres UBA”. Según una investigación de Agustín Claus, integrante de Flacso, unos 1,5 millones de estudiantes de distintos niveles de todo el país quedarían desvinculados de la escuela tras 2020.

Para esta convocatoria, entre cuyos organizadores centrales se cuenta Hernán Lombardi, se consiguió que Bernabé Sarmiento, chozno de Domingo Faustino -padre del aula, dice el himno que sonará dos veces esta tarde- también hablara delante del pizarrón. Aplaudido apenas se escucha su apellido, el estudiante de Ciencias de la Educación enfatiza: “La educación es un derecho inalienable según la Constitución Nacional. Impedir que se aprenda y que se enseñe es atacar la Constitución. Si hay chicos que perdieron el espacio que daba contención, educación y alimentos, y maestros que perdieron el trabajo porque cerraron las escuelas en las que trabajaban, ¿se garantizó ese derecho?”. “Nooo”, se escucha corear a la media cuadra de gente. “Defender la educación es defender la Constitución”, subraya Sarmiento, el chozno: grita y el micrófono multiplica.

Unos diez jóvenes le ponen banda sonora al intervalo entre la participación de madres, estudiantes y un Sarmiento, y los discursos de los máximos referentes políticos de esta tarde. Cantan “Nico Trotta, Nico Trotta, no te lo decimos más, los pibes no son rehenes del apriete sindical”. Es justamente Lombardi el presentador de Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo y Maximiliano Ferraro, que presiden el Pro, la UCR y la Coalición Cívica respectivamente, y es también el encargado de pulverizar alcohol en los micrófonos entre un discurso y el otro.

“Si no fuera por este movimiento popular de madres y padres, las aulas seguirían cerradas. La educación es la política pública más integral, la que da mayor igualdad de oportunidades. Necesitamos hombres y mujeres en el poder que tengan sensibilidad por la verdadera pobreza, que es la que padecen especialmente los niños y los jóvenes de la Argentina”, dice Cornejo.

Bullrich, la más buscada por las cámaras que cubren el acto, enfatiza: “300 días sin clases. La cuarentena educativa más larga. Sólo se entiende por la tozudez del Presidente, que dijo que lo único que le importa es la salud. Récord de casos y muertes. Récord de destrucción económica. El 20 de marzo del año pasado había que empezar a tener listas las escuelas para la vuelta. Hoy se está improvisando. En enero Alberto Fernández dijo: 'No veo las escuelas abiertas'. Vio las encuestas y dijo: 'Ahora las veo un poquito'”. Debajo del escenario, aplaude fuerte un hombre que tiene un barbijo que dice “Este gobierno es una mierda”. “Esta es una causa que ganamos en la calle, las mamás y los papás”, suma la ex ministra de Seguridad del macrismo.

Ferraro, el último de los tres en hablar, apela a las cifras: “En la Argentina el 60% de los niños y adolescentes es pobre, el 17% es indigente, y sólo el 23% de los estudiantes fue evaluado durante 2020. Estamos en 120 aulas públicas de todo el país para que el Gobierno sepa que no nos vamos a mover hasta que no esté en marcha la educación presencial. La virtualidad es el complemento, la presencialidad es esencial”. A él también lo aplauden, y mientras desde los parlantes suena por última vez el Himno a Sarmiento, Lombardi agradece a algunos políticos por su cercanía a la organización del evento: Fernando Iglesias, Luis Brandoni, Alejandro Finocchiaro, Alejandra Lorden, Waldo Wolff.

Entre los manifestantes, una mujer despliega una pancarta que dice: “No a la reforma judicial del régimen castrochavista kirchnerista”. Otra llora mientras escucha y canta las estrofas dedicadas a Sarmiento. Esquiva el barro que rodea al Palacio Pizzurno y se va.

JR