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El equipo nacional desde el centro del campo tomó la Copa América ganada en tierras brasileña y de fondo llovió el "dale campeón" atragantado desde el 10 de julio en comunión: la gente y sus ídolos.

Todo sucedió en minutos, nadie de los 21.000 privilegiados que volvieron a las graderías se movió. La vuelta a las canchas luego de tantos meses pudo más que el frío, el viento y la fina garúa. Las palmas acompañaron desde arriba. El ambiente resultó ideal para quienes pagaron sus entradas: celebración, música, goleada y Messi feliz hasta las lágrimas. Pero estas, como nunca, fueron de felicidad con la celeste y blanca sobre el pecho. Y con la pelota bajo el brazo por el triplete.

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