Crisis en el Gobierno

Choque de modelos: la “grieta teórica” que complicó la convivencia entre Cristina Kirchner y Martín Guzmán

El ahora exministro de Economía, Martín Guzmán, y la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner

Martín Guzmán anunció esta tarde su renuncia al Ministerio de Economía. Fue en el mismo momento en que se encontraba hablando en público Cristina Fernández de Kirchner, en un acto en Ensenada. La escena final sirve como reflejo de lo que fue su gestión, signada por una tortuosa convivencia con la vicepresidenta y su entorno. Aun bajo el mismo paraguas ideológico, los matices conceptuales les marcaron senderos de acción distintos. ¿Cuál es, en el fondo, la diferencia conceptual que los enfrenta? ¿Dónde está la grieta teórica entre ellos?  

Un economista que trabaja en la órbita del Gobierno se apura a fijar una premisa: a grandes rasgos, ambos “tienen el mismo esquema en la cabeza” y se encuentran, juntos, en la vereda opuesta de otras visiones como la del PRO o la de los liberales. Fundamentalmente, coinciden en la necesidad de que el Estado gaste para estimular la demanda. Esa lógica indica que la inversión privada depende de las ventas esperadas, con lo cual las políticas progresivas, que ponen plata en el bolsillo de la gente, son aceleradoras de la tasa de crecimiento de la economía.

Pero Guzmán le encuentra un límite a este modelo antes que la vicepresidenta. Ya lo dijo en 2016, cuando nadie fantaseaba siquiera con su nombre para dirigir el Palacio de Hacienda, en una debate organizado por el Proyecto Nacional de Desarrollo (PND) que vuelve recurrentemente en su versión de Youtube. Guzmán descree de la teoría del “supermultiplicador” de la demanda.  

“Si lo hacés de forma indiscriminada, lo que vas a hacer es tirarte un tiro en el pie”, decía entonces sobre la estrategia de crecer empujando la demanda, sin generar una expansión equivalente de la oferta. “Empezás a importar mucho y a generar cuellos de botella o se ajustan los precios hacia arriba”. Es decir, se dispara la inflación. 

El núcleo de la cuestión, y ambos lo tienen claro, es que para crecer hacen falta dólares. Las exportaciones (los dólares que “entran”) crecen a la velocidad que le imprime la demanda del mundo. Si bien se pueden impulsar políticas para estimularla, la voluntad de Argentina incide sólo moderadamente en ese frente. En cambio, las importaciones (los dólares que “salen”) dependen esencialmente de la tasa de crecimiento de nuestra economía. Cuando crecemos necesitamos más insumos para fabricar, cambiamos el celular, nos vamos de viaje al exterior. 

Cristina Fernández de Kirchner tiene más confianza que Guzmán en las herramientas políticas para intervenir en ese cuello de botella que es la restricción externa. De ahí su insistente crítica al “festival de importaciones” que este Gobierno, desde su punto de vista, permitió.

“Guzmán está convencido de que la inflación es un problema grave y que tiene su raíz en los desequilibrios macroeconómicos. En particular el déficit fiscal, que lleva a la necesidad de emitir moneda”, dice el economista Francisco Eggers, profesor de Finanzas de la Universidad de la Plata, y contrapone: “CFK, en cambio, cree que la emisión monetaria no genera inflación y, por lo tanto, el déficit fiscal tampoco. Cree que el déficit fiscal es necesario para poder mantener un nivel de gastos alto, que redistribuya ingresos. Es decir, cree que la reducción del déficit fiscal es una carga a la que alguien nos obliga, pero que no hay que exagerar con eso”.

Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra, coincide. “El ala kirchnerista quiere crecer incentivando la demanda, mientras que el ala albertista quiere ser más prolija y cumplir con –o al menos acercarse a– las metas del programa que firmó con el FMI, sabiendo que esto implica relegar crecimiento para acumular reservas”.

Un punto clave de la grieta conceptual entre el ministro saliente y la vicepresidenta es el lugar que cada uno le asigna a los poderes concentrados y la puja distributiva. Si, desde la lógica de Fernández, la emisión monetaria no explica enteramente la inflación, ¿a qué se debe? En gran parte a esos “cuatro vivos” que se apropian de la riqueza generada por todos los argentinos. 

Para Guzmán la concentración y la avaricia empresarial juegan su rol, pero no es central ni explica la suba sostenida de precios. En otras palabras: existe en todo el mundo y no todo el mundo tiene los problemas económicos de la Argentina. Guzmán considera que el principal frente a resolver es la “estabilidad macro” y que eso implica llevar adelante ciertas políticas “pro mercado” para generar inversiones y crecer. Esa “consistencia macro” otorgaría, para el economista, la posibilidad de volver sostenibles las políticas virtuosas; eso que Cristina no pudo hacer.

Para Agustín D'Attellis, economista cercano al kirchnerismo, hay también entre ellos una diferencia en la posición personal, casi epistemológica, desde la que se aproximan a la cuestión económica. “Ella tiene una visión más política; entiende de necesidades y sabe de posibilidades”, sintetiza D’Attellis. Cristina lo dijo en Chaco: le frustra saber que no se está cumpliendo –ahora– con lo que el Frente de Todos le prometió a su electorado en 2019. 

Guzmán, en cambio, tiene una visión más académica y “alejada de la realidad”, según D’Attellis, “aun con buenas intenciones”. En sus declaraciones públicas el exministro ha insistido en la necesidad de “unir el corto plazo con el mediano plazo” y trabajar sostenidamente en un camino que, sin gratificación inmediata, desemboque en una economía más “tranquila”. Pero en política es necesario conservar el poder para transformar. Sus dos visiones exponen el gran dilema de la política económica, exacerbado en un país con elecciones cada dos años. 

“Por ejemplo, Guzmán está pensando que el refuerzo de ingresos es por única vez porque sino el déficit fiscal complica la estabilidad macro en el largo –ilustra D’Attellis–. Cristina está pensando que si no levantan, el año que viene no tiene ninguna chance. Lo mismo con tarifas”. 

Son matices, dentro de un mismo campo ideológico, que sin embargo generan efectos muy distintos en el día a día de quienes viven en la Argentina. Guido Lorenzo, director de LCG, propone una síntesis de ideas rectoras. “En el fondo, el kirchnerismo te dice: ‘repartir para crecer”. Esto es, que la demanda impulsa el crecimiento. “Guzmán es más de: ‘hay que crecer –más o menos ordenadamente– y repartir’. Para el PRO, en cambio, es ”crecer y después que se reparta sola“. 

DT

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