Opinión - Economías

Más trabajo por menos dinero: los bolsillos de las mujeres necesitan respuestas

Las mujeres son mayoría en los grupos poblacionales de menores ingresos

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La hoja de ruta de las políticas públicas de este año supone un mundo pospandémico. Si bien se observa el gasto en vacunas, no hay líneas de acción como el ATP o el IFE para atender la crisis que genera el parate productivo consecuente con las restricciones necesarias para contener los contagios por Covid-19. En el marco de las negociaciones con el FMI, con pocas reservas internacionales en el Banco Central y sin acceso a financiamiento externo, tampoco pareciera haber caja para hacer frente a un nuevo confinamiento.

Aunque es posible pensar que la evolución de la pandemia no tendrá la misma centralidad este año que durante 2020, seguirá siendo una realidad a atender y será especialmente importante que esa atención esté puesta también en los indicadores de género, que revelan la necesidad de generar, nuevamente, líneas de acción directa para quienes peor la están pasando.

“Hay que empezar por los de abajo para llegar a todos”

Durante la pandemia, mientras se anunciaban medidas para sostener al sector privado formal, como la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), se tenía en cuenta que casi la mitad de la economía argentina se mueve en la informalidad, sin registro ni derechos laborales. En este sentido, la frase que nos subtitula y que inauguró el primer discurso presidencial, expresada en una Argentina pre pandemia, cobró sentido en medidas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). 

Tal como se evidencia en el informe del Ministerio de Economía, donde se evalúan los impactos del IFE, esta política fue central para frenar la creciente pobreza e indigencia. Teniendo en cuenta que las mujeres son mayoría en los grupos poblacionales de menores ingresos, no debe sorprendernos que más de la mitad de las casi 9 millones de personas que cobraron el Ingreso Familiar de Emergencia fueran mujeres. 

A su vez, el IFE incluía la situación específica de las trabajadoras de casas particulares que, si bien debían mantener su remuneración con la licencia correspondiente como cualquier otro trabajador, casi el 40% se quedó sin empleo entre el primer y segundo trimestre del 2020. Estas mujeres, como otros trabajadores informales, accedieron a la transferencia del Estado que se dio tres veces por un monto de $10.000. 

Hoy podemos ver que el ATP se fue restringiendo y cambiando de transferencias a créditos subsidiados, pero se mantuvo firme, junto a los trabajadores formales y las empresas. En paralelo, las de abajo quedaron sin transferencias directas que pudieran aliviar la falta de ingresos y oportunidades laborales. 

¿Y ahora?

La falta de un cuarto IFE y la ausencia de políticas específicas para las mujeres de los grupos más vulnerados económicamente ya se vive y se plasma en los indicadores. En particular, la situación de las trabajadoras de casas particulares: antes de la pandemia no eran, en su mayoría, el principal sostén del hogar, sino más bien un ingreso complementario. Ahora, en el marco de la pandemia, más de la mitad garantizó el ingreso principal, con sueldos promedios de $125 la hora.

Por su parte, el presupuesto de 2021 se centra en la obra pública para motorizar a la economía desde el sector de la construcción, tal como indica cualquier manual económico que busque incentivar la demanda agregada desde la inversión pública. Sin embargo, estas recetas no tienen en cuenta que dicho sector está constituido casi totalmente por varones, por lo que esta forma de motorizar la economía va a tener impactos diferenciados entre varones y mujeres. Incluso cuando las obras se enfocan principalmente en cloacas y saneamiento, que tendrán un efecto en la mejora de las condiciones de vida de las personas con menores ingresos, es necesario y urgente avanzar en políticas de ingresos para empezar por las de abajo para llegar a todos. 

Más trabajo, menos dinero

Según el estudio del INDEC sobre el impacto del Covid-19 en los hogares del Gran Buenos Aires, hubo un fuerte incremento en las actividades domésticas, de cuidado y de apoyo escolar. Si bien esto es coherente con pasar más tiempo dentro de casa y acompañar a los menores de edad en sus actividades escolares, lo no tan visible es que esta mayor cantidad de trabajo fue tomada mayoritariamente por las mujeres, tanto en el caso de los quehaceres domésticos, como para el apoyo escolar y el cuidado de personas miembros del hogar.

Todo esto es interesante no sólo como revisión, y comprobación, de la asimétrica distribución del trabajo doméstico no remunerado y de cuidados, sino porque este estudio releva específicamente lo sucedido entre agosto y octubre del 2020, es decir, ya con restricciones más flexibilizadas. Este escenario podría pensarse como uno próximo al de, por ejemplo, un incremento en el número de casos de coronavirus.

Salidas innovadoras para el mediano plazo, respuestas para lo inmediato

Ahora bien, esta crisis de cuidados que intensifica las jornadas de trabajo no pagas de las mujeres obliga a pensar las prioridades de las políticas públicas para salir de la crisis económica que atravesamos desde 2018, pero también el estancamiento que vive la economía argentina desde 2011. La economía feminista presenta salidas innovadoras para no repetir errores y poder cumplir los dichos presidenciales. 

En este sentido, la necesidad de avanzar con un Sistema Integral de Cuidados se vuelve imprescindible para poder achicar las brechas de participación de las mujeres y varones en el mercado laboral pago, mientras que funciona también cómo política de demanda agregada, profesionalizando el trabajo no remunerado o mal pago que realizan millones de mujeres argentinas y que aportan, según el estudio de la Dirección de Economía y Género el 15,9% del Producto Bruto Interno.

Si bien ya se encuentra en producción el anteproyecto para avanzar en esta legislación es necesario y urgente dar respuesta inmediata para la realidad de la mayoría de las mujeres de nuestro país que no pueden esperar el proceso legislativo necesario para hacer realidad el Sistema Integral de Cuidados. Estas políticas, como podría ser el IFE o un Ingreso Básico, no son parte del presupuesto 2021 y los bolsillos de las mujeres necesitan respuestas.

CB

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