Entrevista

El Viento presenta su segundo disco: “No hay que esperar a que sucedan las cosas; hay que hacerlas”

Gabriel Casal, Micaela Cabral, Santiago Pedroncini y Guillermo Pesoa

Seguir cantando después haber sido figura de culto. Tener otras bandas. Historias nuevas. Canciones recién nacidas. Y parecerse, pero no. Casi nada, a veces. Un poco más, otras. Guillermo Pesoa integró Pequeña Orquesta Reincidentes, ese grupo que fue referencia para muchos allá por los 90 y los primeros años del siglo nuevo, que se diseminó luego en varias bandas, algunas de las cuales perviven y otras que no.

Ahora, a sus 53 años, el músico rosarino tiene la mirada clara de entonces y la misma voz despojada, pero integra El Viento, otra banda, en la que lleva la voz principal, toca la guitarra y canta canciones compuestas por él.

El Viento, que toca un rock austero, melancólico, sin estridencias, está integrada además por Santiago Pedroncini, otro ex POR, en guitarra y trompeta, y los jovencísimos Micaela Cabral y Gabriel Casal Luján, en batería y bajo, respectivamente. Completa el grupo el artista francés Ange Potier en visuales y diseño de toda la gráfica, que con sus videos animados aporta una dimensión completamente original a este proyecto.

En 2021, en plena pandemia, El Viento presentó su primer disco, Casa. Ahora llega el segundo, En silencio. En una charla con elDiarioAR, los integrantes del grupo hablaron de la génesis de la banda, de su forma de funcionar y de este segundo trabajo, que se lanza en plataformas este viernes 23 y será presentado en vivo el 9 de octubre en La Tangente (CABA). Contiene siete temas, de los cuales en las últimas semanas ya conocimos dos, “Magnolia” y “Pared”.

-Este disco ya estaba pensado cuando sacaron el anterior. De hecho, existía la posibilidad de hacer un disco doble, ¿no?

 -Guillermo Pesoa: Teníamos una cantidad de temas que estábamos haciendo y lo primero que pudimos grabar fue el disco Casa, que fue en la pandemia. Entonces quedaba otro tanto de canciones que pensamos que podía ser como un lado B o una segunda parte. De hecho, pensamos en relacionar los nombres para que se pueda editar después un librito con las canciones. El anterior se llama Casa y este En Silencio. Entonces, queda Casa En Silencio.

-Micaela Cabral: También lo que pasó fue que en pandemia lográbamos juntarnos cuando todo se abría, nos poníamos a trabajar y de repente otra vez había una ola de contagios y había que guardarse. Todo eso hizo que este material que podía haber salido antes salga recién ahora.

-Santiago Pedroncini: Los temas estaban pero no los terminábamos de grabar porque nos interrumpió la segunda ola y eso.

De hecho, primero se grabaron la batería y el bajo, por un lado. Y más adelante, Pedroncini y Pesoa grabaron guitarras y voces.

Cabral y Casal Luján son los más jóvenes del grupo. Nacieron en el 90 y el 89, respectivamente. Llegaron a El Viento a través de la recomendación de otro músico, Juan Valente, ella, y porque se hizo fan y empezó a tomar clases con Pesoa, él.

-¿Vos pensaste “necesito músicos más jóvenes” o eso fue casualidad?

-GP: Fue casual. Empecé con él (Casal Luján) porque en algún momento terminamos hablando de que hacía bastante que no tocaba, tenía ganas de armar algo, muchas canciones y demás.. Cuando vino a clase -doy un taller de composición- no sé qué edad tenía, veintitrés. Y vino con unas canciones tremendas. No tremendas en el sentido de la calidad porque es muy difícil saber qué es bueno y qué es malo. Te gusta o no te gusta. Pero sí tenía como una característica que se alejaba de lo que uno podía esperar de su edad y en ese contexto de lo que se estaba escuchando. Seguramente tiene que ver que él es de Junín de los Andes, pero tiene una sensibilidad muy particular y escribe muy lindo. Desde el primer momento hubo mucha afinidad. Me conmovían mucho las cosas que hacía. Tenía muchas ganas de trabajar con él y nos juntamos un par de veces y enseguida las bases que salieron eran para el lugar que yo hubiera hecho y con ese otro toque de una persona más joven, con otra cabeza y con otro corazón y de otro lado.

-Ustedes -Pedroncini y Pesoa- llevan tocando juntos desde hace un montón de tiempo. Más de 30 años. ¿Cómo llegaste a El Viento?

-SP: En un momento los dos nos habíamos quedado sin las bandas con las que estábamos. Él, Familia Nuclear y yo, Bichos. Y nos juntamos un par de veces a charlar y decíamos: che, ¿y si hacemos algo? Y, bueno, en algún momento cuando armó la banda, creo que yo dije: ¿hay lugar?

-GP: Obviamente para mí él era, siempre es, la persona ideal para laburar, porque nos conocemos mucho, me gusta lo que hace y tenemos libertad para decirnos cualquier cosa. Eso es lo mejor que puede pasar.

-Las canciones son todas tuyas pero ustedes después funcionan muy colectivamente. ¿Con qué tiene que ver, con los arreglos?

-GP: Sí, el trabajo de las canciones es en el ensayo y ahí se va arreglando.

-SP: Sobre todo ahora. Al principio me parece que todavía no teníamos muy claro cómo iban a ser los temas, entonces por ahí venían más armados. Ya con los temas del segundo disco cambió.

-GP: Sí, digamos que también hasta que un grupo encuentra su forma de funcionamiento lleva tiempo.

-MC: Sobre todo si fue interrumpida.

-GP: Sí, también eso. Además que tenemos tradiciones distintas de trabajo. Sobre todo, Mica. Ahora no se trabaja como trabajamos nosotros en el grupo, en general. Salvo en el rock.

-¿En qué sentido?

-GP: Se trabaja menos en esto de estar ensayando todas las semanas. Después se toca o no se toca, se graba o no se graba, pero ensayás. Y es un encuentro para generar música, tocar y entrenarse. Pero ahora es un poco diferente la dinámica. En general, una persona graba su disco y arma un disco con músicos distintos y después arma una banda para tocar y a lo mejor ensayan una semana o un mes, de acuerdo a la dificultad. Entonces los músicos van rotando en muchos proyectos, pero no está eso de ensayar. Ensayamos dos días fijos por semana. Y se fue armando un lenguaje de trabajo que ahora sí es propio del grupo. Recién ahora. En el momento que empezamos, paramos un año y terminamos de grabar el disco a distancia y sin vernos. Después retomamos como para tocar en vivo, retomamos los temas, grabamos a las apuradas este otro disco por las dudas de que se volviera a cerrar todo, había mucha inseguridad en cuanto a qué iba a pasar. Y recién ahora pudimos zapar, como hacíamos en otras épocas. Podemos tocar casi sin hablar. Y van surgiendo arreglos y cada uno va encontrando su lugar y las cosas se van modificando solas y todo empieza a sonar a nosotros.

-¿Por qué termina primando lo melancólico en tus canciones siendo que en realidad sos un tipo alegre?

-GP: No tengo la menor idea, pero eso es así, lo sé. Está en las letras, más que nada, y quizá tiene que ver con un autoprejuicio que se va armando. Yo no tengo un oficio de escritura como el que me gustaría. Lucho para tenerlo pero sin éxito. Entonces lo que sale me lo critico mucho y termino dando muchas vueltas. Hago las letras al final. En la grabación estoy cambiando las letras. Y cuando leo las cosas después de meses encuentro los mismos tópicos, de la misma manera, que me repito en un montón de cosas. En algunos momentos logro zafar de eso, pero no sé por qué aparece. No voy naturalmente ahí. Lo más interesante que encontré en relación a la melancolía lo leí en una entrevista que le hicieron a Diana Bellessi, que dice: la melancolía es algo así como ‘parás y ves el mundo’. O sea, en el momento en que te parás a ver, cambia la relación con el tiempo. Hay algo que estás deteniendo pero en realidad estás viendo cómo pasa o lo que pasó. En el momento que recortás algo, aparece lo melancólico. Y, por lo tanto, entendí eso, se desincroniza y estás afuera. Y obviamente hay una pérdida ahí. No sé qué es. Como una conciencia del paso del tiempo. Me gustaría que no tuvieran esa carga las letras. Realmente me gustaría. Y no le encuentro mucho la vuelta. Y, bueno, sí, por ahí no me convoca tanto el 'menea, menea'. Me convoca a lo mejor para pasarla bien. Cuando me pongo a escribir hay algo que uno intenta encontrar, una pregunta que anda dando vueltas.

-¿Cómo fue tu inclusión, Ange, en este equipo?

-Ange Potier: Hace mucho que nos conocemos, pero tardamos en trabajar juntos. Siempre uno estaba al tanto de lo que hacía el otro. Y en los últimos años hablábamos de hacer algo. Y en un momento, no sé exactamente cuándo, Guille me dijo: bueno, sería bueno hacer algo, después hablamos. Y yo pensaba que quería una cosa más puntual. Una fecha con visuales. Pero me propuso una colaboración, lo que me sorprendió y me pareció buenísimo. Unirme a la banda como una pata visual.

-GP: Hay un gran problema que es la financiación de los proyectos. No existe más el dinero en la música. Por ahí agarrás un subsidio de 60.000 pesos. Después tocás y sacás 50.0000 pesos como máximo. Entonces medio que hay que hacer malabares para hacer las cosas porque no alcanzás ni a pagar la sala. Para grabar, para producir gráfica, para producir lo que sea, el dinero no lo genera el proyecto. Entonces, trabajar en algo puntual era medio raro porque también era muy acotado. No permitía casi desarrollo, porque tampoco sabés en qué lugar vas a tocar,  si las condiciones están buenas para las proyecciones. Y entonces hablando entre nosotros apareció esta posibilidad: ¿qué pasa si formamos todos parte de la cuestión y tenemos nuestra participación en lo que se va sacando? Y si se consiguen subsidios que vayan para esto o para lo otro. O sea, ahora estamos empezando a trabajar recién, en el sentido económico. Pero él empezó a trabajar en pandemia, que no había manera de sacar plata de nada. Hizo un videoclip de 'Frágil' que fue muy loco lo que pasó, tanto para afuera como para adentro. Los videos no son ilustrativos. Es una historia que él construye en paralelo con lo que la canción plantea. Le da otra dimensión. Eso no hay forma de pagarlo. Pero una salida posible, que esto lo aprendimos en Pequeña Orquesta, es que todo lo que uno quiere hacer hay que hacerlo y buscar la manera. No esperar que sucedan las cosas, sino tratar de hacerlas y juntarse con los que tienen ganas de hacerlas.

-¿Cómo trabajás con las canciones? ¿Cómo empezás a generar esas imágenes?

-AP: Primero hay un momento de elegir qué me da ganas, qué cosas me genera. Y eso lo agradezco un montón porque nunca me dijeron: sería bueno hacer esto. Siempre tuve la libertad de decidir. Después creo que tengo un funcionamiento no tanto lineal, bastante impresionista, más de pensamiento visual o de imagen mental que me surge cuando escucho algo. Y trabajando esa imagen, me genera otras. Y eso siempre en ida y vuelta con la música, porque trato siempre de seguir un poco el tiempo de la música, los momentos, los quiebres. Aunque sea un relato un poco paralelo, hay como una unión bastante fuerte con la música.

-SP: Lo que nos pasó a nosotros es a partir de las imágenes que él le puso poder escuchar la canción desde afuera. Porque uno siempre está acostumbrado a escucharla de una manera por tocarla muchas veces por semana. Y de pronto esto te hace ponerte en otro lugar y la misma música te vuelve a emocionar como si no fuera tuya, como si la estuvieras escuchando por primera vez.

-GP: Para mí la sensación es que es la misma forma con que trabajamos nosotros los arreglos. Es un poco intuitivo, saliendo de la idea técnica de la melodía, la armonía, la forma, la estructura de una canción. Vas hacia ese lugar y vas acomodando y moldeando. Y me parece que eso también pasó con las portadas de los discos y de las canciones y los clips. No hay nada que esté en función de una idea del videoclip. Es otra cosa. Empieza a ser una obra audiovisual.

-¿Por qué El Viento?

-SP: Hicimos varios brainstorming. Empezamos a tirar nombres y como suele pasar de repente aparece algo que te resuena. En realidad la idea de viento venía circulando. En algún momento apareció como el nombre concreto.

-GP: Estaba en varias letras. Yo no me había dado cuenta.

-SP: En realidad, yo toco la trompeta. Es el único viento que hay en la banda. Yo soy el viento.

-GCL: Y yo soy de la Patagonia.

(risas)

-GP: Me gustaba la idea de que el viento se nota por la influencia sobre las cosas. O sea, vos ves el viento a partir de lo que produce. De hecho, el otro día volví a escuchar después mucho tiempo Confesión del viento, de Juan Falú (y letra de Roberto Yacomuzzi). Me pareció tremenda. También es un poco eso. Esa personificación del viento teniendo culpa por lo que hace sin querer y sus efectos. Me gusta siempre la idea de la huella, de la marca, de la cicatriz.

-GCL: Creo que también hay una reminiscencia de El viento que arrasa, de Selva Almada. Siento que hay algo en la estética de Almada que tiene que ver con lo que hacemos nosotros.

-¿Cuánto pesa ser ex Pequeña Orquesta Reincidentes?

-GP: En este momento creo que nada. Es como un nombre: Pequeña Orquesta Reincidentes. Hay mucha gente que conoce el nombre. Casi nadie escuchó. Es como un nombre que es como una referencia, como un segundo apellido, digamos. Pero ni abre ni cierra puertas.

-¿No abre puertas?

-GP: No.

-SP: Abre puertas en lo social. Te conectás con gente que por ahí conoció y establecés un vínculo.

-GP: Como si hubieras hecho otra cosa que podés mostrar también.

-SP: Pero no nos abrió las puertas de la masividad, que tampoco tuvo Pequeña Orquesta.

-GP: Pasaron muchos años realmente. Pequeña Orquesta tuvo una influencia interesante en algún sector de la música de acá, de Buenos Aires sobre todo. Habilitamos algunas cosas. Desde lugares donde tocar hasta formas de trabajo o esta cosa medio sin género que había. Se armaron algunas referencias que no llegaron a ser un movimiento, pero sí una onda que había. Pero ahora pasó mucho tiempo y estamos realmente en un momento en que la música que se escucha es otra. Cambió mucho el paradigma estético. Entonces, depende de en qué lugar te movés, pero al menos yo no siento que abra puertas. Sí, algunos te conocen. No es que no haya nada, pero es raro ahora, es como que se desdibujó mucho.

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